PARTE 2: MI ESPOSO FINALMENTE DESCUBRIÓ QUE SU SECRETARIA ERA SU ESPOSA, PERO LO QUE ENCONTRÓ EN NUESTRO CONTRATO CAMBIÓ TODO

Nathaniel seguía riéndose.

Yo quería desaparecer.

—¿Puedes dejar de hacerlo? —murmuré.

—No.

—Piper, te odio.

—Yo también te quiero —respondió ella entre carcajadas.

Nathaniel extendió la mano.

—Ven conmigo.

—¿A dónde?

—A mi oficina.

—¿Como empleada o como esposa?

Su sonrisa se volvió lenta.

—Todavía estoy tratando de decidir.

Lo seguí.

Cuando cerró la puerta de su oficina, dejó de sonreír.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

—Porque tú nunca preguntaste.

—Sienna…

—Nathaniel, el día de nuestra boda ni siquiera levantaste la vista de tu tableta.

Se quedó callado.

—Pensé que querías el dinero.

—Lo necesitaba, sí. Pero no quería ser una esposa invisible.

Su expresión cambió.

—¿Por eso aceptaste trabajar aquí?

—No sabía que estarías de regreso.

—¿Y por qué no me dijiste cuando lo descubriste?

—Porque cuando me viste en el ascensor no me reconociste. Después me convertí en tu secretaria y pensé que, por una vez, quería conocerte sin que supieras que era tu esposa.

Nathaniel se apoyó contra el escritorio.

—¿Y qué descubriste?

Lo miré.

—Que eres insoportable.

Soltó una risa.

—Eso ya lo sabía.

—También descubrí que finges ser mucho más frío de lo que eres.

—¿Ah, sí?

—Sí. Compras pastel de limón cuando estás preocupado. Revisas dos veces las puertas antes de irte. Llamas a tu abuela cada domingo aunque ella te grite durante veinte minutos.

Nathaniel se quedó inmóvil.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Porque llevo seis meses casada contigo.

Entonces sacó el contrato matrimonial del cajón.

—Quiero saber una cosa.

—¿Qué?

—¿Por qué aceptaste una cláusula que dice que cualquiera de los dos puede terminar el matrimonio después de seis meses sin reclamar nada?

Miré el documento.

—Porque era lo que Piper me ofreció.

—¿Y ahora?

No respondí.

Nathaniel dejó el contrato sobre la mesa.

—Ahora quiero cambiarlo.

—¿Por qué?

Me miró directamente.

—Porque ya no quiero que seas mi esposa nominal.

Sentí que el corazón me golpeaba demasiado rápido.

—Entonces, ¿qué quieres?

—Que seas mi esposa de verdad.

Me quedé en silencio.

—No puedes decidir eso solo.

—Lo sé.

Se acercó un paso.

—Por eso te lo estoy preguntando.

Antes de que pudiera contestar, alguien llamó a la puerta.

Era el director financiero.

—Señor Graves, tenemos un problema.

Nathaniel se volvió.

—¿Qué ocurre?

—Hay una transferencia de doce millones de dólares que salió de una de las cuentas de inversión esta mañana.

Nathaniel frunció el ceño.

—Yo no la autoricé.

—Lo sabemos.

El director financiero colocó varios documentos sobre el escritorio.

—La firma electrónica pertenece a alguien con acceso al sistema principal.

Nathaniel revisó los registros.

Después levantó la mirada.

—Piper.

Ella entró unos minutos después.

—¿Qué pasó?

Nathaniel señaló los documentos.

—Alguien está intentando mover dinero de la empresa.

Piper se puso seria.

—¿Cuánto?

—Doce millones.

Tomé el informe.

Reconocí inmediatamente una de las cuentas receptoras.

—Espera.

Todos me miraron.

—Esta empresa pertenece a Marcus Hale.

Nathaniel frunció el ceño.

—¿Quién es?

—Un antiguo socio de mi padre.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque investigué sus movimientos financieros hace dos años.

Nathaniel me miró sorprendido.

—Pensé que eras coordinadora administrativa.

—Antes de casarnos trabajaba en auditoría corporativa.

El director financiero abrió los ojos.

—¿Tú hiciste esa investigación?

Asentí.

—Y encontré algo extraño.

Busqué en mi teléfono.

—Marcus había creado varias compañías fantasma relacionadas entre sí. Pensé que había desaparecido después de que lo investigaran, pero alguien acaba de reactivar una de ellas.

Nathaniel se acercó.

—¿Quién?

Le mostré el registro.

El nombre que apareció debajo de la empresa receptora hizo que su expresión cambiara.

Ethan Graves.

Su tío.

—Mi tío murió hace cuatro años —dijo.

—Su identidad está siendo utilizada —respondí.

Pero había algo más.

Revisé las fechas.

—Nathaniel, mira esto.

Las transferencias comenzaron seis meses atrás.

El mismo día de nuestra boda.

Él me miró.

—¿Qué significa?

—Que alguien sabía que te casarías.

Piper palideció.

—Entonces no fue casualidad que la abuela insistiera tanto en el matrimonio.

Nathaniel se quedó inmóvil.

Durante los siguientes días investigamos discretamente.

Descubrimos que varias cuentas habían sido modificadas poco antes de la boda.

Alguien había preparado el terreno para tomar el control de una parte de la empresa si Nathaniel permanecía fuera del país.

Y entonces apareció el verdadero problema.

La persona que había autorizado los accesos era alguien que trabajaba dentro de la familia.

Mi suegra.

Nathaniel se negó a creerlo.

—Mi madre jamás haría esto.

—Revisa sus movimientos —dije.

Lo hizo.

Y encontró transferencias.

Pequeñas al principio.

Luego más grandes.

Finalmente, una transferencia de tres millones.

Nathaniel cerró los ojos.

—No puede ser.

Piper se sentó.

—Tenemos que preguntarle.

La llamamos.

Su madre llegó una hora después.

Entró en la oficina con absoluta tranquilidad.

—¿Por qué me llamaron?

Nathaniel colocó los documentos frente a ella.

—Explícamelo.

Ella miró las hojas.

Después me miró.

—Fue ella.

—¿Qué?

—Sienna.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué estás diciendo?

Su madre sonrió.

—Ella estaba detrás de todo.

Nathaniel se levantó.

—Mamá.

—Se casó contigo por dinero. Se infiltró en tu oficina. Estudió tus cuentas.

—Eso es absurdo —respondí.

Ella sacó una carpeta.

—Entonces explica esto.

Dentro había fotografías mías revisando documentos.

Pero estaban recortadas.

Parecía que llevaba meses investigando las finanzas de Nathaniel.

Nathaniel me miró.

Por primera vez, vi duda en sus ojos.

—Sienna…

—No hice eso para perjudicarte.

—¿Entonces para qué?

Respiré profundamente.

—Porque sospechaba que alguien estaba robando dinero de tu empresa.

Su madre soltó una risa.

—Conveniente.

Pero Nathaniel tomó una fotografía.

La fecha estaba impresa detrás.

—Estas imágenes fueron tomadas antes de que Sienna empezara a trabajar aquí.

Su madre quedó inmóvil.

Nathaniel levantó la mirada.

—¿Quién te las dio?

Ella no respondió.

Entonces Piper abrió la puerta.

—La policía está abajo.

Su madre palideció.

—¿Qué hiciste?

—Nada —respondió Piper—. Solo entregué los registros.

La verdad salió a la luz rápidamente.

La madre de Nathaniel había colaborado con Marcus para controlar ciertas acciones de la empresa y utilizaron el matrimonio de Nathaniel como parte de su estrategia.

Pero había un último detalle.

Ella no había elegido a Sienna por casualidad.

Había revisado su historial.

Sabía exactamente quién era.

Me habían elegido porque mi familia controlaba un fideicomiso que podía bloquear la operación.

Mi supuesto matrimonio nominal había sido, desde el principio, mucho más importante de lo que imaginábamos.

Nathaniel me miró.

—Entonces tú tampoco fuiste una simple esposa nominal.

Negué con la cabeza.

—No.

—¿Lo sabías?

—No todo.

—¿Cuánto?

—Solo que mi familia había protegido ciertos activos para mí. No sabía que alguien intentaría utilizarlos.

Nathaniel se acercó.

—¿Y ahora?

—Ahora podemos detenerlos.

Lo hicimos.

Las autoridades congelaron las cuentas involucradas y comenzaron una investigación formal. Marcus fue localizado y enfrentó cargos relacionados con el fraude. La madre de Nathaniel también tuvo que responder por su participación.

Meses después, el consejo de administración confirmó que Nathaniel conservaría el control de la empresa.

Pero él hizo algo inesperado.

Renunció a parte de su salario ejecutivo y creó un fondo para jóvenes emprendedores.

Cuando le pregunté por qué, sonrió.

—Porque quiero que algo bueno salga de todo este desastre.

Yo también cambié.

Dejé mi puesto de secretaria y abrí una pequeña consultoría financiera.

Nathaniel siguió apareciendo en mi oficina con café.

Siempre americano.

Sin azúcar.

Con una pizca de sal.

Una tarde dejó una caja sobre mi escritorio.

—Cheesecake de limón.

—¿Lo que quedaba?

—No.

Sonrió.

—Lo compré porque sé que te gusta.

Lo miré.

—Eso suena peligrosamente parecido a conocerme.

—Llevo intentando hacerlo desde hace meses.

Sacó un documento.

Era nuestro contrato matrimonial.

Lo rompió delante de mí.

—Ya no quiero esto.

—¿Y qué quieres?

Nathaniel tomó mi mano.

—Quiero preguntarte algo que debí preguntar hace seis meses.

Se arrodilló.

—Sienna Arden, ¿quieres casarte conmigo de verdad?

Me reí entre lágrimas.

—¿Con el hombre que me confundió con su secretaria?

—Ese mismo.

—¿El que me multó por correr en un ascensor?

—Intentaré olvidarlo.

—¿El que me recomendó divorciarme de mi propio esposo?

Nathaniel cerró los ojos.

—Ese recuerdo me persigue.

Lo abracé.

—Entonces sí.

Piper gritó desde la puerta:

—¡Por fin!

Nathaniel se levantó riendo.

—¿Estabas escuchando?

—¡Por supuesto!

Meses después celebramos una segunda boda.

Esta vez no hubo gafas oscuras.

No hubo tabletas.

No hubo llamadas pendientes.

Nathaniel me esperó en el altar mirándome directamente.

Cuando llegó el momento de los votos, tomó mis manos.

—La primera vez firmé porque quería tranquilizar a mi abuela.

Hizo una pausa.

—La segunda vez estoy aquí porque no quiero imaginar mi vida sin ti.

Sonreí.

—La primera vez acepté porque necesitaba ayudar a mi amiga.

Apreté sus manos.

—La segunda vez acepto porque finalmente conozco al hombre con quien me estoy casando.

Nos reímos.

Y cuando salimos de la ceremonia, Piper levantó su copa.

—¡Por la pareja que tardó seis meses en descubrir que estaba enamorada!

Nathaniel me miró.

—¿Seis meses?

Negué con la cabeza.

—Tú tardaste seis meses.

—¿Y tú?

Sonreí.

—Yo te reconocí desde el primer día.

Él se quedó callado.

—¿En el ascensor?

—Desde antes.

—¿Y nunca dijiste nada?

—Quería saber si algún día mirarías a tu propia esposa.

Nathaniel tomó mi mano.

—Ahora no pienso dejar de hacerlo.

Y esta vez, cuando recibí una notificación bancaria el día cinco del mes, no decía “transferencia recibida”.

Decía:

“Pago cancelado: la señora Graves ya no necesita que su esposo le transfiera dinero. Ahora ambos construyen su vida juntos.”

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