PARTE 2: EL NIÑO QUE ME PIDIÓ CASARSE CON ÉL ACABÓ REVELANDO EL SECRETO QUE PODÍA DESTRUIR AL HOMBRE MÁS TEMIDO DE NUEVA YORK

Kian Moretti se quedó mirando a su hijo.

Después miró mi mano.

Luego volvió a mirar a Zayn.

—¿Qué acabas de decir?

Zayn sonrió orgulloso.

—Aurora aceptó casarse conmigo.

Durante dos segundos nadie respiró.

Entonces Kian se agachó hasta quedar a la altura de su hijo.

—Zayn, ¿sabes qué significa casarse?

El niño frunció el ceño.

—Significa protegerla de la bruja.

Kian cerró los ojos brevemente.

—No. Eso no es casarse.

Zayn parecía confundido.

—Pero hicimos una promesa de meñique.

Kian miró hacia mí.

Por primera vez, su expresión no parecía peligrosa.

Parecía cansada.

—¿Quién es la bruja?

Antes de que pudiera responder, Regina golpeó nuevamente la puerta.

—¡Aurora! ¡Sé que estás ahí!

Kian se puso de pie.

Toda la habitación cambió.

—Ahora entiendo.

Uno de sus hombres abrió la puerta.

Regina retrocedió al ver a Kian.

—Señor Moretti…

—¿Por qué está buscando a esta mujer?

Regina intentó sonreír.

—Es un asunto familiar.

—No le pregunté qué relación tiene con ella.

Su voz fue tranquila.

Eso resultó mucho más aterrador.

—Le pregunté por qué la está buscando.

Regina miró hacia mí.

—Aurora le debe dinero a la familia.

—Mentira —respondí.

Kian volvió la cabeza.

—Explíquese.

Respiré profundamente.

—Mi madrastra apostó dinero que no tenía. Cuando perdió, decidió entregarme como forma de pagar la deuda.

Regina palideció.

—¡Eso no es cierto!

Uno de los hombres de Kian colocó un teléfono sobre una caja.

—Tenemos una grabación de la conversación de hace tres días.

Regina se quedó inmóvil.

La grabación confirmó cada palabra.

Kian ni siquiera necesitó levantar la voz.

—Salga.

—Pero…

—Ahora.

Regina desapareció del almacén.

Zayn tomó mi mano.

—¿Ves? Papá es el caballero.

Kian suspiró.

—Hijo, primero debemos aclarar algo.

Se arrodilló otra vez.

—Aurora es una adulta y tú eres un niño. No pueden casarse.

Zayn abrió mucho los ojos.

—¿Nunca?

—No.

El niño pareció decepcionado.

Kian continuó:

—Pero puedes ser su amigo.

Zayn miró hacia mí.

—¿Amigos para siempre?

Sonreí.

—Eso sí puedo prometerlo.

Zayn aceptó inmediatamente.

Entonces Kian volvió a mirarme.

—¿Tiene algún lugar seguro donde ir?

Negué con la cabeza.

—No.

—Entonces tendrá uno esta noche.

No entendí.

—No quiero deberle nada.

—No me debe nada.

Hizo una pausa.

—Mi hijo decidió protegerla. Yo simplemente voy a asegurarme de que nadie vuelva a tocarla.

Aquella noche me llevaron a una pequeña casa segura en Brooklyn.

Por primera vez en meses dormí sin esperar que alguien golpeara la puerta.

Pero a la mañana siguiente descubrí algo extraño.

Regina no era la única persona buscándome.

Kian dejó una carpeta sobre la mesa.

—Su padre dejó algo antes de morir.

Abrí la carpeta.

Dentro había documentos relacionados con una empresa que no conocía.

—¿Qué es esto?

—Una cuenta protegida.

—¿A mi nombre?

Kian asintió.

—Su padre la creó para usted. Regina intentó localizarla durante años.

Leí el último documento.

Mi padre había dejado instrucciones precisas.

Si alguna vez estaba en peligro, debía contactar a una persona llamada Moretti.

Miré a Kian.

—¿Mi padre te conocía?

—Sí.

La respuesta me dejó sin palabras.

—Trabajó conmigo muchos años atrás.

Entonces comprendí.

Mi padre no había muerto dejando únicamente deudas.

Había estado protegiendo algo.

Y Regina lo sabía.

Kian señaló el último sobre.

—Hay una carta.

La abrí con manos temblorosas.

Solo contenía unas líneas.

Aurora, si estás leyendo esto, significa que finalmente intentaron quitarte lo que te pertenece. Confía en Kian. Él conoce la verdad sobre mi muerte.

Levanté la mirada.

—¿Mi padre fue asesinado?

Kian guardó silencio.

Y aquella fue la primera vez que comprendí que mi historia no había comenzado con Regina.

Había comenzado mucho antes.

Con mi padre.

Con Kian.

Y con un secreto que alguien había estado dispuesto a matar para mantener oculto.

Kian se levantó.

—Ahora entiendo por qué te estaban buscando.

—¿Por qué?

Miró la carta.

—Porque tu padre dejó pruebas suficientes para destruir a varias personas poderosas.

Sentí un escalofrío.

—¿Y qué vas a hacer?

Kian sostuvo mi mirada.

—Lo que tu padre me pidió hace años.

—¿Qué?

—Mantenerte viva.

Desde el pasillo llegó la voz de Zayn.

—¡Aurora! ¡Encontré mis crayones!

Por primera vez en mucho tiempo, me reí.

Kian también sonrió ligeramente.

Y mientras caminaba hacia el niño, comprendí que aquella extraña promesa infantil había hecho algo que ninguno de nosotros esperaba.

**No había creado un matrimonio.

Había creado una alianza.**

Y esa alianza estaba a punto de revelar quién había convertido mi vida en una deuda durante tantos años.

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