PARTE 2: CUANDO DESCUBRIÓ QUE SU EXESPOSA ERA SOMBRA.

Lucas encontró los documentos del divorcio a la mañana siguiente.

Yo ya no estaba allí.

Había dejado la casa antes del amanecer con una sola maleta y cinco años de recuerdos que no quería conservar.

Cuando llegó mi abogado, Lucas lo llamó inmediatamente.

—¿Dónde está Evelyn?

—La señora Harper ha solicitado que toda comunicación relacionada con el divorcio se haga por medio de mí.

—Quiero hablar con mi esposa.

—Legalmente, pronto dejará de serlo.

Lucas apretó el teléfono.

Sobre su escritorio seguía aquella frase escrita con mi propia mano.

“Cuando vuelvas a verme, no me llames esposa.”

Durante los días siguientes me llamó varias veces.

No respondí.

Después dejó de intentarlo.

Quizá pensó que regresaría cuando se me pasara el enojo.

No me conocía en absoluto.

Tres semanas después, el Distrito Este estaba en máxima alerta.

La amenaza contra Lucas había sido confirmada.

Un grupo extranjero había infiltrado hombres cerca de la base y existían indicios de que alguien dentro del propio ejército estaba filtrando información.

Por eso el regreso de Sombra se mantuvo en secreto hasta el último momento.

Aquella mañana, Lucas estaba reunido con los oficiales superiores cuando un coronel entró apresuradamente.

—General Grant, el Escuadrón Razor acaba de aterrizar.

Lucas se levantó.

Sofía hizo lo mismo.

—¿Sombra está con ellos? —preguntó ella.

—Eso parece.

La emoción apareció inmediatamente en los ojos de Lucas.

Era casi irónico.

En cinco años de matrimonio jamás lo había visto esperar mi llegada con tanta impaciencia.

Solo había necesitado dejar de ser su esposa para conseguirlo.

Los vehículos negros atravesaron las puertas de la base pocos minutos después.

Nolan descendió primero.

Detrás de él aparecieron los integrantes del Escuadrón Razor.

Lucas observaba desde la escalinata principal.

—¿Cuál de ellos es Sombra? —preguntó Sofía.

Nolan se apartó.

Entonces bajé del último vehículo.

Llevaba el uniforme negro de operaciones especiales, el cabello recogido y la insignia que no había utilizado durante cinco años.

El murmullo desapareció.

Lucas dejó de respirar.

Sofía abrió ligeramente la boca.

Yo caminé hacia ellos.

Cada paso parecía arrancar una parte de Evelyn Harper, la mujer que había esperado noches enteras junto a una ventana.

Cuando me detuve frente al grupo de oficiales, Nolan anunció:

—Comandante Evelyn Harper. Nombre operativo: Sombra. Directora temporal de la operación de protección del Distrito Este.

Nadie habló.

Lucas me miraba como si acabara de ver regresar a alguien de entre los muertos.

—Evelyn…

Levanté una ceja.

—General Grant.

Mi tono bastó para recordarle dónde estábamos.

Su cuerpo reaccionó por puro entrenamiento.

Enderezó la espalda.

Juntó los talones.

Y levantó la mano.

Lucas Grant me saludó militarmente.

—Comandante.

Sofía hizo lo mismo inmediatamente.

—Es un honor conocerla.

La observé durante un instante.

Aquella era la mujer que Lucas consideraba digna de luchar a su lado.

La mujer que, según él, representaba todo aquello que yo jamás podría ser.

—Mayor Reed.

—He estudiado todas sus operaciones —dijo Sofía—. Usted fue la razón por la que solicité entrar en fuerzas especiales.

—Entonces espero que haya aprendido algo útil.

Sofía sonrió.

Lucas no.

Seguía mirándome.

—¿Desde cuándo eres Sombra?

—Desde mucho antes de conocerte.

Su rostro cambió.

Comprendí que estaba reconstruyendo nuestro matrimonio entero dentro de su cabeza.

Mis silencios.

Mis cicatrices.

Las llamadas que recibía y nunca explicaba.

Mi capacidad para mantener la calma cada vez que él regresaba herido.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—No estamos aquí para hablar de nuestro matrimonio.

—Evelyn…

—Comandante Harper.

Su mandíbula se tensó.

—Comandante Harper.

Me volví hacia el resto.

—Sala táctica. Cinco minutos.

Entramos.

Sobre una pantalla apareció el perfil de la organización que había ofrecido la recompensa por Lucas.

—Cinco mil millones —dijo Nolan—. Quieren al general Grant vivo o muerto.

Lucas cruzó los brazos.

—Entonces que vengan.

Lo miré.

—Esa arrogancia es precisamente lo que esperan.

La sala quedó en silencio.

Lucas no estaba acostumbrado a recibir correcciones delante de sus oficiales.

Mucho menos de mí.

—A partir de este momento —continué—, sus movimientos serán autorizados por Razor.

—Soy comandante del Distrito Este.

—Y yo soy responsable de mantenerlo vivo.

Sofía intervino.

—Comandante, puedo encargarme personalmente de su protección.

Negué.

—No.

Ella pareció sorprendida.

Toqué la pantalla.

—Porque tenemos un problema mayor.

Apareció un mapa con varios puntos rojos.

—El enemigo conoce rutas que solo siete oficiales pueden consultar.

Lucas frunció el ceño.

—¿Estás diciendo que tenemos un infiltrado?

—Estoy diciendo que alguien dentro de esta base está vendiendo información.

Nolan colocó siete expedientes sobre la mesa.

Uno pertenecía a Lucas.

Otro a Sofía.

La expresión de ella cambió.

—¿También soy sospechosa?

—Todos lo son.

Lucas golpeó la mesa.

—Sofía jamás traicionaría al ejército.

Lo miré.

Cinco años después, seguía defendiéndola sin necesitar pruebas.

Curiosamente, ya no me dolió.

—General Grant, su opinión sentimental no forma parte de esta investigación.

Lucas se quedó inmóvil.

Sofía bajó la mirada.

La reunión terminó una hora después.

Cuando todos salieron, Lucas permaneció dentro.

—Necesitamos hablar.

Seguí recogiendo documentos.

—No.

—Cinco años, Evelyn.

Me detuve.

—¿Qué?

—Viví contigo cinco años sin saber quién eras.

—Viviste conmigo cinco años sin intentar saber quién era.

Aquello lo silenció.

—Pensé que habías abandonado tu carrera.

—Nunca preguntaste qué carrera tenía.

Lucas miró mis insignias.

—Yo admiraba a Sombra desde la academia.

—Lo sé.

—¿Lo sabías?

—Tenías artículos sobre mis misiones guardados en tu escritorio.

La vergüenza cruzó su rostro.

—Y nunca dijiste nada.

—Quería saber si alguna vez aprenderías a admirar a Evelyn sin necesitar saber que era Sombra.

Guardé el último expediente.

—Ya obtuve mi respuesta.

Pasé junto a él.

Lucas me sujetó suavemente del brazo.

Me detuve.

Miré su mano.

La retiró inmediatamente.

—¿Todavía podemos arreglar esto?

Lo miré durante varios segundos.

—Los papeles están firmados.

—No pregunté eso.

—Yo sí estoy respondiendo eso.

Salí.

Aquella noche comenzó la operación.

Un convoy falso abandonaría la base mientras Lucas permanecería en un búnker protegido.

Era una trampa destinada a obligar al infiltrado a comunicarse con el enemigo.

A las 02:17, Nolan entró en la sala de vigilancia.

—Comandante.

Su rostro me dijo que algo había ocurrido.

—Habla.

—Detectamos una transmisión cifrada.

Me levanté.

—¿Desde dónde?

Nolan dejó una tableta frente a mí.

—Dentro de la base.

Miré la ubicación.

Edificio de oficiales.

—¿Identificaron el dispositivo?

—Sí.

Nolan dudó.

—Está registrado a nombre de uno de los siete sospechosos.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Antes de responder, todas las luces se apagaron.

Una alarma atravesó la base.

Después llegó una explosión desde el sector norte.

Tomé mi arma reglamentaria.

—¡Razor, posiciones!

La radio crepitó.

Una voz desesperada surgió del otro lado.

—¡Comandante, el general Grant ha desaparecido!

Me quedé inmóvil.

—¿Qué dijiste?

—¡El búnker está vacío!

Nolan miró nuevamente la tableta.

Su rostro perdió el color.

—Comandante…

—¿Qué?

Giró la pantalla hacia mí.

La transmisión que había revelado nuestra posición acababa de salir del dispositivo de un oficial.

Leí el nombre.

Y por primera vez aquella noche sentí verdadero miedo.

MAYOR SOFÍA REED.

Entonces mi teléfono recibió un mensaje desde un número desconocido.

Había una fotografía.

Lucas estaba arrodillado en una habitación oscura.

A su lado aparecía Sofía.

Pero ella no estaba prisionera.

Estaba de pie detrás de él.

Debajo de la imagen había una sola frase:

“SOMBRA, SI QUIERES VOLVER A VER VIVO AL HOMBRE QUE TE DESPRECIÓ, VEN SOLA.”

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