PARTE 2: DANIEL VOLÓ A LONDRES PARA OBLIGARME A VOLVER, PERO CUANDO ENTRÓ EN LA SALA DE JUNTAS DESCUBRIÓ QUE LA MUJER QUE HABÍA ABOFETEADO PODÍA DESTRUIR TODO LO QUE ÉL Y OLIVIA HABÍAN PLANEADO.

A la mañana siguiente, Margaret Wells dejó una carpeta sobre mi escritorio.

—Daniel ha solicitado una orden urgente relacionada con Emma.

No aparté la vista del informe de NordTech.

—¿Puede obligarme a regresar?

—No de la manera que él cree. Pero tendremos que responder formalmente.

Margaret hizo una pausa.

—También necesitaremos documentar lo ocurrido en el restaurante.

Le entregué mi teléfono antiguo.

Dentro estaban las fotografías de mi mejilla, los mensajes de Daniel y los datos de contacto de varios testigos.

Margaret leyó aquel mensaje:

Deja de hacer drama. Vuelve y hablamos.

Su expresión se endureció.

—Guárdalo todo.

Asentí.

Ya había aprendido esa lección.

El amor podía mentir. Los documentos no.

A las diez, Harris entró casi corriendo.

—Tenemos un problema con NordTech.

—¿Shengheng?

—Han aumentado su oferta.

Me entregó las cifras.

Olivia estaba intentando convertir aquello en una subasta.

—¿Podemos superarla?

—Sí.

—Entonces no lo haremos.

Harris parpadeó.

—¿Perdón?

Cerré la carpeta.

—Si seguimos aumentando el precio, estaremos jugando exactamente como quieren. Quiero saber por qué Shengheng necesita tanto esa adquisición.

Dos horas después teníamos la respuesta.

La empresa de los Lin había comprometido una cantidad peligrosa de capital para financiar la operación. Si perdían NordTech después de haber movilizado aquel dinero, quedarían expuestos ante bancos e inversionistas.

Entonces entendí el rumor sobre Qin Group.

Olivia no intentaba simplemente dañarme. Necesitaba asustarnos para que abandonáramos la negociación.

—Preparemos una oferta final —dije—. Sin filtraciones.

Harris sonrió.

—Bienvenida de nuevo, señorita Qin.

Esa misma tarde, Daniel consiguió mi nuevo número.

No sé quién se lo dio.

Contesté porque Margaret estaba conmigo.

—Sophie.

Su voz sonaba agotada.

—Estoy en Londres.

Miré a Margaret.

Ella empezó a grabar la conversación.

—¿Qué quieres?

—Ver a mi hija.

—Eso lo resolverán los abogados.

—¡Emma también es mi hija!

—Lo sé. Por eso resulta curioso que recordaras tus responsabilidades después de cuarenta y siete llamadas, pero no cuando levantaste la mano delante de ella.

Silencio.

Después llegó la frase que esperaba.

—Olivia no tuvo nada que ver.

Casi me reí.

—Ni siquiera te pregunté por Olivia.

Daniel respiró profundamente.

—Cometí un error.

—No. Un error es equivocarse de salida en una autopista. Tú elegiste protegerla, elegiste golpearme y después elegiste decirme que dejara de hacer drama.

—Estaba furioso.

—Y yo estaba casada contigo. Ambos cometimos malas decisiones.

Colgué.

Daniel apareció en Qin Group al día siguiente.

Yo estaba reunida con representantes de NordTech cuando Claire entró y me entregó una nota.

Daniel Shen está abajo.

Escribí debajo:

Que espere.

Esperó dos horas.

Cuando finalmente terminé, pedí que lo acompañaran a la sala de juntas.

Daniel entró con el abrigo todavía puesto.

Entonces me vio sentada en la cabecera de una mesa para veinte personas.

Harris estaba a mi derecha.

Lee, a mi izquierda.

Detrás de mí aparecía en la pantalla:

QIN GROUP — NORDTECH ACQUISITION COMMITTEE

Daniel se quedó inmóvil.

—¿Qué significa esto?

Me quité los lentes.

—Significa exactamente lo que estás viendo.

—¿Trabajas aquí?

Harris levantó una ceja.

Yo respondí:

—Soy miembro de la familia controladora.

Daniel palideció.

—¿Qin Group es de tu familia?

—Ahora empiezas a entender.

Durante tres años había visto a aquel hombre caminar por nuestra casa convencido de que él era quien sostenía nuestra vida.

Ahora parecía incapaz de reconocerme.

—Me mentiste.

Aquello sí me hizo sonreír.

—Nunca te dije que mi familia fuera pobre. Tú lo asumiste porque te convenía.

—¿Por qué ocultarlo?

—Porque quería saber si alguien podía quererme sin saber cuánto valía mi apellido.

Lo miré directamente.

—Gracias por responder esa pregunta.

Daniel bajó la voz.

—Volvamos a casa y arreglemos esto.

—No existe ningún “esto”.

—Tenemos una hija.

—Precisamente por eso no volveré.

Entonces Lee deslizó una carpeta hacia él.

—Señor Shen, ha sido notificado formalmente.

Daniel ni siquiera la abrió.

Me miró como si esperara que yo detuviera aquello.

No lo hice.

Su teléfono comenzó a sonar.

Olivia.

Vi el nombre desde donde estaba sentada.

Daniel rechazó la llamada.

Volvió a sonar.

Y otra vez.

—Deberías contestar —dije—. Parece urgente.

Finalmente respondió.

—¿Qué pasa?

Incluso desde varios metros escuché la voz alterada de Olivia.

Daniel se volvió hacia la ventana.

—¿Cómo que retiraron la financiación?

Harris y yo intercambiamos una mirada.

NordTech acababa de aceptar nuestra oferta.

Shengheng había perdido.

Daniel terminó la llamada lentamente.

—Tú hiciste esto.

—Hice mi trabajo.

—Estás destruyendo a su familia para vengarte.

Me levanté.

—No, Daniel. Tu amante empresarial eligió competir contra mi compañía sin saber quién estaba sentada al otro lado de la mesa.

—Olivia no es mi amante.

—Eso también lo decidirán las pruebas.

Por primera vez pareció asustado.

No entendí por qué hasta aquella noche.

Margaret llegó a Kensington con otra carpeta.

—Encontramos algo.

Emma dormía en la habitación contigua.

Mi madre estaba sentada conmigo.

Margaret puso varios extractos bancarios sobre la mesa.

—Mientras revisábamos las finanzas matrimoniales, encontramos transferencias periódicas desde una cuenta conjunta.

Reconocí inmediatamente los números.

Ciento veinte mil.

Ochenta mil.

Doscientos mil.

—Daniel me dijo que eran inversiones.

—Lo eran.

Margaret señaló el beneficiario.

Shengheng Strategic Consulting.

Sentí que se me helaban las manos.

Durante casi dos años, dinero perteneciente a nuestro patrimonio matrimonial había terminado en entidades relacionadas con la familia Lin.

Pero todavía faltaba algo.

Margaret sacó un correo electrónico.

—Esto salió durante la revisión documental.

El remitente era Daniel.

La destinataria era Olivia.

Fecha: siete meses atrás.

Leí las primeras líneas.

Luego tuve que empezar de nuevo.

Daniel había escrito:

Cuando Sophie firme la garantía, podremos utilizar su participación sin que entienda la estructura completa.

Levanté la cabeza.

—¿Qué participación?

Mi madre cerró los ojos.

Margaret respondió:

—La participación que tu abuelo dejó a tu nombre en Qin Group.

Me quedé completamente quieta.

Daniel sabía.

Quizá no conocía toda mi identidad cuando nos casamos.

Pero la había descubierto meses atrás.

Y no me había dicho nada.

Seguí leyendo.

Olivia había respondido:

Entonces mantenla tranquila hasta que cierre NordTech.

Debajo había otro mensaje de Daniel:

No será difícil. Sophie siempre termina perdonándome.

Mi madre tomó mi mano.

Pero yo ya no estaba triste.

Sólo estaba calculando.

—¿Puede demostrarse que intentaron utilizar mis activos?

Margaret me sostuvo la mirada.

—Estamos cerca.

—¿Qué falta?

Sacó una última hoja.

—Saber quién les proporcionó los documentos internos de Qin Group.

En ese instante sonó el teléfono de mi madre.

Contestó.

Escuchó durante varios segundos.

Su expresión cambió.

—¿Estás seguro?

Colgó.

—Sophie, tenemos un problema.

—¿Qué ocurrió?

—Alguien acaba de entrar en el archivo privado de la oficina de tu padre.

Me puse de pie.

—¿Qué se llevaron?

Mi madre me miró.

—Los documentos originales de tu fideicomiso.

Entonces mi teléfono vibró.

Un mensaje de un número desconocido.

Era una fotografía.

Daniel estaba de pie frente al hotel de Olivia.

Y ella sostenía una carpeta negra contra el pecho.

Debajo sólo había una frase:

“SI QUIERES SABER QUIÉN TRAICIONÓ REALMENTE A TU FAMILIA, VEN SOLA.”

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