Luke miró la memoria dorada como si fuera una bomba.
—Estás mintiendo.
Daniel ni siquiera parpadeó.
—Ojalá.
Camellia apareció junto a Luke y le agarró el brazo.
—¿Qué está pasando?
Daniel la miró.
—El apartamento de Belice está a su nombre, señorita Hayes. También encontramos tres cuentas vinculadas a usted.
Camellia soltó inmediatamente a Luke.
—¡Me dijiste que ese dinero era tuyo!
Luke giró hacia ella.
—Cállate.
Yo permanecí inmóvil junto a la piscina.
Durante seis meses había esperado aquel momento.
Luke había conseguido que durante nuestro divorcio pareciera que yo era una esposa resentida intentando quitarle su fortuna. Lo que él nunca imaginó era que yo había guardado copias de los estados financieros antes de abandonar nuestra casa.
Daniel continuó:
—La memoria contiene transferencias, correos electrónicos, facturas falsas y registros de acceso.
Luke soltó una carcajada nerviosa.
—¿Y esperas que crea que trajiste evidencia federal a una fiesta infantil?
Daniel sonrió.
—No. Esto es solamente una copia. Las autoridades recibieron el original esta mañana.
El vaso cayó de la mano de Luke.
Entonces escuchamos sirenas.
Su expresión cambió por completo.
—Clover…
Por primera vez desde que lo conocía, había miedo en su voz.
—Tenemos un hijo. Podemos arreglar esto.
Miré hacia la piscina, donde nuestro pequeño estaba seguro con mi hermana.
—Curioso. Hace seis meses también tenías un hijo cuando decidiste abandonarlo.
Luke intentó acercarse, pero Daniel se interpuso.
Dos investigadores entraron al patio acompañados por agentes.
La fiesta quedó completamente paralizada.
Uno de ellos mostró sus credenciales.
—Luke Harrison, necesitamos hablar con usted.
Camellia retrocedió.
—Yo no sabía nada.
Luke la miró incrédulo.
—¡Gastaste ese dinero conmigo!
—Porque dijiste que eran bonificaciones.
Entonces Daniel reveló algo que ni siquiera yo esperaba.
—Hay otra cuestión.
Me volví hacia él.
Daniel sacó un documento.
—Durante la auditoría descubrimos que Luke falsificó la firma de Clover en dos autorizaciones financieras.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Mi firma?
—Sí.
Luke palideció todavía más.
Daniel me entregó una copia.

Luke no solo había ocultado dinero durante nuestro matrimonio. Había intentado hacerme aparecer como participante de su fraude.
—Querías que, si alguna vez te descubrían, yo cayera contigo —susurré.
Luke no respondió.
No necesitaba hacerlo.
Su silencio era suficiente.
Los agentes lo escoltaron fuera mientras decenas de teléfonos que antes habían grabado su burla ahora registraban su caída.
Pero antes de llegar a la puerta, Luke se giró.
—¡Todo esto es culpa tuya, Clover!
Lo miré tranquilamente.
—No. Yo solo seguí el rastro que dejaste.
Camellia salió detrás de los investigadores intentando explicar que ella también había sido engañada.
En menos de veinte minutos, la espectacular entrada que Luke había planeado con su joven amante se había convertido en la peor tarde de su vida.
Cuando el patio finalmente quedó tranquilo, miré a Daniel.
—Bueno… definitivamente superaste el trabajo para el que te contraté.
Él levantó una ceja.
—Técnicamente, todavía falta una parte.
—¿Cuál?
—La del novio.
Me reí.
—Daniel, ambos sabemos que eso era actuación.
—Al principio.
Me quedé callada.
Él se acercó, pero mantuvo suficiente distancia para dejarme decidir.
—Después de seis meses trabajando contigo, dejó de parecerme un papel.
—¿Estás diciendo que…?
—Estoy diciendo que cuando todo esto termine, me gustaría invitarte a cenar. Sin contrato. Sin investigación. Sin exmaridos.
Sonreí por primera vez en mucho tiempo.
—Pregúntame otra vez cuando termine el caso.
Daniel extendió la mano.
—Trato hecho.
Meses después, Luke enfrentó las consecuencias legales y financieras de sus propias decisiones. Los activos ocultos fueron localizados y el acuerdo de divorcio tuvo que revisarse a la luz de la información que había escondido.
Yo recuperé algo mucho más importante que el dinero.
Recuperé mi tranquilidad.
Y Daniel cumplió su promesa.
La noche en que el caso finalmente quedó atrás, apareció frente a mi puerta sin traje, sin documentos y, sobre todo, sin ninguna memoria dorada.
—¿Y ahora? —pregunté.
Sonrió.
—Ahora sí puedo preguntarlo.
—¿Preguntar qué?
—Clover, ¿quieres salir conmigo?
Lo hice esperar tres segundos.
Solo porque podía.
—Sí.
Daniel rio.
Y mientras cerraba la puerta detrás de mí comprendí la ironía perfecta:
había contratado a un hombre para fingir que había seguido adelante frente a mi ex.
Pero Luke terminó perdiendo su dinero, su reputación y la vida falsa que había construido.
Y yo descubrí que no necesitaba fingir que había seguido adelante.
Finalmente lo había hecho de verdad.