PARTE 2: INVITÉ A OTRO HOMBRE A MI COMPROMISO Y MI NOVIO DESCUBRIÓ DEMASIADO TARDE QUE HABÍA PERDIDO TODO

Conrad miró la pantalla de mi teléfono durante varios segundos.

La sonrisa arrogante que había llevado toda la noche desapareció lentamente.

—Callum Xu.

Pronunció su nombre como si fuera una amenaza.

Guardé el teléfono en mi bolso.

—Sí.

Reid soltó una risa incómoda.

—Vamos, Meredith. No puedes hablar en serio.

Lo miré.

—¿Por qué no?

Nadie respondió.

Porque por primera vez aquella noche estaban escuchando una pregunta que yo había cargado durante años.

¿Por qué ellos podían jugar con mis sentimientos y yo no podía tomar una decisión sobre mi propia vida?

Conrad dio un paso hacia mí.

—¿Estás intentando vengarte?

Negué.

—No.

—Entonces, ¿qué es esto?

Lo miré directamente.

—Una oportunidad.

Frunció el ceño.

—¿Para qué?

—Para recordar que yo también puedo elegir.

El presentador volvió a aparecer en la puerta.

—Señorita Meredith, los invitados ya están esperando.

Conrad levantó la voz.

—No habrá compromiso.

El hombre miró confundido.

Yo sonreí.

—Sí lo habrá.

El silencio fue absoluto.

—Pero no con él.

La expresión de Conrad cambió.

Por primera vez comprendió que aquello no era una discusión.

Era una decisión.

Veinte minutos después, las puertas del salón se abrieron.

Los invitados esperaban con copas en las manos.

Muchos eran amigos de Conrad.

Personas que habían venido para ver cómo la futura señora Zhou era presentada oficialmente.

Nadie sabía que estaban a punto de presenciar algo completamente diferente.

Caminé hacia el centro del salón.

Sin bajar la cabeza.

Sin buscar aprobación.

Jocelyn apareció detrás de mí.

Sus ojos estaban llenos de culpa.

—Meredith…

La detuve.

—Después hablaremos.

Asintió.

Entonces las puertas principales volvieron a abrirse.

Callum Xu entró.

No llevaba un traje exageradamente elegante.

No necesitaba hacerlo.

Siempre había tenido esa seguridad tranquila que Conrad intentaba demostrar constantemente.

Cuando nuestros ojos se encontraron, sonrió ligeramente.

Pero antes de acercarse preguntó:

—Meredith.

Todos quedaron mirando.

—Antes de hacer cualquier cosa, necesito preguntarte algo.

Caminó hasta mí.

—¿Realmente quieres esto?

Esa pregunta.

Tan simple.

Tan diferente.

Conrad me había preguntado durante seis años cuándo estaría lista para encajar en su mundo.

Callum me preguntaba qué quería yo.

Respiré profundamente.

—Sí.

Callum asintió.

Entonces tomó mi mano.

—Entonces estoy aquí.

Los murmullos comenzaron.

Conrad estaba al fondo del salón.

Quieto.

Herido en su orgullo más que en su corazón.

Se acercó.

—Esto es ridículo.

Lo miré.

—¿Por qué?

—Porque sabes que no amas a Callum.

Sus palabras hicieron que todos guardaran silencio.

Callum no reaccionó.

Yo sí.

—Tal vez.

Conrad pareció sorprendido.

—¿Qué?

—Tal vez todavía estoy aprendiendo qué siento.

Hice una pausa.

—Pero sé algo.

Miré alrededor.

—Nunca tuve que convencer a Callum de que mi existencia era importante.

La frase golpeó más fuerte que cualquier insulto.

Porque era verdad.

Conrad había pasado un mes creando una mentira para probar cuánto lo quería.

Pero nunca se preguntó cuánto me estaba lastimando.

Entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

La madre de Conrad, que hasta ese momento había permanecido en silencio, se acercó.

—Meredith.

La miré.

—¿Sabías que él no había hablado con nosotros sobre la propuesta?

Sentí un nudo en el pecho.

—¿Qué?

Ella miró a su hijo.

—Nunca nos dijo que planeaba comprometerse contigo.

Conrad palideció.

—Mamá.

—Nos enteramos de la fiesta por una invitación enviada por sus amigos.

El salón quedó inmóvil.

Después de seis años juntos, la familia de Conrad ni siquiera sabía que él pensaba casarse conmigo.

Porque nunca había sido real para él.

No completamente.

Mi suegra continuó:

—Siempre pensé que era porque quería proteger la privacidad de ustedes.

Miró a Conrad con decepción.

—Ahora entiendo que simplemente no estaba seguro.

Conrad bajó la mirada.

Por primera vez no tenía una explicación preparada.

Después de la fiesta, me fui con Callum a caminar por el jardín del hotel.

Durante varios minutos ninguno habló.

Finalmente él preguntó:

—¿Estás segura?

Sonreí.

—¿De qué?

—De no estar haciendo esto solo porque estás herida.

Pensé en la pregunta.

Y agradecí que la hiciera.

—No quiero casarme contigo para demostrarle algo a Conrad.

Callum asintió.

—Bien.

—Quiero volver a conocerme a mí misma.

Él sonrió.

—Eso suena mucho más importante.

Y esa noche entendí algo.

Durante seis años había estado intentando ganar un lugar en la vida de un hombre que ya había decidido mantenerme esperando.

Preparaba.

Organizaba.

Ayudaba.

Perdonaba.

Pero nunca pregunté si yo estaba recibiendo el mismo amor que daba.

Tres meses después, Conrad intentó hablar conmigo.

Había perdido varios amigos después de que todos supieran la verdad sobre la apuesta.

Reid incluso se disculpó.

Dijo que nunca pensó que la broma llegaría tan lejos.

Le respondí que ese era precisamente el problema.

Todos pensaban que mi dolor era menos importante que su diversión.

Conrad me encontró en una cafetería.

—He cambiado.

Lo miré.

—Espero que sea verdad.

—Quiero otra oportunidad.

Negué lentamente.

—No puedo.

—¿Por Callum?

Miré por la ventana.

—No.

Volví hacia él.

—Por mí.

Esa fue la primera vez que Conrad entendió que no había perdido a una mujer que lo amaba demasiado.

Había perdido a una mujer que finalmente había aprendido a amarse a sí misma.

Un año después, no hubo una boda de venganza.

No hubo una gran escena.

No necesité demostrarle nada a nadie.

Callum y yo construimos algo lentamente.

Algo basado en preguntas sinceras, no en pruebas crueles.

Algo donde nadie tenía que ganarse el derecho a ser respetado.

Y cuando finalmente llegó nuestro compromiso real, no hubo apuestas.

No hubo cámaras escondidas.

No hubo personas esperando ver si yo fallaba.

Solo había dos personas eligiéndose libremente.

Porque al final comprendí la verdad más importante:

El peor error de Conrad no fue hacer una apuesta sobre mi amor.

Fue creer que, después de seis años, yo seguiría esperando a que él decidiera si yo era suficiente.

Esa noche no perdí un compromiso.

Me recuperé a mí misma.

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