Parte 2: VOLVIÓ A LA VIDA DECIDIDA A DEJAR IR AL HOMBRE QUE LA HABÍA OLVIDADO, PERO AL INVESTIGAR SU ACCIDENTE DESCUBRIÓ QUE ALGUIEN HABÍA INTENTADO SEPARARLOS EN DOS VIDAS

Clara no regresó a la enfermería.

Durante los siguientes cinco días hizo exactamente lo contrario de lo que había hecho en su vida anterior.

No buscó a Daniel.

No preguntó por su recuperación.

No intentó demostrarle que habían estado enamorados.

Buscó al mecánico que había inspeccionado el vehículo después del accidente.

Se llamaba Samuel Price.

Cuando Clara llegó al taller militar, él palideció.

—Señorita Bennett, no debería estar aquí.

—Necesito ver el informe del vehículo del comandante Foster.

—Es información restringida.

Clara colocó sobre la mesa una fotografía.

La había encontrado años después, en su vida anterior.

Mostraba una pieza del sistema de frenos.

—Entonces sólo dime si reconoces esto.

Samuel miró la imagen.

Su expresión cambió.

—¿De dónde la sacaste?

—Respóndeme.

El hombre cerró la puerta.

—La línea hidráulica estaba cortada.

Clara sintió un escalofrío.

—¿Cortada?

—Deliberadamente.

Ahí estaba.

La confirmación que en su primera vida había tardado años en conseguir.

—¿Por qué el informe oficial dice falla mecánica?

Samuel bajó la voz.

—Porque recibí órdenes.

—¿De quién?

Antes de que respondiera, alguien golpeó la puerta.

Tres veces.

Samuel retrocedió.

—Vete.

—Dime el nombre.

—Clara…

—¡El nombre!

Samuel tragó saliva.

—General Cole.

El padre de Natalie.


Clara salió por la puerta trasera.

Ahora comprendía una parte.

Pero no el motivo.

En su vida anterior había creído que Natalie simplemente deseaba a Daniel.

Era peor.

Mucho peor.

Al regresar a casa encontró un vehículo militar estacionado afuera.

Daniel estaba junto a él.

Todavía tenía una venda alrededor de la cabeza.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Clara.

—Buscándote.

—Deberías estar descansando.

—Eso dice Natalie.

—Entonces, por una vez, hazle caso.

Intentó pasar junto a él.

Daniel le bloqueó el camino.

—¿Por qué te fuiste?

Clara lo miró.

—Porque me pediste que lo hiciera.

—No recuerdo habértelo pedido.

—Antes del accidente.

Era mentira.

Daniel entrecerró los ojos.

—No sabes mentir.

El corazón de Clara dio un vuelco.

Aquello era exactamente lo que él solía decirle.

Daniel se llevó una mano a la sien.

—Cada vez que te veo siento que…

Se detuvo.

—¿Qué?

—Que olvidé algo que no tenía derecho a olvidar.

Clara sintió lágrimas en los ojos.

Pero retrocedió.

—No voy a ayudarte a recordar.

—¿Por qué?

—Porque ya lo hice una vez.

Daniel frunció el ceño.

Clara comprendió su error.

—¿Qué significa eso?

—Nada.

—Clara.

Escuchar su nombre en sus labios casi la destruyó.

—Descansa, Daniel.

Entró y cerró la puerta.


Aquella noche alguien intentó matar a Samuel Price.

Lo encontraron inconsciente dentro del taller, con una fuga de combustible provocada deliberadamente.

Sobrevivió.

Y antes de ser trasladado declaró que había guardado una copia del informe original.

La investigación militar comenzó a moverse.

Entonces ocurrió el primer gran giro.

El general Cole no había ordenado sabotear el vehículo.

Había ordenado falsificar el informe después del accidente.

Clara se quedó helada cuando Samuel se lo explicó desde su cama del hospital.

—¿Entonces quién cortó los frenos?

—No lo sé. El general sólo quería evitar que investigaran demasiado.

—¿Por qué?

Samuel la miró.

—Porque su hija estaba en el vehículo esa mañana.

Clara dejó de respirar.

—¿Natalie?

—Ella lo utilizó antes que el comandante Foster.


Clara corrió a los archivos de transporte.

Encontró el registro.

Natalie había solicitado aquel vehículo durante cuarenta minutos.

Después lo devolvió.

Dos horas más tarde Daniel sufrió el accidente.

Clara sintió que todas las piezas encajaban.

Fue a buscar a Natalie.

La encontró sola en su consultorio.

—Fuiste tú.

Natalie ni siquiera fingió sorpresa.

—No sé de qué hablas.

Clara cerró la puerta.

—Samuel sobrevivió.

La mano de Natalie se detuvo sobre su escritorio.

—Y existe una copia del informe.

Silencio.

—La línea de frenos fue cortada después de que usaste el vehículo.

Natalie se levantó.

—Ten cuidado con lo que acusas.

—¿Querías matarlo?

Por primera vez, Natalie perdió la calma.

—¡No!

Clara quedó inmóvil.

Natalie respiró agitadamente.

—Sólo quería que se lesionara.

—¿Sólo?

—Necesitaba tiempo.

—¿Tiempo para qué?

Natalie soltó una risa desesperada.

—Para que dejara de hablar de ti.

Clara sintió náuseas.

—Estás enferma.

—Daniel iba a pedirte matrimonio oficialmente. ¿Lo sabías?

Sí.

En su primera vida había encontrado el anillo después de su muerte.

Natalie continuó:

—Mi padre quería unir nuestras familias. Daniel se negó. Dijo que ya había elegido.

Sus ojos se llenaron de odio.

—A ti.

Clara retrocedió.

—Manipulaste los frenos.

—No debía perder la memoria. Sólo quería retrasarlo unas semanas.

Una voz surgió detrás de ellas.

—¿Retrasar qué?

Natalie se volvió.

Daniel estaba en la puerta.

Y junto a él había dos oficiales.


Natalie palideció.

—Daniel…

—Continúa.

—No entiendes.

—Te escuché.

Natalie corrió hacia él.

—¡Lo hice porque te amo!

Daniel retrocedió como si ella fuera venenosa.

—Intentaste matarme.

—¡No!

—Y cuando perdí la memoria aprovechaste para apartar a Clara.

Natalie miró hacia ella.

Entonces sacó algo del bolsillo.

Clara vio el brillo metálico.

—¡Daniel!

Todo ocurrió demasiado rápido.

Natalie empujó a Clara y trató de correr.

Uno de los oficiales la sujetó.

Daniel intentó ayudar a Clara.

Sus manos se tocaron.

Y él se quedó paralizado.

—Daniel…

Cerró los ojos.

Un recuerdo.

Luego otro.

Clara lo vio en su rostro.

La lluvia.

Los dulces de leche.

Una niña llorando después del funeral de sus padres.

Daniel poniéndole su abrigo encima.

Una promesa bajo el árbol.

Un anillo escondido en un cajón.

Daniel cayó de rodillas.

—Clara.

Ella dejó de respirar.

No era la manera vacía en que había pronunciado su nombre días antes.

Era él.

—Clara —repitió, llorando—. Te dije que esperaría por ti debajo del árbol.

Las lágrimas corrieron por las mejillas de ella.

Era una frase que nadie más conocía.

—Daniel…

Él la abrazó.

Había recordado.


Pero todavía faltaba una verdad.

Natalie confesó durante la investigación.

Su padre había descubierto el sabotaje después del accidente.

En vez de denunciar a su hija, falsificó el informe para protegerla.

Después utilizó la amnesia de Daniel para intentar conseguir aquello que siempre había querido: unir a su familia con los Foster.

El general Cole fue destituido y procesado por encubrimiento y manipulación de pruebas.

Natalie enfrentó cargos por sabotaje y por el posterior intento de silenciar a Samuel.

Esta vez no hubo años de mentiras.

No hubo una segunda tragedia.

Clara había cambiado la historia antes de que pudiera repetirse.


Daniel quiso casarse con ella inmediatamente.

Clara dijo que no.

Él la miró como si acabaran de dispararle.

—¿No?

—No todavía.

—Pero recuperé la memoria.

—Lo sé.

—Recuerdo todo.

—También lo sé.

—Entonces ¿por qué?

Clara tomó su mano.

—Porque durante demasiado tiempo construí mi vida alrededor de amarte.

Daniel guardó silencio.

—Esta vez quiero aprender quién soy cuando no estoy intentando conservarte.

Él asintió lentamente.

—¿Cuánto tiempo necesitas?

Clara sonrió.

—¿Vas a esperarme?

Daniel levantó su mano y besó sus dedos.

—Ya lo hice una vida entera sin saberlo.


Se casaron un año después.

Bajo el mismo árbol donde Daniel había prometido protegerla cuando eran jóvenes.

No hubo generales importantes.

Ni ceremonias militares ostentosas.

Sólo familia, amigos y Samuel, completamente recuperado, sentado en primera fila.

Antes de colocarle el anillo, Daniel susurró:

—¿Sabes qué fue lo primero que recordé?

—Mi nombre.

—No.

Clara lo miró sorprendida.

Daniel sonrió.

—La sensación de que faltabas.

Ella comenzó a llorar.

—Mi cabeza no sabía quién eras, pero algo dentro de mí sabía que no debías haberte ido.

Clara apoyó la frente contra la suya.

En su primera vida había desperdiciado años intentando obligarlo a recordar el pasado.

En la segunda comprendió que amar no significaba aferrarse hasta destruirse.

A veces significaba soltar.

Buscar la verdad.

Y permitir que la otra persona encontrara por sí misma el camino de regreso.

Daniel había olvidado su rostro.

Había olvidado sus promesas.

Había olvidado diez años completos.

Pero cuando Clara dejó de perseguirlo, ocurrió aquello que nunca había sucedido la primera vez.

Él fue quien empezó a buscarla.

Y esta vez, cuando finalmente recordó quién era ella, Clara también había recordado algo que había olvidado durante demasiado tiempo:

Antes de ser la mujer que Daniel Foster amaba, ella también era alguien que merecía ser elegida sin tener que suplicarlo.

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