Parte 2: EL JEFE DE LA MAFIA DESCUBRIÓ QUE SU CRIADA LE HABÍA SALVADO LA VIDA, PERO SU VERDADERA IDENTIDAD REVELÓ UNA TRAICIÓN MUCHO MÁS CERCA DE ÉL

Marcus apenas alcanzó a dar dos pasos antes de que los hombres de seguridad lo rodearan.

Lucian permaneció junto a la ventana.

—Registra el auto —ordenó.

Minutos después, su jefe de seguridad regresó con el rostro tenso.

—Señor, ella tenía razón.

Lucian giró lentamente hacia mí.

—¿Qué encontraron?

—El vehículo había sido manipulado. Si usted hubiera salido esta mañana como estaba previsto, probablemente habría ocurrido un accidente antes de llegar a la ciudad.

Mi estómago se cerró.

Marcus comenzó a gritar desde el exterior.

—¡Yo no hice nada! ¡Me obligaron!

Lucian salió al camino.

Yo debería haber regresado a la cocina.

En cambio, lo seguí.

—¿Quién? —preguntó Lucian.

Marcus temblaba.

—No puedo decirlo.

Lucian no levantó la voz.

—Entonces dime quién sabía mi ruta.

Marcus levantó la mirada.

Por un instante observó hacia la mansión.

No hacia mí.

Hacia una de las ventanas del segundo piso.

Lucian también lo vio.

Su expresión cambió.

—Llévenselo.

Cuando sus hombres se marcharon con Marcus, Lucian se volvió hacia mí.

—Ahora tú.

—¿Yo qué?

—Mi despacho.

Aquello no era una invitación.

Cinco minutos después estaba frente a su escritorio mientras él sostenía mi expediente de contratación.

—Elena Vale. Veintisiete años. Sin familia cercana. Tres empleos domésticos anteriores.

Levantó los ojos.

—Todo demasiado limpio.

Guardé silencio.

—Una criada no identifica una emboscada antes que cuatro hombres entrenados.

—Ya le dije que presto atención.

—Y yo te estoy diciendo que dejes de mentirme.

Mi pulso aumentó.

Lucian abrió un cajón y colocó una fotografía sobre el escritorio.

El mundo pareció detenerse.

Era una imagen mía de hacía cinco años.

Cabello corto.

Uniforme.

Una identidad que había enterrado.

—Elena Vale no existía antes de hace cuatro años —dijo—. Pero Elena Moretti sí.

No respondí.

—Hija de Adrian Moretti.

Finalmente levanté la mirada.

—Mi padre está muerto.

—Lo sé.

—Entonces también sabe por qué desaparecí.

Lucian permaneció en silencio.

Mi padre había trabajado durante años investigando las finanzas de varias organizaciones criminales. Cuando descubrió una red de cuentas secretas, alguien vendió su identidad.

Tres días después apareció muerto.

Yo sobreviví porque desaparecí antes de que pudieran encontrarme.

—¿Por qué viniste a mi casa? —preguntó Lucian.

—Porque encontré el nombre Verek en los archivos de mi padre.

Su mirada se endureció.

—¿Creías que yo lo maté?

—Al principio.

—¿Y ahora?

Saqué de mi bolsillo una pequeña memoria USB.

—Ahora creo que alguien dentro de su organización utilizó sus cuentas para hacerlo parecer responsable.

Lucian la tomó.

Horas después, sus especialistas encontraron transferencias ocultas, registros eliminados y comunicaciones cifradas.

Todas conducían hacia la misma persona.

Lucian observó la pantalla.

Por primera vez, vi auténtica incredulidad en su rostro.

—No puede ser.

El nombre pertenecía a Damian Verek, su hermano menor.

En ese mismo instante se escuchó un disparo en el pasillo.

Los hombres de Lucian reaccionaron.

Pero las luces de la mansión se apagaron.

—¡Al suelo! —grité.

Lucian me sujetó del brazo y ambos nos refugiamos detrás del escritorio.

Entonces comprendí la verdad.

Marcus nunca había sido el verdadero ataque.

Había sido una distracción para obligar a Lucian a descubrir que existía un traidor y provocar que ese traidor actuara antes de quedar expuesto.

Cuando regresó la electricidad, Damian estaba en la puerta acompañado por dos hombres.

—Siempre fuiste demasiado confiado con la familia —dijo.

Lucian lo miró con frialdad.

—¿Tú ordenaste el accidente?

—Marcus debía resolver un problema.

Damian me señaló.

—Ella creó otro.

—¿Y Adrian Moretti? —pregunté.

Damian sonrió.

Aquella sonrisa respondió antes que sus palabras.

—Tu padre encontró cuentas que nunca debía encontrar.

Sentí que todo el aire desaparecía de mis pulmones.

Durante años había esperado esa confirmación.

Pero Lucian ya había activado silenciosamente el sistema de seguridad de emergencia.

Segundos después, hombres leales aparecieron desde ambos extremos del corredor.

Damian comprendió demasiado tarde que estaba rodeado.

Su sonrisa desapareció.

—Lucian, podemos negociar.

—No.

—Soy tu hermano.

Lucian lo miró durante un largo momento.

—Precisamente por eso tu traición fue peor.

Damian fue detenido junto con los hombres que todavía le obedecían.

La información recuperada permitió demostrar que había desviado dinero durante años y utilizado el nombre de Lucian para eliminar a cualquiera que descubriera sus operaciones.

Incluido mi padre.

Dos días después hice mi maleta.

Lucian me encontró junto a la entrada.

—¿Te vas?

—Ya sabe quién soy. Mi razón para estar aquí terminó.

—Me salvaste la vida.

—Y usted me ayudó a descubrir quién destruyó la de mi padre. Estamos a mano.

Caminé hacia la puerta.

—Elena.

Me detuve.

Lucian sostenía mi antiguo expediente.

Lo rompió por la mitad.

—Elena Vale puede desaparecer si quieres.

Después colocó sobre la mesa los documentos originales que demostraban quién había sido responsable de la muerte de mi padre.

—Pero Elena Moretti ya no necesita esconderse.

Miré aquellos papeles durante varios segundos.

Durante años había pensado que sobrevivir significaba permanecer invisible.

Aquella mañana comprendí que sobrevivir también podía significar recuperar mi nombre.

Tomé los documentos.

—Adiós, señor Verek.

Lucian sonrió apenas.

—Después de salvarme la vida, creo que puedes llamarme Lucian.

Sonreí por primera vez desde que había entrado en aquella mansión.

—Adiós, Lucian.

Salí por las puertas principales bajo la luz de la mañana.

Tres meses antes había entrado allí fingiendo ser una criada que nadie debía recordar.

Ahora salía con la verdad sobre mi padre, mi nombre recuperado y la certeza de que ya no necesitaba esconderme.

Todos habían pensado que la persona más peligrosa de aquella mansión era el jefe de la mafia.

Pero el hombre que realmente había provocado la traición había dormido bajo su mismo techo.

Y la única persona que lo vio venir fue la mujer que todos habían decidido que era invisible.

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