Parte 2: LA CASA QUE NUNCA FUE DE JASON

El auto negro se detuvo frente al edificio menos de veinte minutos después.

Jason miró por la ventana y soltó una carcajada.

—¿De verdad contrataste una mudanza a estas horas?

No respondí.

La puerta del auto se abrió y Samuel Grant bajó acompañado de dos abogados y tres empleados de seguridad.

Jason dejó de sonreír.

—¿Samuel Grant?

Samuel caminó directamente hacia mí.

—Sofia, ¿estás bien?

—Ahora sí.

Jason palideció.

—¿Qué hace usted aquí?

Samuel ni siquiera lo miró.

—Vine por ella.

Jason soltó una risa nerviosa.

—¿Por ella? ¿La conoce?

Samuel finalmente giró la cabeza.

—La conozco desde antes de que tú supieras siquiera quién era.

Jason frunció el ceño.

—No entiendo.

Samuel sacó una carpeta de cuero.

—Entonces será mejor que entiendas rápido.

La abrió delante de él.

—El apartamento está registrado a nombre de una empresa inmobiliaria perteneciente al Grupo Suárez.

Jason tragó saliva.

—Eso no significa nada. Yo firmé el contrato.

—Sí —respondió Samuel—. Como administrador temporal de la propiedad.

Jason me miró.

—Sofia…

—Sigue hablando —le dije—. Hace una hora estabas muy seguro de que todo esto era tuyo.

Uno de los abogados colocó varios documentos sobre la mesa del recibidor.

—Los muebles, el automóvil y la mayoría de los bienes dentro del apartamento fueron adquiridos mediante cuentas vinculadas a la misma empresa.

Jason empezó a negar con la cabeza.

—Eso es imposible.

Samuel cerró la carpeta.

—No. Lo imposible era que creyeras que una mujer con un sueldo de cinco mil al mes podía vivir tres años aquí sin que nadie supiera quién era.

Jason me miró fijamente.

—¿Quién eres realmente?

Respiré profundamente.

—Mi nombre es Sofia Miller. Pero antes de casarme con el apellido de mi madre, mi padre era uno de los principales accionistas privados del Grupo Suárez.

Jason se quedó inmóvil.

—No…

—Sí.

Samuel añadió:

—Y tu ascenso tampoco ocurrió por casualidad.

Jason levantó la cabeza.

—¿Qué quiere decir?

Samuel dejó otro documento sobre la mesa.

—La empresa investigó tu desempeño durante los últimos seis meses. Sofia fue quien recomendó que te dieran la oportunidad de demostrar tu capacidad.

Jason abrió los ojos.

—¿Tú?

Asentí.

—Quería saber si podías crecer por tus propios méritos.

—¡Entonces tú sabías todo esto!

—No sabía lo de Bianca.

Su expresión cambió.

—Sofia, puedo explicarlo.

—No necesitas hacerlo.

Pero Samuel levantó una mano.

—En realidad, sí.

Sacó su teléfono y reprodujo una grabación.

La voz de Jason llenó el pasillo.

“Cuando consiga entrar al proyecto principal, me desharé de Sofia. Bianca tiene conexiones. Esa chica sí puede ayudarme.”

Jason cerró los ojos.

—Eso fue antes…

—No —lo interrumpí—. Fue anoche.

Entonces llegó el segundo giro.

Samuel recibió una llamada y contestó brevemente.

—Entendido.

Colgó.

—Hay algo más.

Miró a Jason.

—Bianca White nunca estuvo interesada en ti.

Jason pareció confundido.

—¿Qué?

—Solo te estaba utilizando para obtener información sobre la estructura interna del Grupo Suárez.

El abogado deslizó una copia de varios mensajes sobre la mesa.

—Y tenemos pruebas de que intentaste compartir información confidencial de la empresa con ella.

Jason retrocedió.

—¡Eso no es cierto!

Samuel señaló el teléfono.

—Está todo ahí.

Jason me miró desesperado.

—Sofia, por favor. Yo te amo.

Sentí una tristeza extraña.

No porque le creyera.

Sino porque finalmente entendí que nunca había amado a la mujer que yo era.

Solo había amado la versión de mí que él creía inferior.

—Hace una hora me dijiste que no tenía nada —respondí—. Ahora quieres que te dé todo.

—Puedo cambiar.

—Yo también.

Tomé mi maleta.

—Pero mi cambio consiste en no volver a aceptar que alguien me trate como si no valiera nada.

Jason cayó de rodillas.

—¡No me hagas esto!

Samuel se acercó.

—Levántate. No vas a conseguir nada así.

Jason comenzó a llorar.

—Sofia, por favor…

Lo miré por última vez.

—Tú mismo me dijiste que me fuera.

Señalé la puerta.

—Ahora estoy obedeciendo.

Dos semanas después, el Grupo Suárez terminó oficialmente el contrato de Jason después de completar la investigación interna.

Bianca también quedó fuera del proyecto.

Y el apartamento fue entregado a una nueva administradora.

Yo, en cambio, regresé a la casa de mi padre.

Samuel estaba allí aquella tarde.

—Tu padre habría estado orgulloso de ti —dijo.

Sonreí.

—Él siempre quiso que aprendiera a defenderme sola.

Samuel dejó una pequeña caja sobre la mesa.

—Entonces esto es tuyo.

Dentro había un anillo antiguo.

Lo reconocí inmediatamente.

—¿El anillo de mi madre?

—Tu padre me pidió que te lo entregara cuando estuvieras preparada.

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Preparada para qué?

Samuel sonrió.

—Para dejar de esconder quién eres.

Miré el anillo y comprendí que aquella noche no había perdido una casa.

Había recuperado mi vida.

Y por primera vez en años, no necesitaba que nadie me eligiera.

Porque yo ya me había elegido a mí misma.

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