El coche avanzó durante casi veinte minutos antes de que Tieu Nhien volviera a hablar.
—¿Al hospital?
Tan Tranh abrió lentamente los ojos.
—No.
—El médico dijo que debes permanecer en observación.
—No quiero volver allí.
No necesitaba explicar por qué.
Aquel hospital olía a desinfectante, lluvia y abandono.
Era el lugar donde había descubierto que podía llamar setenta y tres veces al hombre que había jurado protegerla y seguir estando completamente sola.
Tieu Nhien apretó ligeramente el volante.
—Entonces te llevaré a la residencia.
Tan Tranh asintió.
La residencia pertenecía a su abuelo materno.
Había permanecido vacía durante años y Luc Can Ngon nunca había entrado allí.
Durante su matrimonio, Tan Tranh había ocultado muchas cosas sobre sí misma.
No porque quisiera engañarlo.
Sino porque, cuando se conocieron, ella había querido que Luc Can Ngon la amara sin saber que era la única nieta de la familia Tan, propietaria de uno de los mayores grupos farmacéuticos privados de la región.
Quería un matrimonio sencillo.
Un hombre que la eligiera a ella.
No su apellido.
No sus acciones.
No su patrimonio.
Durante diez años creyó haberlo conseguido.
Hasta aquella noche.
Cuando llegó a la residencia, una mujer de unos sesenta años ya esperaba frente a la entrada.
—Señorita.
Tan Tranh se quedó quieta.
La mujer era la tía Lin, quien la había cuidado desde niña.
En cuanto vio la venda de su frente, sus ojos se humedecieron.
—¿Qué le hicieron?
Tan Tranh negó suavemente con la cabeza.
—Ya terminó.
Pero la tía Lin miró el pequeño libro rojo oscuro que asomaba de su bolso.
Comprendió inmediatamente.
No hizo preguntas.
Solo abrió los brazos.
Y por primera vez desde el accidente, Tan Tranh permitió que alguien la abrazara.
Aquella noche durmió apenas dos horas.
A las cinco de la mañana despertó con un dolor agudo en el abdomen.
Se incorporó.
La sábana estaba manchada.
—¡Tieu Nhien!
El grito despertó toda la casa.
Veinte minutos después, Tan Tranh regresaba a un hospital.
Pero no al de Luc Can Ngon.
La ingresaron en una clínica privada perteneciente al Grupo Tan.
El obstetra salió después de casi una hora.
Su expresión era seria.
—El embarazo continúa, pero hubo una hemorragia importante.
Tan Tranh apretó las manos.
—¿Mi hijo?
—Tiene actividad cardíaca.
Respiró por primera vez.
Entonces el médico añadió:
—Pero debemos hablar de algo.
Tieu Nhien se tensó.
El doctor abrió el expediente.
—El accidente provocó un desprendimiento parcial. Por ahora hemos estabilizado la situación, pero el embarazo ha pasado a ser de alto riesgo.
Tan Tranh miró la pantalla donde se movía una pequeña forma.
—Haré lo que sea necesario.
—Reposo absoluto. Cero estrés. Y necesitaremos vigilancia constante.
Ella asintió.
—¿Hay riesgo de perderlo?
El médico guardó silencio un segundo demasiado largo.
—Sí.
Tan Tranh cerró los ojos.
De repente volvió a escuchar la voz de Luc Can Ngon:
«El niño está bien, muy estable.»
Ni siquiera había revisado personalmente el informe completo.
Había mirado unas cifras generales.
Había decidido que ella estaba bien.
Y se había marchado a su reunión.
Tieu Nhien salió del consultorio con el rostro endurecido.
—Voy a hablar con el hospital.
Tan Tranh lo detuvo.
—No.
—Tan Tranh.
—No quiero nada de Luc Can Ngon.
—Esto no es sobre él.
Tieu Nhien bajó la voz.
—Si un médico minimizó tu estado sin hacer una evaluación adecuada, hay responsabilidades.
Ella abrió los ojos.
—Entonces que lo revise el departamento legal.
—¿Y Luc?
Tan Tranh miró hacia la ventana.
—Ya no es mi marido.
Mientras tanto, Luc Can Ngon había pasado la noche convencido de que Tan Tranh regresaría.
A las diez, su apartamento seguía vacío.
A las doce, tampoco había aparecido.
A las tres de la tarde, abrió el armario.
La mitad estaba vacía.
No.
Más que la mitad.
Tan Tranh había retirado prácticamente todo lo suyo.
Su ropa.
Sus documentos.
Los libros que siempre mantenía junto a la ventana.
Incluso la pequeña taza blanca que utilizaba cada mañana.
Luc Can Ngon permaneció en medio del dormitorio sintiendo por primera vez una incomodidad que no sabía nombrar.
Su teléfono vibró.
Era Hua Minh Nguyet.
—Can Ngon, ¿puedes venir? Papá quiere agradecerte personalmente por la cirugía.
Luc miró el armario vacío.
—Hoy no.
Hubo un silencio.
—¿Pasó algo?
—Me divorcié.
Hua Minh Nguyet no respondió durante varios segundos.
—¿Tan Tranh pidió el divorcio?
—Sí.
—¿Por mi cirugía?
Luc frunció el ceño.
—No seas ridícula.
Pero después de decirlo recordó aquella frase.
«Entonces mi vida… ¿no es vida?»
Su pecho se apretó.
—Descansa —dijo antes de colgar.

Fue al hospital.
Entró directamente en urgencias y pidió el expediente completo de Tan Tranh.
Una enfermera joven lo reconoció.
Su expresión cambió.
—Doctor Luc…
—Quiero revisar el informe de mi…
Se detuvo.
Ya no podía decir esposa.
—De la paciente Tan Tranh.
La enfermera dudó.
—Usted ya no figura como familiar autorizado.
Luc la miró.
—Soy médico de este hospital.
—Pero no fue su médico tratante.
Aquella respuesta lo irritó.
—Solo quiero saber qué ocurrió.
La enfermera bajó la voz.
—Doctor Luc, esa noche intentamos localizarlo.
—Estaba en cirugía.
—Lo sé.
—Entonces ¿qué quieres decir?
La joven apretó los labios.
—Que la paciente preguntó por usted hasta que dejó de hacerlo.
Luc quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
—Al principio, cada vez que recuperaba la conciencia preguntaba si había contestado.
La enfermera miró el monitor.
—Después de la llamada número setenta y tres, ya no preguntó más.
Algo extraño atravesó el pecho de Luc Can Ngon.
—El niño estaba estable.
La enfermera levantó la mirada.
—Cuando usted vio el informe preliminar, sí.
—¿Preliminar?
Ella pareció darse cuenta de que había dicho demasiado.
Luc se acercó.
—Enséñame el informe final.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque el expediente fue transferido esta mañana.
—¿Transferido adónde?
La enfermera negó con la cabeza.
—No tengo autorización para decirlo.
Luc salió del mostrador y llamó directamente al director médico.
Media hora después consiguió acceso al registro interno.
Leyó la primera página.
Contusión.
Traumatismo craneal leve.
Embarazo viable.
Exactamente lo que recordaba.
Pasó a la segunda.
Su expresión cambió.
Sospecha de desprendimiento placentario.
Tercera.
Recomendación: vigilancia obstétrica continua durante 24 horas.
Cuarta.
La paciente solicitó alta voluntaria.
Luc apretó el papel.
—¿Por qué nadie me dijo esto?
El residente frente a él lo miró sorprendido.
—Pensábamos que usted ya lo sabía.
—¿Por qué iba a saberlo?
—Porque…
El joven dudó.
—Porque era su esposa.
La palabra cayó con violencia.
Era.
Luc volvió a mirar el expediente.
Había una anotación manuscrita.
«Paciente emocionalmente alterada tras ausencia prolongada del familiar.»
Sintió una punzada de culpa.
Pero inmediatamente buscó una explicación racional.
Tan Tranh estaba bien.
Seguramente ya descansaba.
Él había estado salvando una vida.
No había hecho nada malo.
Entonces encontró otro documento.
Era el registro de llamadas del hospital.
La enfermera había intentado contactar con él cinco veces mientras operaba.
Después figuraba una llamada al quirófano número tres.
Luc recordó vagamente que una enfermera había entrado durante la cirugía y hablado con su asistente.
Él había contestado:
—Si no está en peligro inmediato, que espere.
Cerró los ojos.
Por primera vez recordó exactamente el momento.
Cinco minutos.
Había faltado aproximadamente cinco minutos para terminar una fase crítica de la intervención de Minh Nguyet.
Podría haber permitido que otro cirujano tomara el relevo después.
No lo hizo.
Porque Hua Minh Nguyet lo había agarrado de la muñeca antes de entrar al quirófano.
«Can Ngon, tengo miedo.»
Y él había prometido:
«Estaré aquí cuando despiertes.»
Sin embargo, mientras prometía permanecer junto a ella…
Tan Tranh estaba siendo llevada ensangrentada a urgencias.
Su teléfono vibró.
Era el subdirector Hua.
—Can Ngon, ven a mi despacho.
Luc cerró el expediente.
—¿Qué pasa?
—Tenemos un problema relacionado con la paciente Tan.
Quince minutos después entró en el despacho.
El director del hospital también estaba allí.
Y un hombre con traje gris al que Luc no conocía.
Sobre la mesa había una carpeta oficial.
—Doctor Luc —dijo el director—, hemos recibido una solicitud formal para revisar el tratamiento proporcionado a Tan Tranh la noche del accidente.
Luc frunció el ceño.
—¿Ella presentó una queja?
—No exactamente.
El hombre del traje colocó una tarjeta sobre la mesa.
Departamento jurídico del Grupo Farmacéutico Tan.
Luc miró el nombre.
—¿Grupo Tan?
—Sí.
El abogado abrió la carpeta.
—Representamos a la señorita Tan Tranh.
Luc soltó una risa incrédula.
—Debe haber un error.
El abogado lo observó.
—No.
—Mi exesposa no tiene ninguna relación con el Grupo Tan.
El director del hospital intercambió una mirada con el subdirector Hua.
Aquello hizo que Luc se sintiera incómodo.
—¿Qué pasa?
Nadie respondió inmediatamente.
El abogado sacó otro documento.
—Doctor Luc, aparentemente hay varias cosas sobre su exesposa que usted nunca se molestó en conocer.
Luc apretó la mandíbula.
—¿Qué quiere decir?
El abogado deslizó una fotografía sobre la mesa.
Mostraba a Tan Tranh saliendo de un edificio corporativo años atrás, caminando junto a un anciano.
Luc reconoció al hombre.
Todo el país lo conocía.
Tan Dinh Son.
Fundador del Grupo Tan.
Luc levantó lentamente la mirada.
—¿Por qué está ella con él?
El abogado respondió sin emoción:
—Porque es su abuelo.
El silencio fue absoluto.
—Eso es imposible.
—La señorita Tan Tranh es su única heredera directa.
Luc miró nuevamente la fotografía.
De repente, muchas cosas comenzaron a encajar.
La facilidad con la que Tan Tranh había dejado el matrimonio sin pedir un centavo.
El coche negro.
Tieu Nhien.
La tranquilidad con la que había firmado.
Pero antes de que pudiera preguntar nada más, alguien abrió la puerta.
Era un obstetra del hospital privado del Grupo Tan.
Traía un expediente bajo el brazo.
Su expresión era grave.
—Necesito hablar con el representante legal de la paciente.
El abogado se levantó.
Luc también.
—¿Qué ocurrió?
El médico lo miró.
—No puedo revelar información médica sin autorización.
Luc sintió que el corazón se aceleraba.
—Soy el padre del niño.
El médico hizo una pausa.
Después bajó la mirada hacia el expediente.
—En ese caso, probablemente deba solicitar formalmente que la señora Tan decida si quiere informarle.
Luc dio un paso.
—¿Mi hijo está bien?
Nadie respondió.
Y aquel silencio fue mucho peor que cualquier respuesta.
El médico entregó un documento al abogado.
Luc alcanzó a leer únicamente tres palabras antes de que cerraran la carpeta:
RIESGO DE PÉRDIDA GESTACIONAL.
Su rostro se volvió completamente blanco.
—¿Qué significa eso?
El abogado recogió sus cosas.
—Significa, doctor Luc, que aquella noche quizá no dejó esperando solamente a su esposa.
Luc sintió que las piernas perdían fuerza.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje de Hua Minh Nguyet.
«Can Ngon, necesito decirte la verdad sobre por qué insistí tanto en que fueras tú quien me operara aquella noche.»
Debajo apareció un segundo mensaje.
«Yo sabía que Tan Tranh estaba en urgencias.»