PARTE 2: EL DÍA QUE ETHAN LLEGÓ AL ALTAR SEGURO DE QUE YO SEGUIRÍA ESPERÁNDOLO, DESCUBRIÓ QUE HABÍA CANCELADO NUESTRA BODA Y QUE ESTA VEZ NO PENSABA CEDERLE MI VIDA A SOPHIA.

Los dos días siguientes fueron extrañamente tranquilos.

Ethan me envió mensajes sobre cosas que ya no existían.

«Recuerda llevar los documentos.»

«Sophia dice que las flores blancas quedarían mejor.»

«Mamá quiere que lleguemos temprano.»

Yo leía cada mensaje sin responder.

Lo más sorprendente era que ni siquiera había notado que el salón ya no estaba reservado.

El organizador había devuelto parte del depósito.

La florista había cancelado el pedido.

El fotógrafo había aceptado otro evento.

Incluso mi vestido permanecía guardado en la boutique.

Todo nuestro matrimonio podía desaparecer delante de Ethan y él seguía demasiado ocupado escuchando a Sophia para darse cuenta.

La mañana en que debía celebrarse nuestra boda desperté a las siete.

No había nervios.

No había maquillaje.

No había vestido blanco.

Preparé café y me senté junto a la ventana.

A las ocho y diecisiete llegó el primer mensaje.

«¿Dónde estás?»

Después otro.

«Amelia, responde.»

A las ocho y veinticinco sonó mi teléfono.

Ethan.

Lo dejé sonar.

Volvió a llamar.

Y otra vez.

Finalmente contesté.

—¿Sí?

—¿Dónde demonios estás?

Su voz estaba cargada de ansiedad.

—En casa.

Silencio.

—¿Qué?

—Estoy desayunando.

—Amelia, hoy nos casamos.

Miré mi taza.

—No.

—¿Cómo que no?

—La boda fue cancelada hace casi dos semanas.

El silencio que siguió fue tan largo que pensé que la llamada se había cortado.

—¿Qué acabas de decir?

—Cancelé el salón, las flores, el fotógrafo y el resto de los servicios.

—No puedes hacer eso.

—Ya lo hice.

—¿Por qué?

Aquella pregunta consiguió hacerme sonreír.

—Ethan, te fuiste al extranjero con otra mujer el día que debías viajar conmigo. Me dejaste tres horas esperando en un aeropuerto y ni siquiera recordaste avisarme.

—¡Sophia no es otra mujer! ¡Es tu prima!

—Precisamente.

—Estás exagerando.

Ahí estaba.

La palabra que siempre aparecía cuando mis sentimientos resultaban incómodos.

—Quizá.

—Entonces deja esta tontería. Voy a buscarte.

—No vengas.

—Amelia…

—No voy a casarme contigo.

Por primera vez su voz perdió toda seguridad.

—¿Estás terminando conmigo?

—Sí.

Colgué.

Pensé que sentiría dolor.

En cambio, sentí alivio.

Hasta que veinte minutos después comenzaron los golpes en mi puerta.

No era Ethan.

Era mi madre.

—¡Amelia! ¡Abre inmediatamente!

Cuando abrí, entró furiosa.

—¿Qué has hecho?

—Cancelar mi boda.

—¡Ethan está destrozado!

—Qué rápido lo notaste.

—No seas cruel.

La miré.

—¿Cruel?

—Sophia está llorando. Dice que todo esto ocurrió por culpa del viaje.

Casi me reí.

Incluso en mi boda cancelada, la persona a quien consolaban era Sophia.

—Mamá, ¿alguna vez vas a preguntarme cómo estoy yo?

Se quedó inmóvil.

—Claro que me importa cómo estás.

—Entonces dime una sola vez que hayas elegido lo que yo necesitaba por encima de lo que quería Sophia.

Abrió la boca.

No salió nada.

—El vestido azul de mi graduación —continué—. Se lo diste porque ella quería usarlo.

—Era una niña.

—Mi gato.

Mi madre bajó los ojos.

—Sophia estaba pasando por un momento difícil.

—Mis vacaciones de graduación.

—No podíamos dejarla sola.

—Mi habitación cuando vino a vivir con vosotros.

—Amelia…

—Y ahora mi prometido.

Su rostro cambió.

—Eso es diferente.

—No. Lo único diferente es que esta vez no voy a ceder.

Mi madre se marchó llorando.

Una hora después llegó Ethan.

Venía todavía vestido con el traje que había comprado para nuestra boda.

Sophia estaba con él.

Eso me confirmó que había tomado la decisión correcta.

—Necesitamos hablar —dijo Ethan.

Miré a Sophia.

—¿También necesitas traerla para terminar nuestra relación?

Sophia bajó la cabeza.

—Amelia, yo nunca quise separaros.

—Entonces déjanos solos.

Ella miró inmediatamente a Ethan.

Él dudó.

Una sola vacilación.

Pero bastó.

—Está bien —dije—. Puede quedarse.

Ethan entró.

—Explícame qué te pasa.

—Ya te lo expliqué.

—¿Cancelaste cuatro años juntos por un viaje?

—No.

Lo miré fijamente.

—Los cancelé porque el viaje me permitió ver los cuatro años completos.

Frunció el ceño.

—Siempre estuve contigo.

—Hasta que Sophia necesitaba algo.

—Ella perdió a sus padres.

—Y yo perdí a mi prometido.

Sophia comenzó a llorar.

—No digas eso.

Ethan se giró inmediatamente.

—Sophia…

Solté una pequeña carcajada.

Él se detuvo.

Finalmente lo había visto.

La reacción automática.

Ella lloraba.

Él corría.

Yo sufría.

Él esperaba que fuera «madura».

—Gracias —dije.

Ethan me miró.

—¿Por qué?

—Por demostrármelo una última vez.

Sophia dejó de llorar.

—Amelia, estás interpretándolo todo mal.

—¿De verdad?

Caminé hasta un cajón y saqué una pequeña caja.

Dentro estaba mi anillo de compromiso.

Lo dejé sobre la mesa.

—Entonces te haré una pregunta muy sencilla, Ethan.

Él miró el anillo.

—Si Sophia y yo te necesitáramos al mismo tiempo, ¿a quién elegirías?

—Eso es infantil.

—Contesta.

—Las situaciones dependen…

—Contesta.

Sophia murmuró:

—No tienes que hacerlo.

Ethan la miró.

Después me miró a mí.

Y no respondió.

Asentí.

—Eso pensaba.

Empujé el anillo hacia él.

—Se acabó.

Ethan palideció.

—No puedes borrar todo lo que hemos vivido.

—No quiero borrarlo. Quiero aprender de ello.

—Te vas a arrepentir.

—Quizá.

Abrí la puerta.

—Pero prefiero arrepentirme de irme que pasar el resto de mi vida preguntándome cuándo volverás a elegirme.

Sophia tomó el brazo de Ethan.

—Vámonos.

Pero él se soltó.

Por primera vez.

—No.

Sophia parpadeó.

—¿Qué?

Ethan seguía mirándome.

—Quiero hablar con Amelia solo.

Sophia perdió el color.

Entonces ocurrió algo que no esperaba.

—Ethan —dijo ella—, no puedes dejarme ahora. Después de todo lo que hice para que cancelara la boda.

El silencio fue inmediato.

Ethan giró lentamente la cabeza.

—¿Qué acabas de decir?

Sophia abrió mucho los ojos.

—Yo… no quise decir eso.

Sentí un escalofrío.

Ethan dio un paso hacia ella.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Sophia.

Su voz ya no tenía ternura.

—¿Qué hiciste?

Ella comenzó a llorar otra vez.

Esta vez Ethan no corrió a consolarla.

—Solo quería que entendieras que Amelia nunca te valoraba como yo.

—¿Qué significa eso?

Sophia retrocedió.

—El viaje…

Mi corazón se aceleró.

—¿Qué pasa con el viaje?

Sophia me miró.

Y entonces comprendí que había algo que yo todavía no sabía.

Ethan sacó su teléfono.

—Tú dijiste que la aerolínea había cambiado nuestros billetes.

Sophia palideció.

—Ethan…

—Dijiste que Amelia sabía que salíamos la noche anterior.

Lo miré.

—¿Qué?

Ahora fue Ethan quien perdió el color.

—Sophia me enseñó un mensaje supuestamente tuyo diciendo que trabajarías hasta tarde y que nos encontraríamos allí.

Me quedé inmóvil.

—Yo jamás envié eso.

—Lo sé ahora.

Sophia corrió hacia la puerta.

Ethan la sujetó del brazo solo el tiempo necesario para detenerla.

—Enséñame tu teléfono.

—¡No!

Aquella respuesta lo dijo todo.

Sophia consiguió soltarse y salió.

Ethan permaneció frente a mí.

Parecía devastado.

—Amelia, yo creía que…

—No.

Levanté una mano.

—No conviertas su mentira en una excusa para tus decisiones.

—Pero si hubiera sabido…

—Aun creyendo que yo llegaría después, te fuiste sin llamarme. Compraste regalos para ella. Conseguías oportunidades para ella. Y cuando regresaste, me dijiste que comprarme algo no valía la pena.

Ethan bajó la cabeza.

—Tienes razón.

Era la primera vez que lo admitía.

Pero había llegado demasiado tarde.

Entonces su teléfono vibró.

Un mensaje de Sophia.

Ethan lo abrió.

Su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

No respondió.

Me mostró la pantalla.

Sophia había enviado una fotografía antigua.

En ella aparecían Ethan y yo cuando éramos adolescentes.

Pero detrás había un mensaje:

«Pregúntale a Amelia por qué su familia me obligó a prometer hace doce años que nunca te contaría la verdad.»

Debajo llegó otro.

«Pregúntale a su madre quién decidió realmente que tú debías terminar con Amelia y quedarte conmigo.»

Miré la pantalla sin entender.

Entonces mi teléfono comenzó a sonar.

Era mi madre.

Contesté.

No llegué a decir una palabra.

Ella estaba llorando.

—Amelia, Sophia acaba de llamarme.

—Mamá, ¿qué pasó hace doce años?

Silencio.

—Contéstame.

Su respiración se quebró.

—Hay algo sobre Sophia que nunca te contamos.

Ethan se acercó.

—¿Qué cosa?

Mi madre lo oyó.

Y cuando habló de nuevo, su voz apenas fue un susurro.

—Algo que explica por qué toda la familia llevaba años intentando que Ethan la eligiera a ella en lugar de a ti.

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