PARTE 2: LO QUE SOPHIE NUNCA ME DIJO

Me agaché y recogí el expediente.

La fecha era de tres semanas antes de que yo pidiera el divorcio.

Levanté la mirada.

—Sophie… ¿qué es esto?

Ella intentó quitarme la carpeta.

—Ethan, por favor.

Pero ya había visto suficiente para comprender que no estaba allí por algo reciente.

Había consultas.

Pruebas.

Ingresos hospitalarios.

Fechas que reconocía porque coincidían con aquellas semanas en las que Sophie decía estar cansada y yo prefería quedarme trabajando hasta tarde.

—Estabas enferma antes de que nos divorciáramos.

Sophie cerró los ojos.

—Sí.

Sentí que algo se hundía dentro de mí.

—¿Por qué no me lo dijiste?

El médico intervino.

—Quizá deberían hablar en privado.

Nos condujo hasta una pequeña sala de consulta.

Sophie se sentó.

Yo permanecí de pie.

—Quiero la verdad.

Ella soltó una respiración temblorosa.

—Después del último embarazo, los médicos encontraron algo que necesitaba más estudios.

Recordé aquel día.

Sophie había salido sola de una revisión porque yo tenía una presentación importante.

Le había prometido llamarla.

Nunca lo hice.

—¿Qué encontraron?

—Una complicación que requería tratamiento.

No entró en detalles.

No necesitaba hacerlo.

Su bata de hospital, el portasueros y el cansancio de su rostro decían suficiente.

—¿Y llevas meses pasando por esto sola?

—No completamente. Mi hermana viene cuando puede.

—Soy tu marido.

Sophie me miró.

—Eras mi marido.

Las palabras me atravesaron.

—Cuando recibiste el diagnóstico, todavía lo era.

—Sí.

—Entonces ¿por qué no me dijiste nada?

Por primera vez apareció algo parecido a rabia en su rostro.

—Porque esa misma semana llegaste a casa y me dijiste que ya no podías seguir viviendo así.

Me quedé callado.

—Dijiste que nuestra casa se había convertido en un lugar lleno de tristeza. Que estabas agotado. Que quizá separarnos era lo mejor.

—Sophie…

—Yo tenía los resultados dentro del bolso, Ethan.

Sentí que dejaba de respirar.

—¿Aquella noche?

Asintió.

—Pensaba decírtelo durante la cena.

Recordé perfectamente aquella cena.

Yo apenas había tocado la comida.

Había ensayado mi discurso durante todo el trayecto desde la oficina.

Nos estamos destruyendo.

Esto ya no es un matrimonio.

Quizá separarnos nos permita volver a vivir.

Yo creía estar siendo valiente.

Ahora solo recordaba la expresión de Sophie mientras me escuchaba.

—Cuando dijiste “divorcio” —continuó—, entendí que ya estabas cansado de cargar conmigo.

—Nunca fuiste una carga.

—Así me sentía.

Me senté frente a ella.

—Debiste decírmelo.

Sophie sonrió tristemente.

—¿Para qué?

—Para que pudiera estar contigo.

—Eso era exactamente lo que no quería.

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

—No quería que te quedaras por culpa.

Aquello me dejó sin respuesta.

—Si te hubiera dicho que necesitaba tratamiento, habrías retirado la petición de divorcio.

—Por supuesto.

—Exactamente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Y cada mañana habría despertado preguntándome si seguías conmigo porque me amabas o porque tenías miedo de abandonar a una mujer enferma.

—Te amaba.

—Pero te fuiste.

No lo dijo con crueldad.

Eso lo hizo peor.


El médico volvió minutos después.

Sophie debía regresar.

Me levanté con ella.

—Voy contigo.

—No.

—Sophie.

—Ethan, no puedes aparecer después de dos meses y decidir que vuelves a ser mi esposo.

—No intento hacer eso.

—Entonces ¿qué intentas hacer?

No tenía una respuesta perfecta.

—No quiero que estés sola.

Su expresión se suavizó apenas.

—Aprendí a estarlo.

Entró en la habitación.

La puerta se cerró.

Yo permanecí afuera.

Por primera vez comprendí que arrepentirme no me daba automáticamente derecho a regresar a su vida.


Esperé casi tres horas.

Cuando Sophie salió, estaba agotada.

Una mujer apareció poco después.

Su hermana, Rachel.

Al verme, se detuvo.

—¿Qué haces aquí?

—La encontré por casualidad.

Rachel miró a Sophie.

—¿Se lo dijiste?

Ella asintió.

Rachel apretó la mandíbula.

—Bien.

—Rachel…

—No, Sophie.

Se volvió hacia mí.

—¿Sabes cuántas veces estuvo a punto de llamarte?

Sentí un nudo en el pecho.

—No.

—Yo sí.

Sophie intentó detenerla.

—Déjalo.

—Te defendió incluso después del divorcio.

Rachel me miró.

—Cada vez que yo decía que eras un cobarde, ella respondía que tú también estabas sufriendo.

Bajé la mirada.

—Lo estaba.

—Entonces debiste sufrir a su lado.

No pude discutirlo.

Rachel tomó el bolso de Sophie.

—Vamos.

Antes de marcharse, Sophie se volvió.

—Ethan.

—¿Sí?

—No conviertas esto en una misión para salvarme.

—No lo haré.

—Promételo.

La miré.

—Prometo que respetaré lo que quieras.

Ella asintió.

Después se marchó.


Aquella noche regresé a mi apartamento y abrí una caja que no había tocado desde el divorcio.

Dentro estaban nuestras fotografías.

La alianza.

Y varios documentos que Sophie había dejado accidentalmente entre papeles compartidos.

Buscaba cualquier cosa que me ayudara a comprender aquellos últimos meses.

Entonces encontré un sobre del hospital.

Estaba cerrado.

Mi nombre aparecía escrito en el frente.

ETHAN.

Sentí un escalofrío.

La fecha era de cuatro días antes de nuestra separación.

No lo abrí.

Fotografié el sobre y escribí a Sophie.

“Encontré esto entre nuestros documentos. Está dirigido a mí. ¿Quieres que te lo devuelva?”

Tardó veinte minutos en responder.

“Ábrelo.”

Mis manos temblaron.

Dentro había una carta.

No del médico.

De Sophie.

Ethan:

Hoy me dijeron algo que todavía no sé cómo explicarte.

Seguí leyendo.

Entonces llegué a una frase que me obligó a sentarme.

“Lo que encontraron después del embarazo significa que quizá la pérdida no ocurrió como nosotros creíamos.”

Continué.

Pero la carta terminaba abruptamente.

Faltaba una página.

Llamé a Sophie.

Respondió casi inmediatamente.

—¿Dónde está el resto?

Silencio.

—Sophie.

Su respiración cambió.

—Pensé que había destruido esa carta.

—¿Qué significa que la pérdida no ocurrió como creíamos?

—Ethan, no puedo hablar ahora.

—¿Por qué?

Entonces escuché una voz masculina al otro lado.

Un médico.

Después Sophie susurró:

—Porque hoy encontraron el expediente original de aquel embarazo.

—¿Y?

Hubo una pausa demasiado larga.

—Ethan, alguien cambió información de mi historial médico antes de que nos divorciáramos.

Me puse de pie.

—¿Quién?

Sophie comenzó a llorar.

—Eso es lo que están intentando averiguar.

Y antes de que pudiera preguntarle nada más, añadió:

—Pero hay algo peor.

—¿Qué?

Su siguiente frase convirtió dos meses de arrepentimiento en miedo.

—El hospital dice que la autorización lleva tu firma.

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