PARTE 2: EL NOMBRE QUE KHLOÉ NO DEBÍA CONOCER

—Vincent… no firmes los permisos.

Abrí los ojos.

Khloé seguía dormida.

Durante unos segundos pensé que había entendido mal.

Entonces volvió a murmurar:

—El muelle catorce… Paulie lo sabe.

Me incorporé lentamente.

Paulie llevaba diecisiete años conmigo.

Conocía mis propiedades, mis empleados y demasiados asuntos internos.

Y Khloé jamás debería haber tenido información sobre el muelle catorce.

La desperté sin acercarme demasiado.

—Khloé.

Abrió los ojos.

Al verme, palideció.

Luego miró la cama.

—Señor Costa…

Se levantó de golpe.

—Lo siento muchísimo. Vine con los documentos y me dijeron que esperara arriba. Yo…

—Tranquila.

Se quedó inmóvil.

Señalé la carpeta.

—¿Por qué no debo firmarla?

Su expresión cambió.

—¿Qué?

—Lo dijiste mientras dormías.

Khloé bajó la mirada.

—No sé de qué habla.

—También mencionaste a Paulie.

Ahora sí apareció miedo verdadero en su rostro.

No levanté la voz.

—No voy a hacerte daño. Solo quiero saber qué descubriste.

Durante varios segundos no respondió.

Finalmente caminó hacia mi escritorio.

—Ayer estaba preparando los anexos para esos permisos.

Abrió la carpeta y señaló una página.

—Encontré un número de parcela que no coincidía.

—¿Con qué?

—Con los registros anteriores.

Sacó su teléfono.

Había fotografiado varios documentos administrativos.

—Pensé que era un error. Así que revisé los archivos antiguos.

Me mostró dos versiones del mismo plano.

En una aparecía un almacén junto al puerto.

En la otra, ese almacén había desaparecido y la parcela figuraba bajo otra sociedad.

—¿Qué sociedad?

Khloé tragó saliva.

—Bellweather Development.

No conocía ese nombre.

—Seguí buscando —continuó—. Sé que no debía hacerlo.

—Continúa.

—Encontré pagos de Costa Logistics hacia Bellweather durante casi cuatro años.

Me quedé completamente quieto.

—¿Quién los autorizó?

Ella me miró por primera vez directamente a los ojos.

—Aparentemente, usted.

Aquello era imposible.

Khloé abrió una copia digital.

Mi firma aparecía abajo.

Parecía perfecta.

Pero había un problema.

—Yo estaba en Italia esa fecha.

Khloé asintió.

—Lo comprobé en su calendario.

Entonces comprendí por qué estaba asustada.

Alguien llevaba años autorizando operaciones utilizando mi nombre.

—¿Por qué mencionaste a Paulie?

—Porque su usuario administrativo abrió esos archivos once minutos antes de que desaparecieran del servidor.

La habitación quedó en silencio.

Mi primer impulso fue llamar a Paulie.

No lo hice.

Las sospechas no eran pruebas.

—¿Alguien sabe que encontraste esto?

Khloé dudó.

Eso bastó para preocuparme.

—Khloé.

—Ayer recibí un mensaje.

Me mostró el teléfono.

Número desconocido.

Solo decía:

“DEJA DE BUSCAR.”

—¿Por qué viniste aquí en lugar de irte a casa?

—Porque pensé que esos permisos necesitaban su firma antes de las siete.

Casi sonreí.

La mujer había recibido una amenaza y todavía estaba preocupada por mi agenda.

—No vuelvas sola a la oficina hasta aclarar esto.

—Señor Costa, necesito este trabajo.

—Y yo necesito empleados vivos y seguros.

Su expresión se suavizó apenas.

A las seis llamé a mi abogado y ordené una auditoría independiente de los documentos empresariales legítimos relacionados con Bellweather.

Nada de amenazas.

Nada de ajustes de cuentas.

Quería registros.

A las 6:42 llegó el primer problema.

Paulie llamó.

—Vincent, ¿ya firmaste los permisos?

Miré a Khloé.

—Todavía no.

Silencio.

—Tienes que hacerlo antes de la reunión.

—¿Por qué tanta prisa?

—Porque llevamos meses trabajando en esto.

Curioso.

Hasta aquella noche, Paulie jamás había mostrado interés personal por un permiso de zonificación.

—Pasaré por la oficina más tarde.

Colgué.

Khloé parecía inquieta.

—¿Qué ocurre?

—Paulie sabe que los documentos llegaron.

—Él me envió.

Eso ya lo sabía.

Pero entonces recordé algo.

—Dijiste que Paulie te indicó que esperaras en el estudio de arriba.

—Sí.

—Yo no tengo ningún estudio arriba.

Khloé dejó de respirar.

Solo existía mi dormitorio y dos habitaciones privadas cerradas.

Paulie conocía perfectamente la distribución de aquella casa.

No se había equivocado.

Había enviado deliberadamente a Khloé hacia mi habitación.

¿Por qué?

Revisamos la carpeta otra vez.

Entonces Khloé encontró algo pegado bajo la contraportada.

Un dispositivo diminuto.

No lo tocamos.

Mi abogado hizo que se preservara adecuadamente para su revisión.

Horas después recibimos una primera respuesta.

No parecía formar parte de los documentos originales.

Alguien lo había colocado allí antes de que Khloé llegara a mi finca.

Pero aquello no era lo peor.

La auditoría preliminar encontró quién figuraba detrás de Bellweather Development.

No era Paulie.

Era una mujer.

El abogado deslizó una fotografía sobre mi escritorio.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

Khloé miró primero la imagen.

Después a mí.

—¿La conoce?

No contesté inmediatamente.

La conocía.

Había asistido a su funeral diecinueve años atrás.

Era mi hermana mayor, Isabella Costa.

—Esto es imposible —murmuré.

Mi abogado negó.

—Hay algo más, Vincent.

Colocó un registro reciente frente a mí.

Bellweather había realizado una operación hacía apenas nueve días.

Alguien seguía utilizando aquella empresa.

Y junto a la operación aparecía una dirección.

Khloé la leyó.

Su rostro cambió.

—Señor Costa…

—¿Qué?

Levantó lentamente el teléfono.

—Esa es la misma dirección desde la que se conectó ayer el usuario de Paulie.

Entonces comprendí que Khloé no había llegado accidentalmente a mi dormitorio.

Alguien había querido colocar aquella carpeta allí.

Y quizá Paulie no estaba intentando ocultarme que mi hermana seguía vinculada a Bellweather.

Quizá estaba intentando obligarme a descubrirlo.

Related Posts

PARTE 2: LA MUJER QUE DEBÍA MORIR

La voz del desconocido volvió a escucharse sobre mi cabeza. —Señor Blackwood, el detector marca respiración y movimiento. Hay alguien vivo ahí abajo. Durante unos segundos nadie…

PARTE 2: LA CUENTA QUE DANIEL OCULTÓ

A las ocho de la mañana siguiente, Evelyn me esperaba frente al edificio federal. —Antes de entrar, Claire, recuerda algo —dijo—. Entrega únicamente lo que puedas respaldar…

PARTE 2: EL DOCUMENTO DE IRENE

No abrí el documento inmediatamente. Primero ayudé a Irene a ponerse a salvo mientras llegaban los agentes y el personal médico. Mi madre seguía hablando. Carla también….

PARTE 2: MI COMPAÑERA INTENTÓ ROBARME A MI NOVIO, PERO TERMINÓ DESCUBRIENDO QUE ÉL HABÍA PREPARADO UNA TRAMPA PARA ELLA

Vanessa no volvió a intentar acercarse a Leo aquella noche. Al menos, no directamente. Después de la cena, caminó a mi lado hasta el dormitorio fingiendo estar…

PARTE 2: EL ARCHIVO QUE SOLO ELENA ENTENDÍA

Daniel permaneció frente a mi escritorio vacío durante casi un minuto. Después entró en su despacho. —Tráiganme el expediente de Singapur. Nadie se movió. —¿Qué ocurre ahora?…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE MI PROMETIDO USÓ PARA HUMILLARME TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN EL ÚNICO QUE REALMENTE ME ELIGIÓ

Marcus permaneció frente a Nathaniel con la mano extendida. —El colgante, mayor Shaw. Nathaniel no se movió. Por primera vez desde que lo conocía, vi desaparecer por…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *