PARTE 2: EL DÍA QUE VOLVÍ CASADA CON THẨM ƯỚC Y DESCUBRÍ QUE MI EXPROMETIDO HABÍA INSTALADO A SU NUEVA ESPOSA Y A SU HIJO EN MI PROPIA CASA.

—¿Por qué has vuelto?

Durante varios segundos pensé que había oído mal.

Miré a Lục Kiến Tinh.

Después a Tô Lan, sentada cómodamente en mi sofá con mi pijama de seda.

Luego al niño, que seguía saltando sobre los cojines cubiertos de barro.

Finalmente bajé la mirada hacia el ramo que Thẩm Ước me había regalado.

Y sonreí.

—Esta es mi casa. ¿Por qué no iba a volver?

Lục Kiến Tinh frunció el ceño.

—Tô Lan acaba de regresar al país y todavía no ha encontrado un lugar adecuado. El niño tampoco está acostumbrado a los hoteles. Solo se quedarán aquí temporalmente.

—¿Y quién te dio permiso?

Su expresión se endureció.

—Niệm Sơ, no empieces otra vez.

Tô Lan se levantó apresuradamente.

—No discutáis por mi culpa. Si Niệm Sơ está incómoda, podemos irnos.

Sin embargo, ni siquiera hizo ademán de recoger sus cosas.

Lục Kiến Tinh inmediatamente la detuvo.

—No tienes que irte.

Después me miró.

Esta casa tiene cuatro habitaciones. No seas mezquina con una madre y un niño.

Casi me hizo gracia.

Aquella vivienda había sido un regalo de mis padres cuando cumplí veinticinco años.

Lục Kiến Tinh jamás había pagado una sola cuota de mantenimiento.

Y ahora pretendía decidir quién podía vivir allí.

El niño señaló mis flores.

—¡Mamá, quiero esas!

Antes de que pudiera reaccionar, corrió hacia mí y trató de arrebatármelas.

Retrocedí.

—No.

El niño hizo un puchero.

—¡Papá!

Lục Kiến Tinh extendió la mano.

—Dáselas. Solo son flores.

Abracé el ramo con más fuerza.

—Me las regaló mi marido.

El salón quedó completamente en silencio.

Tô Lan fue la primera en reaccionar.

—¿Tu… marido?

—Sí.

Saqué de mi bolso el certificado rojo que había recibido aquella tarde.

Certificado de matrimonio.

Los ojos de Lục Kiến Tinh se clavaron en él.

Después soltó una carcajada incrédula.

—¿Todavía sigues con esa tontería?

Abrí el certificado.

Su sonrisa desapareció.

Leyó mi nombre.

Luego el otro.

Thẩm Ước.

El rostro de Lục Kiến Tinh cambió por completo.

—¿Thẩm Ước?

Tô Lan también palideció.

Evidentemente conocía aquel apellido.

Era difícil no conocerlo.

—¿El… heredero del Grupo Thẩm? —preguntó.

Asentí.

Lục Kiến Tinh me arrebató el certificado.

—¡Esto es imposible!

Lo recuperé de su mano.

—Ten cuidado. Acabo de estrenarlo.

—¿Te casaste con él el mismo día que rompimos?

—Técnicamente, tú te casaste primero.

—¡Yo lo hice por mi hijo!

—Y yo lo hice porque estaba soltera.

No encontró respuesta.

Entonces su mirada cayó sobre el ramo.

Por fin entendió por qué había vuelto abrazándolo con tanto cuidado.

—Así que todo esto era para provocarme.

Suspiré.

Incluso después de casarse con otra mujer, seguía creyendo que mi vida giraba alrededor de él.

—Kiến Tinh, tú mismo dijiste que rompíamos el compromiso.

—Estabas enfadada.

—Dije “de acuerdo”.

—¡Pensé que estabas haciendo una escena!

—Ese fue tu problema.

Tô Lan intervino suavemente:

—Niệm Sơ, quizá deberías pensarlo bien. Casarse por despecho puede arruinarte toda la vida.

La miré.

—Gracias por preocuparte. Pero deberías preocuparte primero por tu propio matrimonio.

Su expresión se congeló.

Después señalé las escaleras.

—Tenéis veinte minutos para sacar vuestras cosas.

Lục Kiến Tinh explotó.

—¡No puedes echarlos!

—Claro que puedo.

—¡Yo llevo viviendo aquí tres años!

—Exactamente. Viviendo. No siendo propietario.

Saqué el teléfono y abrí el documento digital de propiedad.

Solo aparecía un nombre.

Lâm Niệm Sơ.

Lục Kiến Tinh se quedó callado.

Tô Lan bajó lentamente la mirada hacia el pijama que llevaba puesto.

—Yo… pensé que esta casa era de Kiến Tinh.

—También pensaste que mi ropa era tuya.

Subió inmediatamente a cambiarse.

Veinticinco minutos después, los tres estaban frente a la puerta con dos maletas.

El niño lloraba.

Lục Kiến Tinh se volvió hacia mí.

—Te arrepentirás.

—Quizá.

Cerré la puerta.

Y aquella noche dormí mejor de lo que había dormido en años.

A la mañana siguiente recibí diecisiete llamadas de Lục Kiến Tinh.

No contesté ninguna.

A mediodía llamó su madre.

—Niệm Sơ, ¿qué tontería estás haciendo?

—Buenos días, tía.

El tratamiento hizo que guardara silencio.

Durante los cinco años de compromiso siempre la había llamado “mamá”.

—¿Tía?

—Su hijo ya tiene esposa. Sería inapropiado que siguiera llamándola mamá.

—¡Kiến Tinh solo registró ese matrimonio por responsabilidad!

—Legalmente sigue siendo un matrimonio.

—¡Pero él te ama a ti!

Miré mi propio certificado.

—Eso ya no es asunto mío.

Colgué.

Pensé que aquello terminaría allí.

Me equivocaba.

Tres días después, mi padre me llamó para pedirme que acudiera urgentemente a la empresa familiar.

Cuando entré en la sala de reuniones, encontré a Lục Kiến Tinh sentado frente a él.

A su lado estaba su padre.

Sobre la mesa había un contrato.

Mi padre parecía furioso.

—Niệm Sơ, ¿es verdad que te casaste con Thẩm Ước?

—Sí.

Lục Kiến Tinh se levantó.

—Señor Lâm, ella actuó impulsivamente. Podemos solucionarlo.

Lo miré con incredulidad.

—¿Solucionar qué?

Su padre intervino:

—Las familias Lâm y Lục llevan dos años preparando la cooperación para el proyecto Đông Hải. El compromiso entre vosotros era parte fundamental de esa alianza.

Entonces comprendí.

No habían venido porque Lục Kiến Tinh me amara.

Habían venido porque mi matrimonio acababa de poner en peligro un contrato multimillonario.

Mi padre empujó el documento hacia ellos.

—La cláusula es clara. La alianza matrimonial debía formalizarse antes de finales de este mes. Su hijo decidió casarse con otra mujer.

El padre de Lục Kiến Tinh palideció.

—Podemos hacer que se divorcie inmediatamente.

Me quedé mirándolo.

Lục Kiến Tinh se acercó.

—Niệm Sơ, dame una semana.

—¿Para qué?

—Me divorciaré de Tô Lan.

—¿Y tu hijo?

Vaciló.

—Seguiré cumpliendo como padre.

—Ayer necesitaba una familia completa.

—Las circunstancias han cambiado.

Solté una pequeña risa.

Qué rápido cambiaba su concepto de responsabilidad cuando había dinero de por medio.

Entonces se abrieron las puertas.

Un asistente entró apresuradamente.

—Presidente Lâm, acaba de llegar una propuesta urgente.

Dejó una carpeta negra sobre la mesa.

En la portada aparecía el emblema del Grupo Thẩm.

Mi padre la abrió.

Sus ojos se agrandaron.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Me entregó el documento.

El Grupo Thẩm ofrecía asumir completamente el proyecto Đông Hải.

La inversión propuesta era casi el doble de la familia Lục.

Pero eso no era lo sorprendente.

Al final aparecía una nota escrita a mano.

Reconocí inmediatamente la letra.

“Regalo de bodas para mi esposa. Que nadie vuelva a obligarla a casarse por negocios.”

Thẩm Ước.

Lục Kiến Tinh leyó por encima de mi hombro.

Su rostro perdió todo el color.

Su teléfono comenzó a sonar.

Contestó.

—¿Qué?

Escuchó durante varios segundos.

—¡Eso es imposible!

Colgó y miró a su padre.

—El banco suspendió nuestra línea de crédito para Đông Hải.

El anciano se levantó bruscamente.

—¿Por qué?

Otra llamada.

Después otra.

Los teléfonos de ambos comenzaron a sonar casi simultáneamente.

Un proveedor había retirado sus condiciones preferenciales.

Dos inversores querían revisar los acuerdos.

Y el socio extranjero que debía aportar capital acababa de solicitar una reunión extraordinaria.

Lục Kiến Tinh me miró.

—¿Le pediste a Thẩm Ước que hiciera esto?

—Ni siquiera sabía que estaba ocurriendo.

Y era verdad.

En ese momento mi propio teléfono vibró.

Un mensaje de Thẩm Ước.

“Esposa, terminé la firma. Regreso mañana.”

Debajo había otro.

“Por cierto, descubrí algo extraño sobre el hijo de Lục Kiến Tinh.”

Mi sonrisa desapareció.

Abrí el archivo adjunto.

Era un informe privado realizado semanas antes por el equipo jurídico del Grupo Thẩm durante una investigación de antecedentes comerciales.

Había fotografías de Tô Lan.

Registros de entrada y salida del país.

Documentos médicos.

Y una fecha que no encajaba.

Leí dos veces.

Después una tercera.

El niño tenía cuatro años y tres meses.

Pero según los registros, Tô Lan y Lục Kiến Tinh habían terminado su relación cinco años y once meses atrás.

Había una diferencia imposible de ignorar.

Seguí bajando.

Entonces apareció el nombre de otro hombre.

Un antiguo socio comercial de la familia Lục.

Y debajo, una fotografía donde ese hombre sostenía al mismo niño en brazos frente a una escuela internacional.

La fecha era de apenas seis meses atrás.

Mi teléfono vibró otra vez.

Thẩm Ước escribió:

“Todavía no digas nada.”

“Hay algo mucho más grave.”

Tô Lan no regresó al país para recuperar a Lục Kiến Tinh. Alguien le pagó para hacerlo.

Levanté lentamente la cabeza.

Lục Kiến Tinh seguía delante de mí, completamente ajeno a lo que acababa de leer.

Entonces las puertas de la sala volvieron a abrirse.

Esta vez entró Tô Lan.

Estaba pálida.

Ya no llevaba aquella expresión dulce y vulnerable.

Apretaba un sobre contra el pecho.

Miró primero a Lục Kiến Tinh.

Después a mí.

Y dijo:

Niệm Sơ, tenemos que hablar a solas. Porque el hombre que me pagó para regresar… pertenece a tu familia.

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