Parte 2: EL DÍA QUE LUCAS IBA A CASARSE CON OTRA MUJER ENCONTRARON MI CUERPO EN EL MAR, PERO CUANDO DESCUBRIÓ LA VERDAD SOBRE LA MUERTE DE NUESTRA HIJA YA ERA DEMASIADO TARDE PARA PEDIRME PERDÓN

Lucas dejó caer el documento del crematorio.

—¿Dónde?

—Señor…

—¡¿DÓNDE LA ENCONTRARON?!

Nunca lo había oído gritar así.

Su asistente le dio la dirección.

Lucas salió corriendo.

Y yo fui arrastrada detrás de él.

No podía alejarme.

Ese era mi castigo.

Presenciar su vida feliz con Clara hasta el final.

Pero cuando llegamos a la costa, no había felicidad esperándonos.

Había una ambulancia.

Policías.

Una manta térmica cubriendo un cuerpo.

Y una pequeña urna blanca junto a él.

Lucas se quedó inmóvil.

—No.

Un agente intentó detenerlo.

—Señor, no puede…

Lucas lo apartó.

Cayó de rodillas y levantó la manta.

Mi rostro apareció.

Pálido.

Los labios azulados.

El cabello todavía empapado.

Lucas dejó de respirar.

—Emma.

Extendió una mano, pero la retiró antes de tocarme.

—Emma, levántate.

Nadie respondió.

—Vamos.

Su voz se quebró.

—Ya ganaste. No tienes que ir a la boda. Levántate.

Qué extraño.

Durante años había esperado escucharlo pedirme que me quedara.

Ahora lo hacía frente a un cadáver.

El paramédico bajó la mirada.

—Señor, lleva varias horas muerta.

Lucas se volvió hacia él.

—Está equivocado.

—Lo siento.

—¡Está equivocado!

Agarró mi cuerpo entre sus brazos.

—Emma, abre los ojos.

Apoyó la frente contra la mía.

Y entonces vio la urna.

Lily Whitmore.

Algo dentro de él se rompió.

—No…


Su teléfono comenzó a sonar.

Clara.

La ceremonia empezaba en dos horas.

Lucas rechazó la llamada.

Volvió a sonar.

Esta vez contestó.

—Lucas, ¿dónde estás? Todos llegaron.

Él miró mi cuerpo.

—Emma murió.

Silencio.

—¿Qué?

—La encontraron en el mar.

Clara tardó unos segundos.

—Dios mío… Lucas, lo siento muchísimo. Pero ahora no puedes hacer nada. Ven aquí y después nos ocuparemos de…

Lucas levantó lentamente la cabeza.

—¿Después?

—Oliver está preguntando por ti. Nuestros invitados…

—¿Sabías que Lily había muerto?

Silencio.

Vi cómo el rostro de Lucas cambiaba.

—Clara.

—Sabía que hubo complicaciones.

—Te pregunté si sabías que mi hija había muerto.

—Lucas…

—Contéstame.

Finalmente ella susurró:

—Sí.

Lucas cerró los ojos.

—¿Desde cuándo?

—Desde esa noche.

Él colgó.

La boda terminó antes de comenzar.


Pero aquello sólo fue el principio.

Lucas exigió todos los expedientes médicos de Lily.

Yo estaba junto a él cuando los leyó.

Y descubrimos la primera verdad.

La operación jamás había sido segura.

Lily tenía apenas cinco meses.

Los especialistas habían advertido que el procedimiento representaba un riesgo extraordinariamente alto.

Yo había rechazado la autorización.

Mi firma aparecía en el expediente.

NEGATIVA MATERNA.

Debajo había otra autorización.

Firmada por Lucas.

Él la miró durante casi un minuto.

—Yo firmé esto.

Sí.

Lo habías hecho.

Recordé aquella noche.

—Soy su padre —había dicho—. Procedan.

Había intentado llegar hasta Lily.

Seguridad me sacó del pasillo por orden suya.

Lucas siguió leyendo.

Entonces llegó el segundo golpe.

Una nota médica indicaba que existía otro donante compatible.

Un adulto.

El riesgo para ese donante era considerablemente menor.

Lucas llamó inmediatamente al cirujano.

—¿Por qué utilizaron a mi hija si había otra opción?

El médico guardó silencio.

—Señor Whitmore, nosotros recomendamos esperar.

—¿Quién insistió?

—La señora Clara Bennett dijo que el donante adulto había retirado su consentimiento y que usted exigía proceder con Lily.

Lucas palideció.

—¿Clara habló con ustedes?

—Varias veces.


Fue a buscarla.

La encontré vestida de novia en una habitación llena de flores marchitándose.

—Dime la verdad —ordenó Lucas.

Clara empezó a llorar.

—Tenía miedo.

—¿De qué?

—¡De perder a Oliver!

—Había otro donante.

—Mi hermano.

Lucas se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Mi hermano era compatible.

—Entonces ¿por qué dijeron que retiró su consentimiento?

Clara bajó la cabeza.

—Porque se lo pedí.

El silencio fue monstruoso.

—¿Por qué?

—Podía tener complicaciones.

Lucas la miró como si no la reconociera.

—Así que protegiste a tu hermano sacrificando a mi hija.

—¡Lily también era compatible!

—Lily era un bebé.

Clara comenzó a sollozar.

—Tú autorizaste la operación.

Lucas retrocedió.

Porque era cierto.

Ella había manipulado la situación.

Pero él había tomado la decisión final.

No podía esconderse de eso.

—¿Emma sabía lo de tu hermano?

—No.

—¿Y sabías que Lily había muerto cuando dejaste que Emma se fuera sola del hospital?

Clara no contestó.

Lucas salió sin mirar atrás.

Nunca volvieron a casarse.


Pensé que aquello satisfaría al sistema.

No ocurrió.

La voz apareció días después.

“Objetivo emocionalmente desestabilizado. Vínculo espiritual continúa activo.”

—¿Hasta cuándo?

“Hasta que el objetivo alcance su final predeterminado.”

Me reí amargamente.

—¿Su final feliz?

“Correcto.”

Así que seguí atada a Lucas.

Lo vi enterrar mi cuerpo junto a las cenizas de Lily.

Lo vi quedarse solo cuando todos se marcharon.

Lo vi arrodillarse frente a nuestras tumbas.

—Lo siento.

Llegaba demasiado tarde.

Pero siguió hablando.

—Pensé que siempre estarías ahí.

Ahí estaba el problema.

Nunca me había elegido porque jamás creyó que pudiera perderme.


Los meses pasaron.

Lucas vendió la villa.

Creó una fundación con el nombre de Lily para ayudar a familias cuyos hijos necesitaban tratamientos de alto riesgo.

Entregó los expedientes a las autoridades.

La investigación descubrió mensajes entre Clara y un administrador del hospital ocultando deliberadamente la existencia del otro donante.

Hubo demandas.

Licencias médicas suspendidas.

El administrador fue procesado por falsificación documental.

Clara no terminó en prisión por la muerte de Lily, porque Lucas había firmado legalmente la autorización, pero perdió cualquier posibilidad de ocultar públicamente lo ocurrido.

Y Lucas jamás intentó presentarse como víctima.

Cuando su abogado sugirió culparla completamente, respondió:

—No. Yo firmé.

Por primera vez, asumió lo que había hecho.


Pasaron tres años.

Lucas nunca volvió con Clara.

Tampoco buscó otra esposa.

Una tarde regresó al mar.

Al mismo lugar donde yo había muerto.

Se sentó sobre la arena.

—Emma —dijo de pronto.

Me estremecí.

No podía verme.

Eso creía.

—No sé si existe algo después de esto.

Sacó del bolsillo la pulsera de hospital de Lily.

—Pero si puedes escucharme, no voy a pedirte que me perdones.

Levantó los ojos hacia el horizonte.

—No merezco convertir tu perdón en otra cosa que me haga sentir mejor.

Por primera vez desde mi muerte, sentí que la fuerza que me mantenía junto a él se debilitaba.

El sistema habló.

“Advertencia. La trayectoria del objetivo ha cambiado.”

—¿Qué significa?

“Final predeterminado cancelado.”

Me quedé inmóvil.

—¿Entonces puedo irme?

Silencio.

“Condiciones de liberación cumplidas.”

Frente a mí apareció una luz.

Después de siete vidas.

Siete misiones.

Siete muertes.

Finalmente podía marcharme.

Pero antes miré a Lucas una última vez.

Ya no sentía amor.

Tampoco odio.

Sólo cansancio por una historia que había durado demasiado.

—Adiós, Lucas.

Él levantó la cabeza de repente.

Como si hubiera escuchado algo.

Y por primera vez…

sonrió mientras lloraba.


Entonces desperté.

Había sol.

Podía respirar.

Podía sentir mis manos.

Me incorporé bruscamente.

No estaba en otro mundo.

No había una nueva misión.

Estaba en una habitación blanca.

El sistema habló por última vez.

“Contrato completado.”

—¿Completado?

“Después de siete intentos, la anfitriona ha cumplido la condición verdadera.”

—Pero fracasé.

“Incorrecto.”

Frente a mí aparecieron palabras luminosas.

LA MISIÓN NUNCA FUE CONSEGUIR QUE EL OBJETIVO TE AMARA.

Me quedé sin respiración.

“Era aprender a abandonar un vínculo que exigía tu destrucción para mantenerse.”

Las lágrimas empezaron a caer.

—¿Y Lily?

La luz cambió.

Escuché una risita.

Me volví.

Una niña pequeña estaba de pie junto a la puerta.

Ojos negros.

Cabello oscuro.

Una diminuta mancha de nacimiento cerca del hombro.

—¿Mamá?

Caí de rodillas.

—Lily.

Corrió hacia mí.

La abracé.

Estaba caliente.

Viva.

Real.

El sistema habló una última vez.

“Compensación final concedida. La existencia creada durante la misión pertenece a la anfitriona.”

Apreté a mi hija contra mí.

—¿Tengo que volver?

“No.”

—¿Otra misión?

“No.”

—¿Lucas?

“Su vida le pertenece a él.”

Miré a Lily.

—¿Y esta?

“Te pertenece a ti.”

La voz desapareció.

Para siempre.


En aquel otro mundo, Lucas vivió muchos años.

Nunca obtuvo mi perdón.

Nunca me recuperó.

Pero aprendió a vivir sin convertir su culpa en otra forma de poseerme.

Visitó nuestras tumbas cada año, sin saber que estaban vacías de todo lo que realmente importaba.

Porque Lily ya no estaba allí.

Y yo tampoco.

Nosotras estábamos en otro lugar.

Una mañana, muchos años después, Lily corrió hacia mí con una flor entre las manos.

—Mamá, mira.

La levanté en brazos.

—Es preciosa.

—Para ti.

La besé en la frente.

Durante siete vidas pensé que mi final feliz dependía de conseguir que alguien me eligiera.

Me equivoqué.

Mi verdadero final comenzó cuando dejé de pedirle a Lucas que me dejara ir y comprendí que no necesitaba su permiso.

Él había elegido a Clara.

Había elegido a Oliver.

Había elegido tantas veces a todos antes que a nosotras.

Al final, yo también hice una elección.

Elegí a Lily.

Me elegí a mí.

Y cuando abandoné definitivamente aquel mundo, comprendí la verdad que ninguna de mis siete vidas había conseguido enseñarme:

A veces, la persona que debes lograr que te ame para completar la misión nunca fue él.

Eras tú.

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