Parte 2: LA CASA QUE MI PADRE INTENTÓ ROBARME ERA SOLO EL PRINCIPIO

Samantha contestó al segundo tono.

—¿Emma?

Intenté hablar, pero una contracción me atravesó el abdomen.

—Mi padre… me echó de casa.

Su voz cambió inmediatamente.

—¿Dónde estás?

—En el porche.

—¿Lucas y tu casa de Hawthorne Drive?

—Sí.

—Emma, esa propiedad está a tu nombre.

—Lo sé.

Otra contracción.

Apreté los dientes.

—Y rompí fuente.

Hubo dos segundos de silencio.

—Llama al 911 ahora mismo. Yo me encargo del resto.

Colgué.

Mientras esperaba la ambulancia, Charles apareció en la puerta.

—¿A quién llamaste?

—A Samantha Vance.

Por primera vez perdió un poco de color.

Conocía ese nombre.

Samantha había manejado durante años los asuntos legales de Lucas.

Courtney apareció detrás de él usando mi bata de cachemira.

—¿Y qué va a hacer una abogada? —preguntó—. Lucas murió. Su familia puede decidir qué pasa con sus cosas.

La miré.

—Tú no eres familia de Lucas.

Su sonrisa desapareció.

Las sirenas comenzaron a escucharse.

Charles bajó los escalones.

—Emma, no conviertas esto en un espectáculo.

Casi no podía creerlo.

—Me arrastraste embarazada fuera de mi propia casa.

—Estás exagerando.

—Hay cámaras.

Se detuvo.

Lucas había instalado un sistema de seguridad después de varios robos en el vecindario.

Cámara en la entrada.

Cámara en la cocina.

Cámara sobre el garaje.

Todo había quedado grabado.

La ambulancia llegó antes de que Charles pudiera responder.

Horas después estaba en el hospital.

Mi hija todavía no debía nacer.

Pero había decidido lo contrario.

A las 6:42 de aquella tarde escuché su primer llanto.

Pequeña.

Prematura.

Viva.

La llamé Lily Grace, el nombre que Lucas y yo habíamos elegido juntos.

Cuando la enfermera la puso brevemente junto a mí antes de llevarla a observación, lloré por primera vez desde la muerte de mi esposo.

—Tu papá habría estado tan orgulloso —susurré.

Samantha llegó poco después.

No venía sola.

Un hombre de traje gris la acompañaba.

—Emma, él es Daniel Mercer. Administrador del patrimonio de Lucas.

Fruncí el ceño.

—¿Administrador?

Samantha se sentó.

—Hay cosas sobre la herencia de Lucas que todavía no habíamos podido explicarte.

—¿Qué cosas?

—Primero, tu padre.

Daniel abrió una carpeta.

—Charles llamó a una inmobiliaria cuatro días después del funeral.

Sentí frío.

—¿Para qué?

—Intentó poner la casa a la venta.

—No puede.

—No. Pero presentó documentos afirmando que actuaba como representante de la familia.

Samantha colocó otro papel frente a mí.

—También contactó con dos bancos preguntando por las cuentas de Lucas.

Mi estómago se revolvió.

Tres semanas.

Lucas llevaba muerto apenas tres semanas y mi padre ya estaba buscando dinero.

—¿Cómo sabía qué bancos utilizaba?

Samantha intercambió una mirada con Daniel.

—Eso es precisamente lo que estamos investigando.

Mi teléfono vibró.

Charles.

Lo rechacé.

Volvió a llamar.

Después llegó un mensaje.

Tenemos que solucionar esto como familia.

Lo bloqueé.

Samantha continuó:

—La policía ya tiene una copia de las grabaciones de esta mañana.

—Bien.

—Y el nuevo código de seguridad de la casa se activó hace una hora. Charles y Courtney ya no pueden entrar.

Sentí un alivio breve.

—Entonces terminó.

—No.

La forma en que Samantha pronunció aquella palabra me puso alerta.

—Emma, la casa no era lo que realmente buscaban.

Daniel abrió una segunda carpeta.

Dentro había documentos corporativos.

Reconocí el nombre Gallagher Logistics.

Lucas siempre había dicho que poseía una participación pequeña en la empresa familiar.

—Tu esposo no tenía una participación pequeña —dijo Daniel.

—¿Cuánto tenía?

—El cincuenta y uno por ciento.

Me quedé inmóvil.

—Eso es imposible.

—Lucas mantuvo su patrimonio muy privado.

—¿Por qué?

Samantha bajó la voz.

—Porque llevaba casi dos años investigando irregularidades dentro de la compañía.

Recordé sus viajes.

Las llamadas que terminaban cuando yo entraba en la habitación.

Su insistencia en que jamás firmara documentos relacionados con su empresa sin Samantha presente.

Yo había pensado que era paranoia empresarial.

—¿Qué clase de irregularidades?

—Desvío de fondos.

—¿Cuánto?

Daniel respondió:

—Hasta ahora hemos encontrado treinta y cuatro millones de dólares.

Sentí que la habitación se alejaba.

—¿Y qué tiene que ver mi padre?

Nadie respondió inmediatamente.

—Samantha.

Ella sacó una fotografía.

Charles aparecía saliendo de un restaurante.

A su lado estaba Martin Gallagher, el hermano mayor de Lucas.

—¿Cuándo fue tomada?

—Dos semanas antes del accidente.

Se me heló la sangre.

—Mi padre me dijo que apenas conocía a Martin.

—Mintió.

Daniel deslizó otro documento.

Era el testamento de Lucas.

—Tras su muerte, su participación pasó a un fideicomiso.

—¿Para Lily?

—Para ti y para vuestra hija.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Lucas ni siquiera sabía que sería niña.

Samantha sonrió tristemente.

—Para vuestro bebé. Él modificó el documento cuando supo que estabas embarazada.

Miré hacia la incubadora visible detrás del cristal.

—Entonces ahora tengo el control de Gallagher Logistics.

—Técnicamente, el fideicomiso controla las acciones y tú tienes determinados derechos como beneficiaria y representante de Lily.

Todo comenzó a encajar.

Mi padre no quería únicamente una casa.

Quería acercarse a los documentos de Lucas.

—Por eso entró hoy.

Samantha asintió.

—Creemos que buscaba algo.

Recordé inmediatamente la carpeta que Charles había dejado sobre mi mesa.

—Cuando llegó tenía documentos.

—¿Los leíste?

—No.

Daniel llamó al equipo de seguridad.

Veinte minutos después recibimos fotografías de la casa.

Cajones abiertos.

El despacho de Lucas revuelto.

La caja fuerte había sido manipulada.

Charles había registrado la casa mientras yo estaba en el porche esperando una ambulancia.

Sentí náuseas.

—¿Qué buscaba?

Samantha permaneció en silencio.

Entonces Daniel recibió una llamada.

Escuchó.

Su expresión se endureció.

—¿Estás seguro?

Colgó.

—La caja fuerte está vacía.

—¿Qué había dentro?

Samantha me miró.

—Lucas guardaba allí una memoria cifrada con las pruebas de las transferencias.

Mi corazón comenzó a golpear.

—Entonces mi padre la tiene.

—Probablemente.

Mi teléfono vibró otra vez.

Número desconocido.

Abrí el mensaje.

Era una fotografía de aquella memoria.

Debajo aparecía una frase:

«Si quieres recuperar lo que Lucas murió intentando proteger, ven sola».

Me quedé sin respiración.

Pero llegó un segundo mensaje inmediatamente.

Esta vez contenía una fotografía tomada desde el pasillo del hospital.

Yo aparecía sentada junto a Samantha.

Alguien estaba observándonos en ese mismo momento.

Y debajo había cuatro palabras:

«No traigas a la abogada».

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