Parte 2: EL BANQUETE QUE CAMBIÓ TRES DESTINOS

La cena de despedida llegó tres días después.

Caleb había reservado el restaurante Zhou y, tal como prometió, invité a veinte personas.

Solo había un pequeño detalle que nadie conocía.

Yo no había pagado un solo centavo.

Cuando Caleb entró con Lily, su sonrisa desapareció al ver el salón privado decorado con flores, música en vivo y una mesa preparada para treinta personas.

—¿Ivy? —preguntó—. ¿Cuánto gastaste?

—No importa.

Lily miró alrededor, encantada.

—Es precioso. Sabía que Ivy podía hacerlo.

Me limité a sonreír.

—Disfrútalo.

Durante la cena, Lily recibió regalos, felicitaciones y brindis.

Caleb parecía orgulloso.

—Gracias por organizar todo esto —me dijo—. Finalmente estás entendiendo que somos una familia.

Bajé la copa.

—Sí. Una familia que pronto se separará.

Él soltó una risa.

—Todavía estás bromeando.

—No.

Entonces las puertas se abrieron.

Entraron mis padres.

Detrás de ellos venían varios abogados y un hombre de traje oscuro.

Caleb se levantó de golpe.

—¿Quiénes son?

Mi padre respondió tranquilamente:

—Los padres de Ivy.

Lily se puso pálida.

Ella conocía perfectamente la reputación de mi familia.

No éramos pobres.

No éramos desconocidos.

Y, sobre todo, nunca habíamos necesitado la aprobación de nadie para vivir con dignidad.

Caleb me miró confundido.

—¿Por qué están aquí?

—Porque vine a despedirme.

—¿De quién?

—De ti.

El salón quedó en silencio.


Caleb se acercó.

—¿Qué significa esto?

Saqué de mi bolso un documento.

—Mi renuncia.

—¿Renuncia a qué?

—A nuestro compromiso.

Su rostro cambió.

—No puedes hablar en serio.

—Lo estoy.

Lily se levantó.

—Caleb, seguramente Ivy está molesta. Dale tiempo.

La miré.

—No estoy molesta.

Saqué otro documento.

—Estoy despierta.

Lily dejó de sonreír.

—¿Qué quieres decir?

—Sé que Caleb te entrega casi todo su salario.

Caleb palideció.

—¿Quién te dijo eso?

—Tus propios registros bancarios.

Mi padre colocó una carpeta sobre la mesa.

—También sabemos que Lily pidió préstamos en nombre de Caleb.

Caleb miró a Lily.

—¿Qué?

Ella comenzó a llorar.

—Yo solo necesitaba ayuda.

—¿Por qué nunca me dijiste que tenías deudas?

—Porque sabía que me abandonarías.

Caleb se quedó inmóvil.

Entonces llegó el primer giro.

Lily no estaba planeando volver a la ciudad con nosotros.

Había estado intentando conseguir suficiente dinero para abandonar el pueblo con otro hombre.

Mi padre colocó fotografías sobre la mesa.

Caleb las miró.

Lily aparecía junto a un hombre llamado Victor.

Su rostro perdió todo color.

—Esto es mentira.

Mi madre habló por primera vez.

—No lo es.

Lily comenzó a llorar.

—Caleb, yo puedo explicarlo.

Él retrocedió.

—¿Cuánto tiempo?

Ella guardó silencio.

—¿Cuánto tiempo llevas con él?

—Seis meses.

Caleb cerró los ojos.

Yo no sentí satisfacción.

Solo una extraña tranquilidad.


Pero entonces Caleb me miró.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Por qué aceptaste casarte con Nathan?

El salón quedó completamente silencioso.

Sonreí.

—Porque ya lo conocía.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de conocerte.

Mi padre tomó una carta.

—Nathan Foster está esperando afuera.

La puerta se abrió.

Nathan entró.

Caleb lo reconoció inmediatamente.

—¿Tú?

Nathan asintió.

—Hola, Caleb.

Él miró hacia mí.

—¿Ya lo habías decidido?

—Sí.

—¿Antes de esta cena?

—Mucho antes.

Caleb tragó saliva.

—Entonces todo esto fue una despedida.

—Exactamente.


Lily se acercó a Caleb.

—Por favor, perdóname.

Él la miró durante varios segundos.

—Te perdono.

Ella empezó a llorar.

—¿De verdad?

—Sí.

Hizo una pausa.

—Pero ya no quiero formar parte de tu vida.

Lily se quedó paralizada.

Caleb dejó su tarjeta bancaria sobre la mesa.

—No voy a seguir pagando tus deudas.

Se volvió hacia mí.

—Y tampoco voy a pedirte que vuelvas.

Me sorprendió.

—¿Por qué?

Sonrió con tristeza.

—Porque finalmente entendí que nunca te valoré.


La segunda sorpresa llegó al día siguiente.

Caleb descubrió que Lily había falsificado varios documentos para conseguir préstamos.

La mujer que durante años había presentado como una amiga indefensa había manipulado a todos a su alrededor.

Incluso había enviado mensajes a mis padres fingiendo ser yo para provocar discusiones.

Caleb quedó devastado.

Pero decidió asumir las consecuencias de haber confiado ciegamente en ella.

Terminó su relación con Lily y comenzó a pagar personalmente las deudas que realmente le correspondían.

Mientras tanto, mis padres recuperaron varios documentos que Caleb había conservado relacionados con nuestro antiguo proyecto laboral.

No quería nada de él.

Solo quería cerrar aquella etapa.


Una semana después, regresé a la ciudad.

Nathan vino a recogerme.

—¿Segura? —preguntó.

—Sí.

—No tienes que casarte conmigo solo porque te debo algo.

Lo miré sorprendida.

—No te debo nada.

—Entonces, ¿por qué yo?

Sonreí.

—Porque en mi vida anterior fuiste la persona que se quedó cuando todos los demás se fueron.

Nathan bajó la mirada.

—Eso no significa que tengas que elegirme.

—Lo sé.

Tomé su mano.

—Por eso te estoy eligiendo.


Nos casamos seis meses después.

No hubo una boda exagerada.

Solo familia, amigos cercanos y una pequeña ceremonia en el jardín de mis padres.

Nathan tomó mi mano.

—¿Estás feliz?

Miré alrededor.

—Mucho.

—¿Sin arrepentimientos?

Pensé en Caleb.

En Lily.

En el pueblo.

En la vida que había dejado atrás.

—Ninguno.


Un año después, recibí una carta de Caleb.

Decía:

“Ivy:

Ahora entiendo por qué te fuiste sin discutir.

Pensé que estabas perdiendo una oportunidad.

En realidad, estabas recuperando tu vida.

Espero que seas feliz.

Yo finalmente estoy aprendiendo a vivir sin culpar a otros por mis decisiones.”

Doblé la carta.

No sentí dolor.

Solo paz.

Nathan apareció detrás de mí.

—¿Quién era?

Le entregué la carta.

—Alguien de mi pasado.

La leyó y me la devolvió.

—¿Quieres responder?

Negué.

—No hace falta.

Nathan sonrió.

—Entonces ven.

—¿A dónde?

—Tu madre preparó la cena.

Me reí.

—¿Y tú sabes que mi madre cocina mejor que tú?

—Eso no será difícil.

Salimos juntos.

Y mientras cerraba la puerta, comprendí algo que nunca había entendido en mi primera vida.

No todas las despedidas son pérdidas. Algunas son rescates.

Caleb eligió quedarse en el pueblo.

Lily eligió su propio camino.

Y yo elegí a Nathan.

Esta vez no por obligación.

No por gratitud.

No por miedo.

Lo elegí porque, por primera vez, mi futuro era una decisión mía.

Y esa fue la vida que finalmente merecía.

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