Parte 2: ESTA VEZ, ELLA ELIGIÓ SU PROPIO DESTINO

Giang Truc Mien permaneció inmóvil frente a la puerta cerrada.

Tres años.

En la vida que acababa de recordar, había pasado esos tres años creyendo que algún día Chu Hoai Can la elegiría. Después perdió a su madre, su voz, su libertad y hasta el derecho de decidir sobre su propio hijo.

Pero ahora estaba nuevamente allí.

Diez días antes de que él anunciara su boda.

Había regresado al momento exacto en que todavía podía cambiarlo todo.

Giang miró la maleta llena de dinero y, en lugar de llorar, la cerró con calma.

—Está bien, Chu Hoai Can —susurró—. Esta vez aceptaré tu dinero.

Su teléfono sonó.

Era el hospital.

—Señorita Giang, necesitamos confirmar la cirugía de su madre. El depósito debe pagarse antes de mañana.

Giang miró la maleta.

En su vida anterior había rechazado aquel dinero por orgullo. Después había corrido desesperadamente buscando préstamos mientras Chu Hoai Can utilizaba la cirugía como una herramienta para controlarla.

Esta vez no cometería el mismo error.

—Pagaré hoy.

Aquella misma tarde liquidó todos los gastos médicos y pidió algo más.

—Quiero trasladar a mi madre a otro hospital.

El médico se sorprendió.

—¿Por qué?

Giang recordó perfectamente quién había dado la orden de detener aquella operación en su vida anterior.

—Porque no quiero que nadie pueda cancelar su cirugía excepto yo.

Dos días después, su madre fue trasladada discretamente a una clínica privada de otra ciudad.

Giang no le dijo nada a Chu Hoai Can.

Tampoco le rogó que regresara.

Y precisamente eso comenzó a inquietarlo.

Al tercer día, Chu Hoai Can llamó.

—¿Por qué no has venido a buscarme?

Giang casi rio.

—¿Para qué?

Hubo silencio.

—Antes siempre querías verme.

—Antes era antes.

—Giang Truc Mien.

—¿Sí?

—No juegues conmigo.

Ella miró por la ventana.

—Tú dijiste que nuestra relación terminó. Solo estoy obedeciendo.

Y colgó.

Chu Hoai Can se quedó mirando el teléfono durante varios segundos.

Por primera vez, fue ella quien terminó la conversación.

Pero Giang tenía algo mucho más importante que hacer.

En su vida anterior, Lam So Dao había sido presentada como la mujer perfecta que Chu Hoai Can amaba desde joven.

Sin embargo, había algo extraño.

Años después, Giang había descubierto demasiado tarde que Lam So Dao y Diep Kinh Thu eran la misma mujer.

“So Dao” era el nombre que había utilizado durante años en el extranjero.

Y aquella mujer no había regresado únicamente para casarse con Chu Hoai Can.

Había regresado por el Grupo Chu.

Giang abrió una vieja caja donde guardaba documentos de su madre.

Allí encontró lo que estaba buscando.

Un contrato.

Su madre había trabajado años atrás para la familia Lam y había conservado accidentalmente documentos relacionados con varias transferencias financieras.

En su primera vida, Giang jamás les había prestado atención.

Ahora comprendía su importancia.

Las firmas mostraban que millones habían sido desviados mediante empresas fantasma vinculadas con la familia Lam.

—Así que esto era lo que buscabas… —murmuró.

Alguien llamó a la puerta.

Era su representante, Chen Yu.

—Truc Mien, ¿qué ocurre? La compañía dice que quizá abandonarás la música.

—No voy a retirarme.

—Pero el señor Chu…

Giang lo interrumpió.

—Mi carrera es mía.

Chen Yu abrió los ojos.

Ella colocó los documentos sobre la mesa.

—Necesito un abogado. Y quiero recuperar todas las grabaciones originales de mis canciones.

—¿Estás pensando enfrentarte a Chu Hoai Can?

Giang negó.

—No.

Sonrió ligeramente.

—Estoy pensando dejar de depender de él.

Cinco días después llegó la noticia que lo cambió todo.

La cirugía de su madre había sido un éxito.

Cuando Giang entró en la habitación, su madre extendió débilmente la mano.

—Mien…

Giang la abrazó.

Durante mucho tiempo no pudo hablar.

En aquella nueva oportunidad, al menos una tragedia ya había desaparecido.

—Mamá, nos iremos de aquí cuando te recuperes.

—¿Y Hoai Can?

La expresión de Giang se volvió tranquila.

—Él también se quedará atrás.

Mientras tanto, los preparativos de la boda continuaban.

Pero Chu Hoai Can estaba cada vez más distraído.

Finalmente ordenó a su asistente:

—Averigua dónde está Giang.

El asistente bajó la mirada.

—Señor Chu… la señorita Giang trasladó a su madre, terminó su contrato de vivienda y puso sus cosas en almacenamiento.

Chu Hoai Can levantó lentamente la cabeza.

—¿Qué dijiste?

—Parece que está preparándose para abandonar Bac Thanh.

Algo inexplicable le oprimió el pecho.

—Tráela.

—Señor…

—¡Ahora!

Pero esa misma noche recibió una invitación.

Giang Truc Mien daría su primer concierto independiente.

La fecha coincidía exactamente con la fiesta previa a su boda.

Chu Hoai Can apareció allí furioso.

La encontró detrás del escenario.

—¿Qué significa esto?

Giang continuó arreglándose frente al espejo.

—Un concierto.

—Sabes perfectamente de qué hablo.

Él agarró la invitación.

—¿Por qué estás vendiendo tus propiedades? ¿Por qué trasladaron a tu madre?

Giang finalmente lo miró.

—Porque me voy.

La expresión de Chu Hoai Can cambió.

—¿A dónde?

—No es asunto tuyo.

—Eres mi…

Se detuvo.

Giang sonrió.

—Termina la frase.

Él no pudo.

Ya no era su amante.

Nunca había sido públicamente su novia.

Y dentro de pocos días él se casaría con otra mujer.

—Exactamente —dijo Giang—. No soy nada tuyo.

Entonces apareció Lam So Dao.

—Hoai Can.

Giang reconoció inmediatamente aquella voz.

Lam sonrió elegantemente.

—Así que ella es la cantante.

—Sí —respondió Giang—. Y tú debes ser Diep Kinh Thu.

La sonrisa de Lam desapareció.

Chu Hoai Can frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

Por primera vez, verdadero miedo apareció en los ojos de la futura señora Chu.

—No sé de qué está hablando —respondió ella.

Giang sacó una fotografía antigua.

—Diep Kinh Thu. Estudiante de música en Londres. Después cambiaste tu nombre a Lam So Dao cuando la familia Lam te reconoció oficialmente.

Chu Hoai Can tomó la fotografía.

—So Dao…

—Eso no significa nada —respondió ella rápidamente.

Giang asintió.

—Tienes razón.

Sacó entonces una memoria USB.

—Pero esto sí.

Lam palideció.

—¿Qué contiene?

—Transferencias bancarias, empresas fantasma y comunicaciones entre tu familia y dos ejecutivos del Grupo Chu.

Chu Hoai Can miró a su prometida.

—¿Es verdad?

—¡Por supuesto que no!

—Entonces no tendrás problema en dejar que mi departamento legal lo revise.

Lam permaneció callada.

Ese silencio fue suficiente.

Aquella misma noche, Chu Hoai Can ordenó una investigación interna.

El primer resultado llegó antes del amanecer: la familia Lam llevaba años desviando dinero del Grupo Chu.

Pero el segundo descubrimiento fue todavía peor.

El asistente entró en el despacho.

—Presidente Chu, encontramos mensajes de la señorita Lam.

—Habla.

—Su matrimonio también formaba parte del plan.

Chu Hoai Can levantó la mirada.

—¿Qué plan?

—Después de casarse, pretendían utilizar las acciones que usted transferiría a su esposa para controlar una parte del consejo.

Chu Hoai Can quedó completamente inmóvil.

Durante años había protegido a aquella mujer.

Había despreciado a Giang por ella.

Y ahora descubría que para Lam él nunca había sido más que una puerta hacia el Grupo Chu.

La boda fue cancelada esa misma mañana.

La familia Lam intentó detener la investigación, pero los documentos terminaron en manos de los abogados y las autoridades financieras.

Lam buscó desesperadamente a Giang.

—¡Tú arruinaste mi vida!

Giang la observó sin miedo.

—No. Solo impedí que arruinaras la mía.

Lam quiso responder, pero los abogados del Grupo Chu entraron detrás de ella.

Esta vez, Giang simplemente se apartó.

Aquella batalla ya no le pertenecía.

Una semana después, Chu Hoai Can apareció en el hospital.

La madre de Giang estaba a punto de recibir el alta.

—Necesito hablar contigo.

Giang salió al pasillo.

Él parecía diferente.

Cansado.

—Cancelé la boda.

—Lo sé.

—So Dao me engañó.

—También lo sé.

Chu Hoai Can apretó la mandíbula.

—¿No vas a decir nada?

Giang lo miró serenamente.

—¿Qué quieres que diga? ¿Que ahora que ella te traicionó debes regresar conmigo?

Él guardó silencio.

—Truc Mien, podemos empezar de nuevo.

Ella sintió una punzada en el pecho.

Durante años había soñado con escuchar esas palabras.

Ahora ya no significaban nada.

—No.

—Puedo devolverte todo.

—Nunca me perteneció nada de lo que me diste.

—Entonces dime qué quieres.

Giang respondió sin vacilar:

—Mi vida.

Él quedó inmóvil.

—Quiero cantar cuando yo quiera. Quiero cuidar de mi madre. Quiero enamorarme algún día sin preguntarme si esa persona me abandonará cuando aparezca alguien “mejor”.

Chu Hoai Can bajó la mirada.

—Yo no sabía…

—Ese siempre fue tu problema. Nunca quisiste saber.

Ella pasó junto a él.

—Adiós, Hoai Can.

Él tomó suavemente su muñeca.

—¿De verdad no queda ninguna posibilidad?

Giang retiró la mano.

—La mujer que habría dado todo por ti ya no existe.

Tres meses después, Giang Truc Mien regresó a los escenarios.

Sin Grupo Chu.

Sin patrocinadores comprados.

Sin nadie decidiendo qué debía cantar.

Su primera canción independiente alcanzó millones de reproducciones.

Su madre observó el concierto desde primera fila.

Cuando terminó, Giang corrió hacia ella.

—¿Cómo estuve?

—Terrible.

Giang abrió los ojos.

Su madre comenzó a reír.

—Porque me hiciste llorar durante toda la canción.

—¡Mamá!

Ambas se abrazaron riendo.

Chen Yu apareció corriendo.

—¡Truc Mien! Tenemos una oferta para una gira internacional.

—¿Cuándo?

—En primavera.

Giang miró a su madre.

—¿Vamos?

—Mientras haya buena comida.

—Trato hecho.

A varios kilómetros de allí, Chu Hoai Can observaba la transmisión del concierto desde su oficina.

Sobre el escritorio estaba aquella vieja maleta roja.

Giang se la había devuelto.

No faltaba un solo billete.

Encima había dejado únicamente una nota:

“Gracias por pagar la cirugía de mi madre. Considera nuestra deuda saldada.”

Chu Hoai Can cerró lentamente los ojos.

Finalmente entendió algo que había aprendido demasiado tarde:

el dinero podía comprar contratos, silencio y obediencia.

Pero nunca podía comprar de nuevo un corazón que había decidido marcharse.

Un año después, Giang ofreció el concierto más importante de su carrera.

Antes de la última canción, miró al público.

—Hace tiempo pensé que perder a alguien significaba perderlo todo.

Sonrió.

Su madre estaba allí.

Sus amigos también.

Y frente a ella había miles de personas coreando su nombre.

—Pero estaba equivocada. A veces perder a la persona equivocada es exactamente lo que necesitas para encontrarte a ti misma.

El público estalló en aplausos.

Giang levantó el micrófono.

Su voz salió clara, fuerte y libre.

Ya no pertenecía a Chu Hoai Can.

Ya no pertenecía a ningún contrato.

Por primera vez, Giang Truc Mien pertenecía únicamente a sí misma.

Y mientras las luces iluminaban el escenario, comprendió que aquella segunda oportunidad nunca había sido para recuperar el amor de Chu Hoai Can.

Había sido para salvar a su madre.

Salvar su voz.

Salvar su futuro.

Y, sobre todo, salvarse a sí misma.

Esta vez no necesitaba otra vida para ser feliz.

Esta vez había elegido vivir la suya.

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