PARTE 2: EL CHICO QUE TODOS CREÍAN FRÍO ME ELIGIÓ A MÍ, PERO SU VERDADERA IDENTIDAD CAMBIÓ TODO

Al día siguiente, llegué al puesto de enfermería pensando que todo había terminado.

Lin Bian probablemente pediría otra enfermera.

Después de todo, mi comentario de la tarde anterior había sido demasiado atrevido.

Xiao Man me miró apenas entré.

—Tian Tian, la enfermera jefe te está buscando.

—¿Por qué?

—La cama 16 rechazó a la enfermera que le asignaron esta mañana.

Parpadeé.

—¿La rechazó?

—Dijo que quería que tú te encargaras de él.

Me quedé inmóvil.

—¿A mí?

Xiao Man sonrió.

—Exactamente a ti.

Fui hasta la habitación intentando no hacerme demasiadas ilusiones.

Lin Bian estaba sentado junto a la ventana, con la pierna inmovilizada y un libro abierto entre las manos.

Al verme, levantó la mirada.

—Llegaste.

—Me dijeron que me solicitaste.

—Sí.

—¿Por qué?

Cerró el libro.

—Porque contigo no tengo que fingir que estoy bien.

Me sorprendió aquella respuesta.

El chico que parecía tan distante ahora tenía una expresión completamente distinta.

—Ayer estabas muy serio.

—Estaba avergonzado.

Me reí.

—Eso ya lo había notado.

Lin Bian desvió la mirada.

—Y tú hablaste demasiado.

—Es parte de mi encanto.

Por primera vez sonrió.

Fue una sonrisa pequeña, pero suficiente para cambiar por completo su rostro.

Durante los siguientes días me encargué de sus cuidados habituales y de ayudarlo con las tareas que no podía realizar por su lesión.

Nuestra relación se volvió cada vez más natural.

Descubrí que estudiaba arquitectura.

Que odiaba el café.

Que le gustaban los libros antiguos.

Y que, aunque aparentaba ser frío, se preocupaba demasiado por las personas que quería.

Una tarde le llevé una bebida.

—No es café.

La miró.

—¿Cómo sabías?

—Pregunté.

—¿A quién?

—A tus compañeros.

Se quedó mirándome.

—¿Preguntaste por mí?

—Tal vez.

Bajó la cabeza para esconder una sonrisa.

Pero aquella tranquilidad duró poco.

Al día siguiente apareció un hombre elegante en el hospital.

Traje oscuro.

Reloj costoso.

Dos asistentes detrás.

Entró directamente a la habitación de Lin Bian.

—Señor Lin, su padre quiere que regrese a casa.

Yo me quedé sorprendida.

¿Señor Lin?

Lin Bian cerró los ojos.

—Dile que todavía no.

El hombre me miró.

—¿Usted es?

—Tian Tian. Enfermera de este departamento.

El hombre pareció reconocer mi nombre.

—Ah.

Después salió.

—¿Quién era? —pregunté.

Lin Bian suspiró.

—Mi secretario.

Me quedé mirándolo.

—¿Tienes secretario?

—Mi familia tiene una empresa.

—¿Qué empresa?

No respondió.

—Lin Bian…

Finalmente me miró.

—Soy el hijo menor del Grupo Lin.

Me quedé completamente quieta.

Había visto ese nombre cientos de veces.

Era una de las empresas privadas más grandes de la ciudad.

—¿Eres rico?

—Bastante.

—¿Y estudias arquitectura?

—Sí.

—¿Y viniste solo al hospital?

—Porque quería que nadie hiciera un escándalo.

Lo miré durante unos segundos.

—Entonces todos estos días estuve hablando con un heredero multimillonario.

—Yo prefiero que hables conmigo como antes.

—¿Y cómo hablaba contigo antes?

Lin Bian sonrió.

—Como si no te importara cuánto dinero tengo.

No pude evitar reírme.

—Eso sí puedo hacerlo.

Pero entonces apareció la verdadera sorpresa.

Esa tarde, una mujer joven entró en la habitación.

Era elegante y llevaba una expresión preocupada.

—Bian.

Él levantó la cabeza.

—¿Qué haces aquí?

—Tu padre me dijo que viniera.

Después me miró.

—¿Tú eres Tian Tian?

Asentí.

La mujer sonrió.

—Soy Lin Yue. Su hermana.

Entonces se acercó a mí.

—Quiero agradecerte.

—¿Por qué?

—Porque él llevaba semanas rechazando ayuda de todos.

Miró a su hermano.

—Hasta que apareciste tú.

Lin Bian se puso incómodo.

—Yue.

Ella sonrió.

—Está bien. Ya me voy.

Antes de salir, se inclinó hacia mí.

—Cuídalo.

Después cerró la puerta.

Lin Bian suspiró.

—Mi familia es agotadora.

—Me estoy dando cuenta.

Pasaron dos semanas.

Su recuperación avanzaba bien.

Y llegó el día en que finalmente podía marcharse.

Cuando terminé de revisar sus indicaciones, él permaneció sentado en silencio.

—¿Qué ocurre?

—Quiero preguntarte algo.

—Pregunta.

—¿Cuando salga de aquí seguirás hablándome?

Lo miré sorprendida.

—Claro.

—¿Aunque ya no seas mi enfermera?

Sonreí.

—Eso depende.

—¿De qué?

—De si puedes invitarme a comer sin que tu secretario aparezca con un contrato.

Lin Bian soltó una carcajada.

—Prometido.

Dos meses después, recibí una invitación.

No era una invitación del hospital.

Era de Lin Bian.

Había organizado una pequeña exposición de los proyectos de arquitectura que había realizado durante sus estudios.

Cuando llegué, lo encontré esperándome.

—Pensé que no vendrías.

—Dijiste que no habría periodistas.

—No los hay.

—Entonces vine.

Él sonrió.

—Tengo algo para ti.

Me entregó un pequeño cuaderno.

En la primera página había un dibujo.

Era el puesto de enfermería.

Y yo aparecía sentada allí, sosteniendo una taza.

Lo miré sorprendida.

—¿Dibujaste esto?

—Durante las noches que no podía dormir.

Pasé los dedos por la página.

—¿Por qué yo?

Lin Bian respiró profundamente.

—Porque cuando llegué al hospital estaba acostumbrado a que todos vieran mi apellido.

Me miró.

—Tú fuiste la primera persona que vio simplemente a Lin Bian.

Sentí que mi corazón se aceleraba.

—Y tú fuiste el primer paciente que consiguió ponerme nerviosa.

—¿Todavía?

Sonreí.

—Un poco.

Él extendió la mano.

—Entonces quizá podamos empezar de nuevo.

—¿Cómo?

—Sin cama 16.

Me reí.

—¿Y sin enfermera y paciente?

—Exactamente.

Tomé su mano.

—Está bien.

A partir de aquel día, Lin Bian dejó de ser el paciente misterioso de la cama 16.

Y se convirtió en alguien mucho más importante para mí.

Con el tiempo descubrí que la verdadera riqueza de Lin Bian no estaba en el dinero de su familia.

Estaba en la manera en que trataba a las personas cuando nadie importante estaba mirando.

Y él descubrió que la enfermera que había entrado en su habitación por casualidad había sido la primera persona en muchos años que no se había impresionado por su apellido.

Lo que comenzó como un encuentro inesperado en una habitación de hospital terminó convirtiéndose en una historia que ninguno de los dos había planeado.

Porque a veces la persona que aparece por accidente en tu vida termina siendo exactamente la persona que estabas destinado a conocer.

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