Kai permaneció inmóvil frente a Lily.
Nadie se atrevía a hablar.
—¿Quién te dio ese collar? —preguntó nuevamente.
Lily señaló a su madre.
—Mami.
Kai me miró.
—¿De dónde lo sacaste?
Tragué saliva.
—Lo tenía mi madre.
Su expresión cambió.
—¿Tu madre se llamaba Elena?
Sentí un escalofrío.
—Sí.
Kai dio un paso atrás.
El nombre había salido de sus labios como si llevara quince años enterrándolo.
—Elena era mi hermana.
Lily miró a Kai.
—Entonces tú eres su hermano.
Él no respondió.
Solo contempló el relicario.
Después pidió a uno de sus guardias que trajera una caja de su despacho.
Cuando regresó, Kai abrió la tapa.
Dentro había fotografías antiguas.
En una de ellas aparecía una mujer joven.
Era idéntica a mi madre.
Pero no era ella.
Era Elena.
Mi madre y ella eran hermanas gemelas.
Kai se sentó lentamente.
—Durante años me dijeron que Elena había muerto aquella noche.
Yo permanecí de pie.
—Mi madre nunca habló de ella.
—Porque tenía miedo.
Kai sacó una fotografía más.
—Elena descubrió que nuestro padre estaba involucrado con personas peligrosas. Quiso denunciarlo.
Su voz se quebró.
—La noche que desapareció, me llamó. Dijo que necesitaba verme.
Pero nunca llegó.
La familia recibió la noticia de su muerte días después.
Nunca encontraron su cuerpo.
Solo algunas pertenencias.
Entre ellas, el collar.
Kai levantó la mirada.
—Yo lo guardé durante años.
—Entonces ¿cómo terminó con mi madre?
—No lo sé.
En ese momento, mi teléfono vibró.
Era un mensaje de mi madre.
“Maya, si algún día conoces a Kai Harrington, dile que Elena nunca murió.”
Me quedé paralizada.
Le mostré el mensaje.
Kai lo leyó.
Su rostro perdió completamente el color.
—¿Tu madre está viva?
—No.
—Entonces ¿por qué escribió esto?
No tuve respuesta.
Kai tomó el teléfono.
—¿Cuándo lo recibiste?
—Ahora.
Él llamó inmediatamente a uno de sus hombres.
—Encuentra todo sobre Elena Varela.
El guardia asintió y se marchó.
Lily seguía sosteniendo la raqueta.
Miró a Kai.
—¿Estás triste otra vez?
Kai la observó.
Después soltó una pequeña sonrisa.
—Sí.
Lily se acercó.
—Entonces podemos jugar otra vez.
Por primera vez, Kai soltó una carcajada breve.
—Está bien.
Veinte minutos después, llegó el guardia.
Traía una carpeta.
—Jefe.
Kai la abrió.
Su expresión cambió página tras página.
Finalmente encontró una fotografía.
Era reciente.
Una mujer mayor aparecía frente a una casa.
El rostro era más envejecido.
Pero los ojos eran inconfundibles.
Kai se quedó sin respiración.
—Es ella.
Me acerqué.
—¿Quién?
Kai levantó la fotografía.
—Mi hermana.
En la parte posterior había una dirección.
Y una fecha.
Dos semanas antes.
Kai salió de la finca inmediatamente.
Yo lo seguí.
Lily tomó mi mano.
—¿Vamos a buscar a la señora?
Miré a Kai.
Él asintió.
—Sí.
Condujimos durante casi una hora hasta llegar a un pequeño pueblo.
La casa estaba vacía.
Pero sobre la mesa había una carta.
Kai la abrió.

Solo decía:
“Sabía que algún día encontrarías la verdad. No confíes en quien te diga que mi muerte fue un accidente.”
Kai apretó el papel.
Debajo había otra fotografía.
Esta vez aparecía un hombre.
Mi madre lo había mencionado muchas veces cuando yo era niña.
Era mi padre.
Pero había algo imposible.
En la fotografía, él estaba junto a Elena.
Y detrás de ellos aparecía un joven Kai.
La fecha era de dieciséis años atrás.
Tres años después de la supuesta muerte de Elena.
Kai me miró.
—Tu padre conocía a mi hermana.
Sentí que el mundo se detenía.
—Mi padre murió cuando yo tenía cuatro años.
Kai bajó la fotografía.
—Entonces tenemos mucho que descubrir.
Lily tiró suavemente de mi manga.
—Mamá.
—¿Sí?
Señaló la parte posterior del marco.
Había un pequeño sobre escondido.
Lo saqué.
Dentro había una nota.
Solo tenía seis palabras:
“Protejan a la niña del collar.”
Kai leyó la frase.
Después miró a Lily.
Su rostro cambió por completo.
—Maya…
—¿Qué?
Kai señaló el relicario.
—Ese collar no era solo un recuerdo.
Lo abrió cuidadosamente.
Dentro había una fotografía diminuta que nunca habíamos visto.
Un bebé.
Y junto a él, una fecha.
Kai se quedó inmóvil.
—Esta es Elena.
Luego levantó la mirada hacia Lily.
—Y ese bebé…
Su voz se quebró.
—Es imposible.
Lily sonrió inocentemente.
—¿Qué pasa?
Kai cerró lentamente el relicario.
—Creo que tu hija acaba de descubrir un secreto que mi familia lleva quince años intentando enterrar.
Y por primera vez desde que habíamos cruzado las puertas de aquella finca…
Kai Harrington ya no parecía un hombre poderoso.
Parecía un hermano que acababa de encontrar la pista que había esperado toda su vida.
Pero ninguno de nosotros sabía todavía quién había dejado aquella pista…
ni por qué habían estado esperando exactamente a que Lily llegara hasta él.