PARTE 2: CUANDO LOGAN VIO MI CUERPO EN EL FONDO DE LA PISCINA COMPRENDIÓ QUE SU QUINTO ABANDONO HABÍA SIDO EL ÚLTIMO, PERO YA ERA DEMASIADO TARDE PARA PEDIRME QUE VOLVIERA.

Logan dejó caer la radio.

Durante varios segundos nadie se movió.

Mia fue la primera en hablar.

—Tal vez no sea Sophia.

Logan salió corriendo.

Yo lo seguí.

No porque todavía esperara algo de él.

Simplemente quería ver su rostro cuando finalmente comprendiera que aquella vez yo no iba a levantarme, secarme el cabello y perdonarlo otra vez.

La lluvia golpeaba con fuerza las instalaciones.

Alrededor de la piscina profunda se habían reunido empleados y personal de emergencia.

Kevin estaba arrodillado junto al borde, completamente pálido.

—La encontramos junto a la rejilla.

Logan apartó a todos.

—¡Sophia!

Mi cuerpo ya había sido sacado del agua.

El brazo estaba colocado en una posición extraña debido a la lesión sufrida en la caída.

Logan se quedó inmóvil.

—No.

Un miembro del equipo médico intentó detenerlo.

—Señor, necesitamos espacio.

—¡Ella puede aguantar tres minutos sin respirar!

Su voz se quebró.

—¡Es socorrista avanzada!

Nadie respondió.

Logan cayó de rodillas.

Miró mi rostro.

Después mi brazo.

—¿Qué le pasó?

Kevin tragó saliva.

—Creemos que se lesionó antes de quedar atrapada.

—¿Lesionó?

—Cuando cayó desde la plataforma.

Logan levantó lentamente la cabeza.

—Ella no dijo nada.

Kevin lo miró con incredulidad.

Intentó decírtelo.

Silencio.

—La vi sujetándose el brazo —continuó—. Por eso quería volver a buscarla.

Logan perdió el color.

Entonces recordó algo.

Sacó su reloj de emergencia.

Buscó el historial.

Mi primera alerta había aparecido hacía mucho tiempo.

Frecuencia cardíaca crítica.

Después cero.

Y debajo figuraba una acción:

ALERTA DESCARTADA POR SUPERVISOR: LOGAN CARTER.

Sus dedos empezaron a temblar.

—No…

Yo flotaba a pocos metros.

—Sí —susurré, aunque nadie podía escucharme—. Lo hiciste.

La señora Wilson apareció detrás de él.

—También le dije que había algo junto al drenaje.

Logan cerró los ojos.

—Pensé que…

—Pensó muchas cosas —respondió ella—. Pero nunca fue a comprobar ninguna.

Mia comenzó a llorar.

—Logan, yo no sabía…

Él se volvió hacia ella.

Y vio mi ropa.

Mi conjunto rosa.

Mi gorro nuevo.

Durante unos segundos pareció no comprender.

Después recordó haber abierto mi casillero.

—Quítatelo.

Mia parpadeó.

—¿Qué?

—He dicho que te quites su ropa.

—Logan…

—¡QUÍTATELA!

El gerente intervino.

—Basta.

La voz fue tan firme que todos callaron.

—Logan, entrégame tu radio y tu identificación.

—¿Por qué?

—Porque estás suspendido inmediatamente mientras investigamos lo ocurrido.

—Yo soy supervisor de zona.

—Precisamente.

El gerente señaló las cámaras.

—Ordenaste evacuar la piscina dejando dentro a una empleada lesionada. Ignoraste advertencias del personal y desactivaste una alarma biométrica.

Logan parecía incapaz de respirar.

—Pensé que estaba fingiendo.

—Eso tendrá que explicárselo a los investigadores.

Aquellas palabras lo destruyeron.

No porque acabara de comprender que podía perder su trabajo.

Sino porque finalmente entendió que su versión de mí ya no podía defenderlo de la realidad.

Durante años, cada vez que elegía a Mia, encontraba una explicación.

Sophia era celosa.

Sophia exageraba.

Sophia quería atención.

Sophia podía cuidarse sola.

Aquella tarde todas sus excusas estaban tendidas frente a él.

Y ninguna respiraba.

La voz mecánica apareció nuevamente junto a mí.

—La transferencia continúa disponible.

—Todavía no.

—¿Desea permanecer hasta el funeral?

Miré a Logan.

—Sí.

Tres días después, regresé a casa por última vez.

No como una persona.

Como una sombra que nadie podía ver.

Mi madre estaba sentada frente a una caja con mis pertenencias.

Lloraba en silencio.

Kevin había llevado mi mochila.

La señora Wilson había entregado mi teléfono.

Y sobre la mesa estaba el amuleto que yo había comprado meses atrás para Logan.

Nunca se lo había dado.

Pensaba entregárselo en nuestro aniversario.

Logan llegó al anochecer.

Mi padre abrió la puerta.

—Vete.

—Señor, por favor.

—No pronuncies su nombre.

Logan bajó la cabeza.

—Necesito verla.

Mi padre lo miró con una frialdad que jamás había visto.

—La viste.

Logan dejó de respirar.

—La viste en aquella piscina y decidiste que merecía quedarse allí.

La puerta se cerró.

Logan permaneció afuera durante dos horas.

Yo me senté en los escalones junto a él.

Qué extraño.

Durante años había deseado que quisiera permanecer conmigo.

Solo aprendió a hacerlo cuando yo ya no podía quedarme.

El funeral llegó dos días después.

Logan apareció al fondo.

Mia no fue.

Escuché a dos antiguos compañeros murmurar que ella había presentado una declaración.

Admitió haber puesto el pie cuando yo pasaba por la plataforma.

Dijo que solo pretendía hacerme tropezar para avergonzarme.

También reconoció que había exagerado su miedo al agua porque le gustaba que Logan la protegiera.

Kevin entregó las grabaciones.

El parque conservaba audio de las radios.

También había cámaras.

Todo estaba allí.

Mi caída.

Las advertencias.

La orden de Logan.

La alarma que decidió ignorar.

Ya nadie podía llamarme dramática.

Pero tampoco me importaba.

Cuando terminó la ceremonia, la voz del sistema volvió.

—Última oportunidad para realizar la transferencia.

Miré mi ataúd.

Después a mis padres.

Después a Logan.

Estaba solo bajo un árbol, sosteniendo algo entre las manos.

Mi gorro rosa.

—Acepto —dije.

El mundo desapareció.

Cuando volví a abrir los ojos, lo primero que sentí fue frío.

Después escuché máquinas.

Una luz blanca sobre mí.

Intenté mover los dedos.

Respondieron.

—Transferencia completada —informó el sistema—. Nueva identidad sincronizada.

Giré la cabeza.

Estaba en una habitación de hospital.

Sobre una silla había una cartera.

Dentro encontré documentos.

Sophie Bennett. Veinticuatro años.

Otra ciudad.

Otra vida.

Otro rostro.

Y, por primera vez desde que había conocido a Logan, ninguna conexión con él.

Sonreí.

—Se acabó.

—Corrección —respondió el sistema—. La misión anterior ha terminado.

Fruncí el ceño.

—¿Anterior?

—Existe una anomalía.

La puerta de la habitación se abrió.

Una enfermera entró.

—Señorita Bennett, finalmente despertó.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Dos días.

Dejó una bandeja y sonrió.

—Por cierto, alguien ha venido varias veces preguntando por usted.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Quién?

—Un joven. Dice que cree conocerla.

Imposible.

Nadie sabía quién era.

—¿Cómo se llama?

Antes de que pudiera responder, escuché una voz en el pasillo.

Una voz que habría reconocido incluso después de cien vidas.

—Solo necesito verla un minuto.

Me quedé helada.

La enfermera miró hacia la puerta.

—Ese es él.

Mis dedos apretaron la sábana.

Logan.

—Sistema —susurré—. Dijiste que esta vida no tenía ninguna conexión con él.

No hubo respuesta.

—Sistema.

Silencio.

Entonces apareció una última línea frente a mis ojos:

ERROR DE TRANSFERENCIA: EL PROTAGONISTA MASCULINO CONSERVA RECUERDOS DEL CICLO ANTERIOR.

Al otro lado de la puerta, Logan pronunció un nombre que ya no debía conocer.

Sophia… sé que estás ahí.

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