PARTE 2: DIEZ MINUTOS ANTES DE CASARME QUISIERON BORRAR MI NOMBRE DE LA CASA QUE YO HABÍA PAGADO, ASÍ QUE DETUVE LA BODA FRENTE A TRESCIENTOS INVITADOS Y DEJÉ QUE TODOS ESCUCHARAN LA VERDAD.

Tang Su pulsó reproducir.

Durante dos segundos no ocurrió nada.

Después, la voz de Zhou Zi salió por todos los altavoces del salón.

—Zhou Yuan va a pedir un préstamo para comprar un local comercial. Nuestra casa no puede figurar a nombre de dos personas, así que primero tenemos que quitar tu nombre.

Los invitados quedaron inmóviles.

La madre de Zhou palideció.

—¡Apáguenlo!

Nadie se movió.

Entonces llegó su propia voz:

—Dentro de unos minutos ya seremos una familia. Es un asunto sin importancia; con una sola firma quedará resuelto.

El murmullo comenzó inmediatamente.

—¿Quitar el nombre de la novia?

—¿El mismo día de la boda?

—¿No pagó ella casi todo?

Zhou Zi bajó del escenario.

—Jianwei, basta.

Lo miré desde el centro de la pasarela.

—Todavía no.

La grabación continuó.

La voz de Zhou Yuan llenó el salón:

—Tú y mi hermano ya están legalmente casados. Al fin y al cabo, es como pasar el dinero de una mano a la otra.

Alguien soltó una carcajada incrédula.

El padre de Zhou, que hasta entonces estaba sentado en la primera fila, se levantó.

—¿Qué significa todo esto?

La madre de Zhou corrió hacia mí.

—¡Es un malentendido familiar! ¿Por qué tienes que humillarnos delante de todos?

—¿Humillarlos?

Abrí mi bolso y saqué el sobre.

—Entonces expliquémoslo claramente.

Levanté el documento.

—El pago inicial de nuestra vivienda fue de 1,2 millones de yuanes. Yo aporté 900.000.

El salón volvió a llenarse de murmullos.

—La reforma costó 370.000. La pagué yo.

Miré hacia la mesa donde estaba mi madre.

—Los muebles y electrodomésticos costaron otros 120.000. También los pagué yo.

Después miré a Zhou Zi.

—Y diez minutos antes de nuestra boda, tu familia decidió que debía renunciar a mi nombre en la escritura para garantizar el préstamo de tu hermano.

Zhou Yuan reaccionó.

—¡Solo temporalmente!

—Perfecto.

Le tendí el sobre.

—Entonces pon tu propia propiedad como garantía.

Su expresión cambió.

—Yo no tengo ninguna.

Sonreí.

—Exactamente.

Algunas personas bajaron la mirada para ocultar la risa.

Zhou Zi me tomó del brazo.

—Ven conmigo. Ahora.

Me solté.

—No vuelvas a tocarme.

Su rostro se endureció.

—¿De verdad vas a destruir nuestra boda por un documento?

Aquella pregunta terminó de aclarármelo todo.

No eran 900.000 yuanes.

Ni una casa.

Ni siquiera Zhou Yuan.

Era el hecho de que el hombre con quien pensaba compartir mi vida podía mirar todo lo que yo había construido y llamarlo “un documento” cuando necesitaba entregárselo a su familia.

—No —respondí—. La boda no se está destruyendo por un documento.

Me quité lentamente el anillo.

—Se está terminando porque descubrí a tiempo con quién iba a celebrarla.

Su madre gritó:

—¡Ustedes ya están registrados legalmente!

—Lo sé.

Dejé el anillo sobre la mesa del maestro de ceremonias.

—Por eso mañana iniciaré el divorcio.

Mi madre se levantó de golpe.

—¡Jianwei!

La miré.

Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Hay trescientas personas aquí.

—Lo sé.

—¿Has pensado en lo que dirán?

Respiré profundamente.

—Mamá, hace veinte minutos me pediste que arriesgara más de un millón de yuanes para evitar que estas mismas trescientas personas hablaran.

Su rostro se quebró.

—Yo solo quería protegerte.

—Entonces la próxima vez protégeme a mí, no a mi reputación.

Nadie dijo nada.

Me giré para marcharme.

Pero Tang Su apareció junto al escenario.

Su expresión era extraña.

—Jianwei.

—¿Qué pasa?

Se acercó y habló en voz baja.

—Revisé el documento mientras reproducíamos el audio.

Mi corazón se tensó.

—¿Y?

—Lo del préstamo no encaja.

Miré a Zhou Zi.

Él había escuchado.

Su rostro perdió color.

Tang Su continuó:

—Si simplemente necesitaban una garantía hipotecaria, no hacía falta transferir toda tu participación de la propiedad de esta manera.

La madre de Zhou gritó:

—¡No sabes de qué estás hablando!

Tang Su la ignoró.

—Este documento no dice que volverán a añadir tu nombre después.

Tomó el acuerdo.

—No hay cláusula de restitución. Ningún plazo. Ninguna obligación.

Miré a Zhou Zi.

—Dijiste que volverían a poner mi nombre.

—Eso íbamos a hacer.

—Entonces ¿por qué no está escrito?

No respondió.

Zhou Yuan comenzó a retroceder.

Lo vi.

—¿Adónde vas?

—No tengo por qué aguantar esto.

—Tienes razón.

Saqué el teléfono.

—Pero quizá tengas que explicárselo a otra persona.

Zhou Zi se acercó.

—¿A quién estás llamando?

—A mi abogado.

Su madre perdió completamente la compostura.

—¡Jianwei, somos familia!

—Hace media hora también lo éramos cuando intentaban quitarme la casa.

Zhou Zi bajó la voz.

—No hagas algo de lo que te arrepientas.

Lo miré.

—Llegaste diez minutos tarde para ese consejo.

Salí del salón.

Tang Su vino conmigo.

Apenas habíamos llegado al vestíbulo cuando mi teléfono sonó.

Era un número desconocido.

Contesté.

—¿Señorita Jianwei?

—Sí.

—Llamo del banco comercial Huaxin. Necesitamos confirmar una solicitud relacionada con el inmueble de la avenida Xinghai.

Me detuve.

—¿Qué solicitud?

Hubo un silencio.

—Una solicitud hipotecaria presentada esta mañana.

Sentí un frío recorrerme la espalda.

—Yo no he presentado ninguna.

Tang Su me miró.

Activé el altavoz.

—Según nuestros documentos —continuó la mujer—, aparece una autorización firmada por ambos propietarios.

—Eso es imposible.

—Por eso estamos llamando. El sistema detectó una discrepancia en la firma.

Miré hacia las puertas del salón.

Zhou Zi acababa de salir.

Cuando escuchó la palabra “banco”, se detuvo.

—¿A nombre de quién está el préstamo? —pregunté.

La empleada consultó algo.

—El solicitante principal es Zhou Yuan.

—¿Cantidad?

—Tres millones ochocientos mil yuanes.

El rostro de Zhou Yuan, que acababa de aparecer detrás de su hermano, quedó blanco.

Yo apreté el teléfono.

—¿Y cuándo firmé supuestamente?

—Ayer a las 16:42.

Ayer.

A esa hora yo estaba en el hotel preparando la boda.

—Quiero bloquear inmediatamente cualquier operación.

—Por supuesto. Necesitaremos que presente una denuncia formal si confirma que la firma no es suya.

—La presentaré.

Zhou Zi dio un paso hacia mí.

—Jianwei, espera.

Retrocedí.

—¿Tú sabías esto?

—Puedo explicarlo.

Aquellas cuatro palabras fueron suficientes.

Mi estómago se hundió.

—Lo sabías.

Su madre intervino:

—¡Solo queríamos adelantar el proceso!

La miré.

—¿Falsificando mi firma?

—¡Ibas a firmar hoy de todas formas!

El silencio del vestíbulo fue brutal.

Zhou Zi cerró los ojos.

Su propia madre acababa de admitirlo.

Pero Tang Su seguía leyendo el documento.

De pronto frunció el ceño.

—Jianwei…

—¿Qué?

Señaló una referencia escrita en letra pequeña.

—Este préstamo no parece destinado únicamente a comprar un local.

Amplié la fotografía del documento.

Había una sociedad comercial como beneficiaria secundaria.

No reconocí el nombre.

Pero Zhou Zi sí.

Lo vi en su cara.

—¿Qué empresa es esta?

—No importa.

—Zhou Zi.

—Jianwei, vámonos a casa y hablamos.

—Ya no tenemos casa.

Busqué el nombre de la sociedad.

El resultado apareció segundos después.

Propietario registrado:

Zhou Yuan.

Segundo accionista:

la madre de Zhou.

Y había una tercera participación.

Me quedé inmóvil.

—No puede ser.

Tang Su miró mi pantalla.

—¿Qué?

Le mostré el nombre.

Ella dejó de respirar.

Porque la tercera accionista no era alguien de la familia Zhou.

Era una mujer que yo conocía.

Una mujer que había asistido a mi despedida de soltera.

Mi prima, Lin Xia.

En ese mismo instante recibí un mensaje suyo.

Solo contenía una fotografía.

Zhou Zi estaba sentado junto a ella en una oficina bancaria.

La fecha era del día anterior.

Debajo escribió:

«Jianwei, no firmes nada. La casa nunca fue para ayudar a Zhou Yuan. Hay algo sobre Zhou Zi que tienes que saber antes de volver a verlo.»

Levanté la mirada.

Zhou Zi estaba frente a mí.

Y por primera vez desde que había empezado aquella boda, el hombre que intentó quitarme mi nombre de la escritura parecía aterrorizado de que yo descubriera dónde pensaba poner realmente mi dinero.

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