PARTE 2: LLEGUÉ SOLA A MI PROPIA BODA PARA CANCELARLA DELANTE DE TODOS, PERO ETHAN APARECIÓ CON SOPHIE DEL BRAZO Y TODAVÍA CREÍA QUE YO TERMINARÍA CASÁNDOME CON ÉL.

El taxi se detuvo frente al hotel exactamente doce minutos antes de la ceremonia.

A través de las puertas de cristal podía ver a los invitados, las flores blancas, los fotógrafos y el enorme cartel con nuestros nombres.

AMELIA HAYES Y ETHAN WALKER.

Durante meses había imaginado aquel momento.

Solo que en mis sueños Ethan estaba a mi lado.

Aquella mañana había enviado un taxi.

Hannah pagó al conductor antes de que yo pudiera hacerlo.

—No uses ni un dólar suyo para llegar a cancelar su boda.

La miré.

Por primera vez desde que salimos de casa, sonreí.

Entramos.

El coordinador corrió hacia nosotras.

—¡Señorita Hayes! Gracias a Dios. El señor Walker todavía no ha llegado, pero podemos retrasar diez minutos…

—No retrasaremos nada.

—¿Cómo?

—La ceremonia empezará a la hora acordada.

Hannah me miró.

—Amelia…

—Ethan tenía razón en una cosa. Hay cientos de personas esperando.

Seguí caminando.

—No pienso hacerles perder el tiempo.

Los murmullos comenzaron cuando atravesé el vestíbulo sola.

Mi padre fue el primero en acercarse.

Miró detrás de mí.

—¿Dónde está Ethan?

—En el hospital con Sophie.

Su expresión cambió.

Mi madre palideció.

—¿Hoy?

Asentí.

—Mandó un taxi para recogerme.

Mi padre permaneció completamente quieto.

Entonces preguntó:

—¿Quieres que te lleve a casa?

Aquella simple pregunta casi consiguió romperme.

No me preguntó por los invitados.

Ni por el dinero.

Ni por la vergüenza.

Me preguntó qué quería yo.

Negué con la cabeza.

—Quiero entrar.

Mi madre tomó mi mano.

—Entonces entramos contigo.

Las puertas del salón se abrieron.

Cientos de rostros se giraron.

La música comenzó automáticamente.

Y yo caminé hacia el altar sin novio.

A mitad del pasillo comenzaron los susurros.

Cuando llegué al frente, el maestro de ceremonias intentó sonreír.

—Parece que nuestro novio se ha retrasado un poquito…

Le tendí la mano.

—¿Me presta el micrófono?

—Señorita Hayes, quizá deberíamos esperar…

—No.

Tomé el micrófono.

El salón quedó en silencio.

—Gracias por venir.

Respiré.

—Sé que muchos viajaron desde lejos para acompañarnos. Precisamente por respeto a ustedes, no voy a hacerlos esperar.

Vi a la madre de Ethan levantarse bruscamente.

—Amelia.

La ignoré.

—Hoy no habrá boda.

El salón explotó en murmullos.

La madre de Ethan caminó hacia mí.

—¡Apaga ese micrófono!

Mi padre se interpuso.

—Déjala hablar.

Ella lo miró furiosa.

—Esto es un asunto familiar.

Mi padre respondió:

—Mi hija es la novia. Creo que pertenece bastante a este asunto.

Algunas personas bajaron la mirada.

Yo continué.

—Ethan decidió esta mañana que acompañar a Sophie Bennett al hospital era más importante que venir a buscar a su prometida.

La madre de Ethan intentó arrebatarme el micrófono.

Hannah levantó su teléfono.

—Tengo grabada la llamada completa.

La mujer se detuvo.

Entonces las puertas del salón se abrieron.

Todas las cabezas se giraron.

Ethan había llegado.

Y Sophie estaba con él.

Pero no era eso lo que hizo que el salón quedara completamente mudo.

Sophie llevaba un brazo entrelazado con el de mi prometido.

Su tobillo estaba vendado.

Y en los pies llevaba las pantuflas rosadas que Ethan le había comprado.

Ethan me vio junto al altar.

Su expresión pasó del desconcierto a la furia.

—Amelia, ¿qué estás haciendo?

Bajé el micrófono.

—Llegar a tiempo.

Sophie soltó inmediatamente su brazo.

—Amelia, por favor, no malinterpretes…

—No estoy hablando contigo.

Ethan avanzó hacia mí.

—Tenemos invitados. Podemos discutir esto después de la ceremonia.

Lo miré incrédula.

Todavía creía que habría ceremonia.

—¿No escuchaste?

—Estás enfadada.

—No.

—Sí. Y tienes derecho. Debí manejarlo mejor.

Bajó la voz.

—Pero no destruyas cinco años por una mañana.

—No estoy destruyendo cinco años.

Me quité el anillo del bolso.

—Estoy evitando destruir los próximos cincuenta.

Su rostro cambió.

—Amelia.

Le puse el anillo en la palma.

Ethan cerró los dedos automáticamente.

—No voy a aceptar esto.

—No necesitas aceptarlo.

Su madre llegó hasta nosotros.

—¿Sabes cuánto dinero perderán ambas familias si haces esto?

Aquella frase terminó de aclararlo todo.

Me giré hacia ella.

—Gracias.

Frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque ni siquiera ahora has preguntado si estoy bien.

El rostro de mi madre se endureció.

Sophie comenzó a llorar.

—Todo esto es culpa mía.

Ethan se volvió inmediatamente.

—Sophie…

Me reí.

No pude evitarlo.

Allí estaba.

Incluso mientras yo cancelaba nuestra boda, su primer impulso seguía siendo consolarla.

Varias personas también lo notaron.

Ethan se dio cuenta demasiado tarde.

—Amelia, no es lo que parece.

—Nunca lo es.

Entonces Sophie dijo algo que hizo que el salón volviera a quedarse quieto.

—Si esto va a destruir vuestra relación, contaré la verdad.

Ethan se giró bruscamente.

—Sophie, no.

Ella lo miró.

—Ya ha llegado demasiado lejos.

Por primera vez vi miedo auténtico en el rostro de Ethan.

No rabia.

Miedo.

Me acerqué un paso.

—¿Qué verdad?

—Nada —respondió Ethan.

Demasiado rápido.

Sophie apretó los labios.

—Ethan, ella merece saberlo.

Él la agarró del brazo.

—He dicho que basta.

Sophie se soltó.

—¿También vas a ocultárselo hoy?

Un murmullo recorrió las mesas.

Sentí que Hannah se colocaba junto a mí.

—¿Ocultarme qué?

Sophie me miró con los ojos húmedos.

—Anoche no me torcí el tobillo por accidente.

Ethan palideció.

—Sophie.

—Déjala hablar.

Mi voz salió más fría de lo que esperaba.

Sophie respiró temblorosamente.

—Fui a buscarlo porque necesitaba preguntarle algo antes de vuestra boda.

—¿Qué?

Ethan cerró los ojos un instante.

Sophie respondió:

—Si todavía sentía algo por mí.

El silencio fue absoluto.

Miré a Ethan.

—¿Y qué respondió?

—Amelia, no hagas esto aquí.

—¿Qué respondió?

Sophie comenzó a llorar.

—No me contestó.

Una risa amarga escapó de mis labios.

Cinco años.

Y ni siquiera la víspera de nuestra boda había sido capaz de decirle que no.

Pero Sophie aún no había terminado.

—Después discutimos. Yo intenté irme, bajé mal un escalón y me lastimé.

—Por eso fue al hospital —dije.

Ella negó lentamente.

—No.

Miró a Ethan.

—Vino porque lo llamé esta mañana y le dije que, si se casaba contigo sin darme una respuesta, desaparecería de su vida para siempre.

La mano de Ethan cayó a un lado.

Ahora todo encajaba.

No había elegido una emergencia.

Había elegido no perderla.

Lo miré.

—Así que sabías que no estaba gravemente herida.

—Amelia…

—Sabías que podía ir con otra persona.

—Estaba alterada.

—Y aun así me dejaste esperando vestida de novia.

Ethan apretó el anillo en su mano.

—Porque pensé que entenderías.

Aquellas palabras fueron peores que una confesión.

Porque eran sinceras.

Durante cinco años había entendido.

Había esperado.

Había perdonado.

Había cedido.

Y Ethan había confundido mi amor con permiso.

Le entregué el micrófono al coordinador.

—He terminado.

Me giré.

Entonces Ethan dijo detrás de mí:

—Si cruzas esa puerta, no vuelvas.

Me detuve.

Los invitados contuvieron la respiración.

Giré apenas la cabeza.

—Me dijiste exactamente lo mismo esta mañana.

Sonreí.

—Todavía no entiendes que dejaste de ser el hombre que decide si puedo volver.

Tomé la mano de mi madre.

Pero antes de alcanzar la salida, Sophie gritó:

—¡Amelia, espera!

Me volví.

Ella estaba pálida.

Había sacado el teléfono.

—Hay otra cosa.

Ethan caminó hacia ella.

—Dame eso.

Sophie retrocedió.

—No.

—Sophie.

—¡Ya basta!

Su voz tembló por todo el salón.

Después me miró.

—Pensé que él te lo habría contado antes de casarse.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—¿Contarme qué?

Sophie desbloqueó el teléfono.

Ethan intentó quitárselo.

Hannah se interpuso.

Sophie abrió una conversación y giró la pantalla hacia mí.

La fecha era de seis meses atrás.

Había decenas de mensajes de Ethan.

Pero uno apareció completo en la pantalla.

Lo leí.

Y durante unos segundos olvidé respirar.

Porque Ethan no estaba hablando de Sophie como una amiga.

Ni siquiera estaba hablando de mí como la mujer con quien quería pasar su vida.

Estaba explicando por qué necesitaba casarse conmigo primero.

Levanté lentamente los ojos.

—Ethan…

Su rostro estaba completamente blanco.

—Déjame explicarlo.

Volví a mirar el mensaje.

Había una frase final que Sophie todavía cubría con el dedo.

—Quita la mano.

—Amelia…

—Sophie. Quita la mano.

Ella obedeció.

Leí las últimas palabras.

Y comprendí que abandonarme el día de nuestra boda quizá no había sido la peor traición que Ethan había preparado para mí.

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