PARTE 2: DESPIDIERON A LA MUJER QUE CONSIGUIÓ UN CONTRATO DE 1.800 MILLONES, PERO NO SABÍAN QUIÉN ERA REALMENTE SU NUEVO COMPETIDOR

La transmisión terminó, pero sabía que el verdadero espectáculo apenas comenzaba.

A la mañana siguiente, mi teléfono volvió a encenderse con decenas de llamadas perdidas.

No contesté ninguna.

A las nueve en punto recibí un mensaje de Li Ming.

—¿Has tomado una decisión?

Miré por la ventana.

Durante toda la noche había pensado en aquella llamada.

No necesitaba otro empleo.

Necesitaba un lugar donde mi trabajo tuviera valor.

Respondí:

—Acepto reunirme con usted.

La respuesta llegó menos de un minuto después.

—Entonces prepárese. Quiero ofrecerle algo más que un puesto.

Dos horas después entré en la sede de Shenghua.

Li Ming me esperaba personalmente en el vestíbulo.

—Gerente Xu.

—Director Li.

Me estrechó la mano.

—A partir de hoy, si acepta nuestra propuesta, no será empleada de Shenghua.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces qué seré?

Sonrió.

—La persona que dirigirá nuestra división internacional.

Me quedé callada.

—Quiero que construya el departamento desde cero —continuó—. Tendrá libertad para contratar a su propio equipo y negociar directamente con nuestros socios estratégicos.

—¿Por qué tanta confianza?

Li Ming me miró durante unos segundos.

—Porque llevo un año observando cómo negociaba con la empresa Wang.

Entonces entendí.

No me había llamado por lástima.

Había estado esperando.

—¿Y qué quiere a cambio?

—Que haga lo que mejor sabe hacer.

—¿Qué es?

—Ganar contratos que otros creen imposibles.

Sonreí.

—Entonces tenemos un acuerdo.

Mientras tanto, en Sanke, la situación era completamente diferente.

Zhou Rui había pasado de héroe corporativo a principal responsable del fracaso en menos de veinticuatro horas.

La junta directiva convocó una reunión de emergencia.

El director general Wang exigía explicaciones.

—¿Dónde está Xu Jing?

Zhou Rui tragó saliva.

—Fue despedida.

—¿Quién autorizó el despido?

—Yo.

—¿Por qué?

—Era necesario reorganizar el departamento.

El director Wang golpeó la mesa.

—¡No me importa su reorganización!

Arrojó una copia del contrato sobre la mesa.

—¡Esa mujer llevaba doce meses negociando conmigo!

Zhou Rui guardó silencio.

Entonces un miembro de la junta preguntó:

—¿Y quién reemplazará a Xu Jing?

Zhou Rui miró a su hermano.

—Zhou Hang.

Hubo varios segundos de silencio.

Uno de los directores frunció el ceño.

—¿Tiene experiencia en proyectos de esta magnitud?

Zhou Rui respondió rápidamente:

—Aprenderá.

El director Wang soltó una risa fría.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Entonces colocó su teléfono sobre la mesa.

—Tengo una noticia adicional.

Todos miraron la pantalla.

Era una fotografía.

Yo estaba entrando en la sede de Shenghua.

Debajo aparecía un titular:

“La negociadora despedida por Sanke podría incorporarse a su principal competidor.”

El rostro de Zhou Rui cambió.

—No puede ser.

El director Wang lo miró.

—Ya es demasiado tarde.

Pero aquello todavía no era lo peor.

Esa misma tarde, Shenghua anunció oficialmente mi incorporación.

La noticia se extendió por toda la industria.

En menos de una hora, varios antiguos compañeros comenzaron a escribirme.

“Xu Jing, ¿podemos hablar?”

“Todo fue un malentendido.”

“Zhou Rui estaba bajo mucha presión.”

“No guardes rencor.”

Leí los mensajes uno por uno.

No respondí ninguno.

Hasta que apareció uno diferente.

Era de Zhou Hang.

—¿Realmente crees que puedes venir a Shenghua y quitarnos nuestro proyecto?

Sonreí.

Le respondí:

—El proyecto nunca fue suyo.

Tres puntos suspensivos aparecieron en la pantalla.

Después:

—Mi hermano cometió un error. Yo lo corregiré.

Bloqueé el número.

Al día siguiente comenzó la verdadera batalla.

Shenghua anunció que estaba dispuesto a negociar directamente con el socio del proyecto.

Pero yo pedí algo diferente.

—No quiero que compremos el proyecto de Sanke.

Li Ming me miró.

—¿Entonces?

—Quiero que ganemos uno nuevo.

—¿Con el mismo socio?

—Con otro.

Saqué una carpeta.

—Durante el año que negocié con Wang, estudié toda la cadena de proveedores del sector. Hay una empresa europea que está entrando en Asia y busca un socio local.

Li Ming abrió la carpeta.

Sus ojos se iluminaron.

—Este contrato podría superar los 2.500 millones.

—Lo sé.

—¿Ya hablaste con ellos?

—Todavía no.

—¿Por qué?

Lo miré.

—Porque quería asegurarme de que, si lo consigo, nadie pueda quitármelo después.

Li Ming sonrió.

—Ahora entiendo por qué Wang confiaba tanto en ti.

Tres semanas después viajamos juntos para la primera negociación.

La reunión duró seis horas.

Cuando salí de la sala, había conseguido algo que parecía imposible.

Una carta de intención.

Valor aproximado:

2.700 millones de yuanes.

Pero no quería anunciarlo todavía.

Primero quería terminar una cosa.

La situación de Sanke.

Porque mientras yo avanzaba, Zhou Rui cometía errores cada vez mayores.

Zhou Hang había intentado negociar con Wang.

El resultado fue desastroso.

No conocía los detalles técnicos del proyecto.

No conocía las concesiones anteriores.

No conocía las condiciones que yo había conseguido después de cientos de reuniones.

Y, sobre todo, no conocía la confianza que había construido.

El director Wang canceló oficialmente la cooperación con Sanke.

La empresa sufrió una pérdida enorme.

Pero entonces apareció la segunda bomba.

Una auditoría interna descubrió que Zhou Rui había utilizado recursos de la empresa para pagar varios gastos personales.

Vehículos.

Viajes.

Una vivienda.

Incluso parte de la celebración que había organizado para presumir del supuesto éxito.

Cuando la junta lo confrontó, intentó culparme.

—¡Xu Jing abandonó el proyecto deliberadamente!

El director financiero negó con la cabeza.

—No.

Colocó una carpeta sobre la mesa.

—La señora Xu entregó todos los documentos antes de marcharse.

Zhou Rui quedó inmóvil.

—Eso es imposible.

—No.

El director financiero abrió la carpeta.

—Lo imposible es que usted haya pensado que nadie revisaría los registros.

La junta votó para suspenderlo.

Zhou Hang perdió inmediatamente el puesto que acababa de recibir.

Y entonces ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.

El director general Wang llamó directamente a Li Ming.

—Quiero hablar con Xu Jing.

La llamada pasó a mi teléfono.

—Gerente Xu.

—Director Wang.

Hubo silencio.

—Quiero disculparme.

—No tiene nada que disculpar.

—Sí tengo.

Su voz sonaba cansada.

—Debí haber protegido mejor su posición dentro de Sanke.

—Usted no era mi jefe.

—Pero sabía lo que estaba ocurriendo.

No respondí.

Entonces añadió:

—Quiero hacerle una oferta.

—¿Qué tipo de oferta?

—El proyecto que destruyó Zhou Rui todavía puede recuperarse.

Lo pensé.

—No.

Silencio.

—¿No?

—No quiero volver a negociar para Sanke.

—Lo entiendo.

—Pero podría negociar para Shenghua.

Li Ming, sentado frente a mí, sonrió.

El director Wang también comprendió.

—Entonces creo que podemos hablar.

Tres meses después, Shenghua firmó oficialmente el nuevo acuerdo.

Valor total:

2.700 millones de yuanes.

La noticia apareció en todos los medios empresariales.

Mi nombre estaba al frente del equipo negociador.

Mientras tanto, Sanke estaba luchando por recuperarse.

Una tarde recibí una llamada de un número desconocido.

Contesté.

Era Zhou Rui.

—Xu Jing.

—¿Qué quieres?

—Quiero pedirte perdón.

No dije nada.

—Perdí mi puesto.

Silencio.

—Mi hermano tampoco consiguió el proyecto.

Seguí callada.

—La junta me culpa de todo.

Finalmente respondí:

—No te despidieron porque yo rompiera el contrato.

—Lo sé.

—Te despidieron porque creíste que podías apropiarte del trabajo de otra persona y luego reemplazarla con tu hermano.

No respondió.

—Yo solo quería proteger a mi familia —dijo finalmente.

—Eso no era protección.

Hice una pausa.

—Era abuso de poder.

—¿Nunca podrás perdonarme?

Miré el edificio de Shenghua desde mi ventana.

—Algún día quizá.

—¿Entonces?

—Pero perdonarte no significa volver.

Colgué.

Una semana después recibí una invitación.

Era para una conferencia empresarial nacional.

Yo sería la oradora principal.

Cuando subí al escenario, cientos de empresarios estaban frente a mí.

El moderador sonrió.

—Gerente Xu, ¿cuál fue el momento más difícil de su carrera?

Pensé en aquella sala.

En el contrato de 1.800 millones.

En el mensaje.

“Tu puesto se lo dejaré a mi hermano menor.”

Sonreí.

—El momento más difícil fue descubrir que alguien en quien confiaba podía considerar reemplazable todo mi trabajo.

El público permaneció atento.

—Pero también fue el momento que más me ayudó.

—¿Por qué?

Miré las luces.

—Porque cuando una puerta se cierra después de que has entregado todo lo que tienes, puedes pasar el resto de tu vida golpeándola.

Hice una pausa.

—O puedes construir otra puerta.

El salón estalló en aplausos.

Y mientras descendía del escenario, recibí un mensaje de Li Ming.

—Tenemos otro proyecto.

Sonreí.

—¿Cuánto?

Su respuesta apareció inmediatamente.

3.400 millones.

Guardé el teléfono.

La primera vez me habían despedido porque creían que necesitaban a alguien más.

La segunda vez no esperé a que nadie decidiera mi valor.

**Construí mi propio lugar.

Y esta vez, nadie iba a poder despedirme de él.**

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