Logan tardó varios segundos en reaccionar.
—¿Qué dijiste?
La voz del gerente volvió a sonar por la radio.
—Ven ahora mismo.
Logan salió corriendo.
Mia lo siguió todavía vestida con mi conjunto rosa.
Yo atravesé la puerta detrás de ellos.
Nadie podía verme.
Nadie podía escucharme.
La piscina de olas estaba rodeada de empleados y personal de emergencia. Kevin permanecía junto a una de las barreras, pálido, mientras el gerente hablaba con dos agentes.
Cuando Logan llegó, intentó avanzar.
—¿Dónde está Sophia?
Nadie respondió inmediatamente.
Entonces vio mi identificación de socorrista sobre una mesa.
Y dejó de respirar.
—No.
Kevin lo miró.
—Te dije que no había salido.
—No.
—Te pedí que fueras a buscarla.
—Cállate.
—Su reloj emitió una alerta.
Logan giró bruscamente.
—¡He dicho que te calles!
El gerente se acercó.
—¿Qué alerta?
Kevin señaló el reloj de Logan.
—El dispositivo de Sophia estaba conectado al suyo.
El gerente extendió la mano.
—Enséñamelo.
Logan retrocedió.
—No significa nada.
—Enséñamelo.
Por primera vez, Logan pareció comprender que aquello ya no era una discusión entre novios.
Había cámaras.
Testigos.
Registros electrónicos.
Y una decisión suya detrás de cada uno.
Un agente se acercó.
—Señor, necesitamos hacerle algunas preguntas.
Mia tiró de su manga.
—Logan, vámonos.
Él ni siquiera la miró.
—Sophia está bien.
Kevin cerró los ojos.
—Logan…
—¡Está bien!
Su voz resonó por toda la instalación.
—Ella hace estas cosas. Se enfada, desaparece y espera que vaya detrás de ella.
El gerente lo observó con incredulidad.
—¿Dejaste deliberadamente sola a una socorrista lesionada dentro de una piscina activa?
Logan palideció.
—No sabía que estaba lesionada.
—¿No viste que cayó desde la plataforma?
—Mia también cayó.
Todas las miradas se dirigieron hacia ella.
Mia bajó inmediatamente la cabeza.
—Fue un accidente.
Kevin habló.
—No exactamente.
Mia levantó los ojos.
—¿Qué?
—La cámara de la plataforma lo grabó todo.
El silencio fue inmediato.
Sentí que algo extraño me atravesaba.
No satisfacción.
Ya no me importaba ganar.
Solo estaba cansada.
La voz mecánica volvió junto a mí.
—Prueba número uno preservada.
Parpadeé.
—¿Prueba?
—El proceso de separación todavía no ha finalizado.

—Dijiste que podía marcharme.
—Puede hacerlo.
—Entonces hazlo.
—Antes debe confirmar que renuncia voluntariamente a cualquier vínculo restante con el protagonista masculino.
Miré a Logan.
Seguía intentando explicarse.
—Yo pensé que Sophia fingía.
El gerente negó con la cabeza.
—¿Y por eso desactivaste una alarma de emergencia?
Logan se quedó inmóvil.
—¿Cómo sabes eso?
—El sistema registra cada acción.
La pantalla del reloj fue revisada.
Hora de la alerta.
Frecuencia registrada.
Hora exacta en que Logan la desactivó.
Todo estaba allí.
Mia comenzó a llorar.
—Yo le dije que fuera a buscarla.
Kevin la miró.
—Después de hacerla caer.
—¡No la hice caer!
—Entonces veremos el vídeo.
Mia dejó de llorar durante medio segundo.
Ese pequeño silencio la traicionó.
El gerente ordenó asegurar todas las grabaciones.
Otro empleado apareció desde el pasillo administrativo.
—Hay algo más.
—¿Qué?
—Revisamos el registro de la máquina de olas.
El gerente frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
—No se activó automáticamente.
Logan levantó la cabeza.
Yo también.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Kevin.
—Alguien utilizó el panel manual.
Mia retrocedió.
—Quizá fue un error.
El empleado negó.
—Hace falta un código.
—Muchos trabajadores lo conocen.
—No.
Miró al gerente.
—Después de la actualización del lunes, solo tres supervisores recibieron códigos nuevos.
Uno pertenecía al gerente.
Otro a mantenimiento.
El tercero pertenecía a Logan.
Todas las miradas se clavaron en él.
—Yo no activé nada —dijo.
Por primera vez le creí.
Porque su desconcierto parecía real.
El agente tomó nota.
—Entonces tendremos que averiguar quién utilizó sus credenciales.
Mia comenzó a alejarse.
—No me siento bien.
Un empleado le pidió que permaneciera allí.
Logan finalmente la miró.
Sus ojos bajaron hacia mi ropa.
Mi gorro.
Mis zapatillas.
Todo aquello que había sacado de mi casillero para dárselo.
—Quítatelo.
Mia parpadeó.
—¿Qué?
—La ropa de Sophia.
—Logan…
—¡Quítatela!
—Señor —intervino el agente—, cálmese.
Mia empezó a llorar de verdad.
—Tú me la diste.
Logan se llevó ambas manos a la cabeza.
—¿Por qué no fui a buscarla?
Nadie contestó.
Él mismo conocía la respuesta.
Porque aquella era la quinta vez.
Cinco veces había decidido que mi miedo era manipulación.
Cinco veces había elegido creer que mi dolor era una estrategia para conseguir su atención.
Y la quinta había sido la última.
La voz del sistema volvió.
—¿Desea completar la transferencia?
Miré a Logan una vez más.
—Sí.
Entonces ocurrió algo inesperado.
—Advertencia: se ha detectado una anomalía.
—¿Qué anomalía?
—La anfitriona no fue seleccionada originalmente para abandonar este mundo en este momento.
Me quedé inmóvil.
—No entiendo.
—Existe intervención externa.
Miré hacia Mia.
Ella estaba sentada mientras un agente hablaba con ella.
—¿Mia?
—Información restringida hasta completar la transferencia.
—¿Ella activó la máquina?
—Información restringida.
Apreté los puños.
—Entonces déjame quedarme.
—Solicitud rechazada.
—¿Por qué?
—El vínculo ha alcanzado cero.
Una luz blanca comenzó a envolver el parque.
Logan levantó la cabeza de repente.
Por un segundo imposible, sus ojos parecieron encontrarse directamente con los míos.
—Sophia…
Me quedé helada.
—¿Puede verme?
—No.
Pero Logan avanzó hacia el lugar donde yo estaba.
—Sophia.
Su voz se quebró.
—Por favor.
La luz aumentó.
—Transferencia iniciada.
—Espera.
Miré hacia Mia.
Un agente acababa de pedirle su teléfono.
Ella lo entregó.
Pero antes de hacerlo, vi cómo borraba algo.
Kevin también lo vio.
—¡Espere!
El agente recuperó el dispositivo.
Demasiado tarde.
La pantalla mostró:
ARCHIVO ELIMINADO.
El sistema habló por última vez.
—Transferencia en tres segundos.
—Dos.
—Uno.
El parque desapareció.
Desperté escuchando una voz desconocida.
—Señorita, ¿puede oírme?
Abrí los ojos.
Un techo blanco.
Una habitación desconocida.
Intenté incorporarme.
Mis dos brazos respondieron.
Sin dolor.
Miré mis manos.
No eran exactamente las mismas.
—¿Dónde estoy?
Una mujer con bata blanca se acercó.
—En el Hospital Saint Matthew.
—¿Qué ciudad?
Ella me miró confundida.
—Boston.
Sentí que el corazón se aceleraba.
—¿Cómo me llamo?
La mujer dudó.
—Sophia Bennett.
Me quedé inmóvil.
El mismo nombre.
Pero aquella no era mi vida.
Sobre la mesa había un teléfono.
Lo tomé.
La fecha era seis meses posterior al día del parque acuático.
Entonces apareció una notificación.
LOGAN REYES: 47 LLAMADAS PERDIDAS.
Debajo había otra.
KEVIN: «SOPHIA, ENCONTRAMOS EL ARCHIVO QUE MIA INTENTÓ BORRAR. TIENES QUE VERLO.»
Mi respiración se detuvo.
Y antes de que pudiera abrir el mensaje, la puerta de la habitación se abrió.
Entró un hombre con traje oscuro.
Me observó durante varios segundos y cerró la puerta detrás de él.
—Por fin despertaste.
—¿Quién eres?
Colocó una carpeta sobre mi cama.
En la portada había una fotografía de Logan, otra de Mia y una captura del panel de control de la piscina.
Después dijo algo que hizo que todo mi nuevo mundo pareciera inclinarse bajo mis pies.
—Soy el hombre que lleva cinco años investigando el sistema que acaba de traerte hasta aquí.