Parte 2: CUANDO ETHAN POR FIN LLEGÓ

No respondí al mensaje de Ethan.

Guardé el teléfono en el bolso y miré al médico.

—Hagamos los estudios.

Julia me apretó la mano.

—¿Cuándo?

—Hoy podemos completar parte de las pruebas. La endoscopia avanzada tendrá que programarse cuanto antes.

Asentí.

Ya no quería aplazar nada.

Había pasado demasiado tiempo esperando a que otras personas decidieran cuándo mi dolor era suficientemente importante.

Una hora después estaba sentada en otra sala, firmando formularios, cuando escuché una voz conocida en el pasillo.

—Clara, despacio.

Mi cuerpo se quedó inmóvil.

Julia levantó la cabeza.

Ethan apareció doblando la esquina.

Y junto a él caminaba Clara.

La misma Clara que supuestamente estaba ingresada por un sangrado gástrico tan grave que Ethan había faltado al último día del divorcio.

Clara llevaba maquillaje.

Tacones.

Y un café helado en la mano.

Julia soltó una risa seca.

—Vaya. Qué recuperación milagrosa.

Ethan nos vio.

Su expresión cambió.

—Sofía.

Clara también me reconoció y se aferró inmediatamente a su brazo.

—¿Qué haces aquí?

Miré su mano sobre Ethan.

Después miré a Ethan.

—Tengo una cita médica.

Él frunció el ceño.

—¿Por qué no me dijiste?

Julia se giró hacia él.

—Porque cuando te lo dijo, respondiste que dejara de utilizar su salud para llamar tu atención.

Ethan se quedó callado.

Clara intervino rápidamente.

—Ethan estaba preocupado por mí. No necesitas hablarle así.

Julia dio un paso adelante.

Yo la detuve.

—No importa.

Miré a Ethan.

—Hoy tenías que estar en el Registro Civil.

—Ya te dije que Clara estaba enferma.

Mis ojos bajaron hacia el café que ella sostenía.

Ethan siguió mi mirada.

Por primera vez pareció incómodo.

Clara escondió ligeramente el vaso detrás de su cuerpo.

—El médico dijo que podía salir.

—Qué bien.

Tomé mis documentos.

—Entonces supongo que todos estamos donde elegimos estar.

Pasé junto a ellos.

Ethan me sujetó del brazo.

—Sofía.

Me solté inmediatamente.

—No me toques.

Él se quedó sorprendido.

Tres años atrás habría llorado.

Le habría preguntado por qué siempre elegía a Clara.

Habría pedido explicaciones.

Esta vez solo dije:

—Mi abogado te contactará.

—¿Abogado?

—Voy a presentar la demanda de divorcio.

Su rostro se endureció.

—¿Por esto?

Lo miré.

—No.

—Por los últimos tres años.


Dos días después recibí una llamada del hospital.

La biopsia necesitaba análisis adicionales.

No había diagnóstico definitivo todavía.

Pero el médico quería acelerar todos los estudios.

Julia estaba conmigo cuando colgué.

—No vas a decírselo, ¿verdad?

Sabía a quién se refería.

—No.

—Sofía…

—Ethan tuvo tres años para preocuparse.

Miré por la ventana.

—No pienso utilizar una enfermedad para conseguir ahora la atención que nunca quiso darme.

Aquella tarde firmé la demanda.

Mi abogado envió la notificación.

Ethan llamó quince veces.

No contesté.

Después comenzaron los mensajes.

“¿Demanda judicial?”

“Sofía, estás exagerando.”

“Podíamos volver al Registro Civil.”

“¿Por qué convertir esto en una guerra?”

Entonces llegó uno diferente.

“¿Estás realmente enferma?”

Me quedé mirando aquellas palabras.

Julia también.

—¿Quién se lo contó?

No lo sabía.

Hasta que llegó otro mensaje.

“Encontré tus informes médicos.”

Mi corazón se detuvo un instante.

Había dejado algunas pertenencias en el apartamento.

Probablemente también una copia antigua de los resultados.

Ethan llamó de nuevo.

Esta vez contesté.

—¿Qué quieres?

Su respiración era rápida.

—¿Qué significa esto?

—Sabes leer.

—Los marcadores tumorales… ¿desde cuándo lo sabes?

—Desde antes de irme.

Silencio.

—¿Antes?

—Sí.

—¿Y no me dijiste nada?

Cerré los ojos.

—Te lo dije.

El silencio se volvió pesado.

Entonces lo recordé escuchar respirar.

—El informe de la mesa…

—Exactamente.

Su voz bajó.

—Pensé que…

—Pensaste que quería llamar tu atención.

No respondió.

—Sofía, ¿qué dijeron los médicos?

—No es asunto tuyo.

—Soy tu esposo.

Me reí.

—Curioso momento para recordarlo.

Colgué.


A la mañana siguiente, Ethan estaba frente a la casa de Julia.

Parecía no haber dormido.

—Necesito hablar contigo.

—Yo no.

—Cinco minutos.

—Tuviste tres años.

Intenté cerrar la puerta.

Él puso una mano contra ella.

—¿Es cáncer?

Aquella palabra me atravesó.

Pero mantuve la voz tranquila.

—Todavía no lo saben.

Vi alivio y miedo mezclarse en su rostro.

—Voy contigo a los próximos estudios.

—No.

—Sofía.

—Clara probablemente te necesite.

Su expresión cambió.

—Esto no tiene nada que ver con Clara.

—Todo nuestro matrimonio tuvo que ver con Clara.

—Eso no es verdad.

—¿No?

Lo miré directamente.

—El día que perdí a nuestro bebé, ¿dónde estabas?

No respondió.

—Cuando mi madre estuvo hospitalizada, ¿dónde estabas?

Silencio.

—Ayer, cuando necesitábamos firmar el divorcio, ¿dónde estabas?

Ethan cerró los ojos.

—Con Clara.

—Exactamente.

Por primera vez vi algo parecido a vergüenza en su rostro.

—Cometí errores.

—No.

Negué lentamente.

—Un error ocurre una vez.

—Tú hiciste una elección. Una y otra vez.

Cerré la puerta.


Tres días después regresé al hospital para la siguiente consulta.

Julia había salido a comprar agua cuando una enfermera se acercó.

—Señora Turner, el doctor quiere hablar con usted antes del procedimiento.

Entré sola.

El médico tenía varios informes abiertos.

Su expresión era más seria que la vez anterior.

Me senté.

—¿Encontraron algo?

Él juntó las manos.

—Hay una lesión que debemos estudiar con mucha atención.

Sentí que el mundo perdía sonido.

—¿Es maligna?

—Todavía necesitamos confirmación histológica.

Respiré lentamente.

Entonces alguien abrió la puerta detrás de mí.

Me giré.

Ethan estaba allí.

Pálido.

Completamente inmóvil.

—¿Qué haces aquí?

No respondió.

Miraba al médico.

—¿Qué lesión?

El doctor frunció el ceño.

—Lo siento, señor. Necesito autorización de la paciente para hablar de su situación.

Me levanté.

—No la tiene.

Pasé junto a Ethan.

Pero él me siguió hasta el pasillo.

—Sofía, por favor.

Me detuve.

Aquella palabra.

Por favor.

No recordaba la última vez que Ethan Walker me había suplicado algo.

—Déjame acompañarte.

—No.

—Entonces déjame hacer una sola cosa bien.

Lo miré.

—Firma el divorcio cuando llegue la citación.

Su rostro se quedó completamente blanco.

Y justo entonces su teléfono sonó.

En la pantalla apareció un nombre.

Clara.

Ethan miró el teléfono.

Después me miró a mí.

Durante tres años, yo ya sabía qué elección haría.

Pero esta vez…

Ethan rechazó la llamada.

Y cinco segundos después llegó un mensaje de Clara que apareció completo en la pantalla:

“Ethan, si no vienes ahora, le contaré a Sofía lo que realmente pasó la noche en que perdió al bebé.”

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