Parte 2: EL PARAGUAS NEGRO Y LA VERDAD QUE DANIEL NUNCA ME CONTÓ

Aquella noche casi no dormí.

No podía dejar de pensar en Daniel, en Lily y en el paraguas amarillo que durante años había significado tantas cosas para mí.

Pero, al día siguiente, decidí algo.

No iba a permitir que una frase sobre mi apariencia decidiera cuánto valía yo.

Cuando entré al colegio, Daniel ya estaba esperándome frente al salón.

—Sophie, tenemos que hablar.

—Podemos hablar.

Él bajó la mirada.

—Lo de ayer… me pasé.

—Sí.

Pareció sorprendido de que no intentara justificarlo.

—No quería hacerte sentir mal.

—Pero lo hiciste.

Daniel guardó silencio.

Entonces apareció Lily.

—Daniel, la profesora te está buscando.

Él asintió y se marchó con ella.

Yo respiré profundamente.

Durante el recreo, fui a la biblioteca para estar tranquila.

Pero alguien dejó un vaso de chocolate caliente sobre mi mesa.

Levanté la vista.

Era Ethan.

—¿Chocolate? —pregunté.

—Dijiste ayer que otro día me invitarías a comer.

Sonreí.

—Eso fue una forma de agradecerte.

—Yo acepté la invitación.

No pude evitar reír.

—Entonces tendrás que soportar mi compañía.

—Creo que podré sobrevivir.

Por primera vez en dos días, me sentí realmente cómoda.

Hasta que Ethan sacó algo de su mochila.

Era una fotografía.

La colocó frente a mí.

Sentí que el corazón se me detenía.

Era una foto de Daniel y yo cuando éramos niños.

—¿De dónde sacaste esto?

—Daniel me la enseñó hace meses.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

Ethan me miró directamente.

—Porque estaba preocupado por ti.

Aquello no tenía sentido.

—¿Preocupado?

—Sí. Y también porque… Daniel sabía que yo quería conocerte.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

Ethan sonrió ligeramente.

—Pero no de la forma que estás pensando.

Antes de que pudiera preguntarle más, Daniel apareció entre los estantes.

Su rostro cambió al vernos juntos.

—Ethan.

—Daniel.

Los dos se miraron durante varios segundos.

Entonces Daniel soltó un suspiro.

—Ya no puedo seguir ocultándolo.

Me quedé mirando a mi amigo.

—¿Ocultando qué?

Daniel apretó los puños.

—Lily no es la razón por la que me alejé de ti.

Mi corazón dio un vuelco.

—Entonces, ¿por qué?

Daniel tragó saliva.

—Porque me gustas, Sophie.

El silencio fue absoluto.

—¿Qué?

—Me gustas desde hace años. Pero nunca tuve el valor de decírtelo.

—¿Y decidiste insultarme delante de todo el colegio?

—No —respondió rápidamente—. Eso fue culpa mía. Escuché a unos chicos decir cosas horribles y pensé que… si te hacía cambiar, dejarían de molestarte.

Lo miré con incredulidad.

—¿Cambiarme?

—Sé que estuvo mal.

—No, Daniel. Estuvo muy mal.

Él bajó la cabeza.

—Lo sé.

Entonces Lily apareció detrás de él.

—Sophie, necesito explicarte algo.

Me crucé de brazos.

Lily respiró profundamente.

—Daniel me pidió ayuda.

—¿Ayuda para qué?

—Para acercarse a ti.

Abrí los ojos.

El chico al que había visto sentado con Lily no estaba reemplazándome. Estaba intentando descubrir cómo volver a hablar conmigo.

Pero aquello no justificaba nada.

—Daniel, aunque te gustara desde hace años, no tenías derecho a hacerme sentir mal.

—Lo sé.

—Y tampoco puedes decidir cómo debería verme.

—Tienes razón.

Lily intervino:

—Además, yo nunca quise que te sintieras comparada conmigo.

La miré.

—¿Entonces por qué aceptaste sentarte con él?

—Porque pensé que estaba intentando ayudarte. Después entendí que estaba empeorando todo.

Daniel suspiró.

—Y hay otra cosa.

Lo miré con cautela.

—¿Qué?

Sacó de su mochila el viejo paraguas amarillo.

—Lo llevé ayer.

Me quedé helada.

—¿Qué?

—Cuando salí del colegio, te estaba buscando. Pero vi que Ethan estaba contigo y… pensé que quizá no querías verme.

Ethan levantó una ceja.

—Eso no es exactamente lo que ocurrió.

Daniel lo miró.

—¿Qué quieres decir?

Ethan sonrió.

—Yo le dije que fuera a hablar contigo.

Daniel se quedó callado.

Entonces Ethan se volvió hacia mí.

—Y también tengo que decirte algo.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

—¿Qué?

—No sabía cómo decírtelo ayer, pero… yo también quería conocerte desde hace tiempo.

Daniel abrió mucho los ojos.

—¿Desde cuándo?

—Desde que Sophie ganó el concurso de ciencias el año pasado.

Me quedé completamente sorprendida.

—¿Tú recuerdas eso?

—Recuerdo muchas cosas.

Los tres quedamos en silencio.

Por primera vez, comprendí que aquella semana no había sido simplemente una historia sobre Daniel.

Había sido el momento en que dejé de medir mi valor con los ojos de otras personas.

Miré a Daniel.

—Podemos seguir siendo amigos.

Su expresión se iluminó.

—¿De verdad?

—Sí. Pero tendrás que aprender algo.

—¿Qué?

—Nunca vuelvas a decidir por mí qué debo cambiar para gustarle a alguien.

Daniel asintió solemnemente.

—Prometido.

Luego miré a Ethan.

—Y tú…

—¿Yo?

—Me debes un almuerzo.

Sonrió.

—Mañana.

Daniel protestó:

—¡Oye!

Los tres terminamos riendo.

Al salir del colegio, comenzó a llover.

Daniel abrió su viejo paraguas amarillo.

Ethan abrió el suyo, negro.

Los dos me miraron.

—¿Con cuál vienes? —preguntó Daniel.

Miré ambos paraguas y sonreí.

—Con ninguno.

—¿Por qué?

Abrí mi propio paraguas.

—Porque puedo caminar sola.

Los dos se quedaron mirándome.

Después, Ethan sonrió.

Daniel también.

Y mientras caminaba hacia la salida, entendí que aquella lluvia ya no me parecía triste.

Porque no necesitaba que alguien me cubriera para sentirme valiosa.

Podía aceptar una mano cuando quisiera.

Podía decir que no cuando fuera necesario.

Y, sobre todo, podía seguir siendo Sophie Hayes sin tener que convertirme en la versión que otra persona esperaba de mí.

Ese día, por primera vez, sentí que realmente estaba caminando bajo mi propio cielo.

Related Posts

Parte 2: EL DÍA EN QUE MI HIJO VOLVIÓ POR MIS MILLONES Y DESCUBRIÓ QUE YA HABÍA ELEGIDO A MI VERDADERA FAMILIA

Observé a Caleb y Melissa desde la ventana. Tres semanas antes me habían dejado bajo la lluvia. Ahora Caleb sostenía flores. Melissa llevaba una caja de chocolates….

Parte 2: LA GEMELA QUE ME ROBARON AL NACER Y EL SECRETO QUE GRACE SE LLEVÓ A LA TUMBA

—Emma —dije con cuidado—, ¿cómo se llamaba tu madre? La niña apretó todavía más el osito. —Grace. El mundo dejó de moverse. —¿Grace qué? Sus ojos verdes…

Parte 2: LA VERDAD QUE DESTRUYÓ SU MENTIRA Y LE DEVOLVIÓ LA LIBERTAD

Cuando llegué al despacho de mi abogado, él no me invitó a sentarme. Simplemente deslizó una carpeta gruesa sobre el escritorio. —Ábrela. Mis manos temblaban mientras levantaba…

Parte 2: LA VERDAD QUE LLEVABA CINCO AÑOS VIVIENDO BAJO OTRO TECHO

Adrián bajó la mirada. Por primera vez desde que entré en aquella casa, parecía incapaz de sostenerme los ojos. —Elena… déjame explicarlo. Sonreí con una serenidad que…

Parte 2: La verdad que nadie pudo enterrar

El silencio en la habitación fue absoluto. La presidenta del Comité de Ética todavía sostenía la carpeta entre las manos. Yo seguía mirando aquella firma. Era casi…

Parte 2: LA NOVIA SE LA CEDÍ… Y TAMBIÉN EL DESASTRE QUE HABÍAN PREPARADO

El salón quedó completamente inmóvil. Nadie aplaudió. Nadie habló. Solo se escuchó el golpe suave del velo al caer sobre el mármol. Emily seguía sosteniendo el ramo…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *