—¿Beatrice?
Grace pronunció aquel nombre casi sin voz.
Hacía años que no lo escuchaba.
Caleb levantó finalmente la cabeza.
—No finjas que no la recuerdas.
—Claro que la recuerdo. Pero ¿qué tiene que ver Katherine con ella?
Caleb soltó una risa amarga.
—Todo.
Robert cerró la puerta del dormitorio.
—Empieza a hablar.
Durante unos segundos, Caleb permaneció en silencio. Después se levantó y caminó hasta la ventana.
—Beatrice y Katherine estudiaron juntas.
Grace sintió una punzada de inquietud.
Beatrice Hale había sido la primera novia seria de Caleb.
Tenían veintiún años cuando ocurrió aquello.
Una relación intensa que terminó abruptamente después de que Beatrice abandonara la universidad y desapareciera de Oakhaven Springs.
Caleb nunca explicó demasiado.
Solo dijo que ella había tenido problemas personales.
—Hace seis meses recibí un correo —continuó—. Alguien me contó la verdad.
—¿Qué verdad?
Caleb se volvió.
—Que Katherine fue responsable de lo que le pasó a Beatrice.
Grace negó lentamente.
—Eso no tiene sentido.
—Katherine difundió información sobre ella. La humilló. Hizo que perdiera una oportunidad importante y después fingió no saber nada.
—¿Quién te contó eso?
Caleb apretó la mandíbula.
—No importa.
—Importa muchísimo si te casaste con una mujer para castigarla por algo que alguien te contó en un correo.
Caleb bajó la mirada.
Grace sintió un escalofrío.
—Dime que no empezaste tu relación con Katherine por eso.
Silencio.
—Caleb.
—Al principio no.
La respuesta fue peor de lo que Grace esperaba.
—Cuando conocí a Katherine no sabía que conocía a Beatrice. Me enteré después.
—¿Cuándo?
—Hace ocho meses.
Grace lo miró horrorizada.
—Entonces ya llevabais más de un año juntos.
Caleb asintió.
—Pensaba terminar con ella.
—Pero te casaste.
—Quería que entendiera lo que significaba confiar en alguien y descubrir que todo era mentira.
Grace retrocedió.
Aquel hombre seguía teniendo el rostro de su hijo.
Pero ya no reconocía su manera de pensar.
—Convertiste tu propia boda en un castigo.
—No quería hacerle daño.
—Querías aterrorizarla.
Caleb no respondió.
Grace abrió la puerta.
—Esta conversación terminó.
—Mamá…
—No. Hasta que sepamos la verdad, no vuelvas a acercarte a Katherine.
Cruzó el pasillo hasta la habitación de invitados.
Katherine estaba sentada en la cama con una manta alrededor de los hombros.
Su vestido seguía arrugado.
Robert había dejado agua junto a ella.
Cuando Grace entró, Katherine levantó los ojos.
—Ya te lo dijo, ¿verdad?
Grace se sentó a cierta distancia.
—Me habló de Beatrice.
Katherine cerró los ojos.
—Sabía que era eso.
—Necesito que me cuentes tu versión.
Katherine tardó varios segundos.
—Beatrice era mi compañera de habitación durante el primer año de universidad.
—¿Erais amigas?
—Era mi mejor amiga.
Grace quedó inmóvil.
Katherine continuó:
—Beatrice estaba pasando por algo complicado. Una noche desapareció de la residencia. Yo fui quien llamó a su hermana porque estaba preocupada.
—Caleb dice que la traicionaste.
—Eso es lo que alguien quiso que creyera.
Katherine se levantó lentamente y buscó su bolso.
Sacó el teléfono.
—Hace tres meses encontré esto en el portátil de Caleb.
Le mostró una captura de pantalla.
Un correo anónimo.
“Si quieres saber quién destruyó la vida de Beatrice Hale, mira a la mujer que duerme a tu lado.”
Había documentos adjuntos.
Capturas de conversaciones.
Declaraciones.
Una fotografía de Katherine saliendo de una oficina universitaria.
—Todo parece bastante convincente —admitió Grace.
—Porque mezclaron cosas verdaderas con mentiras.
Katherine deslizó la pantalla.
—Sí, fui a esa oficina. Pero fui para denunciar lo que estaba ocurriendo.
—¿Qué estaba ocurriendo?
Katherine la miró.
—Alguien estaba utilizando el nombre de Beatrice para desviar dinero de un fondo estudiantil.
Grace frunció el ceño.
—¿Dinero?
—Casi ciento veinte mil dólares.
Aquello cambió completamente la dimensión de la historia.
—¿Quién?
—Nunca lo supimos. La universidad cerró la investigación discretamente. Beatrice se marchó y yo prometí no hablar porque ella me lo pidió.
—¿Por qué?
Katherine miró hacia la puerta.
—Porque alguien la amenazó.
Grace sintió que el estómago se le encogía.
—¿Caleb sabe esto?
—Intenté contárselo.
Su voz se quebró.
—Anoche.
Grace entendió.
—Cuando gritaste.
Katherine asintió.
—Me dijo que sabía quién era realmente. Sacó aquellos documentos y dijo que nuestro matrimonio era mi castigo.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—Yo no entendía nada. Entonces pronunció el nombre de Beatrice.
Grace tomó aire lentamente.
—¿Por qué no se lo explicaste antes?
—Porque cuando descubrí los correos pensé que alguien estaba manipulándolo. Quería averiguar quién antes de acusar a nadie.
—¿Encontraste algo?
Katherine miró su teléfono.
—Sí.
Abrió una fotografía.
Grace necesitó unos segundos para comprender qué estaba viendo.

Era la recepción de la boda.
La fotografía había sido tomada durante el baile.
Al fondo, detrás de una columna, aparecía una mujer.
Cabello oscuro.
Vestido verde.
Rostro parcialmente girado hacia la cámara.
Grace sintió que la piel se le erizaba.
—No puede ser.
Katherine asintió.
—La reconocí anoche revisando las fotografías.
Grace conocía aquel rostro.
Era Beatrice Hale.
—Caleb dijo que llevaba años sin saber dónde estaba.
—Entonces mintió.
—¿Estás segura de que es ella?
Katherine amplió la imagen.
La mujer llevaba una pequeña marca junto a la ceja.
Grace la recordaba perfectamente.
—Dios mío.
Entonces alguien golpeó la puerta principal.
Tres golpes.
Lentos.
Firmes.
Grace salió al pasillo.
Caleb también había escuchado.
Bajaron casi al mismo tiempo.
Robert abrió la puerta.
Había una mujer esperando en el porche.
Vestía pantalones negros y un abrigo claro.
Grace dejó de respirar.
Beatrice.
Más adulta.
Más delgada.
Pero era ella.
Caleb palideció.
—¿Qué haces aquí?
Beatrice ni siquiera lo miró.
Sus ojos buscaron a Katherine, que acababa de aparecer en las escaleras.
—Necesito hablar con ella.
Caleb avanzó.
—Tú me dijiste lo que hizo.
Beatrice lo miró entonces.
—¿Yo?
—Los correos.
El rostro de Beatrice cambió.
—Caleb, yo nunca te envié ningún correo.
El silencio se volvió absoluto.
Katherine bajó lentamente las escaleras.
—Entonces alguien utilizó tu historia.
Beatrice asintió.
—Y no solo mi historia.
Sacó un sobre del bolso.
—Cuando descubrí que Caleb iba a casarse contigo intenté contactarte, Katherine. Pero alguien bloqueó mis mensajes.
—¿Quién?
Beatrice miró hacia Frank.
El cuñado de Grace estaba de pie junto a la cocina.
Su rostro perdió el color.
Grace siguió aquella mirada.
—Frank…
Él dio un paso atrás.
—No sé qué está insinuando.
Beatrice abrió el sobre.
—Hace ocho años desaparecieron ciento veinte mil dólares del fondo universitario. Katherine intentó ayudarme y por eso la amenazaron.
Sacó una hoja.
—Ayer descubrí dónde terminó ese dinero.
Caleb parecía incapaz de respirar.
—¿Dónde?
Beatrice colocó el documento sobre la mesa.
Era un extracto bancario antiguo.
Grace leyó el nombre del titular.
Y sintió que algo se rompía dentro de ella.
FRANK DONOVAN.
Robert agarró el papel.
—¿Qué demonios significa esto?
Frank se volvió hacia la puerta trasera.
—No significa nada.
—Entonces quédate —dijo Grace.
Frank corrió.
Robert intentó alcanzarlo, pero Frank ya había salido.
Caleb permaneció paralizado.
—¿Mi tío hizo todo esto?
—No lo sé —respondió Beatrice—. Pero el dinero es solo el principio.
Sacó otro documento.
—Alguien volvió a mover fondos hace seis meses.
Exactamente cuando Caleb recibió el primer correo.
Katherine palideció.
—¿Cuánto?
Beatrice la miró.
—Dos millones cuatrocientos mil dólares.
Grace sintió que aquello ya no tenía nada que ver con una antigua disputa universitaria.
—¿De dónde?
Beatrice no respondió inmediatamente.
Miró a Caleb.
Después a Robert.
Finalmente dejó otra hoja sobre la mesa.
—De la empresa donde trabaja Caleb.
Él dio un paso adelante.
—Eso es imposible.
—No.
Beatrice señaló una firma.
—La transferencia fue autorizada con tus credenciales.
Caleb tomó el documento.
Su rostro se volvió blanco.
—Yo nunca hice esto.
—Te creo —dijo Beatrice.
—Entonces ¿quién?
Antes de que pudiera responder, Katherine recibió una llamada.
Miró la pantalla.
Número desconocido.
Contestó.
—¿Sí?
Nadie habló durante unos segundos.
Entonces una voz masculina dijo algo que Grace no alcanzó a escuchar.
Katherine perdió el color.
—¿Cómo consiguió este número?
La voz respondió.
Katherine miró directamente a Caleb.
Después a Beatrice.
—¿Qué quiere?
Escuchó.
Y lentamente bajó el teléfono.
—¿Qué dijo? —preguntó Grace.
Katherine apenas consiguió hablar.
—Que Frank nunca envió los correos.
Caleb frunció el ceño.
—Entonces ¿quién fue?
El teléfono de Katherine vibró.
Había llegado una fotografía.
La abrió.
Y soltó el teléfono sobre la mesa.
Grace miró la imagen.
Era Caleb entrando en un hotel seis meses antes.
A su lado caminaba Beatrice.
En la esquina aparecía una fecha.
La misma noche en que Caleb juraba haber estado trabajando fuera del estado.
Grace levantó la mirada hacia su hijo.
—Caleb…
Katherine retrocedió.
—Me dijiste que no habías visto a Beatrice en ocho años.
Caleb observó la fotografía.
Y entonces ocurrió algo todavía peor.
Beatrice empezó a llorar.
—Katherine —susurró—, hay una cosa que Caleb todavía no te ha contado.
Caleb giró hacia ella.
—No.
—Ya es suficiente.
—Beatrice, cállate.
Ella negó con la cabeza.
—La noche que apareció esa fotografía, Caleb vino a buscarme porque acababa de descubrir quién estaba detrás del dinero.
Katherine tragó saliva.
—¿Quién?
Beatrice abrió la boca.
Pero antes de responder, desde el exterior llegó el sonido de un coche acelerando.
Robert corrió hacia la ventana.
—Es Frank.
Grace se acercó.
El automóvil salió disparado por el camino.
Pero había dejado algo frente a la casa.
Una caja de cartón.
Encima había una fotografía antigua.
Grace salió al porche y la recogió.
En ella aparecían Frank, Beatrice…
y Caleb.
La fecha escrita detrás era de ocho años atrás.
Debajo había una sola frase:
“PREGÚNTALE A TU HIJO POR QUÉ BEATRICE TUVO QUE DESAPARECER.”