Patricia dejó de sonreír.
Durante unos segundos, aquella mujer que siempre tenía una respuesta preparada no consiguió pronunciar una sola palabra.
—Eso es absurdo —dijo finalmente—. Megan es la madre de esa niña.
El detective Cole abrió el sobre.
—Megan dio a luz. Eso no significa que el embrión utilizado fuera suyo.
Patricia me miró.
Por primera vez vi miedo detrás de su arrogancia.
—¿Qué estás intentando hacer, Emily?
Me puse de pie lentamente.
—Descubrir quién utilizó mi embrión sin mi permiso.
Un año atrás, probablemente habría llorado al decirlo.
Ahora no.
Había pasado demasiadas noches preguntándome cómo Ryan pudo rehacer su vida tan deprisa mientras yo todavía intentaba recoger los pedazos de la mía.
Y ahora empezaba a entenderlo.
No había sido un milagro. Había sido un plan.
Cole colocó varias copias sobre la mesa.
—La clínica conserva registros digitales de cada autorización. El consentimiento presentado para aquella transferencia lleva una firma atribuida a la señora Bennett.
—Entonces firmó —espetó Patricia.
—No.
Cole señaló una línea.
—El documento fue cargado desde una cuenta administrativa vinculada al doctor encargado del procedimiento. Además, la señora Bennett estaba fuera del estado el día en que supuestamente firmó presencialmente.
El rostro de Patricia se endureció.
—Mi hijo jamás haría algo así.
—Entonces tendrá oportunidad de explicarlo.
Como si aquellas palabras lo hubieran convocado, las puertas del ascensor se abrieron.
Ryan salió acompañado de Megan.
Ella llevaba en brazos a una niña de pocos meses.
Mi respiración se detuvo.
Había visto fotografías en redes sociales, pero nunca la había tenido delante.
La pequeña dormía contra el pecho de Megan.
Y algo dentro de mí se rompió.
Porque aquella niña podía haber nacido del embrión que Ryan y yo habíamos creado juntos.
Ryan me vio.
Después vio al detective.
Se quedó inmóvil.
—Emily…
Megan apretó a la niña contra su cuerpo.
—¿Qué está pasando?
Cole se acercó.
—Señor Parker, necesito hacerle algunas preguntas sobre la transferencia embrionaria realizada el año pasado.
Ryan palideció.
Ese pequeño cambio en su rostro fue suficiente.
Lo conocía demasiado bien.
—Tú lo sabías —susurré.
—Emily, puedo explicarlo.
Patricia giró bruscamente hacia él.
—Ryan, dile que está equivocada.
Pero su hijo no respondió.
Megan comenzó a retroceder.
—Ryan…
Él cerró los ojos.
—Después del divorcio, la clínica dijo que los embriones debían ser destruidos o transferidos a otra instalación.
—Mentira —respondí—. Recibí los documentos. Necesitaban mi autorización para cualquier uso.
—¡Yo estaba desesperado!
Su voz resonó por toda la sala.
Varias personas levantaron la cabeza.
Ryan se pasó ambas manos por el cabello.
—Habíamos gastado años intentando tener un hijo. Después de perder el embarazo, tú ya no querías hablar de tratamientos.
Lo miré incrédula.
—Estaba de duelo.
—Yo también.
—¿Y por eso decidiste utilizar nuestro embrión con otra mujer?
Ryan bajó la mirada.
Ese silencio fue una confesión.
Entonces Megan habló.
—Me dijiste que era tuyo.
Todos la miramos.
Su rostro estaba blanco.
—¿Qué?
Megan empezó a temblar.
—Me dijiste que los embriones te pertenecían legalmente después del divorcio. Dijiste que Emily había renunciado a ellos.
Ryan intentó acercarse.
—Megan…

—¡No me toques!
La niña comenzó a llorar.
Megan la sostuvo con más fuerza.
Y entonces Patricia cometió su error.
—¡Basta! —gritó—. Ya no importa cómo ocurrió. La niña está aquí y pertenece a nuestra familia.
Cole giró lentamente hacia ella.
—¿Cómo ocurrió?
Patricia comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.
—Yo… no sé nada.
—Hace treinta segundos parecía bastante segura.
—Solo intento proteger a mi nieta.
—¿Su nieta?
Cole sacó otro documento.
—Eso también tendremos que determinarlo.
Ryan levantó la cabeza.
—¿Qué significa eso?
El detective me miró primero, como pidiendo permiso.
Asentí.
—Cuando revisamos la documentación —explicó— encontramos algo más. La muestra genética masculina registrada para el embrión no coincide con la identificación que figura en el expediente.
El silencio fue absoluto.
Ryan parecía no entender.
—Yo proporcioné esa muestra.
—Eso afirma el expediente.
—Entonces ¿qué está diciendo?
Cole abrió otra carpeta.
—Que alguien modificó información del archivo años antes de la transferencia.
Patricia se apoyó contra una silla.
Yo la observé.
Y entonces entendí por qué había palidecido al ver entrar al detective.
No temía únicamente la falsificación de mi firma.
Temía algo anterior.
—Patricia —dije lentamente—. Tú sabías que había algo mal con los embriones.
—No.
Respondió demasiado rápido.
Ryan la miró.
—Mamá.
—No escuches esta locura.
—Mamá, mírame.
Patricia no pudo hacerlo.
Ryan avanzó.
—¿Qué hiciste?
Ella apretó los labios.
Megan lloraba en silencio.
La niña seguía inquieta entre sus brazos.
Finalmente Patricia explotó.
—¡Intenté salvarte!
Ryan retrocedió.
—¿Salvarme de qué?
—De ella.
Me señaló.
—Emily nunca podía darte lo que necesitabas.
Sentí frío.
—¿Qué hiciste, Patricia?
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no había arrepentimiento en ellos.
Solo desesperación.
—Después del primer tratamiento descubrimos que existía un problema con las muestras.
Ryan dejó de respirar.
—¿Qué problema?
Patricia cerró los ojos.
—La clínica cometió un error.
Cole intervino.
—Los registros indican que no fue un error.
Patricia abrió los ojos.
—Yo solo quería un nieto.
Ryan parecía a punto de derrumbarse.
—¿Cambiaste mi muestra?
Ella no contestó.
Y aquella ausencia de respuesta resultó más aterradora que cualquier confesión.
Cole sacó una última hoja.
—Necesitaremos pruebas genéticas de todos los involucrados.
Megan miró a la niña.
—¿De ella también?
—Sí.
Me acerqué un paso.
Ya no estaba pensando en Ryan.
Ni siquiera en Patricia.
Miraba a aquella pequeña que no tenía culpa de nada.
—¿Qué ocurrirá con la niña?
Cole suavizó la voz.
—Primero averiguaremos la verdad.
Las pruebas se realizaron esa misma tarde.
Después comenzó la espera.
Cuarenta y ocho horas más tarde, regresamos a la clínica.
Ryan estaba sentado frente a mí.
Megan sostenía a la niña.
Patricia permanecía apartada, con las manos entrelazadas.
Cuando el detective Cole entró acompañado de la directora médica, nadie habló.
La doctora dejó tres sobres sobre la mesa.
—Tenemos los resultados.
Ryan se puso de pie.
—Díganoslo.
La mujer respiró profundamente.
—La señora Bennett tiene vínculo genético materno con la niña.
Cerré los ojos.
Era mi embrión.
Sentí que las piernas me fallaban.
Pero todavía faltaba algo.
Ryan preguntó:
—¿Y yo?
La doctora no respondió inmediatamente.
Patricia comenzó a llorar.
Entonces supe la respuesta antes de escucharla.
—Señor Parker —dijo la doctora—, usted no es el padre biológico de esta niña.
Megan soltó un jadeo.
Ryan miró a su madre.
—¿Quién es?
Patricia negó desesperadamente.
—Ryan, por favor…
Cole tomó el tercer sobre.
—Eso es precisamente lo que descubrimos.
Lo abrió.
Leyó el resultado.
Después levantó lentamente la mirada hacia Patricia.
—La coincidencia genética nos llevó a alguien que todos ustedes conocen.
Patricia se cubrió la boca.
Ryan dio un paso hacia el detective.
—¿Quién?
Cole dejó el informe sobre la mesa.
—Su padre.