Julian no se movió.
Claire volvió a golpear.
—Julian, abre.
Miré su rostro.
—Está preocupada por ti.
—Wendy…
—Ábrele.
—Primero déjame explicarte.
—Entonces explícame por qué sabe que estás aquí.
Silencio.
Eso bastó.
Caminé hacia la puerta y la abrí.
Claire estaba al otro lado.
Al verme, perdió el color.
Sus ojos pasaron de mí a Julian, luego al labial sobre la mesa.
Finalmente vio mi teléfono.
En la pantalla seguía abierta la fotografía del test.
Claire llevó instintivamente una mano al vientre.
Un gesto diminuto.
Pero lo vi.
—Entra —dije.
—Wendy, esto no es…
—Entra.
Claire obedeció.
Cerré la puerta.
Por primera vez desde la universidad, los tres estábamos juntos y nadie tenía una mentira preparada lo bastante rápido.
Señalé el labial.
—¿Es tuyo?
Claire no respondió.
—Te lo regalé yo. No necesitas pensarlo.
—Sí.
—¿La pulsera?
Bajó la mirada.
—También.
—¿Te la regaló Julian?
Julian intervino.
—Wendy, no la interrogues.
Me volví hacia él.
—Dentro de media hora pensabas prometerme fidelidad delante de doscientas personas.
—Creo que puedo hacer unas cuantas preguntas antes.
Claire comenzó a llorar.
Antes, verla llorar habría hecho que corriera a abrazarla.
Aquella vez no sentí nada.
—¿Recogiste tú la tarjeta diciendo que eras la señora Xie?
—Yo…
—Sí o no.
—Sí.
Julian cerró los ojos.
—¿Estuvisteis juntos aquí esta mañana?
Claire miró a Julian.
No a mí.
A Julian.
Como si todavía necesitara permiso para decirme la verdad.
Entonces comprendí que aquello llevaba mucho más tiempo ocurriendo de lo que quería imaginar.
—Sí —susurró.
Mi corazón dolió.
Pero no se rompió.
Quizá ya se había roto abajo, cuando olí aquel perfume.
—¿Desde cuándo?
—Wendy…
—¿Desde cuándo?
Julian respondió esta vez.
—Cinco meses.
Claire soltó un sollozo.
—¡No fueron cinco!
Él la fulminó con la mirada.
Demasiado tarde.
La miré.
—Entonces ¿cuánto?
Claire se limpió las lágrimas.
—Casi un año.
Sentí un vacío frío en el pecho.
Un año.
Mientras elegíamos invitaciones.
Mientras probábamos menús.
Mientras ella me acompañaba a mirar vestidos.
Mi mejor amiga había sostenido mi velo frente al espejo mientras dormía con el hombre que esperaba al final del altar.
—¿El bebé es suyo?
Claire quedó inmóvil.
Julian dio un paso.
—No sabemos si está embarazada.
Saqué mi teléfono.
—Hay un test positivo en esta habitación.
—Eso no demuestra que sea de Claire.
Lo miré.
Aquella frase fue peor que una confesión.
—No has dicho que el bebé no pueda ser tuyo.
Julian palideció.
Claire empezó a llorar con más fuerza.
—Estoy de siete semanas.
La habitación quedó en silencio.
—¿Es de Julian?
—Creo que sí.
Julian reaccionó.
—¡Claire!
—¿Qué quieres que diga? —gritó ella—. ¡Ya lo sabe!
Los observé.
Y algo extraño ocurrió.
Dejé de sentirme la novia traicionada.
Empecé a sentirme como una espectadora que acababa de descubrir que la obra entera había sido falsa.
Saqué el teléfono.
—La boda se cancela.
Julian avanzó hacia mí.
—No hagas una estupidez.
Me reí.
—¿La estupidez sería cancelar?
—Hay doscientas personas abajo. Nuestras familias han gastado una fortuna.
—Mis padres pagaron la mayor parte.
—Precisamente. Piensa en ellos.
Eso sí me enfureció.
—No utilices a mis padres para obligarme a casarme contigo después de acostarte con mi dama de honor.
Claire murmuró:
—Wendy, por favor, no lo cuentes delante de todos.
La miré.
—¿Te preocupa la humillación?
—Mi familia está abajo.
—La mía también.
Llamé a Natalie.
—Cancela todo.
Julian intentó quitarme el teléfono.

Me aparté.
—Tócame y llamaré a seguridad.
Se detuvo.
Natalie entendió inmediatamente.
—Voy para arriba.
Diez minutos después llegó acompañada por el gerente del hotel.
Entregué la tarjeta de la habitación y pedí que preservaran los registros de acceso y cualquier grabación disponible en las zonas comunes.
Después bajé.
No con Julian.
No con Claire.
Bajé sola, todavía vestida de novia.
Cuando entré en el salón, las conversaciones se apagaron.
Mi madre se levantó.
Mi padre me miró y supo inmediatamente que algo estaba mal.
Caminé hasta ellos.
—No habrá boda.
Mi madre palideció.
—¿Qué ocurrió?
Tomé las manos de ambos.
—Julian me ha engañado.
Mi padre apretó la mandíbula.
—¿Con quién?
Miré hacia la entrada.
Claire acababa de aparecer.
No necesité responder.
Mi madre cerró los ojos.
Los murmullos comenzaron.
Claire intentó acercarse.
—Wendy…
Mi padre se interpuso.
—No.
Una sola palabra.
Claire retrocedió.
Julian llegó después.
—Esto debería resolverse en privado.
Mi padre lo miró.
—Mi hija acaba de cancelar su boda. Lo privado terminó cuando intentaste que bajara aquí y fingiera que nada había pasado.
Julian buscó mi mirada.
—Wendy, podemos arreglarlo.
—No quiero arreglarlo.
—Estás alterada.
—Estoy perfectamente lúcida.
Entonces Claire soltó:
—¡Él dijo que no te amaba!
Todo el salón quedó inmóvil.
Julian giró bruscamente.
—Cállate.
Claire rio entre lágrimas.
—¿Ahora quieres protegerla?
Me miró.
—Me dijo que se casaba contigo porque tu padre podía ayudarlo.
Mi estómago se contrajo.
—¿Ayudarlo con qué?
Julian se quedó quieto.
Claire pareció darse cuenta de que había dicho demasiado.
Natalie apareció a mi lado.
—Wendy, creo que necesitas escuchar esto.
—¿Qué?
—He revisado algo mientras bajábamos.
Me mostró su teléfono.
—La empresa de Julian solicitó financiación hace cuatro meses.
—¿Y?
—La solicitud menciona una futura vinculación comercial con la compañía de tu padre.
Miré a Julian.
—Mi padre nunca aceptó eso.
Mi padre tomó el teléfono.
Su expresión cambió.
—Yo jamás autoricé que utilizaran el nombre de mi empresa.
Julian perdió el color.
Natalie continuó:
—Hay más.
Sacó otro documento.
—Encontré una copia de una carta de intención enviada a dos inversores.
Mi padre leyó la firma.
Después levantó lentamente la cabeza.
—Esto pretende ser mío.
Sentí un escalofrío.
—¿Pretende?
—Porque yo nunca firmé este documento.
Julian retrocedió.
El problema acababa de dejar de ser una infidelidad.
Mi padre sacó su teléfono.
—Voy a llamar a mi abogado.
Julian intentó intervenir.
—Señor Xia, puedo explicarlo.
—Espero que puedas.
Su voz era helada.
—Porque también tendrás que explicárselo a mis socios.
Claire miró a Julian horrorizada.
—¿Falsificaste la firma de su padre?
—No sabes de qué estás hablando.
—¡Me dijiste que el matrimonio solucionaría todo!
Silencio.
La miré.
—¿Qué significa eso?
Claire se tapó la boca.
Julian dio un paso hacia ella.
—No digas nada más.
Aquello confirmó que debía hacerlo.
—Claire.
La miré directamente.
—¿Qué iba a solucionar mi matrimonio?
Ella temblaba.
—Yo pensaba que solo necesitaba tiempo.
—¿Para qué?
Claire miró alrededor.
Después señaló a Julian.
—Para conseguir acceso a algo de tu familia.
Julian agarró su brazo.
—¡Basta!
Seguridad avanzó inmediatamente y lo obligó a soltarla.
Claire rompió a llorar.
—¡Me prometiste que después de la boda terminaríamos con esto!
Sentí que el aire desaparecía.
—¿Terminaríais con qué?
Claire abrió su bolso con manos temblorosas.
Sacó un sobre doblado.
—Esto estaba en su apartamento.
Julian se lanzó hacia ella.
Dos guardias lo detuvieron.
—¡Claire, no!
Ella me entregó el sobre.
Dentro había copias de documentos financieros.
Una lista de propiedades.
Empresas.
Cuentas.
Y en la parte superior de una página aparecía el nombre de mi padre.
Debajo estaba el mío.
Al lado de mi nombre había una fecha.
La fecha de aquella boda.
Natalie tomó la hoja.
Leyó durante varios segundos.
Su rostro cambió.
—Wendy…
—¿Qué?
Me miró.
—Esto parece una planificación de transferencia patrimonial vinculada al matrimonio.
Miré a Julian.
Ya no intentaba defenderse.
Solo observaba el sobre.
Asustado.
Entonces encontré una última hoja.
No pertenecía al resto.
Era una copia de un informe médico.
Nombre de la paciente:
Claire Xia.
Fecha: seis meses antes.
Lo leí dos veces.
Después miré su vientre.
—Dijiste que estabas embarazada de siete semanas.
Claire palideció.
—Lo estoy.
Le mostré el documento.
—Entonces explícame por qué este informe de hace seis meses también dice que estabas embarazada.
Julian cerró los ojos.
Claire dejó de llorar.
Y comprendí inmediatamente que acababa de descubrir una segunda mentira dentro de la primera.
—Claire…
Mi voz apenas salió.
—¿Qué pasó con aquel bebé?
Ella miró a Julian.
Su rostro se descompuso.
—Wendy…
—Dímelo.
Claire negó lentamente.
—No puedo.
—¿Por qué?
Sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas.
Pero esta vez no parecía avergonzada.
Parecía aterrorizada.
—Porque si te digo quién era realmente el padre…
Miró a mi padre.
Y se detuvo.
Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.
—¿Qué tiene que ver mi padre?
Claire abrió la boca.
Pero antes de poder responder, Natalie sujetó mi brazo.
—Wendy.
Estaba mirando otra página del expediente.
—Hay algo que tienes que ver.
Giró el documento hacia mí.
En la parte inferior aparecía una firma.
No era la de Julian.
No era la de Claire.
Era el nombre de alguien de mi propia familia.