PARTE 2: EL EXTRAÑO QUE ME DEJÓ DORMIR SOBRE SU HOMBRO ERA EL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL PAÍS, Y MI EXMARIDO DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE QUIÉN ERA

Blaire Sterling no supo qué decir.

Durante unos segundos solo miró al hombre sentado a su lado.

El mismo hombre que había sostenido a Fiona cuando su juguete cayó al suelo.

El mismo hombre que había dejado que una desconocida durmiera sobre su hombro durante casi dos horas.

El mismo hombre que acababa de ser recibido por un equipo de seguridad.

—¿Sterling? —repitió ella lentamente.

Luca suspiró.

—Sí.

Blaire sintió que su estómago se apretaba.

El apellido no era desconocido.

Todo el mundo en Estados Unidos conocía a Luca Sterling.

El fundador de Sterling Global Holdings.

El empresario que había aparecido en las portadas de revistas durante años.

El multimillonario que había comprado compañías en crisis, financiado hospitales infantiles y desaparecido de la vida pública después de un escándalo familiar.

Pero nada de eso coincidía con el hombre sentado junto a ella.

El hombre que había doblado una servilleta para hacer reír a su hija.

—Tú eres…

—Sí.

Luca sonrió ligeramente.

—Ese soy yo.

Blaire apartó la mirada.

—Dios mío.

—Tranquila.

—No sabía quién eras.

—Eso fue exactamente lo que me gustó.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué?

Luca observó por la ventana mientras el avión aterrizaba.

—Durante años, cuando la gente se acerca a mí, ya tienen una opinión formada.

Hizo una pausa.

—Algunos quieren dinero. Otros quieren contactos. Otros quieren aparecer cerca de mi nombre.

Miró a Fiona, que seguía dormida.

—Tú solo querías que alguien dejara de mirar mal a tu hija.

Blaire sintió una presión en el pecho.

Porque aquella frase describía exactamente los últimos meses.

Después de que David la abandonara, muchas personas dejaron de verla como una persona.

Solo la veían como una mujer divorciada con una niña pequeña.

Como alguien que había perdido.

El avión finalmente llegó a la puerta de desembarque.

Luca se levantó.

Inmediatamente varios hombres con trajes oscuros aparecieron alrededor.

Blaire dio un paso atrás.

No porque tuviera miedo.

Sino porque de repente recordó algo importante.

Ella no pertenecía a ese mundo.

Luca notó su expresión.

—Blaire.

Ella levantó la mirada.

—Gracias por ayudarme en el avión.

—Yo no hice nada.

Él sonrió.

—Me diste algo que no había tenido en mucho tiempo.

—¿Qué?

—Un momento normal.

Antes de que pudiera responder, una mujer elegante se acercó.

—Señor Sterling, tenemos un problema.

Luca cambió inmediatamente.

No su personalidad.

Su concentración.

—¿Qué ocurrió?

La mujer le entregó una tableta.

Él leyó la pantalla.

Su expresión se endureció.

Blaire no quería mirar.

Pero entonces escuchó un nombre.

David Vance.

Se quedó inmóvil.

Luca levantó la vista.

—¿Tu exmarido se llama David Vance?

Blaire sintió un escalofrío.

—Sí.

El asistente dudó.

—Señor, parece que la búsqueda de prensa ya comenzó.

Luca frunció el ceño.

—¿Búsqueda de prensa?

La mujer asintió.

—La publicación de David está circulando.

Blaire no entendía.

—¿Qué publicación?

La asistente le mostró la pantalla.

Era una fotografía.

David aparecía con su nueva pareja.

Debajo había escrito:

“Finalmente libre de una relación que me impedía avanzar.”

Pero había algo más.

Una frase que hizo que Blaire sintiera frío.

“Pronto contaré toda la verdad sobre mi exesposa.”

Luca observó su reacción.

—¿Te está amenazando?

—No lo sé.

Pero sí lo sabía.

David siempre había sido cuidadoso.

Nunca gritaba.

Nunca hacía amenazas directas.

Prefería hacer que otros dudaran de ella.

—Cuando nos divorciamos, bloqueó mis cuentas y dijo que nadie me creería si hablaba.

Luca guardó silencio.

—¿Y tienes pruebas?

Blaire recordó la pequeña carpeta en su equipaje.

Mensajes.

Documentos.

Capturas.

Todo lo que había guardado porque una parte de ella sabía que David no se detendría.

—Sí.

Luca miró a su equipo.

—Necesito un abogado.

Blaire negó rápidamente.

—No.

—¿No?

—No quiero que alguien poderoso arregle mi vida.

Él la miró sorprendido.

—Entonces, ¿qué quieres?

Blaire sostuvo la mirada.

—Quiero que alguien me ayude a recuperar la mía.

Por primera vez, Luca sonrió de verdad.

—Bien.

—¿Bien?

—Porque esa es la diferencia entre alguien que necesita ser salvado y alguien que está listo para levantarse.

Aquella tarde, Blaire llegó al pequeño apartamento de Queens donde se quedaría temporalmente.

Pensó que nunca volvería a ver a Luca.

Se equivocó.

Tres horas después recibió una llamada.

Era él.

—¿Cómo conseguiste mi número?

—Soy multimillonario. Tengo recursos.

Ella soltó una pequeña risa.

La primera en semanas.

—Eso sonó muy arrogante.

—Estoy intentando trabajar en ello.

Hubo silencio.

Un silencio cómodo.

—Blaire.

—¿Sí?

—Revisé los documentos que me enviaste.

Ella se quedó quieta.

—¿Qué documentos?

—Los que estaban en tu equipaje. Los escaneaste mientras estabas en el avión.

Sus ojos se abrieron.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque mi seguridad revisó los archivos antes de entregármelos.

—Luca…

—Blaire, David no solo te abandonó.

Su tono cambió.

—Estaba intentando quedarse con activos que legalmente no le pertenecen.

Ella se sentó lentamente.

—¿Qué?

—Tu matrimonio tenía acuerdos financieros que él ignoró.

Blaire cerró los ojos.

Durante meses había pensado que había perdido todo.

Pero quizá no.

Quizá David simplemente había querido que ella creyera eso.

Al día siguiente, cuando Blaire salió del edificio para comprar comida para Fiona, encontró un automóvil negro estacionado afuera.

Luca estaba apoyado contra la puerta.

Ella se quedó sorprendida.

—¿Qué haces aquí?

—Traje algo.

Le entregó una pequeña caja.

Dentro había un juguete nuevo para Fiona.

Blaire sonrió.

—No tenías que hacerlo.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué?

Luca miró a la niña.

—Porque alguien debería recordar que ella es una persona, no un problema.

Aquellas palabras tocaron una herida que David había dejado abierta.

Pero antes de que pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar.

Era su abogado.

La voz al otro lado estaba agitada.

—Blaire, necesitas ver las noticias.

Encendió la pantalla.

El titular apareció inmediatamente.

“David Vance acusado de fraude financiero tras nuevas pruebas presentadas por una fuente desconocida.”

Blaire miró a Luca.

—¿Fuiste tú?

Él negó.

—No.

—Entonces, ¿quién?

Luca observó la pantalla.

Y su expresión cambió.

Porque acababa de reconocer el nombre del abogado que había enviado las pruebas.

Era alguien que conocía demasiado bien.

Su propio hermano.

Y eso significaba que la historia de Blaire y David acababa de revelar un secreto mucho más grande.

Uno que Luca Sterling había estado intentando enterrar durante años.

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