PARTE 2: NATHAN VOLÓ A LONDRES PARA QUITARME A NUESTRA HIJA Y DEFENDER A SERENA, PERO AL ENTRAR EN LA NEGOCIACIÓN DE 1.200 MILLONES DESCUBRIÓ QUE LA MUJER A LA QUE ABOFETEÓ ERA LA HEREDERA QUE PODÍA DESTRUIRLOS A LOS DOS.

Nathan llegó a Londres cuatro días después.

No me enteré por él.

Margaret dejó una carpeta sobre mi escritorio a las ocho de la mañana.

—Su marido aterrizó anoche.

Levanté la vista del informe de NordTech.

—Exmarido en proceso.

—Todavía no.

—Entonces trabajemos más rápido.

Margaret sonrió apenas.

—Ha solicitado una orden urgente relacionada con Mia. Afirma que usted actuó impulsivamente después de una discusión matrimonial.

Sentí que mis dedos se endurecían.

—¿Mencionó la bofetada?

—No.

—Qué conveniente.

Deslicé mi teléfono hacia ella.

Dentro estaban las fotografías tomadas aquella misma noche, el informe médico de Heathrow y las declaraciones de dos personas que habían presenciado la agresión en el restaurante.

Nathan había construido su petición alrededor de una mentira por omisión.

Y yo llevaba tres años aprendiendo exactamente cómo pensaba.

—Preséntelo todo —dije.

Margaret cerró la carpeta.

—Eso pensaba hacer.

A las diez comenzó la reunión sobre NordTech.

Shengheng estaba financieramente más débil de lo que aparentaba.

Habían utilizado deuda para sostener varias adquisiciones y necesitaban NordTech para convencer a los inversores de que todavía podían expandirse.

—Si pierden esta operación —explicó Hayes—, probablemente tendrán que vender activos.

—¿Y Serena?

—Su padre le dio autoridad para negociar.

Me recliné en la silla.

—Entonces no ataquemos.

Hayes frunció el ceño.

—¿Perdón?

—Dejemos que sigan gastando.

Comprendió inmediatamente.

Cada nueva oferta obligaría a Shengheng a comprometer más financiación.

Nosotros teníamos liquidez.

Ellos tenían orgullo.

Y el orgullo era caro.


A mediodía, recepción llamó.

—Señora Qin, hay un hombre que insiste en verla.

—Nombre.

Hubo una pausa.

—Nathan Shen.

Miré la ciudad detrás del cristal.

—Que suba.

Nathan entró cinco minutos después.

Todavía llevaba el abrigo del viaje.

Su expresión era la misma que había utilizado durante nuestro matrimonio cuando esperaba que yo cediera antes de que empezara una discusión.

Pero entonces vio mi oficina.

Después vio a Claire.

Después el apellido grabado discretamente en la pared:

VICTORIA QIN — DIRECTORA DE NEGOCIOS INTERNACIONALES.

Se quedó inmóvil.

—¿Qué significa esto?

—Significa exactamente lo que dice.

—¿Trabajas aquí?

—Trabajo aquí desde antes de conocerte.

Su mirada recorrió el despacho.

—Me dijiste que habías dejado tu empleo.

—Dije que había renunciado temporalmente a mi puesto.

—Nunca dijiste que eras una Qin.

—Nunca preguntaste demasiado sobre la mujer con la que te casaste.

Eso lo golpeó.

—¿Tu familia es dueña del Grupo Qin?

—Mi familia fundó el Grupo Qin.

Nathan palideció.

Finalmente comprendía.

La esposa que consideraba dependiente.

La mujer que esperaba en casa.

La persona a la que había ordenado regresar después de golpearla.

Nunca había necesitado su dinero.

—¿Por qué me lo ocultaste?

Casi me hizo reír.

—Porque quería saber si podías quererme sin saber cuánto tenía.

—Victoria…

—Ya tengo la respuesta.

Nathan cerró la puerta.

—Mia vuelve conmigo.

Mi expresión cambió.

—No vuelvas a utilizar a mi hija para intimidarme.

—Nuestra hija.

—Entonces deberías haber pensado en ella antes de golpear a su madre delante de un restaurante entero.

—Fue una vez.

El silencio que siguió fue helado.

Nathan comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.

—No quise decirlo así.

—Una vez fue suficiente.

—Serena estaba alterada. Tú la provocaste.

Lo miré incrédula.

Incluso ahora.

Incluso después de cruzar medio mundo.

Seguía protegiéndola.

—Sal de mi oficina.

—Victoria, escucha…

Pulsé el intercomunicador.

—Seguridad.

Nathan me miró como si aquella palabra fuera una humillación imperdonable.

—¿Vas a hacer que me echen?

—Tú me enseñaste algo importante.

Me puse de pie.

—Cuando alguien deja claro que no eres bienvenida en su vida, debes creerle.

Dos miembros de seguridad aparecieron.

Nathan salió sin resistirse.

Pero antes de cruzar la puerta se volvió.

—Esto no ha terminado.

—Por fin estamos de acuerdo en algo.


Aquella tarde ocurrió lo que estaba esperando.

Shengheng elevó su oferta por NordTech.

Hayes dejó las cifras frente a mí.

—Si respondemos ahora, los obligaremos a acercarse a su límite.

—Respondamos.

—¿Cuánto?

Escribí una cifra.

Sus cejas se elevaron.

—Eso podría provocar otra contraoferta.

—Exactamente.

Dos horas después, Serena llamó personalmente.

—Victoria Qin.

Era la primera vez que escuchaba mi nombre completo en su boca.

—Serena.

—Tenemos que hablar.

—Sobre NordTech, nuestros equipos legales pueden hacerlo.

—No es sobre NordTech.

Sonreí sin humor.

—Entonces no tenemos nada que hablar.

—Es sobre Nathan.

—Eso me interesa todavía menos.

Su voz se endureció.

—Retira la oferta.

Ahí estaba.

—¿Por qué?

—Sabes perfectamente lo que estás haciendo.

—Estoy realizando una adquisición.

—Estás utilizando Qin para vengarte.

—Si Shengheng no puede soportar una competencia legítima, quizá no debería estar pujando por una empresa de 1.200 millones.

Silencio.

Después Serena dijo:

—Nathan nunca te amó.

Aquellas palabras me habrían destruido meses atrás.

Ahora no hicieron nada.

—Entonces supongo que tú tienes un problema mayor que yo.

—¿Qué significa eso?

—Que estás destruyendo la empresa de tu padre por un hombre que todavía está legalmente casado conmigo.

Colgué.


Al día siguiente llegó la primera victoria.

El tribunal rechazó cualquier medida inmediata que obligara a trasladar a Mia mientras se evaluaban las circunstancias completas.

Nathan recibió además la documentación relacionada con el divorcio.

A las nueve y diecisiete llamó desde otro número.

No contesté.

A las nueve y veintitrés llegó un mensaje.

«Serena dice que estás intentando destruir a su familia.»

Lo borré.

A las nueve y cuarenta:

«Necesitamos hablar sobre Shengheng.»

También lo borré.

A las diez, Hayes entró sin llamar.

—Tenemos un problema.

—¿Qué ocurrió?

Colocó varios documentos delante de mí.

—Al revisar la diligencia debida de NordTech encontramos transferencias vinculadas a Shengheng.

—¿Irregulares?

—Peor.

Señaló una sociedad registrada en Singapur.

—Esta empresa recibió información confidencial sobre nuestras estrategias comerciales durante los últimos tres años.

Mi corazón se detuvo.

—¿De quién?

—Todavía estamos rastreándolo.

Pasó a otra página.

—Pero los archivos fueron enviados desde direcciones asociadas al bufete de Nathan.

Me quedé inmóvil.

La traición dejó de ser personal.

—Llama a Legal.

—Ya vienen.

Durante las siguientes seis horas reconstruimos fechas.

Contratos que yo había mencionado casualmente durante nuestro matrimonio.

Viajes.

Posibles adquisiciones.

Nombres de ejecutivos.

Información que Nathan había escuchado mientras yo hablaba con mi madre o revisaba mensajes creyendo que él ni siquiera prestaba atención.

Mi matrimonio había podido convertirse en una fuente de inteligencia corporativa para Shengheng.

Pero entonces apareció algo todavía peor.

Claire entró con el rostro pálido.

—Señora Qin, tiene que ver esto.

Me entregó una copia de un correo recuperado.

Remitente: Serena.

Destinatario: una dirección cifrada vinculada al bufete de Nathan.

Fecha: ocho meses atrás.

El mensaje era corto:

«Cuando Victoria firme la autorización, tendremos acceso indirecto a las participaciones de Mia. Nathan dice que ella firma cualquier cosa que él pone delante.»

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué autorización?

Hayes empezó a revisar nuestros archivos.

Diez minutos después encontró un documento.

Mi firma estaba allí.

Recordaba haberlo firmado.

Nathan me había dicho que era documentación rutinaria para actualizar el seguro familiar.

No lo era.

Margaret leyó las páginas.

Su expresión se volvió de piedra.

—Victoria, esto merece una revisión inmediata. No significa automáticamente que hayan obtenido lo que pretendían, pero alguien intentó estructurar derechos financieros relacionados con Mia sin explicarle adecuadamente el alcance.

Mi miedo desapareció.

En su lugar quedó algo mucho más frío.

—Convoca al consejo.

—¿Ahora?

—Ahora.


La reunión comenzó a las seis.

Mi padre participó por videoconferencia desde Hong Kong.

Mi madre estaba sentada a mi derecha.

El equipo legal ocupaba el resto de la mesa.

Presentamos cada documento.

Cada transferencia.

Cada correo.

Cuando terminamos, mi padre permaneció callado durante varios segundos.

Después preguntó:

—¿Qué propones?

Todos me miraron.

Tres años atrás habría esperado su decisión.

Ya no.

—Retiramos cualquier negociación informal con Shengheng. Informamos a las autoridades correspondientes de lo que hemos encontrado. Protegemos los intereses de Mia y continuamos la adquisición de NordTech únicamente bajo criterios comerciales.

Mi padre asintió.

—Aprobado.

Entonces mi madre añadió:

—Hay otra cosa.

Deslizó una carpeta hacia mí.

—Esta tarde recibimos una comunicación del padre de Serena.

La abrí.

Era una solicitud urgente de reunión.

—¿Qué quiere?

—Negociar.

—¿NordTech?

Mi madre negó con la cabeza.

—A Serena.

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

—Su padre afirma que ella actuó sin autorización en varias operaciones.

—¿Y?

Mi madre me sostuvo la mirada.

—Está dispuesto a entregar documentos internos sobre Serena y Nathan si Qin detiene determinadas acciones contra Shengheng.

El teléfono de Claire vibró.

Leyó el mensaje.

—Nathan está abajo.

—Que se vaya.

—No viene solo.

Levanté la vista.

—¿Quién está con él?

Claire tragó saliva.

—Serena.

Hayes se acercó a las ventanas.

Abajo, frente al edificio, había varios vehículos.

Entonces mi teléfono recibió un archivo de un número desconocido.

Una grabación.

Pulsé reproducir.

Primero escuché la voz de Serena.

Después la de Nathan.

La conversación había ocurrido meses antes.

—Cuando Victoria deje de ser útil, te divorcias —decía Serena.

Hubo una pausa.

Entonces Nathan respondió:

—Primero necesito que firme lo de Mia. Después puedes hacer lo que quieras con Qin.

Nadie en la sala respiró.

Pero la grabación continuó.

Serena se rio.

—¿Y si descubre lo nuestro?

Nathan respondió con una tranquilidad que me heló la sangre:

—No lo hará. Victoria todavía cree que la bofetada fue lo peor que le hice.

La grabación terminó.

Miré hacia las puertas cerradas de la sala de juntas.

Nathan y Serena estaban subiendo.

Y por primera vez comprendí que yo no tenía que obligar a Serena a elegir entre salvar a su familia o salvar a mi marido.

Nathan estaba a punto de descubrir que Serena ya había elegido salvarse a sí misma.

Related Posts

Parte 2: EL DÍA QUE DEJÉ DE PROTEGER LA IMAGEN DE MI ESPOSO, ÉL TUVO QUE ENFRENTAR SU PROPIA VERDAD

Cuando terminé de hablar, nadie aplaudió. Nadie hizo preguntas. El silencio fue mucho más elocuente. El periodista bajó lentamente el micrófono. Luego miró a Elliot. —Señor Whitmore……

Parte 2: LA BODA CANCELADA QUE REVELÓ LA MAYOR TRAICIÓN Y EL COMIENZO DE UNA VIDA NUEVA

Las palabras de Lucas quedaron suspendidas en el aire. —Ellos son marido y mujer. Durante unos segundos nadie respiró. Miré a Ethan. No negó nada. Miré a…

Parte 2: EL DÍA QUE MIS PADRES DESCUBRIERON QUE YA NO CONOCÍAN A SU PROPIA HIJA

El juez Simmons levantó el documento con cuidado. —Señor Carter, ¿reconoce esta firma? Mi padre apenas lo miró. Luego su expresión cambió por completo. —Es… es la…

Parte 2: EL DÍA QUE MI ESPOSO PERDIÓ A SU ESPOSA, A SU HEREDERO Y A SU EMPRESA

Daniel sintió que el teléfono le temblaba entre las manos. Volvió a leer el informe. Probabilidad de paternidad: 0,00 %. Luego bajó hasta la última página. Allí…

Parte 2: LA ÚLTIMA BATALLA DE UNA CORONEL Y LA LECCIÓN QUE SU HIJO JAMÁS OLVIDARÍA

Metí la mano dentro de mi abrigo y saqué una carpeta negra perfectamente organizada. La coloqué sobre la mesa del tribunal. —Con el permiso de su señoría….

Parte 2: EL DÍA QUE MI ESPOSO VOLVIÓ CREYENDO QUE PODÍA RETOMAR SU VIDA DESCUBRIÓ QUE YA HABÍA PERDIDO MUCHO MÁS QUE SU MATRIMONIO

Mauricio dejó de mirar a Daniel y me observó a mí. —¿Qué hace aquí? —Siéntate. No levanté la voz. No hacía falta. Algo en mi tono hizo…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *