Parte 2: LA VERDAD DETRÁS DE LA CICATRIZ

—Lo hiciste.

Gabriel se quedó inmóvil.

—¿Qué dijiste?

Toqué la cicatriz debajo de mis costillas.

—Tú no me apuñalaste, Gabriel. Pero tu gente lo hizo porque tú les dijiste que me encontraran.

Su rostro perdió el color.

—Yo nunca ordené eso.

—No directamente.

Lo miré a los ojos.

—Pero cuando desaparecí, dijiste que quien me encontrara tenía permiso para hacer lo necesario.

Gabriel retrocedió un paso.

—¿Quién te hizo esto?

—Daniel.

El silencio cayó sobre el apartamento.

Gabriel negó lentamente.

—Daniel me dijo que había intentado encontrarte durante meses.

—Te mintió.

Entonces escuchamos tres golpes en la puerta.

Gabriel sacó su arma del suelo.

—¿Quién es?

—Soy yo.

Daniel.

Gabriel me miró.

—Quédate aquí.

—No.

Me puse de pie con dificultad.

—Quiero que escuche la verdad.

Gabriel abrió la puerta.

Daniel entró acompañado por dos hombres.

Al verme, se quedó congelado.

—Clara…

—¿Te sorprende verme viva?

Daniel levantó las manos.

—Gabriel, escucha. Todo lo que hice fue protegerte.

Gabriel apuntó el arma hacia él.

—Ella tiene una cicatriz de una herida que casi la mata.

Daniel tragó saliva.

—No fui yo.

—Entonces dime quién.

Daniel miró hacia mí.

Y cometió su primer error.

—Connor Bell.

Sonreí.

—Eso también es mentira.

Gabriel frunció el ceño.

Saqué un teléfono viejo de debajo de un cojín.

—Connor me dio esto antes de morir.

La expresión de Daniel cambió.

—Eso no puede ser.

—Sí puede.

Encendí la pantalla.

Había un mensaje grabado.

La voz de Connor llenó el apartamento.

—Clara, si estás escuchando esto, significa que Daniel descubrió que sabías la verdad. Él fue quien robó el dinero. Él fue quien ordenó el ataque al almacén. Y él fue quien falsificó las pruebas para hacerle creer a Gabriel que tú lo traicionaste.

Gabriel bajó lentamente el arma.

—No…

El audio continuó.

—Tuve miedo de enfrentarme a él. Pero Clara no te traicionó. Ella intentó salvar a tres de tus hombres y descubrió quién estaba vendiendo información dentro de la organización.

El teléfono quedó en silencio.

Daniel dio un paso atrás.

—Es falso.

Gabriel lo miró.

—¿Cuánto dinero robaste?

—Gabriel…

—¡¿Cuánto?!

Daniel cerró los ojos.

—Cincuenta y dos millones.

Sentí que el aire desaparecía.

Pero todavía faltaba una pieza.

—No solo robó dinero —dije.

Gabriel me miró.

—¿Qué más?

—La noche del ataque al almacén, descubrí que estaba vendiendo rutas de transporte a Connor. Cuando intenté denunciarlo, Daniel me golpeó.

Me llevé una mano al abdomen.

—Y cuando descubrió que estaba embarazada, intentó matarnos.

Gabriel miró mi vientre.

Su expresión cambió por completo.

—¿Mi hijo?

Asentí.

—Tu hija.

Gabriel cerró los ojos.

Durante meses había creído que yo había desaparecido con otro hombre.

Mientras tanto, llevaba a su hija dentro de mí.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Porque cuando intenté hacerlo, tus hombres ya me estaban buscando.

Daniel había hecho que todos creyeran que yo era una traidora.

Yo solo había intentado sobrevivir.


Uno de los hombres de Gabriel recibió una llamada.

—Jefe.

—¿Qué?

—Encontramos los archivos originales.

Gabriel se volvió.

—¿Dónde?

—En la oficina privada de Daniel.

El rostro de Daniel se endureció.

Entonces sacó un arma.

Todo ocurrió en segundos.

Gabriel se lanzó hacia mí.

Uno de sus hombres desarmó a Daniel antes de que pudiera disparar.

—¡No! —gritó Daniel—. ¡Gabriel, tú no entiendes!

Gabriel se acercó.

—Entiendo perfectamente.

—¡Lo hice por el poder!

—No.

Gabriel lo miró con absoluta frialdad.

—Lo hiciste porque confundiste mi confianza con debilidad.

Daniel fue detenido.


Dos días después, Gabriel me llevó al hospital.

Los médicos revisaron la cicatriz y confirmaron que el bebé estaba bien.

Cuando escuchamos el latido de su corazón, Gabriel tomó mi mano.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Es nuestra hija.

Sonreí.

—Sí.

—Pensé que te había perdido.

—Yo también.

Él bajó la cabeza.

—Te debo una disculpa.

—Me debes muchas.

Gabriel soltó una pequeña risa.

—Entonces empezaré por la primera.

Me miró.

—Lo siento por haberte creído culpable sin escucharte.

Después tomó mi mano con más fuerza.

—Y lo siento por haberte dejado sola cuando más necesitabas que te protegiera.

No respondí inmediatamente.

—No sé si puedo volver a confiar en ti.

—Lo entiendo.

—Y no voy a volver a la vida que teníamos.

Gabriel asintió.

—Entonces construiremos otra.

Lo miré sorprendida.

—¿Construiremos?

—Si me lo permites.


Meses después nació nuestra hija.

La llamamos Elena.

Gabriel estuvo conmigo durante todo el parto.

Cuando la enfermera colocó a la bebé sobre mi pecho, él se quedó completamente inmóvil.

—¿Quieres cargarla? —pregunté.

Sus manos temblaron.

—Tengo miedo.

Sonreí.

—Tú eres Gabriel Russo. Se supone que no tienes miedo de nada.

Él soltó una risa.

—De ella sí.

Tomó a nuestra hija con cuidado.

Elena abrió los ojos.

Gabriel la miró como si acabara de descubrir un mundo completamente nuevo.

—Hola, pequeña.

Me miró.

—Gracias por sobrevivir.

Sentí lágrimas en mis ojos.


Un año después, la organización de Gabriel había cambiado.

Abandonó varios negocios ilegales, entregó información a las autoridades y convirtió parte de sus empresas en negocios legítimos.

Daniel fue condenado por fraude, conspiración y otros delitos relacionados con el ataque.

Connor recibió reconocimiento póstumo por haber intentado revelar la verdad.

Y yo volví a trabajar como enfermera.

No porque necesitara demostrar nada.

Sino porque era quien siempre había sido.

Una noche, mientras Elena dormía, Gabriel se sentó junto a mí.

—¿Te arrepientes?

—¿De qué?

—De haberme amado.

Miré a nuestra hija.

Después a él.

—Me arrepiento de muchas cosas que ocurrieron.

Hice una pausa.

—Pero no de haberla tenido.

Gabriel sonrió.

—Yo tampoco.

Tomó mi mano.

Esta vez no hubo promesas exageradas.

Solo dos personas que habían sobrevivido a una mentira enorme y habían decidido construir algo diferente.

Porque Gabriel había pasado ocho meses persiguiendo a la mujer que creía haberlo traicionado.

Y cuando finalmente la encontró, descubrió la verdad más dolorosa de todas:

La mujer que creía haber destruido su imperio era la misma que había protegido a su hijo, sobrevivido a su enemigo y esperado en silencio para que algún día él descubriera la verdad.

Y esa vez, Gabriel no volvió a dejarla sola.

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