PARTE 2: CUANDO MI MARIDO ME HUMILLÓ DELANTE DE NUESTRA HIJA MIENTRAS PRESENTABA A OTRA MUJER Y A SU HIJO COMO SU VERDADERA FAMILIA, UNA SOLA LLAMADA A MIS HERMANOS BASTÓ PARA QUE TODO SU IMPERIO EMPEZARA A DERRUMBARSE.

Víctor permaneció en silencio durante dos segundos.

—¿Estás segura?

Miré a Chloe.

Seguía sonriendo.

—Completamente.

La voz de mi hermano se volvió fría.

—Entonces saca a Sophia de allí. Nosotros nos encargamos del resto.

Colgué.

Chloe soltó una carcajada.

—Qué dramática.

No respondí.

Me agaché frente a Sophia y le quité las manos de los oídos.

—Cariño, vamos a subir un momento.

—¿A ver a papá?

Miré el collar de papel que sostenía.

—Sí.

Chloe se interpuso.

—No estás en la lista.

—Apártate.

—Seguridad.

Dos guardias comenzaron a acercarse.

Entonces el teléfono de Chloe sonó.

Contestó con evidente irritación.

—¿Sí?

Su expresión cambió.

—¿Qué?

Escuchó.

—Pero eso es imposible.

Colgó y miró hacia los ascensores.

Volvió a sonar.

Esta vez palideció.

—¿Han cancelado cuánto?

La observé sin decir nada.

Víctor había empezado.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Tomé la mano de Sophia.

Chloe intentó detenerme.

—Vivienne, espera.

Entramos.

Cuando llegamos al salón principal, comprendí por qué Dominic llevaba semanas insistiendo en que aquella gala era demasiado importante para que yo asistiera.

Una enorme fotografía suya ocupaba las pantallas.

Debajo aparecía:

DOMINIC VANCE — VICEPRESIDENTE EJECUTIVO.

Y a su lado estaba una mujer con un vestido plateado.

Reconocí a Celeste Warren.

Hija de Malcolm Warren, presidente de Warren Industrial.

Dominic tenía una mano en su cintura.

Junto a ellos había un niño de unos ocho años.

Sophia soltó mi mano.

—Papá…

Dominic nos vio.

Su sonrisa desapareció.

—Vivienne.

Celeste frunció el ceño.

—¿Quién es?

No tuve que responder.

Sophia corrió hacia él con el collar.

—¡Papá! Te hice esto.

Dominic miró alrededor.

Cientos de ejecutivos nos observaban.

Y entonces hizo algo que terminó de matar lo poco que quedaba de nuestro matrimonio.

No abrazó a su hija.

La apartó suavemente.

—Sophia, ahora no.

El collar cayó al suelo.

Mi hija lo miró.

—Pero dijiste que te gustaban mis dibujos.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

Dominic me agarró del brazo.

—¿Qué demonios haces aquí?

—Sorprendiéndote.

—Sácala.

—¿A quién?

Miré a Celeste.

—¿A tu hija verdadera o a tu familia de alquiler?

Celeste retrocedió.

—Dominic, dijiste que estabais separados.

Solté una risa seca.

—Qué extraño. Esta mañana todavía vivía conmigo.

El padre de Celeste se acercó.

—¿Está diciendo que este hombre está casado?

Dominic apretó mi brazo.

—Cállate.

Bajé los ojos hacia su mano.

—Suéltame.

—Vivienne…

—Suéltame.

Algo en mi voz hizo que obedeciera.

Entonces varios teléfonos comenzaron a sonar simultáneamente.

Primero el director financiero.

Después dos miembros del consejo.

Luego Malcolm Warren.

El murmullo se extendió por el salón.

Un ejecutivo corrió hacia Dominic.

—Tenemos un problema.

—¿Qué?

—Hawthorne Logistics acaba de suspender el contrato.

Dominic palideció.

—Eso son cuarenta millones.

—También retiraron la línea de financiación de expansión.

Otro ejecutivo apareció.

—North Atlantic Holdings ha congelado las negociaciones.

—¿Por qué?

—No lo sabemos.

Yo sí.

Durante siete años, Dominic había creído que su brillantez había salvado milagrosamente a su empresa una y otra vez.

Nunca supo que cada milagro tenía apellido Sterling.

Su teléfono sonó.

—¿Víctor Sterling? —leyó.

Por primera vez me miró de otra manera.

Contestó.

—Señor Sterling, precisamente tenemos una emergencia…

No escuché lo que Víctor dijo.

Solo vi cómo el rostro de Dominic se vaciaba.

—¿Su hermana?

Sus ojos fueron hacia mí.

—¿Qué hermana?

Silencio.

—No entiendo.

Otro silencio.

Dominic bajó lentamente el teléfono.

—Vivienne…

No respondí.

—¿Quién eres?

Antes de que pudiera contestar, las puertas del salón se abrieron.

Edward entró primero.

Traje oscuro.

Expresión impasible.

Víctor apareció detrás de él acompañado por dos abogados.

Y finalmente llegó Arthur.

Mi hermano senador había asistido directamente desde Washington.

El salón quedó en silencio.

Arthur caminó hacia mí.

Ignoró completamente a Dominic.

Se agachó frente a Sophia y recogió el collar de papel.

—¿Tú hiciste esto?

Sophia asintió.

—Era para papá.

Arthur miró a Dominic.

Después volvió hacia ella.

—Entonces él no sabe reconocer algo valioso.

Le entregó el collar.

Luego me abrazó.

—¿Estás bien?

—Ahora sí.

Dominic parecía incapaz de respirar.

—Senador Sterling…

Arthur se volvió.

—¿Sí?

—¿Cómo conoce a mi esposa?

Víctor respondió:

—Porque es nuestra hermana.

El silencio fue absoluto.

Dominic me miró.

—¿Sterling?

—Vivienne Sterling —dije—. Ese era mi nombre antes de casarme contigo.

Celeste se alejó inmediatamente de él.

Malcolm Warren parecía furioso.

—¿Me hiciste anunciar públicamente el compromiso de mi hija mientras seguías casado?

Dominic comenzó a balbucear.

—Puedo explicarlo.

—Espero que puedas.

Víctor dejó una carpeta sobre una mesa.

—Porque tendrás mucho que explicar esta noche.

Dominic miró los documentos.

—¿Qué es eso?

—Una relación de los contratos que Sterling Capital dirigió hacia tu empresa durante los últimos seis años.

Pasó una página.

—También las garantías privadas que impidieron vuestra insolvencia en dos ocasiones.

Otra.

—Y los inversores que permanecieron porque nosotros respaldábamos discretamente la operación.

Dominic levantó la cabeza.

—¿Vivienne hizo todo eso?

—Vivienne nos pidió que te ayudáramos.

Víctor se acercó.

—Tú no construiste este imperio solo, Dominic. Mi hermana evitó que se hundiera mientras tú le mentías.

Dominic se volvió hacia mí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque quería un marido que me amara cuando creyera que yo no podía ofrecerle nada.

Miré a Celeste.

—Y ya tengo mi respuesta.

Sophia tiró suavemente de mi vestido.

—Mami, quiero irme.

Aquello terminó la conversación.

—Nos vamos.

Dominic dio un paso.

—Vivienne, espera. Tenemos una hija.

Me giré.

—Curioso que lo recuerdes ahora.

—Cometí un error.

—No.

Miré hacia Celeste y su familia.

—Preparaste una vida completa donde tu esposa y tu hija no existían. Eso requiere planificación.

Sus labios temblaron.

Entonces Edward recibió un mensaje.

Lo leyó.

Su expresión cambió.

—Viv.

Me detuve.

—¿Qué pasa?

—Hay algo que necesitas ver antes de irte.

Me entregó su teléfono.

Era un informe preliminar solicitado por Víctor después de mi llamada.

Habían revisado ciertas operaciones internas de la empresa de Dominic.

Una sociedad desconocida aparecía recibiendo pagos desde hacía casi tres años.

—¿Qué es Vance Strategic Consulting?

Dominic se quedó completamente inmóvil.

Víctor lo vio.

—Parece que él sí lo sabe.

Edward deslizó hacia la siguiente página.

—La sociedad recibió algo más de cuatro millones de dólares procedentes de contratos que nuestras empresas ayudaron a conseguir.

—¿Quién es el propietario?

—Ahí está el problema.

Me mostró el registro.

La sociedad estaba controlada mediante varias compañías.

Pero finalmente aparecían dos beneficiarios.

El primero era Dominic.

El segundo…

Chloe Mercer.

Miré hacia la entrada.

La secretaria que minutos antes se había burlado de mí acababa de llegar al salón.

Cuando vio a mis hermanos, se quedó petrificada.

Celeste miró a Dominic.

—¿También te acostabas con tu secretaria?

—¡No!

Pero Chloe ya estaba retrocediendo.

Dos abogados de Víctor se dirigieron hacia ella.

—Señorita Mercer, necesitamos hablar sobre varias transferencias.

Chloe giró para marcharse.

Entonces Dominic gritó:

—¡No digas nada!

Todos lo miramos.

Había hablado demasiado rápido.

Demasiado desesperado.

Víctor sonrió sin humor.

—Interesante.

Chloe se detuvo.

Sus ojos encontraron los de Dominic.

Y entonces sucedió algo inesperado.

Se echó a reír.

—¿Ahora quieres que te proteja?

—Chloe, cállate.

—¿Después de dejar que esa mujer creyera que Celeste era el problema?

Señaló hacia mí.

—Vivienne, ¿de verdad quieres saber por qué Dominic necesitaba presentar públicamente a Celeste como su prometida esta noche?

Dominic avanzó.

—¡Cállate!

Arthur se interpuso.

Chloe abrió su bolso.

Sacó una memoria USB.

La sostuvo entre dos dedos.

—Porque la boda nunca fue el objetivo.

Miré a Dominic.

Su rostro estaba gris.

—¿Entonces cuál era?

Chloe sonrió.

—Conseguir que los Warren firmaran mañana la operación que cubriría el agujero de cuarenta y siete millones que tu marido lleva años escondiendo.

Víctor dejó de sonreír.

—¿Cuarenta y siete millones?

—Y eso no es lo peor.

Chloe levantó la memoria.

—Tengo las cuentas reales.

Dominic intentó avanzar.

Dos hombres lo detuvieron.

Chloe me miró directamente.

—Tu marido no solo utilizó los contratos de los Sterling para enriquecerse.

Hizo una pausa.

—También utilizó tu nombre.

Sentí que se me helaba la sangre.

—¿Para qué?

Chloe introdujo la memoria en el portátil de uno de los abogados.

Apareció una carpeta.

VIVIENNE STERLING — AUTORIZACIONES.

Víctor se acercó inmediatamente.

Abrió el primer archivo.

Y por primera vez aquella noche vi miedo auténtico en el rostro de mi hermano.

—Vivienne…

—¿Qué?

Giró la pantalla hacia mí.

Había documentos financieros.

Garantías.

Firmas.

Todas llevaban mi nombre.

Ninguna había sido firmada por mí.

Pero el último archivo era diferente.

Era una carta dirigida a Sterling Capital.

Con una autorización supuestamente mía para respaldar personalmente una deuda gigantesca de Dominic.

En la parte inferior aparecía una fecha.

Dos días antes.

Levanté lentamente la mirada.

Dominic ya no intentaba justificarse.

Solo observaba las salidas.

Víctor cerró el portátil.

—Que nadie abandone este salón.

Y mientras Arthur hacía una llamada, Chloe susurró algo que convirtió mi rabia en miedo:

—Si creéis que cuarenta y siete millones es el verdadero problema, todavía no habéis abierto la carpeta que Dominic llamó “SOPHIA”.

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