Parte 2: LA SANGRE QUE CAMBIÓ TODA LA VERDAD

El sobre cayó de las manos de Stellan.

—¿Qué acabas de decir?

El médico tragó saliva.

—El análisis de ADN confirma que Evan Hart no era el padre biológico de Fern.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—Eso es imposible.

Stellan levantó la mirada hacia mí.

—Selene, necesito que me digas todo lo que recuerdes sobre el embarazo.

—Ya te lo dije. Evan estuvo conmigo.

—¿Estás segura de que Fern es hija de Evan?

Abrí la boca, pero no salió ningún sonido.

Entonces el médico colocó otro documento sobre el escritorio.

—Hay algo más.

Stellan lo tomó.

Su expresión cambió lentamente.

—¿Qué es?

—El ADN de Fern coincide directamente con el suyo.

El silencio fue absoluto.

Miré a Stellan.

—No.

Él cerró los ojos durante varios segundos.

—Fern es mi hija.

Sentí que las piernas dejaban de responderme.

—Eso no puede ser.

—Sí puede.

—Yo estuve con Evan.

—¿Cuándo?

Le di la fecha.

Stellan se quedó inmóvil.

Después abrió un cajón y sacó una segunda fotografía.

En ella aparecíamos él y yo.

Mucho más jóvenes.

Yo tenía diecinueve años.

Él, veinticuatro.

Me llevé una mano a la boca.

—¿De dónde sacaste eso?

—Evan me la envió hace tres años.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué nunca me la enseñaste?

—Porque pensé que era una advertencia.

Stellan dejó la fotografía sobre el escritorio.

—Evan me dijo que alguien estaba buscando a la mujer que yo había amado. Me pidió que desapareciera y que jamás intentara encontrarte.

Sentí un escalofrío.

—Pero tú nunca regresaste.

—Porque Evan me dijo que estabas muerta.

Mi respiración se cortó.

—¿Qué?

Stellan apretó la mandíbula.

—Me mostró una fotografía de un accidente. Dijo que habías muerto poco después de irte de Chicago.

Entonces todo comenzó a encajar.

Evan había mentido durante años.

Pero quedaba una pregunta.

—¿Por qué?

Antes de que Stellan pudiera responder, su teléfono vibró.

Miró la pantalla.

Su rostro se endureció.

—Es un número que no existe.

Contestó.

—Habla.

Una voz masculina respondió al otro lado.

—Si quieres saber por qué Evan hizo todo esto, ven solo al almacén de Halsted.

Stellan colgó.

—Voy contigo —dije.

—No.

—Fern también es mi hija.

Stellan me miró fijamente.

—Precisamente por eso no pienso arriesgarte.

Sin embargo, antes de que pudiera discutir, la puerta se abrió.

La señora Thornbury apareció completamente pálida.

—Señor Cross…

Stellan se giró.

—¿Qué ocurre?

Ella miró a Fern.

—Hay algo que debería haberle contado hace mucho tiempo.

Sacó un pequeño sobre de su bolso.

—Evan me lo dejó antes de desaparecer.

Stellan lo abrió.

Dentro había una memoria USB y una nota.

“Cuando Fern cumpla un año, entrégasela a Stellan. Él entenderá.”

Nos miramos.

Minutos después, Stellan conectó la memoria.

Apareció un video.

Evan estaba sentado frente a la cámara.

Parecía agotado.

—Stellan, si estás viendo esto, significa que no pude regresar.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

Evan continuó:

—Fern es tu hija. Selene nunca supo la verdad. Yo cambié los documentos porque alguien quería utilizarla para llegar hasta ti.

Stellan se quedó inmóvil.

—¿Quién? —susurré.

La grabación continuó.

—Nuestro padre dejó una fortuna escondida y una red de negocios ilegales. Cuando murió, varias personas quisieron quedarse con ella. Descubrí que utilizaban a familiares para presionar a Stellan. Por eso hice que todos creyeran que Fern era mi hija.

Evan bajó la mirada.

—Si Stellan descubre la verdad demasiado pronto, intentarán matarlo. Si Selene la descubre, irán por ella.

El video terminó.

Durante unos segundos nadie habló.

Entonces Stellan tomó el teléfono.

—Llama a seguridad. Ahora.

Pero el verdadero golpe llegó después.

El médico revisó nuevamente los análisis.

—Hay otra coincidencia.

Stellan levantó la cabeza.

—¿Cuál?

—Fern heredó una mutación genética poco común que también aparece en usted.

Sonrió débilmente.

—No es una coincidencia. Es una prueba más de que ella es su hija.

Stellan caminó lentamente hacia Fern.

La tomó en brazos.

Esta vez no hubo miedo en sus ojos.

Solo emoción.

Fern abrió los ojos y apoyó una pequeña mano sobre su mejilla.

Stellan cerró los ojos.

—Hola, pequeña.

Yo empecé a llorar.

—Lo siento.

Él negó con la cabeza.

—Tú no tienes nada que lamentar.

Entonces me miró.

—Los dos perdimos tres años por una mentira.

—¿Y ahora qué?

Stellan extendió una mano hacia mí.

—Ahora recuperamos lo que nos robaron.

Durante los meses siguientes, Stellan desmanteló la red que había perseguido a su familia. Las autoridades recibieron las pruebas de Evan y varios responsables terminaron enfrentando cargos.

También descubrimos algo más.

Evan no había muerto como nos habían hecho creer.

Había desaparecido voluntariamente para protegernos.

Pero antes de poder regresar, había sido asesinado por quienes intentaban recuperar los secretos de la familia Cross.

Stellan cumplió una promesa que nunca había podido hacerle.

Protegió a Fern.

Y también me protegió a mí.

Tres meses después, dejé de trabajar como empleada en la mansión Cross.

Stellan me ofreció algo diferente.

Una casa.

Una vida.

Una familia.

Una tarde, mientras Fern jugaba en el jardín, Stellan se acercó y se arrodilló frente a ella.

—¿Sabes quién soy?

Fern soltó una pequeña carcajada y estiró los brazos.

Stellan la levantó.

—Papá —dijo ella con su voz todavía torpe.

Él se quedó congelado.

Luego sonrió.

Yo nunca había visto sonreír así al hombre más temido de Chicago.

Stellan me miró.

—Creo que finalmente llegué a casa.

Y esta vez, ninguno de nosotros tuvo que volver a marcharse.

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