Me quedé mirando a Nathan.
—¿Casarme contigo?
—Sí.
—Mi madre está a punto de entrar a cirugía y tú me propones matrimonio.
Nathan guardó el teléfono.
—No te estoy pidiendo que te enamores de mí esta noche. Te estoy ofreciendo una salida legal.
Me explicó que el proyecto de Olivia estaba bajo revisión del Comando Norte. Si Henry había utilizado bienes compartidos e hipotecado propiedades sin mi autorización para financiarlo, una investigación podía congelar todo.
—Pero Grant cree que siempre terminarás perdonándolo —dijo Nathan—. Mientras piense eso, seguirá tomando decisiones por ti.
—¿Y casarme contigo cambia qué?
Nathan sostuvo mi mirada.
—Todo.
Tres horas después, el profesor Chen confirmó que mi madre estaba estable y preparada para la cirugía.
Entonces hice algo que Henry jamás imaginó.
Acepté.
Nathan y yo registramos nuestro matrimonio apenas fue legalmente posible después de cerrar definitivamente mi relación con Henry y resolver los requisitos correspondientes.
Cuando recibí la libreta roja, la observé durante mucho tiempo.
Nueve veces había esperado obtener una junto a Henry.
Con Nathan no hubo promesas vacías.
Él simplemente apareció.
Tomé una fotografía y la publiqué.
“¡Casada! Desde hoy tengo licencia oficial para ejercer el amor.”
Después vino el grupo militar.
Todos felicitaron a Henry.
Yo agregué a Nathan.
—Se equivocan. Este es mi esposo.
Silencio.
Treinta segundos después, Henry me llamó.
No contesté.
Volvió a llamar.
Diecisiete veces.
Finalmente respondí.
—¿Qué significa esa fotografía?
—Exactamente lo que parece.
—¡Emma, deja de hacer tonterías!
Nathan estaba sentado frente a mí en el hospital.
Levantó una ceja.
—¿Grant?
Asentí.
Henry escuchó su voz.
—¿Estás con él?
—Estoy con mi esposo.
—¡Tú eres mi prometida!
Me reí.
—Fui tu prometida durante nueve plantones. La novena terminó nuestra relación.
—¡No puedes casarte con Cross solo para castigarme!
—No todo gira alrededor de ti, Henry.
Su respiración se volvió pesada.
—Ve a casa. Hablaremos.
—Ya no tengo casa, ¿recuerdas? La hipotecaste por Olivia.
Colgué.
A la mañana siguiente comenzó la cirugía de mi madre.
Duró casi siete horas.
Nathan permaneció conmigo todo el tiempo.
Cuando el profesor Chen finalmente salió, se quitó la mascarilla.
—La cirugía salió bien.
Mis piernas casi cedieron.
Nathan me sostuvo por el brazo.
—Tu madre está viva, Emma.
Lloré contra su hombro.
Y entonces apareció Henry.
Venía todavía con uniforme.
—Emma.
Me separé inmediatamente de Nathan.
Henry miró su mano sobre mi brazo.
—Cross, aléjate de ella.
Nathan ni siquiera cambió de expresión.
—Estás hablando de mi esposa.
Henry cerró los puños.
—Esto es ridículo. Ella hizo esto porque estaba enojada.
—No —respondí—. Lo hice porque finalmente dejé de esperarte.
Entonces aparecieron dos oficiales de la Comisión Disciplinaria.
Henry palideció.
—Capitán Grant, necesitamos hablar con usted sobre la financiación del proyecto cultural dirigido por Olivia Wen.
Henry me miró.
—¿Me denunciaste?
—No tuve que hacerlo.
Nathan colocó una carpeta sobre la mesa.
La auditoría había descubierto que Olivia no había utilizado los cinco millones para el proyecto.
Gran parte del dinero había sido transferido a cuentas privadas.
Otra parte había pagado un apartamento, artículos de lujo y deudas personales.
—Eso es imposible —murmuró Henry.
Nathan abrió otro documento.
—Tu firma aparece autorizando varias operaciones.
Henry quedó inmóvil.
—Olivia dijo que eran gastos del proyecto.
—Y tú preferiste creerle a ella antes que preguntarme dónde estaba el dinero de nuestra casa —dije.

Pero todavía faltaba el peor golpe.
Olivia apareció acompañada por investigadores.
Cuando vio a Henry, comenzó a llorar.
—Henry, ayúdame.
Él dio un paso hacia ella por puro reflejo.
—Olivia, dime que esto es un error.
Ella guardó silencio.
Uno de los investigadores habló:
—La señorita Wen reconoció que parte de los fondos fueron desviados. También declaró que usted conocía determinadas irregularidades.
Henry perdió el color.
—¡Eso es mentira!
Olivia levantó finalmente la mirada.
—Tú firmaste.
—¡Porque confiaba en ti!
Aquella frase me hizo sonreír tristemente.
Exactamente.
Había confiado en Olivia con cinco millones.
Pero nunca había confiado en mí ni siquiera con una promesa.
Henry fue suspendido mientras continuaba la investigación.
Los bienes hipotecados quedaron sometidos al proceso de recuperación correspondiente y mi participación financiera quedó documentada.
Olivia perdió su proyecto y tuvo que responder por el dinero desviado.
Dos semanas después, Henry apareció afuera del hospital.
Mi madre ya podía caminar lentamente por el pasillo.
—Emma, tenemos que hablar.
—No tenemos nada pendiente.
Me mostró nuestra antigua libreta de ahorros.
—Estoy intentando recuperar tu dinero.
—Hazlo porque me pertenece, no porque quieras recuperarme.
Su rostro se quebró.
—Me equivoqué.
—Nueve veces.
—Lo sé.
—No, Henry. Todavía no lo entiendes.
Lo miré directamente.
—Nunca te dejé porque faltaste nueve veces al Registro Civil. Te dejé porque cada vez que tuviste que elegir entre hacerme esperar a mí o decepcionar a Olivia, siempre elegiste hacerme esperar.
Henry bajó la cabeza.
—Pensé que siempre estarías ahí.
—Ese fue exactamente tu error.
Entonces miró detrás de mí.
Nathan venía caminando por el pasillo con dos cafés.
Henry apretó la mandíbula.
—¿De verdad lo amas?
Miré a Nathan.
El hombre que había pagado la cirugía sin preguntarme qué recibiría a cambio.
El hombre que había esperado siete horas conmigo.
El hombre que nunca me pidió ser comprensiva mientras otra persona ocupaba mi lugar.
—Estoy aprendiendo a hacerlo.
Nathan me entregó el café.
Henry permaneció en silencio.
Después se marchó.
Meses más tarde, cuando mi madre recuperó su independencia, le devolví a Nathan hasta el último yuan que había pagado por su cirugía.
Él miró la transferencia en su teléfono.
—Entonces ya no me debes nada.
—Nunca me casé contigo por una deuda.
—Lo sé.
Sonrió.
—Por eso tengo una pregunta.
Sacó dos formularios.
—Nuestro matrimonio comenzó como una alianza. Podemos terminarlo aquí, sin resentimientos.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Quieres divorciarte?
—Quiero darte la elección que Grant nunca te dio.
Se acercó un poco.
—Puedes marcharte completamente libre.
Hizo una pausa.
—O podemos empezar de verdad.
Miré los documentos.
Luego los rompí por la mitad.
Nathan sonrió.
—¿Eso significa…?
—Significa que todavía me debes una boda.
Un año después celebramos una ceremonia pequeña.
Mi madre estaba en primera fila.
Cuando Nathan me esperaba frente al altar, miré el reloj por instinto.
Él había llegado cuarenta minutos antes.
Me reí.
—¿Qué?
—Nada. Solo estoy acostumbrada a esperar al novio.
Nathan tomó mi mano.
—Entonces tendrás que acostumbrarte a algo nuevo.
—¿A qué?
—A que yo aparezca.
Y lo hizo.
Cada día.
Sin excusas.
Sin Olivia.
Sin nueve oportunidades desperdiciadas.
Henry había pensado que podía dejarme esperando eternamente porque yo siempre estaría allí cuando decidiera regresar.
Nunca imaginó que después del noveno plantón dejaría de esperar… y terminaría casándome con el único hombre al que él jamás creyó capaz de reemplazarlo.