Dominic soltó una risa corta.
—¿Seguridad privada?
Natalie lo miró buscando una explicación, pero él simplemente guardó los documentos del divorcio en su maletín.
—Audrey, estás agotada. No conviertas esto en algo más humillante de lo que ya es.
No respondí.
Volví la mirada hacia el cristal de la unidad neonatal.
Liam dormía dentro de su incubadora mientras un diminuto tubo lo ayudaba a respirar. Chloe movía apenas una mano bajo la manta.
Mis hijos estaban luchando por vivir y su propio padre acababa de abandonarlos sin siquiera acercarse al cristal.
Aquello terminó de matar cualquier sentimiento que todavía pudiera quedarme por Dominic.
—¿Cuánto tardará tu abuelo? —preguntó Natalie con una sonrisa burlona—. ¿Vendrá en autobús?
Dominic rio.
Yo no.
—No debería tardar.
Exactamente cuatro minutos después, el teléfono de Dominic vibró.
Miró la pantalla.
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué demonios…?
Contestó.
—Sí.
Escuchó durante unos segundos.
—No. Yo no autoricé eso.
Su rostro empezó a cambiar.
—¿Cómo que suspendida?
Natalie se acercó.
—¿Qué pasó?
Dominic levantó una mano para hacerla callar.
—Escúchame, soy Dominic Valdés. Mi autorización administrativa no puede ser revocada por…
Se quedó en silencio.
Miró hacia mí.
—¿Orden de quién?
La respuesta hizo que apretara el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.
Colgó.
—¿Qué hiciste?
—Todavía nada.
—Mi acceso al hospital acaba de ser suspendido.
—Entonces alguien fue más rápido de lo que esperaba.
Natalie dejó de sonreír.
Dominic caminó hacia mí.
—¿Quién es tu abuelo?
Antes de que pudiera responder, las puertas del ascensor se abrieron.
Primero salieron cuatro hombres vestidos con trajes oscuros.
Después apareció una mujer con un portafolio.
La reconocí inmediatamente.
Era Elena Vargas, directora jurídica del Grupo Médico Aurelia.
Detrás de ella caminaban dos miembros del consejo administrativo.
Y finalmente apareció mi abuelo.
Octavio Garza.
Setenta y seis años.
Cabello completamente blanco.
Bastón de madera oscura.
No necesitaba levantar la voz para conseguir que una habitación entera guardara silencio.
Dominic lo observó confundido.
Luego miró a Elena.
—¿Qué significa esto?
Ella ni siquiera le respondió.
Se acercó directamente a mi abuelo.
—Señor Garza, el protocolo solicitado ya está activo.
Dominic palideció.
—¿Señor… Garza?
Mi abuelo me vio.
Su expresión severa cambió al instante.
Caminó hasta mí y me abrazó.
Durante tres días había contenido cada lágrima.
Pero cuando sentí sus brazos, casi me derrumbé.
—Abuelo…
—Estoy aquí, pequeña.
Después miró a través del cristal.
Sus ojos encontraron las dos incubadoras.
—¿Esos son mis bisnietos?
Asentí.
Vi cómo tragaba saliva.
—Liam y Chloe.
Mi abuelo apoyó una mano sobre el cristal.
Luego se giró lentamente hacia Dominic.
Nunca olvidaré cómo cambió su rostro.
—¿Tú eres el hombre que abandonó a mi nieta mientras mis bisnietos luchan por sobrevivir?
Dominic intentó recuperar la compostura.
—Señor Garza, esto es un asunto matrimonial.
—Era un asunto matrimonial hasta que decidiste abandonar dos bebés dentro de uno de mis hospitales.
Natalie retrocedió.
—Dominic…
Él la ignoró.
—¿Uno de sus hospitales?
Elena abrió su portafolio.
—El señor Octavio Garza controla el cincuenta y ocho por ciento de las acciones con derecho a voto del Grupo Médico Aurelia.
El silencio fue absoluto.
Dominic me miró como si acabara de descubrir que nunca me había conocido.

—Me dijiste que tu familia vivía en el campo.
—Mi abuelo vive en el campo.
—¡Nunca dijiste que era millonario!
—Nunca preguntaste.
Mi abuelo golpeó suavemente el suelo con su bastón.
—Y eso no importa.
Señaló los papeles del maletín.
—Quiero saber qué le entregaste.
Dominic apretó la mandíbula.
—Documentos privados.
—Documentos de divorcio —respondí—. También vació nuestras cuentas, bloqueó mis tarjetas y dijo que no pagaría los gastos médicos de los gemelos.
Mi abuelo permaneció completamente quieto.
Aquella quietud daba más miedo que un grito.
—¿Es cierto?
Dominic levantó la barbilla.
—Legalmente tengo derecho a proteger mis bienes.
Elena intervino.
—Eso dependerá de qué bienes considere suyos.
Dominic frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Ella sacó una carpeta.
—Su estudio de arquitectura, Valdés Urban Design, recibió hace tres años una inversión que evitó su quiebra.
Dominic se quedó inmóvil.
Yo también.
No sabía nada de aquello.
—La inversión vino del Fondo Horizonte —continuó Elena.
Dominic respiró aliviado.
—Exactamente. Un fondo independiente.
Mi abuelo lo miró.
—Mío.
La palabra cayó como una piedra.
Natalie abrió la boca.
Dominic perdió el color.
—No.
—Sí.
Mi abuelo se acercó un paso.
—Audrey nunca me pidió dinero para ella. Pero cuando me contó que la empresa de su esposo atravesaba dificultades, decidí ayudar discretamente.
Lo miré sorprendida.
—Abuelo…
—Quería que tu matrimonio tuviera una oportunidad sin que ese hombre sintiera que debía algo a nuestra familia.
Dominic comenzó a negar.
—Eso no significa que controle mi empresa.
Elena abrió otra página.
—Le recomiendo leer nuevamente el acuerdo de inversión.
—Lo conozco perfectamente.
—Entonces recordará la cláusula de conducta fraudulenta y abandono de obligaciones financieras vinculadas a beneficiarios dependientes.
Dominic dejó de respirar por un instante.
—Eso no puede aplicarse a un divorcio.
—No estamos hablando únicamente del divorcio.
Elena sacó un segundo documento.
Su expresión cambió.
—Esta mañana, cuando el señor Garza pidió revisar sus operaciones, encontramos algo inesperado.
Dominic miró la carpeta.
Por primera vez vi verdadero miedo en sus ojos.
—¿Qué encontraron?
Elena dejó varias hojas sobre una mesa.
—Transferencias.
Natalie palideció.
Dominic giró inmediatamente hacia ella.
Fue un movimiento pequeño.
Pero todos lo vimos.
Mi abuelo también.
—¿Qué transferencias? —pregunté.
Elena señaló una cifra.
—Durante los últimos dieciocho meses, dinero procedente de Valdés Urban Design fue transferido repetidamente a una empresa llamada NVR Consulting.
Natalie dio otro paso atrás.
—Yo no sé nada de eso.
Nadie le había preguntado.
Dominic la miró.
—Cállate.
Aquella reacción fue suficiente.
Elena continuó.
—NVR Consulting fue constituida hace dos años.
Pasó la página.
—Su accionista mayoritaria es Natalie Rivera.
Sentí que el pasillo entero desaparecía a mi alrededor.
Natalie comenzó a hablar rápidamente.
—Dominic me dijo que era completamente legal.
—¡Cállate! —gritó él.
Dos guardias avanzaron inmediatamente.
Mi abuelo levantó una mano y se detuvieron.
—Déjala hablar.
Dominic respiraba con dificultad.
—Audrey, esto no tiene nada que ver contigo.
—¿Nada que ver conmigo?
Me acerqué.
—¿Vacías nuestras cuentas mientras nuestros hijos están en cuidados intensivos y transfieres dinero a la empresa de tu amante?
—No entiendes.
—Entonces explícame.
No pudo.
Natalie empezó a llorar.
—Él dijo que Audrey nunca descubriría nada.
Dominic giró violentamente.
—¡Natalie!
—¡Me dijiste que después del divorcio todo quedaría limpio!
Elena levantó la mirada.
—¿Después del divorcio?
Natalie comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.
Dominic cerró los ojos.
Mi abuelo sonrió sin alegría.
—Creo que acabamos de encontrar un problema mucho mayor que una infidelidad.
En ese instante apareció una enfermera desde la unidad neonatal.
—Señora Garza.
Me giré inmediatamente.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué ocurre?
—Necesitamos que venga.
Miré hacia las incubadoras.
Varias personas rodeaban ahora a Chloe.
Corrí hacia la puerta.
Antes de entrar, la enfermera me sujetó suavemente del brazo.
—Hay otra cosa.
—¿Qué?
Miró a Dominic.
Después volvió a mirarme.
—Durante los análisis de emergencia encontramos una incompatibilidad en uno de los registros médicos familiares.
Sentí un escalofrío.
—No entiendo.
La enfermera respiró hondo.
—Necesitamos confirmar urgentemente si el señor Dominic Valdés es realmente el padre biológico de ambos bebés.