PARTE 2: LA SOCIA QUE ETHAN NUNCA ESPERÓ VER

A las nueve de la mañana, entré en la sede de Walker Group.

No iba sola.

A mi lado caminaban dos abogados y el director financiero de mi empresa.

El vestíbulo estaba lleno de ejecutivos que hablaban en voz baja hasta que me reconocieron.

Algunos habían visto mi nombre en revistas financieras.

Otros simplemente habían oído hablar de la empresa extranjera que había adquirido una participación decisiva en Walker Group.

Pero nadie parecía preparado para verme allí.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Ethan salió de una sala de reuniones.

Se detuvo.

Yo también.

Durante unos segundos nos miramos.

Entonces el director ejecutivo que estaba junto a él dijo:

—Señor Walker, permítame presentarle a la nueva socia estratégica.

Ethan no apartó los ojos de mí.

—No hace falta.

Su voz había perdido toda la arrogancia del aeropuerto.

Yo extendí la mano.

—Buenos días, Ethan.

No la tomó inmediatamente.

—Tú.

—Yo.

Finalmente estrechó mi mano.

—¿Tú compraste la participación?

—Sí.

—¿Por qué?

Sonreí ligeramente.

—Porque era una buena inversión.

Uno de mis abogados dejó una carpeta sobre la mesa.

—Nuestra adquisición incluye una participación suficiente para participar en las decisiones estratégicas de la compañía.

Ethan miró los documentos.

—Esto es una broma.

—No.

—¿Sabías que era mi empresa?

—Por supuesto.

Su rostro cambió.

—Entonces lo hiciste para vengarte.

Negué.

—Si quisiera vengarme, habría comprado una empresa en quiebra.

Silencio.

—Compré una empresa con potencial.

Y esa respuesta pareció dolerle más que cualquier insulto.


La reunión duró tres horas.

Presenté un plan de reestructuración.

Reducción de gastos innecesarios.

Nuevos contratos internacionales.

Expansión hacia dos mercados que Walker Group había ignorado durante años.

Ethan escuchaba en silencio.

Al final, uno de los miembros de la junta preguntó:

—¿Y cuál será el papel del señor Walker?

Lo miré.

—Seguirá siendo director ejecutivo mientras cumpla los objetivos acordados.

Ethan levantó la cabeza.

—¿Y si no los cumplo?

—La junta decidirá.

—¿Incluyéndote a ti?

—Especialmente a mí.

Nadie volvió a hablar.


Aquella tarde regresé al hospital.

Mi madre estaba despierta.

—¿Cómo fue la reunión?

Sonreí.

—Interesante.

Ella me miró durante unos segundos.

—Lo viste.

—Sí.

—¿Y?

—Ahora somos socios.

Mi madre abrió mucho los ojos.

—¿Tú?

—Yo.

Por primera vez desde que había regresado, mi madre soltó una pequeña risa.

—Tu padre habría estado orgulloso.

Bajé la mirada.

—Espero que tú también.

Ella me tomó la mano.

—Siempre lo estuve.

Aquellas palabras me dolieron.

—Entonces, ¿por qué nunca me defendiste?

Mi madre cerró los ojos.

—Porque fui cobarde.

El silencio se volvió pesado.

—Cuando te divorciaste, Ethan vino a verme. Me dijo que si seguía apoyándote, nuestra familia perdería todo.

—¿Y Lina?

Mi madre comenzó a llorar.

—Lina ya estaba cerca de él.

Sentí un frío extraño.

—¿Antes de mi divorcio?

Ella no respondió.

No necesitaba hacerlo.


Esa noche Lina llegó al hospital.

Esta vez entró sola.

Se sentó frente a mí.

—Tengo que decirte la verdad.

—Te escucho.

—Empezó antes de que terminaras con Ethan.

Sentí que algo dentro de mí se quedaba completamente quieto.

—¿Cuánto antes?

—Unos meses.

No dije nada.

—No quería que sucediera —continuó—. Pero él decía que tu matrimonio estaba terminado.

—¿Y le creíste?

Lina lloró.

—Sí.

—¿Y después nació tu hijo?

Asintió.

—Pero nunca te dije que Ethan era el padre porque tenía miedo de perder a todos.

La miré.

—Ya los habías perdido.

Lina bajó la cabeza.

—Lo sé.


Dos días después, Ethan apareció en el hospital.

No llevaba traje.

No llevaba reloj caro.

Solo una expresión cansada.

—¿Puedo hablar contigo?

Salí al pasillo.

—Habla.

—Lo de Lina…

—Ya lo sé.

Cerró los ojos.

—Quiero pedirte perdón.

—Llegas cinco años tarde.

—Lo sé.

—¿La amabas?

—No como te amaba a ti.

Solté una pequeña risa.

—No vuelvas a decir eso.

Él me miró.

—¿Por qué?

—Porque el amor no se demuestra diciendo que alguien es especial mientras haces exactamente lo contrario.

Ethan bajó la mirada.

—Tenías razón.

—Lo sé.


Una semana después, mi madre recibió el alta.

Antes de salir del hospital, me llamó.

—Ava.

Me giré.

—¿Sí?

—Quiero que vuelvas a casa.

Pensé en la antigua casa familiar.

En los recuerdos.

En todo lo que había dejado atrás.

—No puedo.

Mi madre pareció herida.

—¿Por qué?

—Porque mi hogar ya no está allí.

Le tomé la mano.

—Pero puedo ayudarte a encontrar uno nuevo.

Ella sonrió entre lágrimas.

—Eso es suficiente.


Tres meses después, Walker Group comenzó a recuperarse.

Los contratos internacionales llegaron.

La junta aprobó mi estrategia.

Ethan continuó como director ejecutivo, pero ahora tenía que rendir cuentas ante todos, incluida yo.

Nunca volvimos a ser pareja.

Tampoco volvimos a fingir que éramos enemigos.

Éramos dos personas que habían compartido una parte de sus vidas y habían aprendido demasiado tarde que el amor no sobrevive cuando la confianza desaparece.

Lina se mudó a otra ciudad con su hijo.

Con el tiempo, comenzamos a hablar.

No volvimos a ser las hermanas de antes.

Pero dejamos de hacernos daño.

Y eso ya era un comienzo.


Un año después, volví al mismo aeropuerto.

Esta vez no llegaba.

Me iba.

Mi madre estaba bien.

Mi empresa había crecido.

Y Walker Group se había convertido oficialmente en uno de mis socios más importantes.

Mientras esperaba mi vuelo, escuché una voz detrás de mí.

—¿Vas a volver?

Era Ethan.

Lo miré.

—Algún día.

—¿Por mí?

Sonreí.

—No.

Él asintió lentamente.

—Lo imaginé.

—Volveré por mi madre. Por mis negocios. Por las personas que todavía forman parte de mi vida.

Hice una pausa.

—Pero nunca volveré a ser la mujer que salió de esta ciudad hace cinco años.

Ethan sonrió con tristeza.

—Eso es probablemente lo mejor.

Tomé mi maleta.

Antes de alejarme, me detuve.

—Ethan.

—¿Sí?

—Aquel día en el aeropuerto dijiste que había regresado porque había perdido.

Él bajó la mirada.

—Lo recuerdo.

—Te equivocaste.

Me puse las gafas.

—No regresé porque hubiera perdido. Regresé porque finalmente tenía algo que elegir.

Y mientras caminaba hacia la puerta de embarque, comprendí que la verdadera victoria nunca había sido convertirme en su socia.

Había sido regresar a la ciudad donde una vez pensé que lo había perdido todo…

y descubrir que, en realidad, lo único que había perdido era una vida que nunca me perteneció.

Related Posts

PARTE 2: LA VERDAD DETRÁS DE HAWTHORNE HOUSE

Daniel sostuvo el micrófono. Vanessa intentó quitárselo. —Daniel, por favor. Él apartó la mano. —No. Miró a los doscientos invitados. —Creo que todos merecen saber por qué…

Parte 2: LA FIRMA QUE MIS PADRES OCULTARON Y LAS 53 LLAMADAS QUE LLEGARON DEMASIADO TARDE

—Mariana —repitió mi padre—. Dime que esto no tiene que ver con aquella firma que hicimos hace dos años. Mi madre apartó lentamente el teléfono de su…

PARTE 2: EL HOMBRE QUE NUNCA VOLVIÓ A DEJARLA SOLA

—No. La palabra de Adrian Moretti cayó sobre la boutique como una puerta cerrándose. Trevor dejó de forcejear. Adrian soltó lentamente su muñeca y se colocó delante…

Parte 2: TODOS SE RIERON CUANDO DIJE QUE SU PATEK PHILIPPE ERA FALSO… HASTA QUE REVELÉ QUIÉN ESTABA REALMENTE DETRÁS DEL ATAQUE CONTRA LOS GRANT

Ethan Blake bajó instintivamente la mano para ocultar el reloj. Fue un movimiento pequeño. Pero suficiente. Victoria fue la primera en notarlo. —¿Por qué lo escondes? Ethan…

PARTE 2: EL IMPERIO QUE DEJÉ DE SOSTENER

Adrian todavía estaba mirándome cuando firmé la última página. —¿No vas a discutir? —preguntó. Cerré la carpeta. —No. Claire sonrió. —Qué madura. La miré. —Disfruta de la…

Parte 2: SE BURLARON DE MÍ Y ME OFRECIERON TRABAJO DE LIMPIEZA, PERO CUANDO EL ABUELO DEL GENERAL CAYÓ INCONSCIENTE, TODA LA BASE DESCUBRIÓ QUIÉN ERA YO EN REALIDAD

El hombre soltó mi muñeca como si acabara de quemarse. Nadie volvió a reír. El oficial que había entrado permanecía firme frente a mí. —Doctora Harper, el…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *