Daniel permaneció inmóvil.
—¿Andrew está vivo?
María asintió lentamente.
—Sí.
—¿Dónde está?
—No lo sé exactamente.
—María, necesito que me digas todo.
Ella respiró con dificultad.
—Andrew descubrió algo sobre Vanessa hace seis años.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Qué descubrió?
—Que ella estaba utilizando información de Whitmore Holdings para beneficiar a una empresa que pertenecía a su familia.
Daniel frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
—Andrew intentó denunciarla.
—¿Y qué ocurrió?
—Vanessa lo descubrió.
María cerró los ojos.
—Después ocurrió el accidente del barco.
Daniel sintió que la sangre se le helaba.
—¿Estás diciendo que Vanessa tuvo algo que ver con la desaparición de mi hermano?
—No puedo demostrarlo.
—Pero lo sospechas.
—Andrew también lo sospechaba.
María tomó aire.
—Por eso fingió su muerte.
Daniel salió del hospital a las 3:15 de la madrugada.
No regresó inmediatamente a la mansión.
Llamó a su jefe de seguridad.
—Quiero revisar absolutamente todo sobre Vanessa Hart.
—¿Qué busca?
—Sus cuentas, sus empresas, sus comunicaciones y cualquier relación que haya tenido con Andrew.
—¿Desde cuándo?
—Desde seis años atrás.
Hubo una pausa.
—Entendido.
Daniel colgó.
Luego llamó a otro número.
—Quiero que localices a un niño llamado Noah Collins.
—¿Qué relación tiene?
Daniel miró hacia la habitación donde María estaba siendo atendida.
—Es mi sobrino.
La palabra le resultó extraña.
Su sobrino.
Un niño de siete años que había vivido toda su vida sin saber que pertenecía a la familia Whitmore.
A las seis de la mañana, Daniel recibió un mensaje.
Una dirección.
East Los Angeles.
No esperó a nadie.
Condujo personalmente hasta allí.
Encontró a Noah sentado en los escalones de una pequeña casa.
Llevaba una sudadera azul y sostenía un automóvil de juguete.
Cuando vio a Daniel, retrocedió.
—¿Quién eres?
Daniel se agachó.
—Me llamo Daniel.
—¿Conoces a mi mamá?
—Sí.
Noah apretó el juguete.
—¿Está bien?
Daniel asintió.
—Está en el hospital.
El niño bajó la mirada.
—¿Vanessa le hizo daño?
Daniel se quedó quieto.
—¿Por qué preguntas eso?
Noah levantó los ojos.
—Porque mamá me dijo que nunca dijera su nombre.
Daniel sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué nombre?
Noah susurró:
—Vanessa.
En el hospital, María finalmente reveló toda la historia.
Andrew había sobrevivido al naufragio.
Había pasado años escondido porque había recibido amenazas después de descubrir las operaciones financieras de Vanessa.
María había sido una de las pocas personas que sabía dónde se encontraba.
—¿Por qué nunca me dijiste nada? —preguntó Daniel.
—Porque Andrew me pidió que protegiera a Noah.
—¿Y ahora?
María lo miró.
—Ahora Vanessa sabe que existe.
Daniel comprendió entonces por qué había intentado mover el cuerpo de María aquella noche.
No había sido para evitar un escándalo.
Había querido silenciarla.
A las nueve de la mañana, Daniel regresó a la mansión.
Vanessa estaba esperando.
Vestía perfectamente.
Como si nada hubiera ocurrido.
—Cariño.
Daniel la miró.
—¿Dónde está María?
—No lo sé.
—Está en el hospital.
Vanessa se quedó inmóvil.
—¿Cómo?
—Sobrevivió.
Ella tragó saliva.
—Daniel, puedo explicarlo.
—No.
Se acercó lentamente.
—Ahora voy a hacer las preguntas.
Vanessa intentó sonreír.
—Estás confundido.
Daniel dejó una carpeta sobre la mesa.
—¿Reconoces esta empresa?
Vanessa miró el documento.
Su rostro cambió.
—No.
—Es una sociedad vinculada a tu padre.
Silencio.
—¿Y esta transferencia?
Otra pausa.
—No sé.
Daniel dejó otra hoja.
—¿Y este correo?
Vanessa palideció.
Era un mensaje enviado seis años atrás.
De Andrew.
“Si continúas utilizando información de Whitmore Holdings, lo contaré todo.”
Vanessa levantó la mirada.
—¿Dónde encontraste eso?
Daniel sonrió fríamente.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Acabas de confirmar que conocías a Andrew.
Vanessa retrocedió.
—No sabes lo que estás haciendo.
—Creo que sí.
—Andrew estaba enfermo. Era inestable.
—Entonces, ¿por qué fingió su muerte?
Vanessa guardó silencio.
—¿Qué le hiciste?
—Nada.
—¿Qué le hiciste?
—¡Nada!
Daniel golpeó la mesa con la palma.
—¡Mi hermano desapareció durante seis años!
Vanessa comenzó a llorar.
—Intenté protegerte.
Daniel se quedó inmóvil.
—¿Protegerme de qué?
Ella no respondió.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
Daniel lo vio antes de que pudiera ocultarlo.
“Andrew está vivo. Y sabe dónde está el niño.”

Vanessa levantó la mirada.
El silencio fue absoluto.
Daniel tomó el teléfono.
—¿Quién envió esto?
—Devuélvemelo.
—¿Quién?
Vanessa no respondió.
Esa misma tarde, Daniel recibió una llamada desconocida.
—¿Daniel?
Se quedó inmóvil.
Conocía esa voz.
Aunque habían pasado seis años.
—Andrew.
—No digas mi nombre.
—Pensé que estabas muerto.
—Era necesario.
—¿Por qué?
—Porque Vanessa no trabaja sola.
Daniel sintió un escalofrío.
—¿Quién más está involucrado?
—Alguien de tu propia familia.
—¿Quién?
Andrew guardó silencio.
—Necesito que escuches algo antes de confiar en cualquiera.
—¿Qué?
—Tu padre sabía que estaba vivo.
Daniel dejó de respirar.
—Eso es imposible.
—No.
—Mi padre murió hace dos años.
—Lo sé.
—Entonces ¿cómo pudo saberlo?
Andrew respondió:
—Porque él fue quien me ayudó a desaparecer.
Daniel cerró los ojos.
Todo lo que creía saber sobre la muerte de su hermano acababa de derrumbarse.
—¿Por qué?
—Porque descubrió que Vanessa no quería casarse contigo por amor.
—¿Entonces por qué?
La voz de Andrew bajó.
—Por Whitmore Holdings.
La llamada se cortó.
Daniel permaneció inmóvil.
Miró la mansión.
Treinta y ocho habitaciones.
Decenas de empleados.
Años de secretos.
Y una prometida que había estado junto a él durante dos años.
De repente comprendió que el ataque contra María no había sido un incidente aislado.
Era una advertencia.
Alguien estaba intentando eliminar a las personas que podían revelar la verdad.
Y ahora había tres objetivos:
María.
Noah.
Y él.
Daniel llamó inmediatamente a su jefe de seguridad.
—Protege el hospital.
—¿Y usted?
—Voy a buscar a mi hermano.
—¿Tiene una ubicación?
Daniel miró el mensaje que acababa de recibir.
Una sola dirección.
Una cabaña en las montañas.
Debajo había cinco palabras:
“Ven solo. Nadie más.”
Daniel tomó las llaves.
Pero antes de salir, escuchó un ruido detrás de él.
Se giró.
Vanessa estaba en la escalera.
Lo miraba fijamente.
—¿A dónde vas?
Daniel no respondió.
Ella bajó un escalón.
—¿Encontraste a Andrew?
Daniel se quedó completamente quieto.
Porque nunca le había dicho que sabía dónde estaba.
Y entonces comprendió algo todavía peor.
Vanessa ya sabía que Andrew había vuelto a ponerse en contacto con él.
La pregunta ya no era cómo había sobrevivido su hermano.
La pregunta era:
¿Cuánto tiempo llevaba Vanessa vigilándolos?