La radio quedó en silencio durante dos segundos.
Después Noah gritó:
—¡¿Estás loco?! ¡Hay una persona atrapada ahí arriba!
Adrian respondió con irritación.
—Conozco a Lena. Está exagerando porque saqué primero a Chloe.
Yo escuchaba aquella conversación apoyada contra la puerta, mientras el humo convertía cada respiración en una lucha.
Ya no sentía rabia.
Ni siquiera tristeza.
Solo una extraña calma.
—Sistema —murmuré—. ¿Cuánto falta?
—Proceso de salida iniciado. Transferencia completa en ocho minutos.
Ocho minutos.
Después de tres años en aquel mundo, mi vida se reducía a ocho minutos.
La radio volvió a sonar.
Esta vez fue Noah.
—Lena, si puedes escucharme, responde.
Tomé el aparato.
—Te escucho.
Hubo un silencio.
—Gracias a Dios. ¿Puedes llegar a la salida oeste?
—No. Adrian cerró la puerta blindada. El bloqueo térmico está activado y tengo la pierna atrapada.
La respiración de Noah cambió.
—¿Él cerró la puerta?
—Sí.
Adrian irrumpió en la frecuencia.
—¡Lena, basta!
Noah respondió antes que yo.
—Capitán, ¿sabías que estaba inmovilizada?
—Dijo que le dolía la pierna.
—No pregunté eso. ¿Sabías que estaba atrapada?
Adrian guardó silencio.
Y aquella pausa dijo suficiente.
—Carter, tienes órdenes de mantener al equipo abajo.
—Con todo respeto, capitán, no voy a dejar morir a una civil porque usted decidió que estaba celosa.
La comunicación se cortó.
Entonces escuché un golpe al otro lado de la puerta.
—¡Lena!
Noah.
Había subido.
—¡Aléjate de la puerta!
Cerré los ojos.
—Noah, vete.
—Voy a sacarte.
—La estructura está cediendo.
—Entonces tendremos que trabajar rápido.
Golpeó el mecanismo exterior.
Una vez.
Dos.
Tres.
El sistema habló dentro de mi cabeza.

—Cinco minutos.
Miré la cámara roja sobre mí.
—¿La grabación está segura?
—Confirmado. Copias programadas para autoridades competentes, departamento de bomberos y contactos seleccionados.
Había añadido a mi antiguo jefe, a Noah y, por último, a Adrian.
No quería que pudiera decir después que no sabía.
Quería que escuchara nuevamente cada palabra.
Esta frecuencia es para emergencias reales.
No me decepciones más.
No suban por ella.
Otro golpe sacudió la puerta.
—¡Lena! —gritó Noah.
Una parte de mí quiso esperar.
Quizá él conseguiría abrirla.
Quizá todavía podía sobrevivir.
Pero entonces comprendí algo.
El sistema nunca me había ofrecido simplemente escapar del incendio.
Me estaba ofreciendo terminar la misión.
Si rechazaba la salida, seguiría atada a aquel mundo.
A Adrian.
A tres años intentando demostrarle a un hombre que yo también merecía ser elegida.
—Sistema, confirma mi decisión.
—Confirmada.
Al otro lado, Noah seguía trabajando.
Entonces apareció otra voz.
—¡Carter!
Adrian.
Había regresado.
—¿Qué haces aquí? —exigió Noah.
—Apártate.
—Hace cinco minutos dijiste que estaba fingiendo.
—¡He dicho que te apartes!
Escuché golpes frenéticos.
Por primera vez, Adrian parecía asustado.
—¡Lena!
No respondí.
—¡Lena, contéstame!
Qué curioso.
Durante años había corrido cada vez que él pronunciaba mi nombre.
Ahora podía gritarlo hasta quedarse sin voz.
No significaba nada.
—Tres minutos —anunció el sistema.
Adrian golpeó la puerta.
—¡Lena, cometí un error! ¡Abre si puedes escucharme!
Solté una pequeña risa.
—No puedo abrirla, Adrian.
Todo quedó quieto.
—¿Lena?
—Fuiste tú quien la cerró.
—Voy a sacarte.
—No.
—¿Qué?
—No necesito que me salves ahora.
Su respiración se volvió irregular.
—No hables así.
Entonces Noah gritó:
—¡Retrocede!
Un impacto estremeció el marco.
La puerta cedió unos centímetros.
El humo salió hacia el pasillo.
Adrian tosió.
—¡Otra vez!
El segundo impacto abrió una brecha mayor.
Y durante un instante pude verlo.
Su rostro cubierto de hollín.
Sus ojos desesperados buscándome.
—Lena.
Dio un paso hacia mí.
Entonces una voz femenina sonó por su radio.
Chloe.
—Adrian… tengo miedo. ¿Dónde estás?
Él se quedó inmóvil.
Lo miré.
Incluso entonces.
Incluso en aquel momento.
Su cuerpo reaccionó automáticamente al escucharla.
Fue apenas un segundo.
Pero lo vi.
Y sonreí.
—Gracias.
Adrian frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba estar completamente segura.
—Un minuto —dijo el sistema.
Noah consiguió abrir suficiente espacio para entrar.
Adrian intentó avanzar detrás de él.
Pero una parte del techo cayó entre nosotros.
—¡LENA!
La luz se volvió blanca.
Y el mundo desapareció.
Cuando Adrian consiguió entrar, la sala estaba cubierta de humo.
Noah llegó primero hasta donde yo había estado.
Encontró la radio.
Mi teléfono.
Y la pequeña cadena que Adrian me había regalado durante nuestro primer aniversario.
Pero Lena ya no respondió.
Horas después, mientras los investigadores revisaban las grabaciones de seguridad, Adrian permaneció sentado frente a una pantalla.
Vio cómo me había encontrado atrapada.
Vio cómo había entregado la única manta a Chloe.
Vio cómo había cerrado la puerta.
Escuchó mis llamadas.
Y luego escuchó su propia voz.
—No suban por ella. Lena solo está intentando llamar mi atención.
Nadie en la sala habló.
Noah se quitó lentamente el casco.
—Ella te pidió ayuda.
Adrian miraba fijamente la pantalla.
—Yo pensé…
—Ese fue el problema —respondió Noah—. Pensaste que la conocías mejor de lo que la escuchabas.
Entonces comenzó la investigación formal.
Adrian fue apartado del mando mientras revisaban su actuación durante el incendio.
Chloe intentó defenderlo públicamente, pero la grabación ya había llegado a demasiadas manos.
Y Adrian descubrió algo todavía peor.
La cámara también había registrado mi última conversación.
Mi voz diciendo:
—Acepto abandonar este mundo.
Durante semanas preguntó qué significaba.
Nadie pudo responderle.
Pero en otro lugar, abrí los ojos.
No había humo.
No había fuego.
No había Adrian.
Estaba acostada en una habitación bañada por la luz del amanecer.
El sistema habló por última vez.
—Misión terminada. El vínculo con el objetivo principal ha sido eliminado.
Me incorporé lentamente.
—¿Dónde estoy?
—En su mundo original.
Miré mis manos.
Mi cuerpo.
Mi antigua habitación.
Sobre el escritorio estaba el calendario del día en que todo había comenzado tres años atrás.
Entonces escuché que alguien llamaba a la puerta.
—¿Lena? ¿Estás despierta?
Reconocí la voz.
Y por primera vez en tres años, lloré de felicidad.
Había vuelto a casa.
Mientras tanto, en el otro mundo, Adrian regresó una noche al apartamento vacío que habíamos compartido.
Sobre la mesa seguía una fotografía nuestra.
La tomó con manos temblorosas.
Su teléfono vibró.
Era una notificación procedente de un archivo automático que nadie había descubierto durante la investigación.
MENSAJE PROGRAMADO DE LENA.
Adrian dejó de respirar.
Abrió el archivo.
Mi rostro apareció en la pantalla.
Pero antes de que pudiera escuchar una sola palabra, apareció otra notificación debajo.
DESTINATARIO SECUNDARIO: CHLOE BENNETT.
Y entonces Adrian comprendió que yo había dejado una última verdad preparada para los dos.