A la mañana siguiente, el auditorio de la escuela estaba lleno.
Padres, profesores y alumnos ocupaban cada asiento. Sobre el escenario colgaba una enorme pancarta de graduación, y decenas de cámaras esperaban para capturar aquel momento.
Su Nian estaba sentado con sus compañeros en la primera fila.
Yo permanecía varias filas detrás, con mi cámara entre las manos.
Durante diez años había fotografiado prácticamente todos los momentos importantes de su vida.
Aquel día no sería diferente.
O eso creía.
La ceremonia llevaba veinte minutos cuando, de repente, escuché murmullos cerca de la entrada.
El director se levantó inmediatamente.
Varios profesores hicieron lo mismo.
—Ha llegado el señor Zhou.
Mis dedos se congelaron sobre la cámara.
Sentí que el tiempo retrocedía diez años.
Giré lentamente la cabeza.
Y lo vi.
Zhou Yichen acababa de entrar en el auditorio.
Vestía un traje oscuro perfectamente cortado. Caminaba rodeado por varios ejecutivos y miembros del consejo escolar.
Diez años habían vuelto sus facciones más maduras, pero seguía teniendo aquella misma mirada fría y segura.
El hombre que una vez me había dicho que dejara de aferrarme a él ahora era recibido como si fuera una celebridad.
—Mamá.
La voz de Su Nian me hizo reaccionar.
Me miraba desde lejos.
Sonreí y levanté la cámara.
No quería que notara nada.
Zhou Yichen subió al escenario.
El director tomó el micrófono.
—Es un gran honor recibir al presidente del Grupo Zhou, uno de los principales benefactores de nuestra escuela.
Los aplausos llenaron el auditorio.
Zhou Yichen habló durante unos minutos sobre educación, esfuerzo y futuro.
Entonces hizo un anuncio inesperado.
—El Grupo Zhou donará cinco millones de yuanes para ampliar el programa de becas de la escuela.
La ovación fue inmediata.
Cinco millones.
Casi sonreí.
La misma cantidad que había dejado escrita para mí en nuestro divorcio.
El director, emocionado, tomó nuevamente el micrófono.
—En agradecimiento, quisiera pedirle al señor Zhou que entregue personalmente el reconocimiento al alumno más destacado de esta promoción.
Miré hacia la primera fila.
Su Nian acababa de levantarse.
Mi corazón golpeó con fuerza.
Por fin había llegado aquel momento.
Mi hijo caminó hacia el escenario.
Zhou Yichen esperaba junto al podio con el certificado entre las manos.
Al principio apenas prestó atención.
Hasta que Su Nian quedó frente a él.
Entonces levantó la vista.
Y se quedó petrificado.
El auditorio comenzó a quedarse en silencio.
Zhou Yichen miró los ojos de Su Nian.
Después su nariz.
Su mandíbula.
Incluso la manera en que el niño fruncía ligeramente el ceño.
Era como contemplar una fotografía de sí mismo a los diez años.
Su mano comenzó a temblar.
—¿Cómo te llamas?
Su Nian respondió educadamente.
—Su Nian.
El apellido hizo que la expresión de Zhou Yichen cambiara todavía más.
—¿Su?
—Sí.
El director sonrió, sin comprender la tensión.
—Su Nian es nuestro mejor alumno. Además, su madre es una reconocida fotógrafa.
Zhou Yichen giró lentamente hacia el público.
Sus ojos recorrieron las filas.
Hasta encontrarme.
Nuestras miradas se encontraron por primera vez en diez años.
Levanté la cámara.
Y tomé una fotografía.
El destello iluminó su rostro completamente pálido.
Su Nian recibió el premio.
Pero Zhou Yichen seguía mirándome.
Cuando terminó la ceremonia, guardé tranquilamente mi cámara y esperé a mi hijo cerca de la salida.
No tardé en escuchar aquella voz detrás de mí.
—Su Qing.
Me detuve.
Su Nian también.
Giré lentamente.
Zhou Yichen estaba allí.
Solo.
—Mamá, ¿conoces al señor Zhou?
—Fuimos conocidos hace muchos años.
El rostro de Zhou Yichen se endureció.
—¿Conocidos?
No respondí.
Sus ojos volvieron hacia Su Nian.
—¿Cuántos años tienes?
—Diez.
Zhou Yichen cerró los ojos un segundo.
Hizo las cuentas.
Naturalmente.
Cuando volvimos a mirarnos, la conmoción había sustituido completamente su habitual frialdad.
—Su Qing.
Su voz era apenas audible.
—Cuando nos divorciamos…
—No hagas preguntas delante de mi hijo.
Tomé la mano de Su Nian.
—Vamos.
Pero Zhou Yichen dio un paso adelante.
—Espera.

Me detuve.
—Necesito saberlo.
—Tú necesitabas saber muchas cosas hace diez años.
Mi voz permaneció tranquila.
—Elegiste no preguntar ninguna.
—¿Estabas embarazada?
No contesté.
Y mi silencio respondió por mí.
Zhou Yichen retrocedió como si acabara de recibir un golpe.
—¿Él es mi hijo?
Su Nian me miró inmediatamente.
—¿Mamá?
Aquello fue suficiente.
Me coloqué delante de él.
—La conversación terminó.
Salimos del auditorio.
Esa misma noche, Zhou Yichen llamó siete veces.
No respondí.
Después llegaron los mensajes.
«Necesitamos hablar.»
«Quiero saber la verdad.»
«Tengo derecho a saberlo.»
Al leer aquella última frase, finalmente respondí.
«Tuviste ese derecho hace diez años.»
Apagué el teléfono.
Pero al día siguiente, cuando llegué a Tiempo de Luz, Zhou Yichen ya estaba esperando frente al estudio.
—No voy a marcharme sin una respuesta.
Suspiré.
—Entonces espera.
Pasé junto a él.
Me sujetó del brazo.
Lo miré.
Soltó inmediatamente.
—Perdón.
Aquella palabra me sorprendió más que su presencia.
—Solo dime una cosa —pidió—. ¿Su Nian es mi hijo?
Lo miré durante varios segundos.
Ya no éramos aquellas dos personas sentadas en el Registro Civil.
Yo no necesitaba su dinero.
Ni su apellido.
Ni su aprobación.
—Sí.
Zhou Yichen dejó de respirar.
—Es tu hijo biológico.
Sus ojos se enrojecieron.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Solté una risa fría.
—Intenté hacerlo.
Frunció el ceño.
—¿Qué?
—El día del divorcio.
Recordé aquella oficina.
Su teléfono.
La llamada de Xu Wei.
Su impaciencia.
—Te pregunté si alguna vez me habías amado porque quería encontrar una razón para decírtelo.
Di un paso hacia él.
—Pero tenías tanta prisa por ir al aeropuerto con ella que ni siquiera terminaste de leer nuestro acuerdo.
Zhou Yichen palideció.
—¿El acuerdo?
Aquella reacción me hizo detenerme.
—¿Qué pasa?
—Su Qing…
Su expresión cambió.
—Yo sí leí el acuerdo después.
Sentí una extraña inquietud.
—¿Cuándo?
—Esa misma noche.
—Entonces sabías…
—No.
Negó inmediatamente.
—El documento que firmé decía claramente que no había hijos.
—Porque todavía no había nacido.
—No me refiero a eso.
Sacó su teléfono.
Buscó algo.
Después me mostró una fotografía antigua del convenio.
—Mira la fecha de esta página.
La observé.
Mi corazón dio un vuelco.
No era la misma página que yo había leído.
La cláusula había sido sustituida.
Y debajo aparecía algo todavía peor.
Una declaración firmada con mi nombre asegurando que yo no estaba embarazada.
—Yo nunca firmé esto.
Zhou Yichen levantó lentamente la mirada.
—Lo sé.
—¿Cómo puedes saberlo?
Guardó silencio.
—Porque hace tres días despedí al abogado que preparó nuestro divorcio.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué?
Su mandíbula se tensó.
—Porque descubrí que llevaba diez años trabajando en secreto para otra persona.
No necesité preguntar.
Pero lo hice.
—¿Para quién?
Zhou Yichen tardó varios segundos en responder.
Finalmente pronunció el nombre.
—Xu Wei.
En ese instante sonó mi teléfono.
Número desconocido.
Abrí el mensaje.
Había una fotografía de Su Nian saliendo de la escuela esa misma mañana.
Debajo aparecía una sola frase.
«DEBISTE MANTENER A ESE NIÑO OCULTO.»
Levanté la vista.
Zhou Yichen había leído el mensaje por encima de mi hombro.
Su rostro cambió completamente.
Pero antes de que cualquiera pudiera hablar, llegó una segunda fotografía.
Esta vez mostraba a Su Nian dentro del automóvil escolar.
Tomada hacía apenas unos minutos.
Y debajo había otra frase.
«AHORA YA ES DEMASIADO TARDE.»