PARTE 2: EL MULTIMILLONARIO EN COMA ABRIÓ LOS OJOS LA NOCHE DE NUESTRA BODA Y ME ORDENÓ NO CONFIAR EN SU PRIMO, PERO CUANDO DESCUBRÍ POR QUÉ JASON NECESITABA QUE ETHAN JAMÁS DESPERTARA, COMPRENDÍ QUE MI PADRE TAMBIÉN ME HABÍA OCULTADO ALGO.

—No confíes en Jason.

Me quedé inmóvil.

Los ojos de Ethan apenas estaban abiertos, desenfocados, pero conscientes.

—¿Puedes oírme?

Sus labios volvieron a moverse.

—Claire…

El hecho de que supiera mi nombre me estremeció.

Busqué el botón para llamar a la enfermera.

Ethan cerró los dedos alrededor de mi muñeca.

Era un agarre débil.

Pero deliberado.

—No.

—Necesitas un médico.

—Jason… no debe saberlo.

Su respiración se volvió irregular.

—¿Por qué?

Intentó responder, pero sus párpados comenzaron a cerrarse.

—Ethan.

—Accidente…

—¿Qué accidente?

Sus dedos perdieron fuerza.

—No fue…

El monitor aceleró.

Después volvió a quedarse inmóvil.

Me levanté aterrada.

Esta vez llamé a la enfermera.

Entraron tres personas.

Lo examinaron durante varios minutos mientras yo permanecía junto a la ventana.

—¿Está despierto? —pregunté.

La enfermera negó con la cabeza.

—No ahora.

—Me habló.

Todos se volvieron.

—¿Qué dijo?

Recordé su advertencia.

—Mi nombre.

Fue la única verdad que entregué.

Vivian apareció quince minutos después.

Escuchó al médico sin mostrar emoción.

Pero cuando él confirmó que podía haber existido un breve periodo de conciencia, sus manos se apretaron alrededor de su bastón.

—¿Puede despertar definitivamente?

—Es demasiado pronto para saberlo.

Desde la puerta llegó una voz.

—Qué milagro tan oportuno.

Jason.

Me miró.

—Se casa por la mañana y despierta por la noche. Casi romántico.

No contesté.

Se acercó a Ethan.

—Primo, ¿puedes oírme?

El monitor continuó estable.

Jason sonrió.

—Supongo que no.

Pero vi algo que los demás no vieron.

Debajo de la sábana, los dedos de Ethan se cerraron.

Había escuchado.

Y tenía miedo.

Aquella noche no dormí.

A las cuatro de la madrugada escuché abrirse la puerta.

Fingí estar dormida en el sofá.

Una figura entró.

No era Jason.

Era la enfermera privada que había acompañado a Ethan durante nuestra boda.

Se acercó a la vía intravenosa y sacó algo del bolsillo.

Encendí la lámpara.

—¿Qué haces?

La mujer dio un salto.

—Administrando su medicación.

—¿A oscuras?

—No quería despertarla.

Miré la pequeña jeringa que sostenía.

—Déjala sobre la mesa.

Su expresión se endureció.

—Señora Thornton, no conoce el tratamiento de su marido.

—Entonces explícamelo.

—No tengo obligación de hacerlo.

Cogí mi teléfono.

—Perfecto. Llamaremos al médico.

Guardó inmediatamente la jeringa.

—Volveré más tarde.

Se marchó.

A la mañana siguiente pregunté por ella.

Nadie pudo encontrarla.

Tampoco figuraba en el turno oficial.

Vivian ordenó revisar las cámaras.

Faltaban cuarenta y siete minutos de grabación.

—¿Quién puede borrar las cámaras? —pregunté.

El jefe de seguridad respondió:

—La familia inmediata y dos administradores.

—¿Jason?

Silencio.

Vivian contestó:

—Sí.

Por primera vez, su frialdad pareció convertirse en preocupación.

—Ven conmigo.

Me llevó a la biblioteca.

Cerró la puerta.

—¿Qué te dijo Ethan?

La miré.

—Pensé que solo había dicho mi nombre.

—No me insultes mintiendo mal.

Permanecí callada.

Vivian suspiró.

—Jason obtiene el control de Thornton Industries si Ethan muere sin cumplir las condiciones del fideicomiso.

—Pero Ethan se casó.

—Precisamente.

Entonces entendí.

—Mi matrimonio bloqueó a Jason.

—Temporalmente.

Vivian abrió una caja fuerte.

Sacó un documento.

—Si Ethan fallece dentro de los treinta días posteriores al matrimonio sin haber recuperado capacidad suficiente para ratificar ciertas decisiones, Jason puede impugnar la unión alegando falta de consentimiento.

Sentí frío.

—Entonces sigue teniendo un motivo para quererlo muerto.

—Sí.

—¿Y aun así permitisteis que estuviera cerca de él?

—No tenía pruebas.

—Ethan sí.

Vivian levantó los ojos.

Me había traicionado.

—¿Qué dijo?

—Que el accidente no fue un accidente.

El color desapareció ligeramente de su rostro.

Entonces escuchamos un golpe en la puerta.

Era mi padre.

—Claire, tenemos que irnos.

Me sorprendió verlo.

—¿Qué haces aquí?

No miró a Vivian.

—El acuerdo está cumplido. Las deudas fueron pagadas. Ya hiciste suficiente.

—Me casaste con un hombre que quizá intentaron matar.

—No sabes de qué estás hablando.

Vivian se puso de pie.

—¿Qué sabes tú, Martin?

Mi padre palideció.

Ese pequeño cambio fue suficiente.

—Papá.

—Vámonos.

—¿Conocías a Jason antes de mi boda?

No respondió.

—¿Lo conocías?

—Claire…

Vivian caminó hacia él.

—Contesta.

Mi padre cerró los ojos.

—Jason fue quien me habló del acuerdo matrimonial.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Qué?

—Me encontró hace meses. Sabía de mis deudas.

—¿Jason me eligió?

—Dijo que necesitaban una mujer sin conexiones con la familia.

Vivian parecía horrorizada.

—Yo nunca autoricé a Jason a buscar esposa para Ethan.

Mi padre retrocedió.

—Me enseñó documentos.

—¿Qué documentos?

—Del fideicomiso.

Vivian negó lentamente.

—Esos documentos son privados.

Mi padre comprendió demasiado tarde lo que acababa de revelar.

Me acerqué.

—¿Qué más te ofreció?

—Nada.

—Papá.

—¡Nada!

Su desesperación respondió por él.

Antes de que pudiera seguir preguntando, sonó una alarma arriba.

Corrimos.

La habitación de Ethan estaba vacía.

La cama deshecha.

La vía arrancada.

La ventana abierta.

—¡Seguridad! —gritó Vivian.

Entonces escuché un ruido procedente del vestidor.

Abrí.

Ethan estaba en el suelo.

Consciente.

Intentando incorporarse.

Me arrodillé.

—Ethan.

Me reconoció inmediatamente.

—Claire…

—Estoy aquí.

—Jason…

—Lo sé.

Negó con la cabeza.

—No.

Me agarró del brazo.

Esta vez con mucha más fuerza.

—No entiendes.

Sus ojos encontraron a mi padre detrás de mí.

Y su expresión cambió.

No fue sorpresa.

Fue reconocimiento.

—Tú.

Mi padre se quedó blanco.

—Nunca te había visto —susurré.

Ethan no apartó los ojos de él.

—Sí lo he visto.

Vivian se volvió hacia mi padre.

—Martin, ¿qué demonios está pasando?

Ethan respiró con dificultad.

—La noche… del accidente.

Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.

—¿Mi padre estaba allí?

Ethan asintió.

Entonces escuchamos pasos corriendo por el pasillo.

Jason apareció acompañado por dos hombres de seguridad.

Al ver a Ethan despierto, se detuvo.

Durante un segundo, el miedo desnudo atravesó su rostro.

Ethan lo vio.

—Claire —susurró.

—¿Qué?

Sus dedos apretaron los míos.

—Tu padre no te vendió para pagar sus deudas.

Miré a Martin.

Ya estaba retrocediendo hacia la puerta.

—Entonces ¿por qué lo hizo?

Ethan tragó saliva.

—Porque Jason necesitaba meterte en esta casa.

—¿A mí? ¿Por qué?

Ethan abrió la boca.

Pero Jason dio un paso adelante.

—No escuches a un hombre que acaba de despertar de nueve meses de coma.

Ethan lo ignoró.

Sus ojos permanecieron clavados en los míos.

—Porque la noche que intentaron matarme…

Respiró con dificultad.

—tu madre estaba conmigo.

Se me heló la sangre.

—Mi madre murió hace dos años.

Ethan cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos, pronunció las palabras que hicieron que mi padre corriera hacia la puerta.

—Eso es exactamente lo que te hicieron creer.

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