PARTE 2: MI EX PROMETIDO REGRESÓ SEIS AÑOS DESPUÉS CON MI HERMANO, PERO CUANDO DESCUBRIERON POR QUÉ REALMENTE ABRÍ AQUELLA FLORISTERÍA, YA ERA DEMASIADO TARDE

Pensé que se marcharían.

No lo hicieron.

Gu Yanzhou sostuvo el ramo durante unos segundos antes de preguntar:

—¿No quieres saber para quién son?

Continué limpiando el mostrador.

—No.

Su Hang apretó los puños.

—Su Yan, hemos venido desde Beicheng para encontrarte.

Esta vez levanté la mirada.

—Entonces desperdiciaron gasolina. Ya me encontraron.

La señora Zhang tosió para esconder una risa.

El rostro de Su Hang se endureció.

—Papá está enfermo.

Mis dedos se detuvieron.

Solo un instante.

—Lo siento.

—Quiere verte.

—Eso es diferente.

—Su Yan…

—Hace seis años él estaba perfectamente sano cuando permitió que me echaras de casa.

Su Hang palideció.

—Las cosas no fueron como creías.

Me reí suavemente.

—Recuerdo perfectamente cómo fueron.

Recordaba la lluvia aquella noche.

Recordaba mi maleta sobre los escalones.

Y recordaba a Su Hang diciéndome:

—Si cruzas esa puerta, deja de considerarte parte de la familia Su.

Así que obedecí.

Durante seis años.

Gu Yanzhou dejó el ramo sobre el mostrador.

—Descubrimos la verdad.

Lo miré.

—¿Qué verdad?

Su Hang sacó un sobre.

Dentro había documentos bancarios, fotografías y copias de antiguos mensajes.

—Sobre el dinero que desapareció de la empresa.

Mi expresión cambió.

Aquello había sido el motivo oficial de mi expulsión.

Seis años atrás faltaron cinco millones de yuanes de una cuenta corporativa.

Los registros mostraban mi autorización.

Yo había jurado que jamás había firmado aquellas transferencias.

Nadie me creyó.

Especialmente Gu Yanzhou.

Él rompió nuestro compromiso esa misma semana.

—Encontramos al responsable —dijo Su Hang.

—¿Quién?

Su voz apenas salió.

—La tía Meilin.

Me quedé completamente quieta.

La hermana menor de mi padre.

La mujer que había vivido con nosotros desde que yo tenía diez años.

—Falsificó tu firma —continuó—. También pagó a un empleado para modificar los registros.

Gu Yanzhou habló entonces.

—Yo encontré al empleado.

Lo miré.

—Seis años tarde.

Aquellas cuatro palabras parecieron golpearlo.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Salí de detrás del mostrador.

—Cuando me acusaron, te pregunté una sola cosa: si confiabas en mí.

Él bajó la mirada.

—Y no respondí.

—Exactamente.

Su Hang dio un paso adelante.

—Volvamos a Beicheng.

Casi pensé que había escuchado mal.

—¿Qué?

—Papá quiere devolverte tus acciones. La familia hará una declaración pública. Puedes recuperar tu habitación, tu posición…

—¿Mi habitación?

No pude evitar reír.

—Tengo veintiocho años.

Miré alrededor de mi pequeña floristería.

—Esta es mi casa.

Su Hang parecía incapaz de comprenderlo.

—¿Vas a renunciar a todo por esto?

Señaló los cubos de flores.

Aquello me recordó inmediatamente a la familia que había dejado atrás.

Siempre midiendo el valor en edificios, automóviles y apellidos.

—No renuncié a nada.

Tomé una hortensia.

—Lo cambié.

Entonces una niña entró corriendo.

—¡Señora Su!

Era Xiaoyu, la hija de la maestra local.

Traía un dibujo.

—¡Ganamos!

Detrás de ella apareció su madre.

—El hospital aprobó el jardín.

Sonreí.

—¿De verdad?

La mujer asintió emocionada.

—Gracias a tu donación podremos comenzar el próximo mes.

Su Hang frunció el ceño.

—¿Qué jardín?

La señora Zhang respondió desde afuera:

—Xiao Su compró el terreno junto al hospital infantil. Está pagando un jardín para los niños que reciben tratamientos largos.

Gu Yanzhou me miró sorprendido.

—¿Con una floristería?

—No exactamente.

La voz vino desde la puerta.

Un hombre de unos cincuenta años entró llevando una carpeta.

—Señorita Su, necesito su firma para la adquisición de Guangzhou.

El silencio fue inmediato.

Su Hang miró el logotipo de la carpeta.

Lo reconoció.

Claro que lo reconocía.

Era una de las empresas de distribución floral más grandes del sur.

—¿Tú eres…?

Firmé el documento.

—La accionista mayoritaria.

Cuando llegué a Luxi no tenía nada.

Primero vendí flores.

Después empecé a suministrar plantas a hoteles.

Luego a restaurantes.

Después compré participaciones en viveros y empresas de distribución.

La pequeña tienda nunca había sido mi fracaso.

Era simplemente el único lugar donde todavía trabajaba porque me hacía feliz.

Su Hang se dejó caer en una silla.

—Papá cree que has pasado seis años sufriendo.

—Eso probablemente le hacía más fácil dormir.

Gu Yanzhou permaneció callado.

Finalmente empujó el ramo hacia mí.

—Las flores tampoco eran para otra mujer.

Fruncí el ceño.

—Entonces ¿para quién?

—Para tu madre.

Mi sonrisa desapareció.

Mi madre había muerto cuando yo tenía diecisiete años.

Rosas blancas y lisianthus.

Sus favoritas.

Gu Yanzhou tragó saliva.

—Mañana se cumplen once años.

Lo había recordado.

Aquello me dolió de una manera inesperada.

—Gracias —dije.

Sus ojos se iluminaron con una esperanza que tuve que detener inmediatamente.

—Pero recordar a mi madre no cambia lo que hiciste conmigo.

La esperanza desapareció.

Asintió.

—Lo sé.

Por primera vez desde que había entrado, parecía comprenderlo realmente.

Su Hang dejó el sobre sobre el mostrador.

—¿Nunca volverás?

Miré a mi hermano.

—Algún día quizá visite a papá.

—¿Y nosotros?

Pensé durante unos segundos.

—Ustedes me dijeron que dejara de ser una Su.

Respiré profundamente.

—Resultó que tenían razón en una cosa.

Su rostro se tensó.

—¿Cuál?

Sonreí.

—No necesitaba ese apellido para construir una vida.

A la mañana siguiente llevé el ramo al cementerio pequeño situado al otro lado del río.

Coloqué las flores frente a la fotografía de mi madre.

—Mamá, finalmente descubrieron la verdad.

El viento movió suavemente las hojas.

Me senté allí un rato.

No sentí triunfo.

Tampoco deseos de venganza.

Solo paz.

Cuando regresé a Sin Problemas, encontré un sobre debajo de la puerta.

Dentro estaba el recibo de trescientos ochenta yuanes.

En el reverso, Gu Yanzhou había escrito una sola frase:

Hace seis años pensé que tú no eras digna de mí. Ahora entiendo que fui yo quien nunca fue digno de tu confianza.

Doblé el papel.

Lo guardé en un cajón.

No como recuerdo de un amor perdido.

Sino como prueba de algo que finalmente había aprendido.

Seis años atrás abandoné Beicheng con una maleta y ninguna persona dispuesta a creerme.

Ellos pensaron que me habían quitado mi familia, mi prometido y mi futuro.

Pero en realidad me habían dado algo que jamás habría encontrado permaneciendo allí:

la oportunidad de descubrir quién era cuando ya no necesitaba demostrarle nada a ninguno de ellos.

Abrí las puertas de la floristería.

El sol de Luxi entró entre las hortensias.

La señora Zhang apareció con dos cuencos de gelatina fría.

—Xiao Su, ¿se fueron esos dos hombres ricos?

Tomé uno de los cuencos.

—Sí.

—¿Volverán?

Miré las flores.

Después sonreí.

—Tal vez.

La señora Zhang levantó una ceja.

—¿Y eso no te preocupa?

Negué tranquilamente.

—Mi tienda se llama Sin Problemas, ¿recuerda?

Ella soltó una carcajada.

Y esta vez yo también.

Porque Beicheng había sido mi pasado.

Pero aquella pequeña tienda, aquella ciudad y la vida sencilla que había construido con mis propias manos…

eran el futuro que nadie volvería a decidir por mí.

Related Posts

PARTE 2: EL PLAN QUE EL CEO NUNCA AUTORIZÓ

Santiago no respondió de inmediato. Volvió a leer la factura. Después revisó la orden. Luego levantó la mirada hacia mí. —Cierra la puerta. Lo hice. —¿Quién más…

PARTE 2: MI NUERA ME DEJÓ SIN CENA PARA HUMILLARME, PERO EL CHEF REVELÓ QUIÉN ERA YO Y POR QUÉ EL RESTAURANTE EXISTÍA GRACIAS A MÍ

El chef miró al camarero. —¿La señora Hayes no ha pedido todavía? El joven abrió la boca, pero Claire respondió por él. —No necesita nada. Nosotros la…

El ayudante del sheriff miró directamente a Patricia.

—Señora Monroe, esta propiedad ya no pertenece a su familia. El silencio fue absoluto. Patricia soltó una risa incrédula. —Eso es imposible. Esta casa lleva treinta años…

PARTE 2: LA CASA QUE NUNCA PUDO ROBAR

Fiona sostuvo la mirada de Jasper. Durante varios segundos nadie habló. Clara seguía dormida contra su pecho, completamente ajena a la tensión que había convertido aquella sala…

PARTE 2: SEGUÍ A MI AMA DE LLAVES PARA AYUDARLA CON 28 DÓLARES, PERO UN SOBRE AZUL REVELÓ QUE SU BEBÉ ERA HEREDERO DE LA FAMILIA QUE HABÍA BORRADO A SU PADRE

Volví a leer aquella línea. Una vez. Luego otra. Padre: Jonathan Whitmore. Jonathan era el hermano menor de mi padre. Mi tío. El hombre que había muerto…

PARTE 2: LA NIÑA QUE DESCUBRIÓ LO QUE TODOS HABÍAN PASADO POR ALTO

—Su boca. Sophie señaló el rostro de Alexei. María se quedó paralizada. —¿Qué pasa con su boca, cariño? La niña frunció el ceño. —No respira bien. Uno…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *