Damian no perdió el tiempo.
A las nueve de la mañana había convertido la mesa de la suite en una sala de guerra.
Ordenadores.
Contratos.
Informes financieros.
La patente que Christopher llevaba meses presentando ante inversores como la pieza central de su futura plataforma tecnológica.
Damian sostuvo el documento entre dos dedos.
—Explícame cómo terminaron creyendo que esto les pertenecía.
Me serví café.
—Porque durante años trabajé bajo una subsidiaria de Foster Group.
—Pero la patente está a tu nombre.
—La desarrollé antes de incorporarla al proyecto.
—¿Christopher lo sabía?
—Sabía que yo había creado el sistema. Nunca se molestó en preguntar quién conservaba la propiedad intelectual.
Damian sonrió.
—Arrogante.
—Descuidado.
—Peor.
Dejó la patente sobre la mesa.
—Un arrogante inteligente verifica los documentos.
No pude evitar reírme.
Entonces mi teléfono vibró.
Christopher.
Decimonovena llamada.
Lo puse boca abajo.
Damian arqueó una ceja.
—¿No vas a contestar?
—No.
—Qué decepción.
—¿Querías escuchar cómo pierde la dignidad?
—Quería saber cuánto tarda en exigirte que abandones mi hotel.
Como si lo hubiera invocado, alguien llamó a la puerta.
Tres golpes.
Firmes.
Damian miró la pantalla de seguridad.
Después sonrió.
—Veintidós minutos.
—¿Qué?
—Desde que descubrió en qué hotel estamos hasta que llegó.
Mi estómago se tensó.
Christopher estaba en el pasillo.
Todavía llevaba parte del traje de su boda.
Sin corbata.
Cabello desordenado.
Rostro agotado.
—No tienes que verlo —dijo Damian.
Miré la pantalla.
Siete años de compromiso.
Veinticuatro años creciendo alrededor de las mismas familias.
Y Christopher estaba allí menos de un día después de casarse con mi hermana.
—Déjalo entrar.
Damian abrió.
Christopher cruzó la puerta y me encontró sentada junto a la ventana.
Su alivio duró apenas un segundo.
Después vio la camisa de Damian sobre el respaldo de una silla.
Su rostro se oscureció.
—Vístete. Nos vamos.
Lo miré.
—Buenos días para ti también.
—He dicho que nos vamos.
Damian cerró tranquilamente la puerta.
—Estás dando demasiadas órdenes en mi suite.
Christopher lo ignoró.
—¿Sabes cuánta gente te estuvo buscando?
—Nadie se lo pidió.
—¡Pensábamos que estabas en peligro!
—Ayer dijiste delante de cientos de personas que probablemente aparecería llorando para arruinar tu boda.
Christopher se quedó callado.
—Eso fue…
—¿Qué?
—Estaba intentando tranquilizar a Lily.
—Qué marido tan considerado.
La palabra marido pareció golpearlo.
Miró a Damian.
—¿Qué haces con él?
—Negocios.
Damian soltó una risa.
—Entre otras cosas.
Le lancé una mirada.
—No ayudes.
Christopher perdió el control.
—¡Te casaste emocionalmente conmigo durante siete años y veinticuatro horas después estás aquí con él!
Me levanté.
—Tú te casaste legalmente con mi hermana.
Silencio.
—Creo que ganaste esa competición.
Su mandíbula se tensó.
—Lily era la heredera que debía casarse con un Cole.
—Lo sé.
—No tuve elección.
Aquello consiguió que hasta Damian dejara de sonreír.
—Siempre hay elección —dije.
Christopher me miró.
—Tú no entiendes cómo funcionan nuestras familias.
—Las entiendo perfectamente.
Tomé la carpeta.
—Por eso esto va a doler tanto.
Se la entregué.
Christopher leyó la primera página.
Después la segunda.
Su expresión cambió.
—¿Qué es esto?
—Mi patente.
—Pertenece al proyecto Atlas.
—No.
—Foster Group financió su desarrollo.
—Revisa las fechas.
Lo hizo.
La solicitud original era anterior.
También estaban los registros de desarrollo y los contratos.

—No puedes hacer esto.
—Ya lo hice.
—Atlas se presenta ante el comité de inversión el próximo mes.
—Sin licencia no puede utilizar mi tecnología.
Christopher levantó bruscamente la cabeza.
—¿Se la vendiste a Blackwood?
Damian respondió:
—Todavía no.
—No te pregunté.
—Y aun así obtuviste una respuesta gratis.
Christopher apretó la carpeta.
—Esto es venganza.
—No —dije—. Es propiedad.
—¡Estás intentando destruir dos familias porque tus padres encontraron a su verdadera hija!
Mi voz se volvió fría.
—No confundas que Lily sea su hija biológica con que vosotros tengáis derecho a apropiarse de mi trabajo.
La puerta volvió a sonar.
Esta vez era Lily.
Christopher palideció.
—¿La trajiste?
—No.
Damian consultó su teléfono.
—La señora Cole siguió el coche de su esposo.
La puerta se abrió.
Lily entró con los ojos enrojecidos.
Todavía llevaba el peinado de novia del día anterior.
Al verme, su expresión cambió.
—Hermana.
—No me llames así cuando quieres algo.
Se detuvo.
—Solo vine porque Christopher desapareció.
Lo miró.
—En nuestra primera mañana de casados.
Christopher no respondió.
Lily vio los documentos.
Y por primera vez, el miedo apareció en su rostro antes de que nadie explicara nada.
Damian también lo notó.
—Interesante.
Lily retrocedió.
—¿Qué?
—Reconociste la carpeta.
—No sé de qué hablas.
Abrí otra.
—Entonces quizá reconozcas esto.
Eran correos internos de Foster Group.
Meses antes de que mis padres me expulsaran, alguien había solicitado inventariar todas mis participaciones, proyectos y derechos de propiedad intelectual.
La solicitud provenía de la oficina privada de Lily.
Christopher giró hacia ella.
—¿Qué es esto?
—Procedimientos familiares.
—Llegaste hace menos de un año.
—Necesitaba saber qué pertenecía a la familia.
—¿Y qué pertenecía a mí? —pregunté.
Lily me miró.
—Todo lo que construiste mientras eras una Foster fue posible gracias a nosotros.
Sonreí.
Ahí estaba.
La verdad.
—Por eso querías que me echaran.
—No.
—Convenciste a nuestros padres de que yo estaba dificultando tu adaptación.
—¡Porque lo hacías!
—Y mientras todos discutían sobre dormitorios, vestidos y apellidos, tú investigabas mis activos.
Christopher abrió otro documento.
—Lily, aquí solicitaste transferir Atlas a una nueva subsidiaria.
Ella perdió color.
—Era una propuesta.
—Dos meses antes de nuestra boda.
Silencio.
Christopher empezó a comprender.
No había sido elegido únicamente como esposo.
Había sido parte de una operación empresarial.
Damian se apoyó contra la mesa.
—Parece que la boda del siglo tenía un plan de negocios bastante elaborado.
Lily lo fulminó con la mirada.
—Esto no te concierne.
—Ahora sí.
Damian colocó un documento frente a Christopher.
—Blackwood Capital acaba de adquirir una posición relevante en uno de los principales financiadores de Atlas.
Christopher dejó de respirar.
—¿Cuándo?
—Esta mañana.
—Eso es imposible.
—Para ti, muchas cosas lo son.
Christopher me miró.
—¿Planeaste todo esto?
—No.
Señalé a Lily.
—Ella sí.
Lily tomó su bolso.
—Me voy.
—Todavía no —dije.
Saqué la última carpeta.
—Quiero saber por qué regresaste realmente.
—Porque encontré a mi familia.
—Eso es lo que dices.
Abrí un informe.
—Pero tres meses antes de presentarte ante los Foster, ya habías contratado a un investigador privado para estudiar sus empresas.
Christopher volvió lentamente hacia ella.
—¿Qué?
Lily palideció.
—No sabes lo que estás leyendo.
—Entonces explícalo.
No respondió.
Mi teléfono vibró.
Era mi antiguo abogado corporativo.
Había pedido que verificara discretamente varios archivos.
Abrí su mensaje.
«Encontramos una irregularidad en el informe de parentesco utilizado para reconocer legalmente a Lily Foster.»
Mi corazón dio un golpe.
Leí la siguiente línea.
Luego otra.
Damian vio mi expresión.
—¿Qué ocurrió?
No respondí.
Abrí el documento adjunto.
El laboratorio que supuestamente había realizado la primera prueba genética había cerrado dos años antes de la fecha indicada.
—Lily.
Ella dejó de moverse.
Levanté el teléfono.
—¿Dónde te hiciste la primera prueba de ADN?
—No lo recuerdo.
—Curioso.
Christopher se acercó.
—¿Qué encontraste?
Le mostré la pantalla.
Su rostro perdió todo el color.
Lily corrió hacia la puerta.
Damian la bloqueó sin tocarla.
—Nadie te está reteniendo —dijo con calma—. Pero correr ahora sería bastante dramático.
—Apártate.
Entonces sonó mi teléfono.
Mi padre.
Era la primera vez que llamaba desde que me había expulsado.
Contesté.
—¿Qué quieres?
No respondió inmediatamente.
Cuando finalmente habló, su voz temblaba.
—Necesito que vengas a casa.
—Ya no es mi casa.
—Encontramos algo entre las pertenencias de tu madre.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—La prueba original del hospital.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué prueba?
Mi padre respiró con dificultad.
—La que demuestra que tú no llegaste a nuestra familia por error.
El silencio se hizo absoluto.
Lily se volvió lentamente hacia mí.
Y el terror de su rostro me dio la respuesta antes que mi padre.
—Papá…
—Hija —susurró—, alguien cambió los registros hace veinticuatro años. Y creo que Lily sabía quién lo hizo antes de regresar.
Miré a mi supuesta hermana.
Christopher también.
Pero Damian fue el único que permaneció completamente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Entonces comprendí algo.
—Damian…
Él sostuvo mi mirada.
—¿Tú ya sabías esto?
No respondió.
Y por primera vez desde que había corrido a refugiarme en sus brazos, comprendí que el hombre al que había elegido como aliado también llevaba años guardando un secreto sobre quién era yo realmente.