PARTE 2: CUANDO SIMONE DECIDIÓ IRSE, ADRIENNE DESCUBRIÓ QUE NUNCA HABÍA SIDO SOLO SU SECRETARIA.

A la mañana siguiente de la fiesta, Simone llegó a la oficina a las 6:50 como siempre.

Café.

Agenda.

Mensajes prioritarios.

Todo en orden.

Adrienne ya estaba allí.

Eso no era normal.

Él estaba de pie junto a las ventanas, sin chaqueta, con las mangas remangadas y una taza intacta sobre el escritorio.

—Llegaste temprano —dijo Simone.

—Tú también.

—Siempre llego a esta hora.

Adrienne la miró.

La frase le molestó más de lo que debería.

Porque era verdad.

Cinco años y nunca había pensado en cuánto antes debía despertarse ella para conseguir que su día empezara sin fricción.

Simone dejó una carpeta frente a él.

—Los contratos de Boston están listos para firma. El vuelo a Londres fue retrasado cuarenta minutos y moví la reunión de las nueve.

Adrienne no tocó los documentos.

—¿Daniel es tu novio?

Simone levantó lentamente la vista.

—¿Perdón?

—Anoche.

—Sé a qué te refieres.

—Entonces responde.

Ella cerró la tableta.

—No veo cómo eso afecta mi trabajo.

La respuesta fue tan profesional que Adrienne sintió una irritación absurda.

—Soy tu jefe.

—Exactamente.

Silencio.

Simone lo sostuvo con la mirada.

Adrienne comprendió que había cruzado una línea.

—No es mi asunto —dijo finalmente.

—No.

—Pero quiero saberlo.

Simone casi sonrió.

—Eso es nuevo.

La frase lo golpeó.

Ella sacó otro sobre del bolso.

Lo dejó sobre la mesa.

—Precisamente por eso necesitaba hablar contigo.

Adrienne miró el sobre.

—¿Qué es?

—Mi renuncia.

Por primera vez en años, Adrienne Romano se quedó completamente inmóvil.

—No.

Simone parpadeó.

—No es una negociación.

—Te duplicaré el salario.

—No es dinero.

—Acciones.

—Adrienne.

Era la primera vez que utilizaba su nombre en la oficina.

Él sintió algo extraño en el pecho.

—¿Por qué?

Simone respiró hondo.

—Porque llevo cinco años siendo indispensable para una vida que no es la mía.

Adrienne no respondió.

—Hace unos meses me ofrecieron un puesto de directora de operaciones en Hayes Aviation.

El apellido lo hizo endurecerse.

—¿Daniel?

—Su empresa.

—Entonces sí hay algo entre ustedes.

Simone soltó una risa cansada.

—Esto es exactamente lo que quiero decir.

—¿Qué?

—Solo empezaste a mirarme cuando otro hombre lo hizo.

Silencio.

—No te diste cuenta de mi cumpleaños.

—Lo sé.

—No sabías que odio el champán.

—Lo sé.

—No sabías que llevo dos años estudiando un MBA nocturno.

Adrienne levantó la cabeza de golpe.

—¿Qué?

—Exacto.

Simone sonrió con tristeza.

—No sabes casi nada de mí.

Tomó su bolso.

—Mi último día será dentro de dos semanas.

Cuando salió, Adrienne no intentó detenerla.

Pero durante el resto de la mañana no pudo trabajar.

A las once llamó a recursos humanos.

—Quiero su expediente.

—¿El de quién?

Adrienne cerró los ojos.

—Simone Carter.

Lo que encontró lo enfureció.

No con ella.

Consigo mismo.

MBA con honores.

Tres propuestas internas de ascenso.

Dos rechazadas por su oficina.

Adrienne frunció el ceño.

—¿Quién rechazó esto?

El director de recursos humanos dudó.

—Su anterior jefe de gabinete.

—¿Por qué?

—Decía que usted no podía permitirse perderla como secretaria.

Adrienne se quedó helado.

Primer giro.

Simone llevaba años intentando crecer dentro de Romano Holdings.

Y alguien había bloqueado cada oportunidad porque era demasiado útil donde estaba.

Cuando Simone regresó esa tarde, encontró tres documentos sobre su escritorio.

—¿Qué es esto?

—Las solicitudes de ascenso que nunca llegaron a mí.

Ella se quedó quieta.

—¿Qué?

—Nunca las vi.

Simone leyó las firmas.

Su expresión cambió.

—Marcus.

Marcus Bell era uno de los hombres de mayor confianza de Adrienne.

Y también uno de los pocos que conocía la verdadera estructura del negocio Romano.

Adrienne lo llamó inmediatamente.

Marcus entró sonriendo.

—¿Qué ocurre?

Adrienne deslizó los documentos hacia él.

La sonrisa desapareció.

—Explícame.

Marcus miró a Simone.

—Era más útil aquí.

—Eso no era decisión tuya.

—Te protegía.

—¿De qué?

Marcus dudó.

Demasiado.

Adrienne comprendió.

—Habla.

—De ella.

Simone frunció el ceño.

Marcus soltó el aire.

—Hace años investigamos a todos los empleados cercanos a ti. Descubrimos que el padre de Simone trabajó para Moretti.

La habitación quedó en silencio.

Moretti.

El apellido de la familia que llevaba años intentando derribar a los Romano.

Adrienne miró a Simone.

—¿Lo sabías?

—Mi padre murió cuando yo tenía doce.

—¿Trabajaba para ellos?

—Era contador.

Marcus intervino.

—Y antes de morir copió información financiera.

Simone palideció.

—Eso no puede ser verdad.

Segundo giro.

Marcus había mantenido a Simone cerca durante años no solo porque fuera eficiente.

Creía que ella podía poseer documentos capaces de comprometer a enemigos de Adrienne.

Y esperaba que, tarde o temprano, aparecieran.

—¿Por eso bloqueaste mis ascensos? —preguntó Simone.

Marcus no respondió.

Adrienne se levantó.

—Fuera.

—Adrienne…

—Ahora.

Cuando quedaron solos, Simone recogió su renuncia.

—Esto confirma mi decisión.

—Lo sé.

Ella lo miró, sorprendida.

—No voy a impedir que te vayas.

—Bien.

—Pero voy a arreglar esto.

—No puedes devolverme cinco años.

—No.

Adrienne bajó la voz.

—Pero puedo asegurarme de no robarte ninguno más.

Marcus fue despedido esa misma noche.

La investigación posterior reveló que había utilizado recursos de Romano Holdings sin autorización, vigilado empleados y manipulado promociones.

Simone recibió una oferta formal.

No para quedarse como secretaria.

Directora de estrategia corporativa.

La rechazó.

Adrienne no discutió.

Dos semanas después, su escritorio quedó vacío.

A las siete de la mañana del lunes siguiente, Adrienne entró en su oficina.

No había café.

Su calendario tenía dos reuniones superpuestas.

Londres estaba confirmado para el día equivocado.

Tres ejecutivos esperaban respuestas que Simone normalmente habría resuelto antes de que él llegara.

Se quedó mirando la silla vacía.

Por primera vez entendió que Simone nunca había facilitado su vida.

Había sostenido una parte enorme de ella.

Meses después la volvió a ver.

No en una fiesta.

No junto a Daniel.

En una conferencia empresarial.

Simone estaba sobre un escenario presentando la expansión internacional de Hayes Aviation.

Segura.

Brillante.

Dueña de la sala.

Cuando terminó, recibió una ovación.

Adrienne esperó afuera.

—Estuviste increíble.

Simone sonrió.

—Gracias.

—Daniel debe estar orgulloso.

—Lo está.

Adrienne respiró hondo.

—¿Están juntos?

Ella soltó una pequeña risa.

—No.

—¿Nunca?

—Daniel es mi mejor amigo.

Adrienne negó con la cabeza.

—He sido bastante idiota.

—Eso ya lo sabíamos.

Ambos rieron.

Entonces Adrienne hizo algo que Simone jamás habría esperado cinco años atrás.

—¿Puedo invitarte a cenar?

—¿Por trabajo?

—No.

—¿Para convencerme de volver?

—Tampoco.

Simone lo observó.

—¿Entonces para qué?

—Para conocerte.

Ella permaneció en silencio unos segundos.

—Una cena.

—Una.

—Y no soy tu secretaria.

—Nunca más.

Aquello no se convirtió inmediatamente en romance.

Hubo cenas.

Conversaciones.

Discusiones.

Adrienne aprendió que Simone odiaba las rosas, adoraba el jazz antiguo y quería algún día dirigir su propia empresa.

Simone aprendió que Adrienne cocinaba terriblemente, llamaba a su madre todos los domingos y tenía miedo de los hospitales desde que perdió a su padre.

Un año después, Simone fundó su propia consultora.

Adrienne fue su primer cliente.

Pagó la tarifa completa.

Sin favores.

Sin privilegios.

La noche que celebraron su primer gran contrato, Adrienne levantó una copa de agua con gas.

Simone arqueó una ceja.

—¿Lo recordaste?

—Nunca volveré a olvidarlo.

Ella sonrió.

Cinco años había estado a su lado.

Él solo necesitó verla caminar junto a otro hombre para comprender lo poco que había visto realmente.

Pero al final, Simone no ganó porque el jefe de la mafia finalmente reparara en ella.

Ganó porque dejó de esperar a que lo hiciera.

Y solo cuando ella construyó una vida donde Adrienne ya no era el centro, él tuvo la oportunidad de convertirse en alguien digno de ocupar un lugar en ella.

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