PARTE 2: LA CAMARERA QUE SALVÓ AL JEFE DE LA MAFIA CREYÓ QUE SOLO TENÍA QUE MANTENERLO CON VIDA HASTA EL AMANECER, PERO CUANDO VÍCTOR DESPERTÓ Y VIO EL NOMBRE DE SU PADRE EN EL ANTIGUO COLGANTE DE NORA, COMPRENDIÓ QUE AQUELLA NOCHE NO HABÍA SIDO UNA CASUALIDAD.

Nora miró el material médico dentro de la bolsa y después a Víctor.

—No voy a hacer nada que pueda empeorarte.

Él abrió los ojos con esfuerzo.

—Entonces evita que me muera.

—Puedo controlar la hemorragia y estabilizarte. Nada más.

Víctor quiso discutir, pero una oleada de debilidad lo obligó a hundirse contra el sofá.

Por primera vez desde que Nora lo había visto en el restaurante, el hombre que aterrorizaba a medio Chicago parecía simplemente un hombre herido intentando mantenerse consciente.

Nora respiró hondo.

Su entrenamiento tomó el control.

No pensó en Sullivan.

No pensó en el hombre al que había disparado.

No pensó en lo que ocurriría cuando la policía revisara las cámaras del restaurante.

Solo trabajó para mantener a Víctor estable hasta encontrar una solución más segura.

Casi una hora después, él volvió a abrir los ojos.

—¿Sigo vivo?

Nora estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra una mesa.

—Lamentablemente para mi noche, sí.

Víctor soltó una risa breve que terminó en una mueca.

—Tienes valor.

—Tengo un examen el lunes.

Él la miró como si no entendiera.

—¿Después de esta noche sigues pensando en un examen?

—Después de esta noche quiero todavía más una vida normal.

El rostro de Víctor perdió cualquier rastro de humor.

—Eso se acabó.

Nora se puso de pie.

—No.

—Sullivan vio tu cara.

—Sus hombres me vieron.

—Es lo mismo.

—No para mí.

Víctor la observó en silencio.

—¿Quién te enseñó a manejar un arma?

Nora se quedó inmóvil.

—Mi padre.

—¿Policía?

Ella levantó la mirada.

—Detective.

Algo cambió en el rostro de Víctor.

—¿Nombre?

—Richard Dempsey.

El silencio que siguió fue diferente.

Víctor dejó de respirar por un segundo.

—Repítelo.

—Richie Dempsey.

Él se incorporó pese al dolor.

—¿Tu padre era Richie Dempsey de la unidad de crimen organizado?

Nora frunció el ceño.

—¿Cómo sabes eso?

Víctor no respondió.

—Murió hace diez años —continuó ella—. Supuestamente durante un robo que salió mal.

Víctor la miró fijamente.

—Eso fue lo que dijeron.

Nora sintió un escalofrío.

—¿Qué significa eso?

—Nada.

—No me mientas.

—Te acabo de conocer.

—Y yo acabo de salvarte la vida.

Eso lo silenció.

Víctor miró hacia la ventana.

—Tu padre investigaba a mi tío.

Nora sintió que el estómago se le cerraba.

—¿A Carlo Falcone?

—Sí.

—Entonces tu familia tuvo algo que ver con su muerte.

Víctor volvió los ojos hacia ella.

—No he dicho eso.

—Pero tampoco dijiste que no.

Antes de que pudiera responder, un teléfono comenzó a vibrar.

No era el de Nora.

Víctor sacó un móvil pequeño de un bolsillo interior de su chaqueta.

La pantalla mostraba un número desconocido.

Lo ignoró.

Volvió a vibrar.

Después llegó un mensaje.

Víctor lo leyó.

Su expresión se endureció.

—¿Qué pasa?

Le enseñó la pantalla.

Solo había una fotografía.

El apartamento de Nora.

Tomada desde el otro lado de la calle.

Debajo aparecía una frase:

«Devuelve lo que no es tuyo.»

A Nora se le helaron las manos.

—¿Cómo saben quién soy?

—El restaurante tenía cámaras.

—Dijiste que la policía de Sullivan tardaría minutos.

—Y probablemente alguien descargó las grabaciones antes.

Nora cogió su teléfono.

—Voy a llamar a la policía estatal.

Víctor negó con la cabeza.

—Todavía no sabemos quién está comprado.

—No voy a esconderme para siempre.

—No tendrás que hacerlo.

—¿Qué vas a hacer?

Víctor comenzó a levantarse.

Nora lo obligó a sentarse otra vez.

—Absolutamente nada hasta que puedas mantenerte en pie sin caerte.

Él la miró con incredulidad.

—¿Siempre das órdenes así?

—Cuando mis pacientes se comportan como idiotas, sí.

Por primera vez, Víctor sonrió de verdad.

Duró dos segundos.

Entonces escucharon un coche detenerse afuera.

Nora apagó inmediatamente la lámpara.

Víctor sacó el arma.

Ella retrocedió.

—No.

—Hay alguien fuera.

Dos luces atravesaron las cortinas.

Luego se oyó una puerta cerrarse.

Víctor avanzó hacia el pasillo.

—Quédate detrás.

—No necesito otra orden.

—Esta sí.

Tres golpes resonaron en la puerta principal.

Pausa.

Otros dos.

Víctor se detuvo.

Su expresión cambió.

—Conozco ese código.

—¿Quién es?

No respondió.

Abrió un pequeño panel detrás de un cuadro y observó una cámara exterior.

Nora se acercó.

En la pantalla había un hombre de unos cincuenta años vestido con gabardina oscura.

Solo.

Víctor dejó escapar el aire.

—Es el doctor Bellini.

—¿Médico?

—De confianza.

Nora lo miró.

—¿De confianza como tu conductor muerto?

La pregunta dio en el blanco.

Víctor permaneció quieto.

Finalmente abrió la puerta sin bajar completamente la guardia.

Bellini entró.

—Dios santo, Victor.

Después vio a Nora.

—¿Quién es ella?

—La razón por la que sigo respirando.

El médico la observó con interés.

—¿Tú lo estabilizaste?

—Hice lo que pude.

Bellini revisó rápidamente la situación y después miró a Víctor.

—Necesitas atención especializada.

—Aquí.

—Eso no es negociable.

Víctor señaló a Nora.

—Primero ella.

—¿Qué pasa con ella?

—Sullivan sabe quién es.

Bellini palideció.

—Entonces tenemos un problema serio.

—¿Por qué? —preguntó Nora.

Bellini miró a Víctor.

—Porque Sullivan no atacó esta noche únicamente para matarte.

Víctor se quedó rígido.

—Habla.

—Lorenzo me llamó veinte minutos antes del tiroteo.

—Lorenzo está muerto.

—Lo sé.

Bellini sacó un sobre de su abrigo.

—Me dijo que si algo salía mal, te entregara esto personalmente.

Víctor abrió el sobre.

Dentro había una fotografía antigua.

Nora alcanzó a verla desde detrás de su hombro.

Dos hombres frente a un almacén.

Uno era mucho más joven, pero reconoció a Carlo Falcone.

El otro…

Se le cortó la respiración.

—Ese es mi padre.

Víctor levantó la cabeza.

—¿Estás segura?

Nora le arrancó prácticamente la fotografía de las manos.

Richie Dempsey tenía unos cuarenta años en la imagen.

En la parte trasera había una fecha.

Tres semanas antes de su muerte.

Y una frase escrita:

«Si Carlo cae, busca a la chica.»

Nora sintió que el suelo se movía.

—¿Qué chica?

Bellini la observó.

Luego miró el pequeño colgante de plata que Nora llevaba alrededor del cuello.

—¿De dónde sacaste eso?

Nora tocó instintivamente la cadena.

—Era de mi padre.

Bellini retrocedió.

Víctor lo notó.

—¿Qué ocurre?

—Quítatelo.

—No —dijo Nora.

—Necesito verlo.

Ella dudó antes de abrir el broche.

El colgante parecía ordinario.

Una pequeña medalla ovalada, desgastada por los años.

Bellini la sostuvo bajo la luz.

Presionó una diminuta hendidura lateral.

La medalla se abrió.

Nora jamás había sabido que podía hacerlo.

Dentro había una minúscula pieza de papel doblada.

Víctor la sacó con cuidado.

Había cuatro números escritos.

3103.

Nora frunció el ceño.

—¿Qué significa?

Víctor dejó de respirar.

—Es una caja de seguridad.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque mi padre utilizaba el mismo sistema.

Nora sintió un escalofrío.

—¿Tu padre?

Bellini habló antes que él.

—Richie Dempsey no estaba intentando destruir a los Falcone cuando murió.

Nora se volvió lentamente.

—¿Entonces qué hacía?

Bellini la miró con gravedad.

—Intentaba ayudar al padre de Víctor a identificar a alguien dentro de la organización.

Víctor apretó la fotografía.

—¿Quién?

—Nunca lo supimos.

—¿Y Sullivan?

Bellini negó con la cabeza.

—Sullivan era demasiado joven entonces.

Nora miró otra vez el número.

Su padre había llevado aquella medalla todos los días.

Después de su muerte, se la habían entregado junto con su placa y su reloj.

Durante diez años había llevado alrededor del cuello una pista que nadie sabía que existía.

Víctor tomó su teléfono.

—Tenemos que averiguar dónde está esa caja.

Bellini negó inmediatamente.

—No esta noche.

—Si Lorenzo murió para entregarme esta fotografía, no podemos esperar.

Nora levantó los ojos.

—Yo voy contigo.

—No.

—Era de mi padre.

—Precisamente.

—Víctor.

Él la miró.

—Ya me arrastraste hasta una casa segura de la mafia. Ya fotografiaron mi apartamento. Mi vida normal desapareció hace tres horas.

Extendió la mano.

—Dame la fotografía.

Víctor no lo hizo.

—Hay algo que todavía no entiendes.

—Entonces explícamelo.

Se produjo un silencio.

Bellini fue quien contestó.

—La noche en que murió tu padre, no trabajaba solo.

Nora sintió que el corazón le golpeaba contra el pecho.

—¿Quién estaba con él?

Bellini miró a Víctor.

Luego dijo:

El padre de Víctor.

Nora se quedó inmóvil.

Víctor también.

—Mi padre murió seis meses después —dijo él lentamente.

Bellini asintió.

—Oficialmente.

La palabra quedó suspendida en la habitación.

Víctor se puso de pie pese a la advertencia del médico.

—¿Qué quieres decir con oficialmente?

Bellini abrió la boca.

Pero antes de responder, las luces de la casa se apagaron.

Todo quedó negro.

Entonces el teléfono de Víctor vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Él encendió la pantalla.

Nora leyó por encima de su hombro.

«Dejen la caja 3103 enterrada si quieren seguir respirando.»

Debajo apareció una segunda línea.

«Richie Dempsey cometió el error de abrirla.»

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