PARTE 2: CUANDO ARTHUR LLEVÓ A SUS GEMELOS A CASA DE SUS PADRES PARA CELEBRAR SU NUEVA VIDA, SU MADRE REVELÓ LA VERDAD QUE CONVIRTIÓ SU VICTORIA EN UNA PESADILLA.

Arthur llegó a casa de sus padres a la mañana siguiente convencido de que acababa de ganar.

Brooke iba a su lado.

Los gemelos dormían en sus portabebés mientras ella sonreía como si aquella visita fuera la presentación oficial de la familia que ambos habían construido a mis espaldas.

Arthur ni siquiera esperó a que su madre preguntara.

—Mamá, tengo algo que contarte.

Victoria miró primero a Brooke.

Después a los bebés.

Finalmente vio el brazalete del hospital que Arthur todavía llevaba en la muñeca.

—¿Qué significa esto?

Arthur sonrió.

—Son tus nietos.

El rostro de Victoria perdió todo el color.

Arthur interpretó mal su silencio.

—Sé que debí decírtelo antes. Brooke y yo llevamos tiempo juntos.

—¿Cuánto tiempo?

—Casi dos años.

Victoria cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, no había alegría en ellos.

Solo horror.

—Arthur… ¿qué has hecho?

Brooke se tensó.

—Victoria, entiendo que esto sea difícil…

—No estoy hablando contigo.

Victoria no apartó los ojos de su hijo.

—Estoy preguntándole qué ha hecho.

La sonrisa de Arthur desapareció.

—Me divorcié de Claire. Eso es todo.

—¿Claire ya lo sabe?

—Firmamos anoche.

Victoria se llevó una mano a la boca.

—Dios mío.

Arthur empezó a impacientarse.

—Mamá, no dramatices. Mi matrimonio llevaba años muerto.

—¿Y esos niños?

—Ya te lo dije. Son míos.

Entonces Victoria pronunció las palabras que Arthur jamás olvidaría.

—Espera… ¿Claire nunca te lo dijo?

Arthur frunció el ceño.

—¿Decirme qué?

Victoria miró a Brooke.

Y aquella vez fue Brooke quien palideció.

—Arthur —dijo su madre lentamente—, tú no puedes ser el padre biológico de esos niños.

El silencio cayó sobre la sala.

Arthur soltó una risa seca.

—¿Qué?

—A los diecinueve años tuviste aquella operación después del accidente.

—Lo sé.

—No. No sabes todo.

Victoria caminó hacia un escritorio, abrió un cajón y sacó una copia de un expediente médico.

—Tu padre y yo pensamos que algún día tendrías que conocer la verdad. Después conociste a Claire y…

—Mamá.

Arthur arrancó las hojas de sus manos.

Leyó las primeras líneas.

Luego las volvió a leer.

Azoospermia irreversible. Esterilidad permanente.

—Esto es imposible.

—No lo es.

—Claire quedó embarazada dos veces.

Victoria bajó la mirada.

—Precisamente por eso pensé que ella te lo había contado.

Arthur quedó inmóvil.

Brooke apretó con fuerza el asa del portabebés.

Victoria continuó:

—Claire vino a verme después de vuestra primera pérdida. Sabía que tú te culpabas por no poder darle hijos y me preguntó si debía decirte que conocía tu diagnóstico.

Arthur levantó lentamente la cabeza.

—¿Ella lo sabía?

—Desde hace años.

La revelación pareció golpearlo físicamente.

—Entonces sus embarazos…

—Fueron mediante tratamiento de fertilidad con donante.

Arthur retrocedió.

Durante años había utilizado mis pérdidas como arma contra mí.

Me había llamado defectuosa.

Me había hecho creer que yo era la razón por la que nuestro hogar permanecía vacío.

Y todo aquel tiempo yo había protegido el secreto que más vergüenza le producía.

Victoria lo miró con lágrimas de rabia.

—Claire jamás permitió que nadie te humillara por ello. Ni siquiera cuando tú empezaste a culparla.

Arthur volvió la cabeza hacia Brooke.

La expresión de ella fue suficiente.

—Brooke.

—Arthur, podemos hablarlo.

—¿De quién son esos niños?

—Tuyos.

—Acabo de leer que eso es médicamente imposible.

Brooke comenzó a llorar.

—Hay excepciones.

—Entonces hacemos una prueba.

—No necesitas demostrar nada.

Arthur la miró como si acabara de verla por primera vez.

—¿De quién son los gemelos?

Brooke no respondió.

El teléfono de Arthur vibró.

Una notificación bancaria.

Después otra.

Y otra.

Abrió la aplicación.

Sus tarjetas corporativas habían sido suspendidas.

Su acceso a las cuentas de la empresa había desaparecido.

Entonces recibió un correo del consejo.

Suspensión inmediata pendiente de investigación financiera.

—¿Qué demonios…?

Su teléfono volvió a sonar.

Esta vez era el director financiero.

Arthur contestó.

—¿Qué está pasando?

La respuesta fue suficientemente alta para que Victoria la oyera.

—Se detectaron transferencias no autorizadas vinculadas a proveedores bajo tu aprobación. Los abogados han ordenado preservar todos los registros.

Arthur miró a Brooke.

—¿Qué transferencias?

Ella apartó la mirada.

Y entonces entendió.

—La agencia de marketing.

Brooke permaneció inmóvil.

—Dime que no utilizaste esa empresa.

—Arthur…

—¡Dímelo!

Victoria tomó uno de los portabebés antes de que el grito despertara a los niños.

Arthur caminó hacia Brooke.

—Me dijiste que la agencia pertenecía a una conocida tuya.

—Pertenece a mi prima.

—¿Y el ático?

Silencio.

—¿La clínica?

Brooke comenzó a respirar más rápido.

—Tú aprobaste los pagos.

—Porque dijiste que eran gastos legítimos.

—Y nunca preguntaste porque estabas demasiado ocupado acostándote conmigo.

Arthur se quedó petrificado.

Por primera vez comprendió la magnitud del desastre.

No solo había perdido su matrimonio.

Había firmado el divorcio antes de saber que yo tenía pruebas del fraude.

Había reconocido públicamente como suyos a dos bebés que probablemente no podían serlo.

Y la única persona que parecía conocer toda la verdad era la mujer a la que había llamado inútil menos de doce horas antes.

Su móvil vibró de nuevo.

Mi nombre apareció en la pantalla.

Arthur contestó inmediatamente.

—Claire.

—Buenos días.

Mi voz sonaba tranquila.

—¿Qué hiciste?

—Presenté documentos.

—¡Me suspendieron!

—Eso tendrás que discutirlo con el consejo.

—Sabías lo de mi diagnóstico.

Hubo silencio.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de nuestro primer tratamiento.

Arthur apretó el teléfono.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque me pediste que jamás volviera a mencionar aquel accidente. Pensé que proteger tu dignidad era parte de amarte.

Mi voz se endureció.

—Incluso cuando tú dejaste de proteger la mía.

Arthur cerró los ojos.

—Claire…

—Hay algo más.

La habitación quedó en silencio.

—¿Qué?

—Los ochocientos mil dólares son solo lo que encontré en las cuentas de mi empresa.

Brooke levantó bruscamente la cabeza.

Yo continué:

—Pero anoche mi equipo encontró una segunda ruta de pagos.

Arthur miró a Brooke.

Ella dio un paso atrás.

—¿Qué segunda ruta?

—Pregúntale a Brooke por Northbridge Family Trust.

El portabebés casi se le escapó de la mano.

Arthur vio su reacción.

—Brooke.

Ella negó rápidamente.

—No sé de qué está hablando.

Mi voz llegó desde el teléfono.

—Entonces seguramente tampoco sabrás quién aparece como beneficiario principal.

Arthur respiró con dificultad.

—Claire, dime el nombre.

—No.

—¡Dímelo!

—Esta vez tendrás que descubrirlo tú.

Colgué.

Arthur bajó lentamente el teléfono.

Brooke ya estaba recogiendo sus cosas.

—¿Adónde vas?

—Los bebés necesitan descansar.

Arthur se interpuso frente a la puerta.

—Primero dime quién creó ese fideicomiso.

—Apártate.

—¿Quién es el beneficiario?

Brooke no contestó.

Victoria observó a ambos y de repente pareció recordar algo.

—Northbridge…

Todos la miraron.

—¿Qué?

Victoria frunció el ceño.

—Ese nombre apareció hace meses en una carta que llegó aquí por error.

Arthur sintió un escalofrío.

—¿A nombre de quién?

Su madre tardó demasiado en responder.

Brooke dejó caer el bolso.

Victoria la miró.

Y entonces comprendió que Brooke ya sabía la respuesta.

—La carta no estaba dirigida a Arthur.

Arthur sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Mamá… ¿a quién estaba dirigida?

Victoria abrió la boca.

Pero antes de responder, alguien llamó a la puerta.

Tres golpes firmes.

El padre de Arthur abrió.

Dos investigadores esperaban en el exterior.

Uno sostuvo una carpeta sellada.

—¿Arthur Bennett?

Arthur avanzó lentamente.

—Sí.

—Tenemos una orden relacionada con la investigación financiera de Cross Consulting.

El segundo investigador miró hacia Brooke.

—Y también necesitamos hablar con la señora Brooke Hayes sobre la verdadera identidad del hombre registrado como beneficiario de Northbridge Family Trust.

Brooke se quedó completamente blanca.

Arthur giró hacia ella.

—¿Qué hombre?

Ella comenzó a llorar.

Y Victoria susurró detrás de él:

—Arthur… creo que ese es el verdadero padre de los gemelos.

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