PARTE 2: EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS DESCUBRÍ QUE MI PROMETIDO LLEVABA MÁS DE UN AÑO ENGAÑÁNDOME CON MI MEJOR AMIGA, ASÍ QUE CANCELÉ LA BODA Y DESAPARECÍ ANTES DE QUE ÉL PUDIERA EXPLICAR SU ÚLTIMA MENTIRA.

No sé cuánto tiempo permanecí junto a la ventana.

Quizá diez minutos.

Quizá una hora.

Cuando finalmente encendí de nuevo el teléfono, aparecieron veintisiete llamadas perdidas de Qin Moxuan.

También había mensajes.

【Siyue, ¿qué significa eso?】

【¿Dónde estás?】

【Contesta.】

【No bromees con terminar.】

Después:

【¿Estás en Da Nang?】

Mis dedos se detuvieron.

Por fin lo había comprendido.

No respondí.

Abrí la aplicación de reservas y compré el primer vuelo disponible para la mañana siguiente.

Después llamé al hotel donde celebraríamos nuestra boda dos meses más tarde.

—Quiero cancelar el salón.

La coordinadora se sorprendió.

—Señorita Jiang, el señor Qin pagó ya parte del depósito.

—Pierdan el depósito.

—Pero…

—No habrá boda.

Decirlo en voz alta dolió menos de lo que esperaba.

La siguiente llamada fue a la inmobiliaria.

El apartamento donde Qin Moxuan y yo pensábamos vivir después de casarnos estaba a mi nombre. Yo había pagado la entrada con los ahorros que reuní antes de conocerlo.

Solicité cambiar el código de acceso.

Después escribí a mi asistente para pedirle una semana de vacaciones.

Cuando terminé, alguien golpeó la puerta.

Tres veces.

—Siyue.

Era Qin Moxuan.

No abrí.

—Sé que estás dentro.

Golpeó otra vez.

—Abre. Tenemos que hablar.

Me acerqué lentamente.

—Habla desde ahí.

Hubo silencio.

—¿Qué viste?

Me reí.

Aquella pregunta respondió mucho.

No preguntó qué ocurría.

Preguntó qué había visto.

—¿Qué parte quieres saber? —pregunté—. ¿El retrato? ¿Las tazas? ¿El collar? ¿O el año y tres meses de vídeos?

Nada.

—Siyue…

—También encontré el del hotel.

Escuché cómo su respiración cambiaba.

—El día que tenía casi cuarenta grados de fiebre.

—Puedo explicarlo.

—Entonces explica esa parte.

Tardó demasiado.

—Wanqing estaba pasando por un momento difícil.

Cerré los ojos.

—¿Y por eso te metiste en su habitación de hotel?

—No ocurrió lo que estás pensando.

—¿Dormiste con ella?

Silencio.

—Qin Moxuan.

Mi voz no tembló.

—¿Sí o no?

—Fue una vez.

Algo se rompió definitivamente.

No lloré.

Simplemente apoyé la frente contra la puerta.

—Gracias.

—Siyue, escucha…

—Ya escuché suficiente.

—¡Fue un error!

—Un error dura una noche.

Abrí el perfil secundario de Xu Wanqing.

—Esquiar juntos requiere planificación. Bucear requiere reservas. Un museo, cenas, hoteles, viajes y cumpleaños requieren meses de mentiras.

Mi voz se volvió más baja.

—No cometiste un error durante un año. Construiste otra relación mientras seguías preparando una boda conmigo.

Qin Moxuan golpeó la puerta.

—Yo nunca quise casarme con ella.

Aquello consiguió que sonriera.

—¿Crees que eso me consuela?

—Te amo a ti.

—No.

Me aparté.

—Te resulta cómodo tenerme a mí.

El pasillo quedó en silencio.

Entonces escuché otra voz.

—Siyue…

Xu Wanqing.

Sentí náuseas.

Había venido con él.

—¿También quieres explicarme algo? —pregunté.

Ella comenzó a llorar.

—Nunca quise hacerte daño.

—Entonces elegiste una manera muy complicada de demostrarlo.

—Fue culpa mía. Yo me enamoré primero.

Qin Moxuan la interrumpió.

—Wanqing, basta.

—No. Ella merece saberlo.

Me quedé inmóvil.

Xu Wanqing continuó:

—Moxuan intentó detenerlo muchas veces.

—¿Mientras te llevaba de viaje?

Silencio.

—¿Mientras te dibujaba?

Nada.

—¿Mientras hacía contigo las tazas que durante años se negó a hacer conmigo?

Ella empezó a sollozar.

Ya no sentía compasión.

—Feliz cumpleaños, Wanqing.

Fue lo último que le dije.

Después puse el teléfono en modo silencio y me acosté.

Ellos permanecieron fuera casi una hora.

No abrí.

A la mañana siguiente me marché por la salida privada del hotel.

Cuando Qin Moxuan consiguió entrar, yo ya estaba camino al aeropuerto.

Regresé a casa.

Quité sus pertenencias del apartamento y contraté un servicio para enviarlas a la dirección de sus padres.

Después llamé a mi madre.

Solo dije:

—La boda se cancela.

Ella guardó silencio.

—¿Estás segura?

—Sí.

—Entonces vuelve a casa cuando quieras.

No preguntó nada más.

Y por primera vez desde la noche anterior, lloré.

No por Qin Moxuan.

Lloré por la mujer que había sido durante siete años.

La que esperaba pacientemente.

La que justificaba cada ausencia.

La que pensaba que algún día él tendría tiempo para dibujarla.

Tres días después, Qin Moxuan apareció frente a mi oficina.

Parecía no haber dormido.

—Siyue.

Intenté pasar.

Me bloqueó.

—Wanqing y yo terminamos.

Lo miré.

—Eso no tiene ninguna relación conmigo.

—Eliminé todo.

—Tampoco.

—No volveré a verla.

—Moxuan.

Lo llamé por su nombre por última vez.

—Aunque pudieras borrar a Xu Wanqing de tu vida, no puedes borrar al hombre en quien te convertiste cuando estabas con ella.

Su rostro se puso blanco.

—Dame una oportunidad.

—Te di siete años.

Pasé junto a él.

Creí que aquello sería el final.

Me equivocaba.

Esa misma tarde, mi asistente entró apresuradamente en mi despacho.

—Siyue, hay alguien preguntando por ti.

—¿Qin Moxuan?

—No.

Me entregó una tarjeta.

Era de un bufete de abogados.

Debajo del nombre aparecía una frase escrita a mano:

«Asunto relacionado con Xu Wanqing y Qin Moxuan. Urgente.»

Acepté recibir al abogado.

Era un hombre de unos cincuenta años.

Colocó una carpeta frente a mí.

—Señorita Jiang, represento a la señora Xu Meilin, madre de Xu Wanqing.

Fruncí el ceño.

—No entiendo qué tengo que ver con ella.

—Probablemente más de lo que imagina.

Abrió la carpeta.

Dentro había transferencias bancarias.

Muchas.

Todas realizadas por Qin Moxuan.

Pero no hacia Xu Wanqing.

Hacia su madre.

—¿Qué es esto?

—Pagos efectuados durante los últimos cinco años.

Cinco.

Mucho antes de que, según los vídeos, hubiera comenzado la aventura.

—¿Por qué le daba dinero?

El abogado me observó.

—Eso es precisamente lo que mi clienta quiere contarle.

Sacó otro documento.

Era una copia de un acuerdo firmado por Qin Moxuan.

La fecha correspondía a cinco años atrás.

Leí las primeras líneas.

Después levanté la mirada.

—Esto no tiene sentido.

—Lo tendrá cuando vea la última página.

Pasé las hojas.

Entonces encontré mi nombre.

Jiang Siyue.

Debajo aparecía el nombre de mi padre.

Y una cifra que reconocí inmediatamente.

Era exactamente la cantidad que mi familia había perdido años atrás en una inversión que casi nos llevó a la ruina.

—¿Por qué aparece mi padre aquí?

El abogado cerró la puerta del despacho.

—Porque la relación entre Qin Moxuan y Xu Wanqing no comenzó por amor.

Mi respiración se detuvo.

—¿Entonces por qué?

Empujó hacia mí una fotografía antigua.

En ella estaban Qin Moxuan, Xu Wanqing y un tercer hombre.

Reconocí al tercero.

Había trabajado con mi padre antes de desaparecer después del desastre financiero.

En el reverso había una fecha.

Ocho años atrás.

Un año antes de que Qin Moxuan y yo comenzáramos nuestra relación.

Sentí que se me helaban las manos.

—¿Qué significa esto?

El abogado me miró fijamente.

—Señorita Jiang, usted cree que acaba de descubrir que su prometido la engañaba con su mejor amiga.

Hizo una pausa.

—Pero Qin Moxuan ya conocía a Xu Wanqing antes de conocerla a usted.

Miré nuevamente la fotografía.

Y entonces comprendí que quizá los siete años que yo acababa de enterrar habían comenzado con una mentira mucho antes de que existiera aquella infidelidad.

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