PARTE 2: CUANDO ADRIÁN DESCUBRIÓ QUE SU AMANTE NO ERA LA ÚNICA QUE LE HABÍA MENTIDO, YA HABÍA PUESTO EN PELIGRO TODO EL IMPERIO GU.

A la mañana siguiente, Adrián descubrió cuánto podía costarle legalmente seguir casado conmigo.

Y no me refería únicamente al dinero.

A las ocho, los abogados de ambas familias estaban sentados alrededor de la mesa de reuniones de la residencia Gu.

Laura ya no estaba allí.

Mi suegra había ordenado que abandonara la villa aquella misma noche.

Adrián se opuso.

Elena lo miró fijamente.

—Si quieres mantenerla, págale un hotel con tu dinero personal. No volverás a utilizar un solo recurso de esta familia para esconder a tu amante.

Por primera vez, Adrián no tuvo respuesta.

Yo llegué cinco minutos después.

Mi abogado colocó tres carpetas sobre la mesa.

—Empecemos.

Adrián me miró.

—¿Dormiste algo?

La pregunta casi me hizo sonreír.

Tres años casados.

Y todavía tenía la costumbre de preocuparse por mí justo después de ser él quien me había hecho daño.

—Perfectamente.

Abrí la primera carpeta.

—La villa.

La segunda.

—Las inversiones conjuntas.

La tercera.

—Y las participaciones que adquirimos después del matrimonio.

El abogado de Adrián comenzó a revisar los documentos.

Su expresión cambió poco a poco.

—Señor Gu…

—¿Qué?

—La señora Gu tiene razón. Algunas estructuras patrimoniales necesitan ser congeladas hasta aclarar el origen de los fondos.

Adrián me miró.

—¿Quieres congelar mis activos?

—Los nuestros.

—Julia, esto es absurdo.

—También me parecía absurdo esperar sola en nuestro aniversario mientras mi marido estaba abrazando a otra mujer.

Silencio.

Mi suegro bajó la mirada para ocultar una sonrisa amarga.

La reunión duró casi tres horas.

Cuando terminó, Adrián me siguió hasta el jardín.

—¿Realmente quieres destruir todo lo que construimos?

Me detuve.

—No confundas proteger mi parte con destruir la tuya.

—Podemos arreglarlo.

—¿Cómo?

No respondió inmediatamente.

Entonces comprendí algo.

Adrián todavía no sabía qué quería.

Quería conservarme.

Pero tampoco estaba preparado para abandonar a Laura.

Quería seguir siendo el esposo ejemplar que todo el mundo admiraba.

Y al mismo tiempo quería proteger a la mujer con la que me había traicionado.

—Cuando tengas una respuesta, llama a mi abogado.

Me marché.


Dos días después, Laura me llamó.

No sabía cómo había conseguido mi número privado.

—Necesito hablar contigo.

—No tenemos nada que hablar.

—Se trata de Adrián.

—Precisamente por eso.

Iba a colgar cuando dijo:

—Estoy embarazada.

Mi mano se detuvo.

Durante unos segundos no respondí.

—¿De cuánto?

—Siete semanas.

Dos meses de relación.

Las fechas encajaban.

—¿Adrián lo sabe?

—Todavía no.

—Entonces deberías decírselo a él.

—Quería que tú lo supieras primero.

Comprendí inmediatamente por qué.

No era cortesía.

Era una declaración de guerra.

—Gracias por avisarme.

—¿Eso es todo?

—¿Qué esperabas?

Su voz se endureció.

—Pensé que entenderías que ahora las cosas han cambiado.

Miré por la ventana.

—Laura, las cosas cambiaron la noche en que te acostaste con mi marido.

Colgué.

Pero aquella llamada sí cambió algo.

Esa tarde pedí a mi equipo que investigara a Laura Lin.

No porque quisiera atacarla.

Porque una mujer que anuncia primero su embarazo a la esposa y no al supuesto padre no está buscando una familia. Está negociando una posición.

Los resultados llegaron cuarenta y ocho horas después.

Y fueron mucho más interesantes de lo esperado.

Laura tenía deudas.

Muchas.

Su hermano había perdido millones en inversiones especulativas.

Su padre había hipotecado dos propiedades.

Y tres meses antes de comenzar su relación con Adrián, Laura había solicitado discretamente información sobre varias empresas vinculadas a la familia Gu.

Pero había algo todavía más extraño.

Uno de los documentos mostraba transferencias periódicas desde una sociedad extranjera.

—¿Quién controla esa empresa? —pregunté.

Mi investigador negó con la cabeza.

—Estamos averiguándolo.

Guardé el documento.

—No se lo digan a Adrián todavía.


Él descubrió el embarazo aquella misma noche.

Laura apareció llorando en su oficina.

Dos horas después, mi teléfono comenzó a sonar.

No contesté.

Después llegó un mensaje.

“Necesito verte.”

Lo ignoré.

Otro.

“Es importante.”

Finalmente:

“Laura está embarazada.”

Respondí solamente:

“Ya lo sé.”

La llamada llegó en menos de diez segundos.

—¿Cómo que ya lo sabes?

—Me llamó antes que a ti.

Silencio.

—¿Por qué haría eso?

—Buena pregunta.

Adrián respiró pesadamente.

—Julia, el niño podría ser mío.

—Entonces hazte responsable si lo es.

Pareció desconcertado.

—¿Eso es todo?

—¿Quieres que te felicite?

—No.

Su voz bajó.

—Quiero saber qué significa esto para nosotros.

Cerré los ojos.

Todavía nosotros.

Qué palabra tan extraña.

—Significa que deberías dejar de preguntarme qué quieres hacer conmigo y empezar a decidir qué clase de hombre quieres ser.

—No quiero perderte.

—Ya me perdiste la noche de nuestro aniversario.

Colgué.


La noticia del embarazo no tardó en filtrarse.

Esta vez yo no hice absolutamente nada.

Aun así, explotó.

“El heredero Gu podría esperar un hijo con su amante.”

Las acciones de varias compañías vinculadas a la familia cayeron.

Los socios comenzaron a hacer preguntas.

El consejo exigió una reunión.

Y entonces sucedió algo que nadie esperaba.

Laura concedió una entrevista.

Sin avisar a Adrián.

Apareció frente a las cámaras con un vestido discreto y los ojos enrojecidos.

Dijo que jamás había querido destruir un matrimonio.

Que amaba a Adrián desde hacía años.

Que estaba preparada para criar sola a su hijo.

Y finalmente añadió:

—No quiero dinero. Solo quiero que mi bebé pueda reconocer algún día a su padre.

La opinión pública cambió inmediatamente.

De amante pasó a víctima.

Y yo me convertí en la esposa rica y poderosa que supuestamente intentaba expulsar a una mujer embarazada.

Mi suegra llamó furiosa.

—¡Voy a destruirla!

—No.

—Julia, está utilizando al bebé.

—Precisamente.

—Entonces ¿por qué estás tan tranquila?

Miré el informe que acababa de llegar a mi correo.

—Porque acaba de cometer un error.

—¿Cuál?

—Ha dicho públicamente que no quiere dinero.


Esa noche Adrián apareció en mi apartamento.

Lo dejé entrar.

Parecía no haber dormido en días.

—¿Tú filtraste lo del embarazo?

—No.

—¿La entrevista?

—Tampoco.

Se pasó una mano por el rostro.

—Todo está fuera de control.

—No. Solo está fuera de tu control.

Me miró.

—Mi madre dice que estás investigando a Laura.

No respondí.

—¿Encontraste algo?

Saqué el informe.

Lo coloqué sobre la mesa.

—Lee.

Adrián pasó las páginas.

Deudas.

Hipotecas.

Transferencias.

Solicitudes de información.

Su expresión fue endureciéndose.

Entonces llegó a la última hoja.

—¿Qué es esto?

—La sociedad que lleva meses enviando dinero a Laura.

—¿Quién está detrás?

Lo miré.

—Eso es lo interesante.

Mi investigador había confirmado la identidad apenas veinte minutos antes.

Giré otra página.

Adrián leyó el nombre.

Y se quedó completamente inmóvil.

—No puede ser.

—También pensé lo mismo.

Porque aquella empresa no pertenecía a Laura.

Ni a su familia.

Pertenecía a un miembro del consejo del Grupo Gu que llevaba años intentando quitarle a Adrián el control de la compañía.

Adrián levantó la cabeza.

—¿Estás diciendo que Laura se acercó a mí por orden de alguien?

—Estoy diciendo que alguien le pagaba antes de que vuestra aventura comenzara.

—¿Quién?

Empujé hacia él la última fotografía.

Su rostro perdió todo el color.

—Él…

—Sí.

El hombre que aparecía reuniéndose con Laura era su tío, Ricardo Gu, el segundo mayor accionista del grupo.

Adrián se puso de pie.

—Voy a llamarlo.

—No.

—Julia…

—Si sabe que lo descubrimos, borrará todo.

—¿Entonces qué hacemos?

Aquella palabra volvió a aparecer.

Hacemos.

Esta vez no lo corregí.

Porque el problema ya no era nuestro matrimonio.

Era mucho mayor.

—Esperamos.

—¿A qué?

Antes de responder, mi teléfono vibró.

Mi investigador.

Abrí el mensaje.

Habían encontrado otra cosa.

Una clínica privada.

Un pago realizado a nombre de Laura.

Una cita médica reservada semanas antes de que, según ella, descubriera su embarazo.

Y junto al documento había una nota:

“La señorita Lin solicitó específicamente una prueba prenatal de paternidad.”

Adrián leyó por encima de mi hombro.

Se quedó rígido.

—¿Una prueba de paternidad?

Asentí.

—Ya conoce el resultado.

—Entonces ¿por qué no me lo enseñó?

Lo miré.

Esa era exactamente la pregunta.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Esta vez llegó un archivo adjunto.

El informe.

Lo abrí.

Leí la primera página.

Después la segunda.

Cuando llegué al resultado, levanté lentamente la mirada hacia Adrián.

Él estaba pálido.

—Julia…

No respondí.

Porque en aquel momento comprendí por qué Laura había hablado ante las cámaras antes de mostrarle ninguna prueba.

El bebé que estaba utilizando para obligar a Adrián Gu a reconocer públicamente su responsabilidad tenía una verdad escondida en aquel informe.

Y esa verdad podía convertir un escándalo matrimonial en una guerra capaz de destruir a toda la familia Gu.

Related Posts

PARTE 2: MI FAMILIA CREYÓ QUE SOLO TENÍA 4.200 DÓLARES, PERO CUANDO INTENTARON USAR MI EMPRESA PARA GARANTIZAR 1,6 MILLONES, DESCUBRIERON QUE YO YA LO HABÍA VISTO TODO

—Jason, explícame por qué mi compañía aparece aquí. Mi hermano no respondió. Su suegro dejó de mover la pierna. Y la madre de su esposa, que hacía…

PARTE 2: MI ESPOSO ELIGIÓ A SU MADRE, PERO LOS DOS CONTRATOS QUE PUSIMOS SOBRE LA MESA CAMBIARON SU VIDA PARA SIEMPRE

Daniel miró las dos carpetas como si fueran una sentencia. La blanca estaba frente a él. La roja, frente a mí. Teresa permanecía de pie detrás de…

PARTE 2: DESPUÉS DE DECLARARSE A SU PRIMER AMOR EN RUSO DELANTE DE TODOS, MI ESPOSO DESCUBRIÓ QUE LA MUJER QUE HABÍA HUMILLADO ERA QUIEN CONTROLABA EL IMPERIO QUE ÉL CREÍA SUYO

El micrófono cayó al suelo con un golpe seco. Durante varios segundos, nadie se movió. Alexander permaneció frente a mí, completamente paralizado. El presidente del consejo seguía…

PARTE 2: MI ESPOSO CREYÓ QUE PODÍA DEJARME SIN NADA, PERO EL HOMBRE QUE LLEGÓ A MI PUERTA REVELÓ EL SECRETO QUE HABÍA PROTEGIDO DURANTE SEIS AÑOS

Adrian sostuvo los documentos de divorcio entre los dedos y me miró como si acabara de entregarle una amenaza. —¿Qué significa esto, Sophia? —Exactamente lo que dice….

PARTE 2: EL DISTINTIVO DE LLAMADA QUE EL ALMIRANTE NUNCA DEBIÓ PREGUNTAR EN VOZ ALTA

El operador salió al pasillo sin decir una palabra. Crowe lo siguió con la mirada. —¿Adónde va? Nadie respondió. Aurora permaneció de pie. Entonces otro operador se…

Parte 2: LA NIÑA QUE TODOS QUERÍAN EXPULSAR DE LA MANSIÓN RESULTÓ SER LA ÚNICA HEREDERA QUE SU ABUELO HABÍA ESTADO ESPERANDO DURANTE DOCE AÑOS

El señor Phurich seguía sosteniendo el boceto con ambas manos. Sus ojos recorrían una y otra vez aquella frase. «La casa a la que nunca pude regresar»….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *