PARTE 2: MIENTRAS LOS MÉDICOS LUCHABAN POR SALVARNOS, ETHAN ENTREGÓ A LA POLICÍA LA GRABACIÓN QUE CONVIRTIÓ LAS MENTIRAS DE MI FAMILIA EN ALGO IMPOSIBLE DE OCULTAR.

No recuerdo la ambulancia.

No recuerdo las sirenas atravesando Denver ni a Ethan sentado junto a mí, sujetándome la mano mientras los paramédicos intentaban mantenerme estable.

Lo primero que recuerdo fue una luz blanca sobre mi rostro.

Después, voces.

—Emily, ¿puedes escucharme?

Intenté abrir los ojos.

Un dolor profundo me atravesó la cabeza.

Mi mano se movió instintivamente hacia el vientre.

—Mi bebé…

Una enfermera me sujetó suavemente la muñeca.

—No te muevas todavía.

El miedo me devolvió la conciencia de golpe.

—¿Dónde está Ethan?

—Aquí.

Su voz llegó desde mi derecha.

Giré lentamente.

Ethan estaba sentado junto a la cama con la camisa manchada y el rostro completamente agotado.

Me tomó la mano.

—Estoy aquí.

—¿El bebé?

Ethan cerró los ojos durante un segundo.

Ese segundo casi me destruyó.

Entonces entró la obstetra.

—Emily, encontramos actividad cardíaca.

Empecé a llorar.

Ethan bajó la cabeza sobre mi mano.

Nuestro bebé seguía con nosotros.

Pero todavía no estábamos fuera de peligro.

La doctora explicó que necesitaban vigilarme estrechamente después del golpe y comprobar cómo evolucionaba el embarazo. Yo también había sufrido una lesión en la cabeza que requería observación.

No escuché mucho más.

Sólo repetía mentalmente una frase.

Sigue aquí.

Sigue aquí.

Cuando finalmente quedamos solos, miré a Ethan.

—Madison intentó lastimar al bebé.

Su mandíbula se tensó.

—Lo sé.

—Mamá y papá la defendieron.

—También lo sé.

—No hicieron nada cuando caí.

Ethan permaneció en silencio.

Entonces comprendí que había algo más.

—¿Qué pasó después de que me llevaron?

Sacó el teléfono.

—La policía llegó antes de que saliera la ambulancia.

Mi corazón empezó a acelerarse.

—¿Qué dijeron mis padres?

Ethan soltó una risa sin humor.

—Tu padre dijo que te habías caído sola.

Lo miré incrédula.

—¿Qué?

—Tu madre aseguró que Madison apenas te había tocado.

Sentí náuseas.

Era exactamente lo que habían hecho toda mi vida.

Cambiar los hechos.

Proteger a Madison.

Convertirme a mí en culpable.

—Entonces no podremos demostrarlo.

Ethan levantó la mirada.

—Sí podremos.

Desbloqueó el teléfono.

—¿Recuerdas que tu padre instaló cámaras después de aquel robo en el vecindario?

Me quedé inmóvil.

Por supuesto.

Había una cámara sobre la entrada principal.

Otra cubría gran parte de la sala.

Mi padre llevaba años presumiendo de su sistema de seguridad.

—Ethan…

—La policía pidió las grabaciones.

Sentí que se me helaba la sangre.

—Papá nunca se las dará.

—Ya intentó impedirlo.

Ethan acercó la silla.

—Pero cuando llegaron los agentes, tu padre estaba demasiado ocupado discutiendo conmigo. Tu madre tenía abierta la aplicación de seguridad en la tableta de la cocina.

—¿Y?

—Uno de los agentes vio las cámaras.

Tragué saliva.

—¿Grabaron todo?

Ethan me sostuvo la mirada.

—Todo.

La patada.

Mi protesta.

La amenaza de Madison.

El empujón.

Mi cabeza golpeando la mesa.

Y después…

Lo que ocurrió mientras yo estaba inconsciente.

Ethan no quiso mostrármelo inicialmente.

Insistí.

—Necesito verlo.

—Emily…

—Necesito saber qué hicieron.

Finalmente reprodujo una copia que había guardado.

Me vi caer.

Mi cuerpo quedó inmóvil.

Madison retrocedió.

Mi madre corrió inmediatamente hacia ella.

No hacia mí.

Hacia ella.

—Cariño, tranquila.

Mi padre se acercó a mi cuerpo.

—Emily, levántate.

Nada.

—Deja de hacer esto.

Nada.

Entonces ocurrió algo que me hizo apartar la mirada de la pantalla.

Mi padre me empujó ligeramente con el pie, intentando hacerme reaccionar.

Yo no respondí.

Aun así, nadie llamó inmediatamente a emergencias.

—Apágalo —susurré.

Ethan lo hizo.

Las lágrimas me corrían por las mejillas.

—Podría haber muerto allí.

Él no respondió.

No necesitaba hacerlo.

La puerta se abrió.

Entraron dos agentes.

Uno llevaba una pequeña libreta.

—Señora Carter, necesitamos hacerle algunas preguntas cuando se sienta preparada.

Ethan se levantó.

—¿Encontraron algo más?

El agente lo miró.

—Sí.

Mi estómago se encogió.

—¿Qué?

El segundo agente dejó una bolsa transparente sobre una mesa.

Dentro había un teléfono.

Reconocí la funda inmediatamente.

Era de Madison.

—¿Por qué tienen su teléfono?

—Porque después del incidente recibimos autorización para conservar ciertos elementos relacionados con la investigación.

El agente hizo una pausa.

—Encontramos mensajes relevantes.

Ethan se puso rígido.

—¿Qué clase de mensajes?

El policía abrió su libreta.

—Conversaciones entre Madison y varias personas durante las últimas semanas.

Luego me miró directamente.

—Señora Carter, ¿su hermana sabía que usted había tenido dificultades para quedar embarazada?

—Sí.

—¿Sabía cuándo tenía consultas médicas?

Asentí.

—Mi madre se lo contaba todo.

Los dos agentes intercambiaron una mirada.

—Eso coincide con los mensajes.

Sentí un escalofrío.

—No entiendo.

El agente respiró profundamente.

—Su hermana llevaba semanas hablando sobre su embarazo.

Ethan preguntó:

—¿Hablando cómo?

El hombre dudó.

—De una forma que indica que el incidente de hoy quizá no fue tan espontáneo como inicialmente parecía.

La habitación quedó completamente silenciosa.

Sentí la mano de Ethan cerrarse alrededor de la mía.

—¿Está diciendo que lo planeó?

—Estamos investigándolo.

Mi respiración se volvió superficial.

El agente continuó:

—Hay mensajes donde expresa resentimiento por la atención que recibiría Emily después del nacimiento. También pregunta repetidamente qué podría ocurrir si una mujer embarazada sufriera una caída.

Cerré los ojos.

Madison no había perdido el control durante unos segundos.

Había pensado en ello antes.

Pero entonces el policía pasó otra página.

Su expresión cambió.

—Hay algo más preocupante.

—¿Qué? —preguntó Ethan.

—Madison no estaba teniendo esas conversaciones sola.

Abrí los ojos.

—¿Con quién hablaba?

El agente no respondió inmediatamente.

Miró hacia la puerta.

—Antes de decirlo, debo informarle que acabamos de recibir otra grabación del sistema de seguridad de sus padres.

—¿Otra grabación?

—De anoche.

Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.

El agente colocó una tableta frente a nosotros.

La imagen mostraba la cocina de mis padres.

Eran casi las dos de la madrugada.

Mi madre estaba sentada frente a Madison.

Mi padre caminaba nerviosamente detrás de ellas.

Entonces escuché la voz de mi madre.

—Te dijimos que solamente tenías que asustarla.

Dejé de respirar.

Madison respondió algo que no alcancé a entender.

Mi padre golpeó la mesa.

—Ahora Ethan va a destruirnos.

Mi madre empezó a llorar.

Pero la siguiente frase hizo que Ethan se levantara lentamente de la silla.

Porque mi madre miró directamente a Madison y dijo:

—Si la policía descubre por qué necesitábamos que Emily perdiera ese embarazo, no sólo tú vas a tener problemas.

El agente detuvo la grabación.

Lo miré horrorizada.

—¿Por qué necesitarían algo así?

Nadie respondió.

Entonces el segundo policía sacó una carpeta.

—Señora Carter, necesitamos preguntarle por una cuenta abierta a su nombre hace aproximadamente siete meses.

Fruncí el ceño.

—¿Qué cuenta?

Colocó el primer documento delante de mí.

Vi mi nombre.

Mi dirección.

Y una firma casi idéntica a la mía.

Pero yo jamás había firmado aquel documento.

Ethan se inclinó sobre la hoja.

Su expresión cambió por completo.

En la parte superior aparecía una cantidad.

850.000 dólares.

Y debajo figuraba el nombre de la persona autorizada para mover el dinero.

Mi madre.

Levanté la vista hacia los agentes.

—¿Qué tiene que ver esto con mi embarazo?

El policía cerró lentamente la carpeta.

—Eso es precisamente lo que estamos intentando descubrir.

Después añadió:

—Porque alguien intentó transferir esos 850.000 dólares apenas cuarenta minutos después de que usted fuera declarada en estado crítico.

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